La ‘España de mierda’ de Quim

Magdalena Trillo | 15 de mayo de 2018 a las 10:00

Albert Pla no es ningún ingenuo. Cuando hace tres años lanzó España de mierda ya contaba con la polémica; la buscaba. En ese momento, las reseñas periodísticas vieron el libro como un “vodevil rocanrolero y una road moviellena de mala leche y de crítica salvaje”, un gancho para sus seguidores de siempre “entre el delirio y la ensalada de tópicos regionales”.

El mensaje era claro: denunciar desde la sátira y la ironía más feroz cómo este país ignora al mundo de la cultura. Lo hacía recurriendo a un joven cantante uruguayo y a su representante, un habitual del Madrid de Lavapiés, para sumergirlos en rocambolescas vivencias con una gira de conciertos que retratan esa España en que “la música es menos que un cagao, que no importa a nadie”.

Hoy, el libro es un arma arrojadiza del independentismo. Pocos lo han leído pero no importa. Política y nacionalismo. Basta el título; basta la mecha. La publicación tiene dos portadas, una que combina la bandera española y la estelada, y otra más cercana a su contenido musical con grafismos de carreteras, un toro y un seiscientos que ya se ha convertido en best seller. Justo ésta es la que Alfred le regaló a Amaia el Día del Libro y desató una ola visceral de indignación por que un intérprete catalán, independentista, iba a representar a España en Eurovisión

Fue y naufragó. No hubo gallo al estilo Manel Navarro pero tampoco “amor” suficiente para huir de los últimos puestos. Dejando a un lado el pastelón de canción con que hemos competido en el decadente show, las críticas han sido incendiarias y nada tienen que ver ni con la música ni con la anodina interpretación de la pareja de OT.

El procés ha conseguido que todo tenga un tinte de choque separatista y un trasfondo de patriotismo que roza el fascismo. Al veinteañero de El Prat le sacaron una foto en una Diada cuando tenía 16 años para machacarlo. ¿Le inhabilita para participar en un concurso español? La deriva catalana nos ha sumido en una psicosis colectiva. Hace unos días estuve en Barcelona y me paré en una tienda cerca de la Sagrada Familia.

Nada más decir buenos días, me situaron en el Sur y la dependienta me despidió con una disculpa: “Que no os engañen, que nuestro problema no es con los españoles, es con el Gobierno que nos está asfixiando”. Luego me cobró 5 céntimos por una bolsa de plástico y se quejó de las inspecciones: “¡Nos tienen fritos!”. Nada dijo de que las multas las pone la Generalitat. ¡Qué importa un matiz en esa España de mierda sobre la que tanto ha escrito el nuevo president catalá…!

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