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De avestruces y cacerías

Magdalena Trillo | 31 de mayo de 2015 a las 12:09

Una avestruz de plástico esconde la cabeza en un huevo. Su huevo. A las fotografías de Chema Madoz les ocurre como a las viñetas de prensa: son calambres de realidad. Siempre hay más de lo que parece. Parten de mensajes amables y rutinarias imágenes de la vida cotidiana para desconcertar. Son provocadoras, coquetean con el equívoco y el despiste, nunca son inocentes. Son golpes de poesía, metáforas y paradojas que se transforman en balas de emociones directas a la razón.

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La sala Alcalá 31 de Madrid muestra hasta primeros de agosto la última obra del Premio Nacional de Fotografía con la retrospectiva Las reglas de juego. Madoz experimenta con los objetos pero son iconos de nuestras vidas lo que cuelga de las paredes. Miedos, enigmas y anhelos atrapados en la simplicidad del blanco y negro. La nube que descansa sobre el tronco del árbol -más apacible que aquella otra que enjauló en el infinito del cielo-, la cuchilla que marca las páginas del libro, la corchea que flota en el daiquiri, el dado de la suerte que se derrite sobre el cristal, el collar de perlas preciosas que somete y castiga a modo de impasible horca…

El artista mira a la naturaleza y nos regala poesía visual. La avestruz que ilustra el catálogo es inquietante. Por lo que constata y por lo que sugiere. Es el símbolo de la sociedad contemporánea. De nuestra actitud defensiva y de nuestra incapacidad. Cuando Mariano Rajoy compareció el lunes para analizar los resultados electorales yo no vi al presidente del Gobierno; vi una avestruz protegiéndose en el calor del huevo. Cuando Pedro Sánchez sale triunfante para hablar de pactos y de estrategias, sólo veo una avestruz sobre un huevo que no sabe cómo perforar. Cuando Pablo Iglesias y Albert Rivera irrumpen con mochilas cargadas de condiciones interesadas, de líneas rojas y exigencias partidistas, sólo veo a dos avestruces en busca de un huevo al que poderse encaramar.

El 13 de junio se han de constituir los ayuntamientos en España y, de momento, lo único que tenemos garantizado son los titulares. El PP se ha dejado en las urnas 2,5 millones de votos pero el mensaje oficial es de victoria aun siendo conscientes de que perderán el poder en comunidades clave y, en decenas de ciudades, serán triunfos amargos que no les permitirán gobernar. Se vendan los ojos ante el batacazo con la misma frivolidad con que se niegan a ver la desbandada de barones autonómicos que, ellos sí y contradiciendo a Rajoy, han decidido asumir su responsabilidad tras las elecciones del pasado domingo. El problema, por supuesto, (sólo) es de comunicación… Y lo resuelven con más oscurantismo, con ruedas de prensa sin preguntas -dos días le ha costado al líder andaluz aparecer ante los medios para no decir ni hacer nada sustancial y no admitir que se le interrogara- y con más política del avestruz y en diferido. Ya se reaccionará o no; y ya se contará o no.

La ceguera es compartida. Los socialistas se han puesto el traje de ganadores obviando dos realidades: el millón de votos que han dilapidado en esta convocatoria y el elevado precio que tendrán que pagar en las alianzas de gobierno. Lo de ser un partido “de mayorías” está muy bien como eslogan si en algún momento se cumpliera sobre el papel. No es lo probable.

A los dos grandes, a los del bipartidismo tocado y decadente pero no muerto, hay que reconocerles que al menos mantengan un huevo en el que esconderse. Podemos y Ciudadanos nada tienen de momento que conservar, así que su estrategia es claramente ofensiva y de desgaste. Han salido a cazar; de caza mayor. Atentos si no a los candidatos de Ciudadanos en Málaga y Almería que, con un puñado de votos, ya se han visto alcaldes. O giren la mirada a los movimientos de las marcas blancas de Podemos en su campaña de desalojo del PP.

La caza es un vicio de los viejos partidos que los nuevos asumen aunque sea, como en la obra de Madoz, metafóricamente. En España, si lo piensan, nunca hemos terminado de retratar bien el imaginario de la corrupción, de las presiones y de los juegos de poder. A los maletines negros del gánster norteamericano les faltaba el rifle de caza. Los maletines los hemos actualizado en forma de bolsos de Loewe pero seguimos teniendo una asignatura pendiente con el escenario cinegético. Empezando porque no sabemos si fue antes el huevo o la avestruz. ¿Es la caza la que incita a la corrupción o hay algo en los corruptos que los predispone a cazar? El PP de Valencia, desde la Gürtel a la trama de comisiones que acaba de llevarse por delante al delegado del Gobierno, podría servirnos de muestra de estudio. ¿No se amañan las contrataciones con la misma eficacia haciendo footing o jugando al golf?

En todo caso, ya estamos avisados: si ve a un político de caza, sospeche. La otra caza, la simbólica, puede resultar menos evidente pero es igual de peligrosa. Las cabezas de Griñán y Chaves ya descansan sobre bandejas de plata y ahora toca a nivel local. En Granada, Ciudadanos ha puesto precio al PP para dejar gobernar a Torres Hurtado: la cabeza de su concejal de Movilidad y ‘ejecutora’ de la LAC.

Todos son conscientes de que el nuevo mapa de transporte en la capital ha sido una bomba para el alcalde -la pérdida de votos en los barrios lo ha dejado con un resultado que no se conocía en la capital desde finales de los 80- pero personalizarlo en Telesfora Ruiz peca demasiado de efectismo mediático y de tacticismo político; era uno de los proyectos estrella de un equipo de gobierno (no de un área) y, si hay algo que se le puede reprochar a la edil es haber cumplido con solvencia y rigor el encargo. La LAC gustará más o menos, funcionará mejor o peor, pero se ha ejecutado lo que se decidió. Extraña por tanto que, puestos a pedir cabezas, el grupo de Luis Salvador no haya apuntado a lo más alto.

El futuro de Pepe Torres es, desde el pasado domingo, el que queda completamente desdibujado. La misma noche electoral anunció que, si no conseguía formar gobierno, daría un paso atrás y abandonaría la política. Matemáticamente podría enfrentrarse a una opción de gobierno cuatripartito en torno al socialista Paco Cuenca pero parece más factible una alianza directa con Ciudadanos o, lo más previsible, un gobierno en minoría como lista más votada con la abstención del partido naranja. El coste será alto antes del acuerdo, pero lo realmente duro llegará después cuando haya que gestionar una ciudad con cuatro formaciones en contra.

Como cabeza de cartel, Pepe Torres aseguró a su partido 14 concejales y se quedó con 11. ¿Debería dimitir? ¿Tiene la obligación, como líder del partido más votado, de buscar la estabilidad para Granada? ¿Aguantará? Perdida la Diputación, ¿lleva la regeneración el nombre de Sebastián Pérez como número 2 en las listas de la capital? ¿Podría darse tras las generales de noviembre un escenario de moción de censura que aupara a Luis Salvador como alcalde? Porque muchos recuerdan cuando Antonio Jara se hizo con la Alcaldía en un escenario sospechosamente parecido…

Vuelvo a la imagen de la avestruz. No es un huevo donde se esconde. Es una bola de cristal.

24-M: la esperanza de recuperar la decencia

Magdalena Trillo | 24 de mayo de 2015 a las 10:49

Entre los nervios de quienes se ven fuera de las estructuras del poder y la improvisación de quienes emergen pecando de soberbia, Granada acaba de cerrar una de las campañas más negativas y de mayor desgaste de las últimas décadas. La fatigosa carrera comenzó hace dos meses cuando Susana Díaz nos convocó a las urnas para renovar el Parlamento andaluz -si un error fue la anticipación de la convocatoria, mayor fracaso es tener a 109 diputados electos pendientes del mercadeo de sillones en las alcantarillas de los partidos- y continuará tras el verano con el desafío catalán y la cita más relevante del año: las generales de Rajoy.

El debate, ahora, eran nuestras ciudades. Pero sólo en teoría. Las limitadas propuestas de los partidos se han quedado difuminadas en una dialéctica destructiva que ha estado más cerca de los tribunales que del latir de la calle. Han llegado a los buzones, sí, pero para intoxicar y derribar al adversario -en esta ocasión sin miramientos- o para vendernos todo lo vendible más que conscientes de que, como nos recuerda el maquiavélico Francis Underwood en la última temporada de House of Cards, no hay político que se precie que no incumpla sus promesas.

Son las elecciones del cambio. En realidad todas los son. Hace justo cuatro años que el movimiento 15-M irrumpió en la escena pública avisándonos de que el asalto de las plazas debía llegar a las instituciones pero, de momento, ni los partidos tradicionales ni los que han cogido la bandera de la regeneración han sido capaces de explicarnos para qué cambiar ni cómo. Todos comparten la misma retórica de la transformación, todos se disputan la capacidad de liderazgo -deslegitimando e invalidando a los adversarios en la aventura del cambio- y todos terminan chocando con las mismas dinámicas e inercias de siempre.

Los programas -en algunos casos un par de folios llenos de buenas intenciones- se mueven entre las obviedades y la palabrería más insustancial. La crisis y la austeridad se llevaron por delante los grandes proyectos que en su día justificaban buenos titulares y acalorados debates y nos han dejado sumidos en la más absoluta mediocridad con recetas tediosamente parecidas. No sé qué significa eso de que “la Alhambra es Granada” -aparte de ser un lema en la guerra de camisetas del PP- como no encuentro las calles por las que pasarían los autobuses del mapa de transporte con que los socialistas quieren “revolucionar” la movilidad fulminando la LAC. Son sólo dos ejemplos… Lo triste es que hayamos tenido que sufrir quince extenuantes días de campaña y acudamos hoy a las urnas con muy poca idea de cuáles son sus proyectos de ciudad y sin saber cómo quieren resolver los problemas que todos sabemos que hay que resolver. Crecer, avanzar… más empleo… más riqueza… con la “gente”… con la “mayoría”… ¿Y? ¿De verdad que la gran apuesta de consenso por la Granada del futuro es no tocar la Vega? ¡No sólo se puede arriesgar y ser valiente en los insultos y las descalificaciones!

El cambio tiene un precio y lo realmente apasionante de la votación de hoy es que, aun en el caso de que sean los mismos rostros los que terminen ocupando los viejos sillones de mando, las dinámicas no pueden serlo. No son tiempos de imposiciones ni de rodillos. El duopolio de poder que se ha alternado durante tres décadas no estará hundido -la prueba es que en decenas de municipios de la provincia sólo han conseguido presentar candidaturas PP y PSOE- pero sí justificadamente amenazado. Si nos creemos que estamos poniendo los cimientos de una nueva era, una nueva forma de entender y de hacer política, la palabra “cambio” ha de tener sentido y ha de ser inseparable de la cultura del pacto y del diálogo. Porque “no se cambia por decreto”. Ni con juego sucio. Ni a la defensiva. Ni sin saber por qué o para qué. Como advierte Crozier, “no se cambia por placer”.

Los dos titulares previsibles de hoy son la fragmentación del voto y la pérdida de las mayorías absolutas. Con pocas excepciones, será la tónica que más se repetirá esta noche cuando termine el recuento de votos. Los juegos de poder empezarán mañana y, si de verdad son los programas los que inspirarán las alianzas, hubiera estado bien conocer con antelación las líneas rojas de unos y otros : ¿hay estrategia o sólo firmas de decálogos efectistas y colección de piezas de caza?

Fue el presidente del TSJA, Lorenzo del Río, quien recurrió esta semana a Michel Crozier para recordarnos que, por debajo de una gran transformación, ha de haber un diagnóstico serio y un programa de recetas realista. Aunque lo advertía en un coloquio organizado por Granada Hoy y Telefónica marcando los desafíos del “futuro digital de la Justicia”, la esencia del pensamiento del profesor francés sobre la administración pública y la burocracia -que tan bien responde a la situación actual de los tribunales españoles- sería perfectamente aplicable al cambio social y, por supuesto, al político.

Crozier, conocido como el “sociólogo de lo cotidiano”, previene sobre los cambios que se sustentan en la ignorancia y en un diagnóstico erróneo e interesado de la realidad que no lleva más que a una transformación “por decreto” que termina siendo sinónimo de “desgarro” y “empobrecimiento” del sistema. Reformas a la ligera que incrementan la desconfianza ciudadana. Cambios que conducen al fracaso porque parten de una visión diseñada en función de unos objetivos preestablecidos.

Piense en su ciudad, en sus políticos, y pregúntese a cuántos habría que recomendarles que lean a Crozier… Porque no se cambia “por gusto”, porque de repente se tiene una idea, sino porque hay una necesidad, una urgencia, un problema al que hacer frente… Porque la retórica del cambio puede ser “absurda y peligrosa” si se limita al esquema de la “destrucción-reconstrucción”. ¿Recuerda la parodia de los carriles bici? ¿El siguiente capítulo es la LAC?

Antes del vuelco, tiene que haber estrategia y se ha de haber invertido en el conocimiento de la realidad y en las personas -en los profesionales-. Como también nos apuntaba esta semana el filósofo Emilio Lledó, premio Princesa de Asturias de Humanidades, lo que exigen los profundos cambios sociales que estamos viviendo es “un esfuerzo intelectual”. Y “decencia”. Y humildad. Y dejar atrás esa política que se ha transformado “en estupidez y chulería nauseabunda”…

Imagínese si mañana se levanta pensando que, con independencia de su voto, las personas que han logrado un consenso mayoritario para situarse al frente de su pueblo, de su ciudad, tienen una oportunidad de “hacer regresar la decencia” a la vida española como reclama el filósofo sevillano. Sueñe aún más y confíe en que no sólo no le avergonzarán sino que resolverán en lugar de entorpecer y contribuirán a hacerle la vida más fácil.

Acabamos de cerrar una campaña en negativo -ha sido su elección- pero todavía podemos escribir un mandato en positivo. El mayor esfuerzo por la regeneración empieza en las urnas y ha de partir de nosotros mismos. Premiando o castigando, quitando o dando una nueva oportunidad, pero asegurándonos de que nuestro voto cuenta.

Del 24-M al 27-M, no todo en la vida es poesía

Magdalena Trillo | 17 de mayo de 2015 a las 11:48

Cuando Rafael Guillén escribió en los 60 Las cimas del jaleo, la “irresponsabilidad de la juventud” le empujó a emprender lo que hoy, con ochentaypocos, valora como un “suicidio literario”: acercarse a Lorca y al tema gitano “con una voz pretendidamente propia”. Sus versos contradicen sus temores y confirman su humildad. Los de entonces, los que dedicó al baile como expresión máxima y genuina de la vida, y los de ahora, los que escribe “para recordarse el que es en cada momento” y somete a ese bucle del eterno retorno del que siempre se ha mostrado militante.

Hace una semana, en el arranque de la campaña electoral, su atrevimiento fue mayor. A sólo unas horas de la pegada de carteles, en un auditorio con muchos políticos (demasiados políticos), se permitió la osadía de hablar del tiempo y de la vida, del amor y de la muerte, de las pérdidas y de los regresos, mientras vibraban los móviles entre los asientos camuflando las alertas de los mensajes y las citas que habrían de protagonizar la esperada carrera del 24-M. Guillén decidió recoger el Premio Lorca con que Granada reconoce por vez primera a un autor local con un recorrido por la historia literaria de la ciudad que transformó en un homenaje compartido a los que fueron y los que son. Un viaje emotivo y necesario en el que elevó aquello de que “todo en la vida es materia poética” asegurando que “no es necesaria tal transmutación porque la misma vida es poesía”.

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El suicidio, en este caso periodístico, será mío: le voy a cuestionar. Acabamos de rebasar el ecuador de la campaña y nada hay más alejado de la vida -la vida misma sí que es política- que la poesía. Cojan los periódicos de la última semana y compruébenlo. Da igual la ciudad en la que vivan. Les detallo el cronograma: polémicas, ataques personales y meteduras de pata que, rápidamente y estratégicamente, se colocan en el foco de la agenda del adversario. Algunos aún se atreven a prometer la luna -¿una playa en el centro de Jerez?-, hay quienes aún pueden sorprender en el BOE con una adelantada lluvia de millones navideña -¿el cheque pensión sí es “sostenible”?-, pero la mayoría se desliza entre propuestas posibilistas intoxicadas de vaguedades y de lugares comunes. El desconcierto sobre los resultados de los comicios del próximo domingo equipara ya a viejos y nuevos con un duelo a cuatro bandas entre los ¿grandes? del bipartidismo y los emergentes del ¿cambio? en el que todas las líneas rojas han quedado supeditadas al tacticismo electoral. ¿Seguro que la ofensiva contra la Alhambra, con toda la artillería desplegada, se traducirá directamente en votos para el PP? ¿Seguro que no tendrá efectos secundarios?

Lo peor de todo es que el clima se contagia. Justo el tono elegiaco que los candidatos de las Municipales han tomado prestado de la poesía de Guillén se ha infiltrado en la campaña a rector en la Universidad. Los comentarios sobre el debate del jueves entre Pilar Aranda e Indalecio Sánchez-Montesinos van de un penoso “es más de lo mismo” a una pregunta con lamentable respuesta: ¿así quieren animar a los estudiantes a votar?

No hay duda de que la decisión de Lodeiro de hacer coincidir las elecciones en la UGR con las locales es consciente, meditada y con argumentos perfectamente defendibles. Las consecuencias, sin embargo, son siempre imprevisibles y los riesgos, evidentes. Ante dos candidatos solventes y con programas sólidos -en grandes líneas muy similares-, corremos el riesgo de sustituir lo que debería ser un irrenunciable debate sobre el futuro de la Universidad por la misma batalla de siempre: la ideológica, la de clichés. Es la estrategia de Indalecio pero Aranda se lo ha puesto muy fácil en el primer envite.

Si lo del victimismo contra el “régimen de poder” sigue sin funcionarle al PP a nivel regional, más arriesgado parecería enarbolar esta bandera ante un elector tan exigente como el universitario. Decir que “no hay libertad para votar” en la UGR, denunciar (sin nombres, sin pruebas) supuestas “amenazas”, “chantajes” y “coacciones” y realizar una durísima enmienda a la totalidad a toda la gestión que se ha realizado en las últimas décadas en el Hospital Real es excesivo y, aquí sin muchas dudas, claramente contraproducente. Habría que preguntarle a los asesores del decano de Medicina si han calibrado bien cuántos votantes están o han estado vinculados a los últimos equipos de gobierno como para sostener una descalificación tan agresiva y generalizada sobre su trabajo. Porque se puede “cambiar” sin romper con todo lo anterior, sin renegar de lo que hoy -de forma manifiestamente imperfecta y con un sinfín de desafíos conocidos y asumidos- es la Universidad.

Es curioso. En el debate electoral nacional son los líderes de Podemos los que apuestan por destrozar puentes -cuestionando incluso, la Transición- y es el candidato de Ciudadanos, Albert Rivera, quien todavía está intentado “explicar” que no dijo lo que dijo cuando descalificó a todos los que no hayan nacido en democracia para construir el futuro de nuestro país y les colocó una mochila de corrupción sobre sus hombros. Su versión políticamente correcta es que los “jóvenes tienen que sumar” pero a mí siempre me generan una enorme desazón las correcciones. De cualquier tipo. Es difícil saber cuál es la verdadera verdad, si la que se dice con espontaneidad o la que se fabrica, si no se pensó entonces o si se ha pensado ahora demasiado calculadamente. El error es tan humano como la rectificación pero admitamos que, en política, es justificadamente sospechoso.

Y lo lamento. Mi edad es similar a la de muchos de los que han decidido levantar un muro entre generaciones -antes y después de la democracia- repitiendo ese maniqueísmo de las dos Españas del que no nos conseguimos librar. Con o sin rectificación, el debate sobre lo nuevo y lo viejo, sean partidos o personas, es necesario por cuanto esconde sobre la actitud de ingratitud y egoísmo con que hemos terminado ennegreciendo la “herencia recibida”. La realidad es que todavía está por saber si los nuevos harán nueva política y si los viejos son capaces de liderar un cambio que se presenta tan urgente y profundo como el que se abordó en la Transición.

Les confieso que, a mí, el vértigo me atrapa con el vacío que van dejando quienes se sitúan al otro lado de la posteridad. Pienso en Ayala. Me acordaba de sus whiskys cuando, unas horas antes de recibir el Premio Lorca, Rafael Guillén me confesaba que se iba a escabulllir de la presión mediática tomando un vermú en Las Titas… Él no se ve en la posteridad pero sí en ese momento de misterio en el que el “canto a lo que se pierde” machadiano ya no se afronta con tristeza sino con sabiduría y con lucidez. Son las personas, es lo que piensan y es lo que escriben… Cuando lo meditan y cuando improvisan… En ocasiones, basta una rutinaria carta, basta un sencillo verso. Lo pueden comprobar sumergiéndose en la correspondencia de Francisco Ayala que su Fundación acaba de publicar con un ambicioso proyecto digital en abierto; empiecen por la carta a Azaña en la que habla de picaresca y granujería, de vividores y de hidalgos, de honestidad…

Para desconectar de la vida que no es poesía, para conectar con la vida que es poesía, prueben con la Balada en tres tiempospara saxofón de Rafael Guillén: “El futuro es pasado que busca otro comienzo”.

La partida seguirá el 25-M

Magdalena Trillo | 10 de mayo de 2015 a las 9:41

La partida seguirá el 25-M

Parque de las Ciencias. 18.30 de la tarde. Todos los candidatos a ocupar el sillón de alcalde en la Plaza del Carmen aceptan la invitación de Granada Hoy para presentarse ante los ciudadanos. Es una foto inédita. Desde que en 1979 se convocaron las primeras elecciones municipales de la democracia, nunca habían concurrido tantos aspirantes. Ocho jugarán la partida y seis salen con expectativas de obtener representación. Entre candidatos, asesores e ‘invitados’, en torno a treinta personas anticipábamos la tradicional pegada de carteles con este simbólico encuentro en uno de los espacios que mejor simbolizan el consenso institucional -no siempre fue así- y que representa la Granada moderna, de oportunidades y de futuro que todos defienden.

En la antesala de la larga campaña que se inició oficialmente la noche del jueves, probablemente habrá sido la única ocasión en la que han podido conversar. Algunos ni se conocían. Para esa cita no había que preparar el discurso pero sí las poses. Y los saludos; los sinceros y los que se colaban afilados con aprendidas lecciones de márketing y buenos modales. Torres Hurtado (PP), Paco Cuenca (PSOE) y Paco Puentedura (IU) ya unieron sus manos en la campaña de 2011 y han compartido vida municipal durante los últimos cuatro años. El ex senador socialista Luis Salvador, un clásico ‘renovado’, ha logrado posicionarse en la primera línea de la política local con su apuesta por Ciudadanos, el partido de moda, y confía en convertirse en la gran revelación de las urnas, justo el papel que desempeñó Mayte Olalla en las anteriores elecciones. La candidata de UpyD, que tiene el desafío de capear desde Granada el momento de hundimiento de su partido a nivel nacional, afronta un escenario más gris.

Con el mismo pronóstico de irrelevancia que se presenta para el Partido Andalucista y para Vox. Domingo Fuentes e Ignacio Nogueras, sus cabezas de lista, son más que conscientes del reto pero ninguno pierde la sonrisa. Ni la fe -en su caso justificamente necesaria- en lograr sumarse al ‘efecto sorpresa’… Aunque los vientos de cambio y novedad, lo asumen los tradicionales y lo aprovechan los emergentes, soplan mucho más caprichosamente hacia el naranja de Ciudadanos y hacia ese morado de Podemos que finalmente buscará su irrupción en la capital con la etiqueta blanca de Vamos Granada aliándose con Equo y diversos colectivos sociales y situando como candidata a la decana del Colegio de Abogados, Marta Gutiérrez.

Todos salen a ganar. El actual alcalde, que aspira a un cuarto mandato, ya ha dejado claro que va a por la mayoría absoluta y ha pedido a los suyos que no se amilanen, que lo reclamen abiertamente. Hace meses que desde su equipo de gobierno se advierte sobre la inestabilidad que supondría que la izquierda se uniera -en este caso PSOE e IU con Vamos Granada en lugar del PA- reeditando lo que, a su juicio, ha sido uno de los mandatos más convulsos en la historia reciente de la ciudad: el periodo 1999-2003 en que el socialista José Moratalla quebró el gobierno del ‘popular’ Díaz Berbel. El fantasma del desgobierno que planea sobre los 170 municipios de la provincia -se incorporan 2 localidades respecto a la convocatoria de 2011- con la misma incertidumbre que lo hace sobre los más de 8.122 ayuntamientos de toda España, sobre las diputaciones y sobre las 13 autonomías que concurren a las elecciones del 24-M.

El “miedo” al tripartito e, incluso, a un hipotético cuatripartito que uniera a todos los partidos (Ciudadanos se aliaría con la izquierda) en contra del PP. Es por ello que Torres Hurtado siempre dice que el PP sólo gobernará si llega a la absoluta. Sin embargo, en esta ocasión puede que no sea exactamente así. Hay alternativas. Por primera vez la derecha tiene un partido cercano y con opciones al que aliarse: el partido de Albert Rivera que, desde el discurso del cambio sensato y la moderación, ha frenado en seco las expectativas de crecimiento de los seguidores de Pablo Iglesias y se ha colado en todas las encuestas con unas estimaciones de voto impensables hace sólo unos meses. El estreno fue contundente en las autonómicas andaluzas del 22 de marzo y, a la espera de conocer la capacidad final de Ciudadanos para improvisar candidatos en la siempre personalista batalla local, las tendencias que vislumbran todas las encuestas situarían a Luis Salvador en una comodísima situación de ventaja como posible llave de gobierno.

Así se refleja en el sondeo que Granada Hoy publica hoy. Torres Hurtado pierde la mayoría absoluta y se sitúa diez puntos por debajo de los resultados de 2007 y 2011 que le auparon con sus actuales 16 concejales. Los socialistas consiguen blindar sus 8 ediles con un porcentaje de voto ligeramente superior al de hace cuatro años (aunque alejados aún de los 11 de 2003), IU pierde un concejal (solo Puentedura se mantendría en la Plaza del Carmen), UpyD se queda fuera y Vamos Granada y Ciudadanos entran con fuerza en el tablero con 3 representantes cada uno.

Es evidente que el clima de desafección hacia los dos grandes partidos por la corrupción y el desgaste de la crisis con los recortes y la austeridad pasarán factura a quienes han tenido que gestionar en los espacios de la administración más cercanos al ciudadano, pero son “circunstancias” que no pueden ocultar los méritos propios para la victoria o el fracaso y, al día siguiente de la votación, habrá que pedir coherencia para discernir cuánto aporta y cuánto resta la gestión personal frente a la marca de los partidos y los líderes nacionales. Y pedir responsabilidades. ¿Se imaginan dimisiones la misma jornada electoral como acaba de ocurrir en Inglaterra?

Si finalmente el PP pierde 4 concejales, Torres Hurtado tendrá que emplearse en la política del pacto y de su generosidad y talante dependerá en buena medida que sea la izquierda o la derecha la que gobierne en Granada los próximos cuatro años. Su alianza con Ciudadanos es la preferida según la encuesta elaborada por Commetia para todo Grupo Joly pero muy cerca se sitúa también el pacto entre PSOE, Vamos Granada e IU. En Andalucía, pese al bloqueo en el que estamos sumidos desde el 22-M para la investidura de Susana Díaz, no hay una propuesta alternativa de gobierno al PSOE pero en el horizonte que dibuja el sondeo a nivel local sí lo habría. Es, justamente, el panorama de acusada fragmentación del voto que se producirá en decenas de ayuntamientos y que obligará a viejos y nuevos partidos, a clásicos y emergentes, a sentarse a negociar y a tejer alianzas que pueden ser absolutamente imprevisibles. Más aún si tenemos en cuenta la multitud de ayuntamientos en los que concurren independientes. La sopa de siglas, como advierten los analistas desde hace meses, se convertirán en una de las notas más características de las elecciones de 2015.

Lo cierto, de momento, es la incertidumbre. Lo previsible, que la verdadera campaña de los políticos empezará el lunes 25 de mayo cuando tengan que dar forma al voto ciudadano, al de los siempre convencidos, al de los fugados y al de los reconquistados; al útil, al del desencanto y al de castigo. Como publicábamos en el arranque electoral, será una carrera de vértigo al 24-M y con múltiples incógnitas. Tal vez una de las más morbosas sea la del papel que desempeñará Luis Salvador. ¿Tiene “corazón socialista” como suele decir el alcalde? Porque, si de pactar se trata, ya les avanzo que el feeling con Torres Hurtado que se vio la tarde del Parque de las Ciencias está a años luz del que pareció tener con su ex compañero Cuenca… En las locales cuentan los partidos pero cuentan, sobre todo, las personas. En la foto de familia, ¿tal vez para despistar?, Luis Salvador insistía en colocarse a la izquierda de Pepe Torres…