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Sexo y prostitución, un binomio incendiario

Magdalena Trillo | 4 de septiembre de 2018 a las 19:58

Sexo y prostitución. Probablemente sea uno de los temas que más aristas y más complejidad conlleva desde el punto de vista de la gestión institucional y de la opinión pública.

Socialmente es fácil llegar al consenso de que hay que erradicar la explotación sexual, acabar con las redes internacionales que se enriquecen explotando a las mujeres (incluso niñas y con el cultivo de la pobreza y la inmigración ilegal) y con todos esos “clubs de alterne” que nadie quiere ver. Les damos licencias de apertura y, aunque podamos intuir, que no todo lo que sucede es legal, consentimos. Es lo más fácil.

Sobre el ejercicio de la prostitución, el debate se turbia. ¿Tenemos derecho las mujeres a vender nuestro cuerpo? No voy a ser políticamente correcta hablando ni escribiendo como no lo he sido al publicar De oficio, puta.

Lo que más me llama la atención es que se trata de un debate realmente necesario en nuestra sociedad que no nos atrevemos a abordar sin complejos. Si miramos los datos y las historias que retratan esa prostitución que muchas mujeres entienden y defienden como una forma de vida y como una elección, sinceramente cuesta situarse en el escalón de la moralidad. El lado oscuro pesa mucho pero no debería terminar convirtiéndose en un muro.

Sobre todo, cuando desde el mundo académico son numerosas las publicaciones, artículos y estudios que se están realizando con un rigor, una seriedad y una profesionalidad realmente sorprendente. El título de mi artículo es justo un guiño a uno de estos trabajos científicos.

Después de leer decenas de aproximaciones sobre el tema, lo que más me llama la atención es la solidez de los dos bandos: de quienes se posicionan a favor de legalizar la prostitución y de quienes lo rechazan de forma tajante.

prostitutas

Por eso creo que es tan importante que un Gobierno como el de Pedro Sánchez, que ha hecho gala de ser el más feminista de toda Europa en toda nuestra historia reciente (cuantitativamente hablando), sea capaz de afrontar el desafío. No será fácil pero no podemos distraernos en la superficie del debate ni contentarnos con más anuncios improvisados y dimisiones de bajo perfil. Zapatero tuvo que dejar La Moncloa para que se pudiera valorar el salto histórico que España dio en igualdad durante su mandato; Pedro Sánchez (y Carmen Calvo con todo su equipo) todavía tienen la oportunidad de subir algún escalón más.

gobierno sánchez

Literatura y periodismo: exploración transmedia desde la prensa local

Magdalena Trillo | 31 de julio de 2018 a las 20:37

Los datos de los principales observatorios sobre la situación de los medios de comunicación son insistentes: los periódicos se resienten, la televisión y la radio se mantienen e internet prosigue una senda imparable de expansión en la que confluyen la participación de los usuarios (nuestros conocidos prosumidores), la preeminencia de la comunicación móvil (los mass media en el bolsillo) y el efecto fagocitador de las redes sociales.

En este sombrío escenario para la prensa, pilar histórico de la industria mediática, artífice de las mayores transformaciones y protagonista de continuos procesos de reinvención, se produce una esperanzadora paradoja: es la información más cercana la que más interés despierta en los usuarios.

El papel morirá (hace tiempo que la pregunta es una aseveración con el único interrogante de cuándo) pero no el impulso al oficio, a la profesión, al cambiante tablero mediático, desde las redacciones de los diarios. Y no únicamente desde las cabeceras globales que suelen marcar tendencias, centrar los estudios del sector y servir de referencia. La prensa local, la más cercana a las preocupaciones de los lectores, está en una posición privilegiada para responder a las exigentes expectativas y necesidades de las audiencias.

El nuevo periodismo se convirtió en una palanca de revitalización en los años 60 y ahora se el mundo audiovisual el que ha tomado el testigo para impregnar lo que ya empieza a emerger como una nueva era en los medios. En paralelo, hay un concepto que parece inseparable de los procesos de innovación y experimentación: lo transmedia. El término transita de la literatura al periodismo pasando por la creación audiovisual y hasta el teatro.

Nuevos formatos, nuevos formatos y nuevos modos de comunicación. Bien es cierto que no todo lo que se presenta como transmedia lo es. Hay mucho de negocio y nada tiene de transmedia lo que simplemente viaja de un formato a otro; no es transmedia porque lo publiquemos en papel, lo subamos a internet y lo movamos por redes sociales (y ésta es la práctica más compartida en estos momentos en los medios).

Todas estas ideas, que vienen a sintetizar algunos de los grandes debates y desafíos a los que se enfrentan los medios de comunicación, subyacen en la modesta iniciativa que este verano hemos puesto en marcha en las cabeceras de Grupo Joly: trasladar al lenguaje audiovisual, aprovechando las características y oportunidades de los formatos digitales, adaptándonos a las preferencias y hábitos de consumo de los usuarios de internet y las redes sociales, un contenido de la sección de Opinión casi en vías de extinción: los relatos de verano.

Pocos periódicos mantienen en España esta apuesta: literatura y arte dentro de las páginas de opinión. Ficción dentro del medio de referencia de la no ficción. Durante una semana, diariamente, un autor (en este caso el periodista y escritor Braulio Ortiz) comparte su historia con los lectores. A página completa, con la visión artística del ilustrador del Grupo (Daniel Rosell) se presentan siete entregas del relato que evocan las propuestas de los grandes diarios de hace un siglo, las entregas por fascículos del XIX y hasta las telenovelas de la radio.

Una historia que dialoga con un dibujo y que, hasta ahora, subíamos a la Red sin más estrategia ni adaptación que permitir la lectura en un dispositivo móvil. Este año, con la implicación del equipo de Diseño y el equipo Digital de Diario de Sevilla -José Antonio Sánchez Flores, Juan Carlos Zambrano y Emilio de los Santos-, los relatos se hacen transmedia en un formato audiovisual de menos de un minuto que traslada en flashes de texto e imágenes el corazón de la historia.

No la sustituye, la complementa pero también cobra vida por sí misma cuando viaja por Twitter, Facebook e Instagram. Los lectores en papel son unos, puede que algunos coincidan en internet y en las redes sociales pero, probablemente, serán muchos más los que puedan acercarse a estos relatos de verano desde el formato audiovisual.

Es un experimento que podrá funcionar (o no) en términos cuantitativo de tráfico y usuarios. No es lo importante. Cada lector nuevo al que llegue la historia ya será un éxito. La oportunidad misma de poder explorar los apasionantes caminos que abren los nuevos medios, los nuevos formatos y los nuevos públicos suponen un aliciente para insistir. Porque también desde abajo tenemos la ilusión (y la obligación) de crear.

Las primeras entregas:

 

 

El proyecto se pone en marcha en la primera semana de agosto, justo cuando arranca la reorganización de la sección de Opinión de todas las cabeceras de Grupo Joly para el mes de agosto. El relato de Braulio Ortiz se publica en la edición de papel de los 9 periódicos en siete entregas del lunes 29 de julio al domingo 5 de agosto. En paralelo, esos mismos días se publica en la ediciones digitales de los diarios. En estos casos, los únicos elementos con los que jugamos es con el texto y con la ilustración realizada por Rosell.

En el caso de las redes sociales, en Facebook y Twitter se lanzan los relatos durante esa misma semana pero utilizando ya el formato audiovisual como eje de la oferta informativa a los lectores, dando la opción de acceder también a la versión online de los relatos. Como ejemplo mostramos el espacio en Facebook de Granada Hoy.

braulio fb

 

Lo más importante en estos casos es la posibilidad de compartir con los lectores y de facilitar sus comentarios y experiencia con la historia. El propio autor participa de forma espontánea y forma parte de la conversación como se muestra en este ejemplo en el espacio de Twitter de Diario de Cádiz.

twitter braulio ok

 

El proyecto lo cerramos a la semana siguiente con el lanzamiento del relato en Instagram. En este caso establecemos una estrategia diferente, que coordina María José Guzmán, dirigido a un público más joven y más reticente también al consumo de la prensa tradicional. Se programa diariamente a media tarde (cuando empieza a subir el tráfico en esta red social) y se plantea como storie de Diario de Sevilla con la posibilidad de acceder también a la web del periódico.

días vermont instgram

Es una experiencia modesta pero creo que tremendamente interesante por cuanto supone de trabajo en equipo y por cuanto implica de exploración del lenguaje, estrategias de comunicación y modos de interacción con los diferentes públicos que, desde la expansión de internet y las redes sociales, se acercan a un periódico en sus diferentes formatos.

Gracias todos los compañeros que se han dejado enredar (especialmente a los que han puesto su creatividad, su profesionalidad y su talento al servicio del nuevo nuevo periodismo) y gracias a los responsables de Grupo Joly por animarme a llevar a cabo iniciativas de este tipo que nacen del confort del terreno académico y que rompen con la (relativa) tranquilidad del día a día periodístico.

Precisamente el juez Piñar condena a Juana Rivas…

Magdalena Trillo | 29 de julio de 2018 a las 12:26

Juana Rivas 2017

“No había necesidad. ¿Juana Rivas se inventó los malos tratos? Que se investigue. ¿Hay denuncias falsas en España? Que se investiguen. Pero nada de esto se dirimía esta semana en el Juzgado de lo Penal 1 de Granada. ¿Juana Rivas se saltó la ley cuando se escondió con sus hijos? El magistrado Manuel Piñar así lo concluye pero lo hace con una sentencia que, justo como le recrimina a la madre de Maracena, parece más fabricada que ejemplar”.

Con este párrafo termino mi artículo de hoy en #LaColmena del domingo: Juana Rivas y el peculiar caso del juez Piñar. Creo que hay que respetar las resoluciones judiciales, pero no con los ojos tapados. Hay que analizarlas, interpretarlas y valorarlas. Y ver qué hay detrás. Sobre todo cuando vivimos tiempos controvertidos en los que no siempre la Justicia es justa ni garantiza la igualdad.

¿No había otro juez en toda Granada para asumir el caso de la madre de Maracena? El reparto judicial es otro principio sagrado, pero ¡qué casualidad! y ¡qué fatalidad! Un magistrado que se ha significado claramente machista, que se ha posicionado en contra de las actuaciones institucionales para atajar la violencia de género, que tiene un historial detrás de polémicas y controversias con sentencias realmente escandalosas…

Juana Rivas 2018

Y porque, justo en este caso, el magistrado Manuel Piñar ha querido ser ejemplar lanzando un mensaje a todas las mujeres sobre las denuncias falsas de malos tratos a partir de una realidad que ni siquiera se ha llegado a investigar: da por hecho que Juana Rivas se lo ha inventado todo y tenía que ser castigada… ¡Pero es que justo él no tenía esa misión!

Se parece este caso peligrosamente al de #LaManada. Casi más grave que la condena es lo que se argumento, cómo lo hace, lo que reprocha, lo que recrimina, lo que da por probado…

Los líderes se disputan el ‘efecto efecto’

Magdalena Trillo | 24 de julio de 2018 a las 12:00

líderes políticos

Poco varían los sondeos -por muy rigurosos y oficiales que sean- con cualquier encuesta casera que podamos hacerjunto a la barra del bar o el calor de la barbacoa… En todos casos se confirma la volatilidad de las opiniones de los ciudadanos en cuanto a intención de voto, preferencias políticas, principales preocupaciones y, sobre todo, expectativas.

He revisado mi hemeroteca y tengo publicados varios artículos con supuestos efectos que han tenido una vida más que efímera. Totalmente volátiles y sujetos a la actualidad del momento. Sólo en las últimas semanas hemos visto cómo se difuminaba el ‘efecto Rajoy’ nada más abandonar La Moncloa dando paso al nacimiento del ‘efecto Sánchez’ con la llegada del PSOE al poder

Del ‘efecto Iglesias’ ya ni nos acordamos y lo curioso ahora es cómo Albert Rivera y Pablo Casado se disputan el ‘efecto’ nuevo líder en el espectro ideológico de la derecha.

Como apunto en el artículo de este domingo de #LaColmena, “las encuestas caseras son un divertimento tremendamente revelador”: El efecto Casado a pie de barbacoa

Cuando las lecciones las dan ellos (los alumnos)

Magdalena Trillo | 17 de julio de 2018 a las 13:00

Hay profesores que huyen, por sistema, de los alumnos. Hay un dato estadístico muy contundente -el incumplimiento del horario de tutorías- y otro menos riguroso pero bastante revelador: evitan siempre que pueden dirigir los Trabajos Fin de Grado (TFG) y los Trabajos Fin de Máster (TFM) y mucho más formar parte de un tribunal que exige encerrarte horas y horas para corregir a un alumno…

En ese camino se olvidan de que justamente leyendo, no con los ojos de profesor de tarima, sino con la inquietud y curiosidad de pensar que hay algo interesante (en ocasiones sorprendente, original, brillante, enriquecedor) sobre los folios en blanco que cumplimentan el procedimiento formal de terminar unos estudios universitarios.

Confieso que yo soy adicta a los alumnos. A lo que me enseñan; a lo que me descubren. No todo lo que está por aprender lo custodian las generaciones que van por delante; las que siguen  nuestros pasos también tienen mucho que aportar. Obviamente, no todos los profesores de Universidad opinan como yo.

Creo que se pierden lo mejor de la enseñanza. Yo combino el oficio del periodismo con la enseñanza en la Universidad de Granada (UGR) y tengo el corazón partido. No sé lo que me apasiona más.

Este año, por ejemplo, he aprendido de trap. Lo he querido reconocer en este artículo “El ejemplo (anti) machista del trap” que se ha publicado en todos los diarios de Grupo Joly. Como reflexiono en esta #LaColmena, es música subversiva, salvaje e irreverente. Políticamente incorrecta. Un estilo de vida. Lo que escuchan nuestros adolescentes:

“Las letras son terribles: incitación a las drogas, sexo, machismo, delincuencia, provocación… Pero nadie ha tenido que entrar a regular, reescribir ni castigar; las traperas se están haciendo un hueco ridiculizando a los machistas, tirando de ironía y contrarrestando con temas igual de salvajes. ¿Hembrismo? El movimiento feminista del #MeToo y el 8-M se está infiltrando en los sectores más rebeldes. Esto sí es un logro. Y, aunque parezca una paradoja, todo un ejemplo”.

trap

Hablaba de la iniciativa de Carmen Calvo como han hecho cientos de articulistas en este país… Pero de trap, que yo sepa, han escrito muy pocos… Y está ahí fuera. Aunque a quienes vivimos en los medios nos cueste darnos cuenta de lo que ocurre en la calle. En este caso me abrió los ojos una alumna. GRACIAS!

Los compañeros de La Sexta prepararon un documental muy interesante sobre por qué no se entiende el trap más allá de los 30… 

Si hay algún osado que quiera probar… el top con los mejores grupos en España

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El legado de Lorca, por qué ahora sí

Magdalena Trillo | 1 de julio de 2018 a las 20:56

El legado de Lorca ya está en Granada. Dejando a un lado la maldición de las infraestructuras -con la Autovía a la Costa, la A-7 y el AVE hemos escrito algunas de las páginas más descorazonadoras de este país-, probablemente sea la noticia que más se ha resistido en la última década, que más quebraderos de cabeza ha provocado y que más despropósitos ha sumado por el camino.

Todos los anuncios sobre la llegada del patrimonio lorquiano, esos más de 5.000 manuscritos, cartas, libros y fotografías que recorren la vida y obra del poeta de Fuente Vaqueros, se han incumplido sistemáticamente. A golpe de fatalidades, de imprevistos y hasta de conjuros. La política ha tenido mucho que ver -sobre los porqués del fracaso llevamos quince años escribiendo- pero también las personas.

No me refiero (sólo) a la cualificación y el talento de quienes han estado gestionando el proyecto (seamos generosos presuponiéndolo) ni a los nefastos efectos de las cuotas cuando distorsionan el propio proyecto (poco importa si son geográficas, de sexo, de familias o de clases). Me refiero al factor humano. A la sensibilidad, a la predisposición y a la mano izquierda de los protagonistas. En las fotos oficiales y en la trastienda de la negociación.

Primero fuimos fieles a nuestra historia de eternas polémicas deshojando la margarita sobre dónde y cómo construir un gran centro que permitiera reconciliar a Granada con su poeta más universal, luego llegó el impacto de la crisis con el retraso de las obras, después irrumpieron los desencuentros entre las administraciones y, justo cuando parecía que todo se había enderezado, nos despertamos con el escándalo del fraude del exsecretario de la Fundación Lorca. Un tremendo lío.

El resultado han sido tres años de surrealismo. El Centro Lorca se abrió en el verano de 2015 sin los fondos lorquianos y con una programación a medio gas sumida en la desconfianza y la sospecha. El contrapunto se ha vivido en la Plaza del Carmen con los partidos políticos pivotando entre el oportunismo y los reproches, en los despachos de los funcionarios con informes jurídicos y auditorías y en el cada vez más popular escenario de los tribunales: en los juzgados de Madrid con el caso de Juan Tomás Martín, en la cuenta atrás de Torres Hurtado con las duras amenazas a la familia y ahora con toda la oposición aprobando en pleno recurrir a la Fiscalía para ver si ha habido “irregularidades” en el proceso.

Me viene a la mente la parábola sobre el amor, la muerte y la frustración con que Federico debutó en el teatro (y fracasó). El maleficio dela mariposa: el amor y la muerte marcaron su vida y la frustración parece inseparable de su figura. El viernes, a las puertas del centro de La Romanilla, Laura García-Lorca se mostraba confiada en terminar de una vez con la “sombra” que se ha ceñido estos años sobre su familia. Unos días antes, reconocía en una entrevista con este diario los “errores de comunicación” que han ido acrecentando la crisis lorquiana pero insistía en que ni son “un clan” ni han intentado bloquear el proyecto; todo lo contrario.

laura

Que el legado duerma ya en la cámara acorazada debería ser la prueba. Un punto y aparte. Pero no lo escribo convencida. Dependerá de lo que hayamos aprendido en esta larga travesía y de las personas. Ocurrió cuando Pepe Guirao tomó las riendas de la Fundación Lorca. Destensó, explicó y acercó posturas. Nos convenció a los medios y convenció a las instituciones. Antes del pinchazo del ministro Màxim Huerta y su nombramiento exprés como titular de Cultura, muchos lo situábamos en la gerencia del Centro Lorca. Más que una opción era un deseo pero lo que hay ahora es una preocupante incógnita.

¿Guirao ha sido el artífice? Ha sido clave en esta última etapa al mismo nivel que el alcalde Cuenca y el consejero Vázquez, como lo han sido siempre Laura García-Lorca y Andrés Soria -por mucho que a algunos les moleste- y como lo fueron en su día Torres Hurtado y García Montero. No pongo siglas. (Al menos yo) no estoy en campaña.

#DaleLaEspalda

Magdalena Trillo | 26 de junio de 2018 a las 10:40

Anne Igartiburu no puede dar dos pasos seguidos sin que la paren y torpedeen con la cámara del móvil. Su marido, el director de orquesta Pablo Heras-Casado, se acaba de estrenar al frente del Festival de Música y Danza de Granada, pero es la periodista vasca la que atrae todas las miradas. Impresionante su paciencia y sincera su imborrable sonrisa. Es el precio de salir en un medio como la televisión que todavía planta cara a los influencers de las redes sociales y que, por supuesto, vende mucho más que un auditorio y un teatro.

La televisión, generalista o a la carta, sigue siendo el gran escaparate del periodismo. Y de lo que no lo es. Los principios éticos se vuelven peligrosamente maleables cuando entra en juego la tiranía de las audiencias y se diluyen las líneas rojas de hasta dónde llegar por una historia. La cobertura informativa de un caso tan sensible como el de los violadores de la Manada ha vuelto a saltar todas las alarmas.

Este fin de semana tuvimos un aperitivo cuando los compañeros paracaidistas de una cadena nacional se saltaron el pacto del resto de periodistas para no acosar al padre del Prenda-muy mayor y en silla de ruedas- y lo veremos en los próximos días cuando conozcamos el desenlace de la guerra abierta entre las privadas para lograr las primeras entrevistas con los agresores.

La pelea por la exclusiva es un puro mercadeo con cifras obscenas y con consecuencias vergonzosas: en un encuentro pagado y amable con los agresores, la víctima terminará convertida en culpable y los culpables en víctimas. Eso no es periodismo; es espectáculo. Falta formación en perspectiva de género en la judicatura pero también en los medios. No podemos justificar al agresor ni caer en la trampa de la condescendencia.

No podemos darles un altavoz si el mensaje que queremos transmitir es que no hay impunidad frente al maltrato y la violencia contra las mujeres. Y no olvidemos que no es ninguna opción; es nuestra obligación como garantes del derecho a la información, forjadores de la opinión pública y vigilantes de nuestro sistema democrático y de valores.

La ola de indignación que desató la condena a 9 años de prisión por abusos -y no por agresión sexual- continúa ahora con su polémica puesta en libertad y ya se ha situado en la base del creciente movimiento impulsado por mujeres periodistas para intentar sensibilizar a los medios y boicotear cualquier programa que les dé cobertura.

#DaleLaEspalda, #NoEsUnCirco, #NoCompresManada. Es la fuerza de la calle y funciona. La entrevista a la madre del Cuco terminó enterrando La Noria: un bloguero dio la alerta y los anunciantes huyeron…

El síndrome del granadino (y no es la malafollá)

Magdalena Trillo | 24 de junio de 2018 a las 9:50

Llevo más de una hora pensando en el título de este artículo. Sé lo que quiero contar pero no consigo decidirme si escribirlo en negativo o en positivo. La primera opción es la más tentadora: Los granadinos contra Granada. Parte de la crítica (entre la constructiva y la enfermiza), se crece con la tesis del agravio y alcanza el clímax cuando introducimos el ingrediente de la fatalidad.

Ganivet se suicidó; Ayala se exilió; a Lorca lo asesinamos. Por debajo de estos grandes nombres, Granada tiene una larga historia de cadáveres que han terminado alimentando ese lugar común de que “nadie es profeta en su tierra”. Se dice en muchas ciudades; aquí es verdad.

Lo pensaba el viernes en el arranque del Festival de Música y Danza cuando le hacían el traje a su nuevo director: “Justito, justito”; “¿Este programa y esta orquesta para un concierto inaugural?”. En el patio de butacas el interés por saber dónde estaba sentada Anne Igartiburu eclipsaba los planteamientos artísticos pero no los políticos. Pablo Heras-Casado lo tendrá difícil.

Todavía no se han cerrado las heridas por el cambio de gobierno en Madrid cuando ya se ha activado en todos los partidos el modo electoral previendo que Susana Díaz disolverá la legislatura en otoño. La excusa, el relato, ya se ha puesto sobre la mesa: la crisis de la financiación.

Pedro Sánchez renuncia a reformar el modelo autonómico y da una bofetada a Andalucía optando por los acuerdos bilaterales con las comunidades: ¿para eso se ha llevado a la exconsejera Montero a Madrid?, ¿tan difícil era enfriar el tema creando, por ejemplo, una comisión?, ¿de verdad pensamos que Andalucía conseguirá los 4.000 millones en que se ha cifrado la infrafinanciación a costa de Cataluña, Madrid o País Vasco?

El clima importa y, lamentablemente, las páginas de cultura cada vez están menos alejadas de las de política. Los críticos harán sus críticas, pero Heras-Casado tendrá que pasar un doble examen: el del programa y el del ‘regreso’ a su ciudad natal. Se ha reservado el concierto inaugural, ha tenido la osadía de renunciar al éxito seguro de los Beethoven y Wagner que tanto nos gustan y ¡hasta ha impregnado de rojo el logo del Festival!

Es un director de éxito, tiene una trayectoria más que acreditada y, aunque caiga en la frivolidad, reconozcamos que tiene su tirón que sea el marido de una de las presentadoras de televisión más conocidas de este país. Pero vuelvo al dilema de base: al final no está muy claro si la ecuación resultante es positiva o negativa.

A mí me gustó el concierto. Mucho. Me atrajo la fuerza con que dirige Heras-Casado. Si lo medimos en aplausos, al público también. ¿Suficiente para hablar de éxito? Pues dependerá de los escurridizos intangibles que en una ciudad como Granada terminan contaminándolo todo.

Es el mismo juego de contradicciones que Blanca Li llevó anoche al Generalife con su montaje de Diosas y demonias. Tan diferentes, tan compenetradas. Enfrentadas unas veces, camufladas otras. Cuando todavía está en la memoria su espectacular montaje de Poeta en Nueva York, otra granadina se ha unido este año a Heras-Casado en la apertura del Festival. ¿Se lo perdonamos?

Hace tres temporadas, Granada hasta fue capaz de saldar la avinagrada deuda que tenía pendiente con Rafael Amargo y, desde hace unos años, otro grande de la escena, el tenor José Manuel Zapata, también se pasea con cierta soltura por su ciudad.

Me gustaría pensar que algo está cambiando. Que no vamos a esperar a que no estén para reconocer y rectificar. Que salieron de Granada para triunfar, pero no huyendo sino construyendo un camino que, necesariamente, debía ser de ida y vuelta. Este planteamiento nos lleva a la segunda opción del titular: Los granadinos con Granada.

Los ingredientes que lo sostienen no son tan populares: nos obliga a ser generosos, a enterrar prejuicios e, incluso, a tener fe. Y nada de esto se puede prescribir… En este punto de indecisión, mi única seguridad es lo que todos sabemos: que debe haber algo en el ambiente que moldea el ADN del granadino. Y no es (sólo) la malafollá…

Las pateras no venden

Magdalena Trillo | 19 de junio de 2018 a las 9:30

Primera foto: casi la mitad de las personas que viajaban en el Aquarius quieren marcharse a Francia y el Ejecutivo de Sánchez ya ha dado instrucciones para aceptar la oferta de colaboración. A diferencia del portazo que ha dado la Italia xenófoba de la Liga Norte, no se trataba más que de cumplir la normativa europea y el derecho internacional.

Pero la realidad es que ni hay conciencia sobre la magnitud del problema ni hay recursos que poner sobre la mesa ni hay mecanismos de cooperación para actuar ante la crisis humanitaria que supone el drama de los refugiados y la inmigración. Tampoco (demasiado) interés.

Segunda foto: más de 700 periodistas de 140 medios han estado informando todo el fin de semana sobre el ingente despliegue de efectivos que se ha activado en Valencia para acoger a los 630 ocupantes de los tres barcos que han llegado a puerto -un bebé ha nacido en la travesía- y evitar que murieran en el mar. Hasta 2.300 personas han participado en la operación Esperanza Mediterráneo. Aunque con carácter excepcional y a golpe de improvisación, se han sentado las bases para un modus operandi que habrá que ir puliendo y ensayando a medida que viren las rutas de huida de África.

Tercera foto: los inquilinos del Aquarius tendrán 45 días para aclarar su situación y despejar su destino. Los que se juegan la vida para alcanzar las costas andaluzas son retenidos durante 72 horas, abandonados a su suerte cuando se producen los colapsos en los CIE y condenados a vagar durante tres años en un limbo jurídico. Es un círculo infernal sin salida: no encuentran trabajo porque son sin papeles y son sin papeles porque no pueden demostrar arraigo ni justificar su estancia sin tener un empleo.

Cuarta foto: las pateras no venden. Ni política ni mediáticamente. Llevamos casi tres décadas interceptando inmigrantes, soportando las avalanchas que todos los veranos provoca el buen tiempo y, puntualmente, las que vienen cargadas de mensajes subliminares por parte del Gobierno de Rabat. Lo que ha ocurrido este fin de semana en Tarifa y el Mar de Alborán no es ninguna casualidad.

Tal vez, sean las imágenes más constructivas que podamos extraer de lo que nació como un gesto simbólico (uno más) tras el desalojo del PP y como un trampolín mediático para Pedro Sánchez en Europa: Francia ya colabora -se mueven las piezas del complejo ajedrez de intereses y pulso entre países- y la crisis de las pateras se coloca de nuevo en el ojo público. No es ninguna solución, pero sí un comienzo.

Las machistas del bikini

Magdalena Trillo | 17 de junio de 2018 a las 11:00

Un tórrido verano como el que ya asoma, Ryanair se jugó una condena judicial por una campaña “demasiado caliente” con seis espectaculares azafatas posando en bikini en sugerentes posturas de provocación sexual. Se titulaba “Tarifas al rojo vivo ¡Y la tripulación también!” y, oficialmente, se vendió como una acción solidaria para ayudar a una asociación polaca dedicada al cuidado de niños con fibrosis quística.

La jueza de Málaga que tuvo que lidiar con la denuncia por publicidad sexista -la Audiencia Provincial ratificó la sentencia el año pasado- dejó bien claro que no se trataba ni de machismo, ni de feminismo ni de puritanismo. Se había utilizado el cuerpo femenino de una forma burda y grosera enmascarando un fin que nada tenía que ver con la realidad. Con “Las chicas de Ryanair” se le había dado una patada a la Ley de Publicidad “utilizando a la mujer como un objeto de reclamo con una clara connotación discriminatoria y vejatoria”.

campaña Ryanair

Hace sólo unos meses una campaña impulsada por una agencia de Ámsterdam para Suistudio dio la vuelta al machismo situando a un grupo de mujeres vestidas con exclusivos trajes de chaqueta sobre hombres completamente desnudos sin rostro, sin nombre, sin valor. Eran meros objetos de decoración. Ellas dominaban; los sumisos eran ellos. Se daba un paso más, polémico y valiente, en uno de los campos que más juega en el filo de la navaja entre lo políticamente correcto y lo necesariamente creativo.

En #WomenNotObjects, la campaña lanzada por la publicista norteamericana Madonna Badger contra la cosificación de la mujer en la publicidad, no hay controversia. Es dura y efectiva -se ha convertido en una de las acciones con más recorrido e impacto mediático- pero no nos sitúa frente al espejo de nuestras contradicciones como acaba ocurriendo con la provocadora iniciativa de la marca holandesa: en una de las imágenes, el muñeco de un hombre se cuelga del tanga de una de las modelos como si fuera a quitárselo; en otras son pisoteados y humillados.

El revuelo en Instagram fue inmediato: “brillante” o denunciable. “Si esto fuera al revés, con la mujer sobre el sofá y el hombre sobre ella, los grupos de feministas saltarían con sus críticas. ¡Esta doble moral tiene que terminar!”.

suistudio

Amparado en la ola feminista que ha resurgido con el movimiento #MeToo, la actual Miss América anunció hace unos días que se sumaba a la corriente de presión para eliminar del popular concurso el tradicional pase en traje de baño con tacones: “El certamen representará a una nueva generación de líderes femeninas, su empoderamiento y talento, su impacto social y su trayectoria de becas académicas”. Bien. ¡Idílico! Pero entonces digamos abiertamente que suprimimos el concurso de belleza, denunciemos abiertamente su frivolidad -aunque desfilen con burka- y atrevámonos a reconocer el negocio que hay detrás.

¿De verdad vamos a defender un concurso de misses diciendo que la belleza está en el interior? ¿Y alguien sabe eso cómo se mide? En aras de ese feminismo de trinchera que tanto se acerca al conservadurismo, continuemos el debate y decidamos si también nos cargamos los desfiles de lencería -¿sólo el de mujeres o también el de hombres?- e, incluso, demos un paso más y hagamos una llamada a todas las mujeres para que este verano se planten en las playas renunciando al bikini -enseñamos demasiado y nosotras mismas contribuimos a que se nos cosifique- y optando por un traje de baño mucho más discreto como es el bañador.

Lo realmente alarmante de todo esto es que empecemos a callarnos, a autocensurarnos, para no desentonar. Apenas hay polémica. Pocos están dispuestos a ‘jugársela’ lanzando una piedra contra el muro feminista y, en España, los organizadores de Miss España ni siquiera se han arriesgado a pronunciase sobre el tema; mucho menos a decidir si se subirán a la ola de corrección y también suprimen el pase en bañador.

bikini

No es un debate frívolo ni menor. En los 60, el bikini fue un símbolo de liberación para la mujer. Todavía en los 80, siendo yo una niña, mi padre me prohibía ir en bikini a la piscina pública del pueblo. Conseguí comprarme uno cuando empecé a independizarme como periodista y todavía hoy ni me atrevo a hacer topless. Aunque las grandes firmas de moda llevan un par de temporadas revitalizando el bañador -tendencias, no más-, me gusta pensar que hay algo heroico en ‘decidir’ ponerme lo más minúsculo -hay bañadores mucho más sensuales que muchos bikinis- sólo para evidenciar mi (pequeña) victoria.

Me meto de lleno en la polémica: no defiendo a las ardientes chicas de Ryanair – por encima de la cosificación, me cabrea la hipocresía de la empresa alegando el fin solidario- y, sinceramente, me ha parecido espectacular la iniciativa de la marca holandesa -por los modelos de infarto (¿no es correcto que lo digamos nosotras?)- y por la agudeza del mensaje.

Cuando se estrenó Full Monty, uno de los primeros lugares de España que copiaron la iniciativa de los stripers masculinos fue Granada. Me tocó cubrirlo para la agencia Efe y lo mantengo en la memoria como una de las experiencias más divertidas y rompedoras de aquellos años. Sencillamente, lo disfruté. Fueron objetos -deseables- sobre un escenario por una buena causa.

Probablemente no debería escribirlo. Y justo por eso lo hago. Porque es aquí donde debería empezar el feminismo. En ser libres para opinar.

El mal de fondo -evitar conflictos e intentar quedar bien sin preocuparnos del coste- no es diferente al que subyace en las recetas populistas con que queremos resolver algunos de los problemas más graves a los que nos enfrentamos como sociedad. Pensemos en la inmigración. ¿De verdad estamos compitiendo por ver quién acoge a más?

No voy a entrar en la batalla política entre el oportunismo de los gestos y los riesgos del efecto llamada. Me quedo en el día a día. ¿Quienes hoy abren sus puertas les van a dar techo y comida durante tres años? ¿También un trabajo para que se integren, puedan dejar de ser ilegales y cojan nuestra nacionalidad?

Disculpen la dosis de pragmatismo y de realidad, ¿ustedes contratarían al subsahariano que lleva años vendiendo pañuelos en el semáforo de la esquina? ¿Contrataría a alguna de las mujeres embarazadas que llegan en patera para que la ayude en casa? Podrían replicarme que caigo en la demagogia y que con el Aquarius, por ejemplo, nos enfrentamos a una situación humanitaria de excepción. Bien.

Pero no mutilemos el debate. Seamos capaces de opinar y, sobre todo, de hacernos todas las preguntas; también las que no tocan. Eso la publicidad, aunque escueza, lo sabe hacer muy bien. Hablar de “machistas del bikini” es, efectivamente, un oxímoron y debería ser una contradicción. Pero no lo es.