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FB alcahueta

Magdalena Trillo | 8 de mayo de 2018 a las 10:00

La filantropía de Zuckerberg es inconmensurable. Cuando aún estamos distraídos con el teatral velatorio de Cambridge Analytica, la consultora que ha filtrado datos de 87 millones de usuarios, el creador de Facebook rescata su lado más solidario con una nueva herramienta para encontrarnos pareja. Mark ya no es ningún adolescente excéntrico y está preocupado por el futuro del planeta: de los casi 2.000 millones de seguidores de FB, unos 200 están solteros. Facebook Dating nace como una nueva función de la red social que permitirá asistir a eventos en directo y a watch party. Eso sí, requerirá muchos más datos de todos nosotros. Un perfil hiperdetallado que facilite a los algoritmos emparejarnos…

El tiempo digital extingue y crea nuevas profesiones pero también las resucita. FB Dating cumple con exactitud las funciones de la vieja alcahueta: en sentido estricto -“persona que concierta, encubre o facilita una relación amorosa”- y en sentido extensivo -“persona o cosa que oculta algo”-. Y es que, si hay algo que ya deberíamos haber aprendido con la expansión de los gigantes tecnológicos, es la falacia de la gratuidad. Encontraremos (o no) pareja pero habrá un precio: nosotros. Millones de datos con los que mercadear.

El duopolio Google-Facebook, que acapara el 60% del mercado publicitario digital, ha conseguido algo impensable hace solo una década: que espantemos nuestra sensación de soledad. El concepto de patria -con la excepción del anacronismo catalán- ha cambiado las fronteras geográficas por los límites de cobertura del móvil y ha situado la brecha de la desigualdad en un plano mucho más sofisticado, enganchados frente a marginados digitales. ¿Nos sorprende que los vecinos de Teruel salgan a la calle para alertar contra la despoblación y exigir, entre otras necesidades básicas, buena conexión a internet?

En El laberinto mundial de la información, el profesor Ramón Reig cierra su análisis sobre la actual estructura mediática y de poder con un capítulo dedicado a los dueños de la Red que nos coloca delante de un difícil espejo: las legiones de “sabios ignorantes”, como diría Ortega y Gasset, que nos movemos por el mundo digital picoteando contenidos, que nos “informamos al segundo para olvidarlo al instante” -la viñeta de El Roto es insuperable- y que terminamos revitalizando a golpe de vanidad la inmortal sentencia de Einstein sobre lo infinita que es la estupidez. Pero mientras escurridizas empresas como Analityca se apuntan la victoria del Brexit o de Trump, la revolución de las redes nos deslumbra con sus artes de celestina y pasa por nuestra puerta sin que nos demos cuenta de que no somos cómplices ni usuarios, somos usados.


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