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Político, profesión de alto riesgo

Magdalena Trillo | 26 de abril de 2015 a las 10:59

Por acción y por omisión. Para ellos mismos y para todos nosotros. Ser político hoy se ha convertido en una profesión de alto riesgo. Por culpa de quienes roban, prevarican, malversan y se corrompen y por culpa de quienes nos demuestran a diario que nada de vocación, altruismo y servicio público hay en el desempeño de sus funciones. La casuística es amplia y de toda ella hemos tenido ejemplos esta semana:

Los peligros más evidentes llegan por la acción. Y el destino final va de la inhabilitación a la cárcel. Entre rejas está Bárcenas y en los tribunales se decidirá también el epílogo de viejas glorias de este país como el ex vicepresidente Rodrigo Rato. Sólo una codicia enfermiza puede explicar el supuesto fraude que ha desvelado la Agencia Tributaria para alguien que, subido en un Porsche y enfundado en estilosas camisas italianas, iba de ‘dandi’ por la vida; para alguien que lo tuvo todo y se permitió despreciarlo. Dejó el FMI porque se aburría, escribió la defunción de Bankia porque le dejaron, se enfangó con el escándalo de las tarjetas black porque pudo. Ahora sabemos que su milagro económico forma parte de la misma farsa con que ha terminado manchando su biografía.

Y sólo es una de las 715 personas de “especial relevancia” que están siendo investigadas tras acogerse a la amnistía –la grieta legal– que ideó el Gobierno para acabar con la opacidad fiscal y aflorar fortunas millonarias. Si nos creemos que la carrera ahora es por la transparencia, poco se entienden las reticencias del PP para desvelar los nombres de los demás privilegiados (175 de un total de 30.000 contribuyentes) que los funcionarios de la hacienda pública, inesperados protagonistas de la agenda política, han puesto bajo sospecha tras constatar que los datos que manejan son “la repera patatera”. Con tal elocuencia lo dijo esta semana el director general de la Agencia Tributaria cuando compareció en el Congreso para dar cuenta de las actividades de blanqueo que se están detectando a partir de esa “regularización fiscal” que, con mucho menos desparpajo y credibilidad, el ministro Montoro sigue defendiendo: ¿Seguro que “no limpia ni borra delitos”?

El ‘caso Rato’, como los cientos de las causas de políticos que se dirimen en los tribunales de todo el país, contribuye a la judicialización de la vida pública pero por razones más que justificadas. La ley, al menos en teoría, es igual para todos y las consecuencias de saltársela, también. En este tipo de situaciones, los peligros de ‘ser político’ son buscados: los privilegios se convierten rápidamente en prebendas y las posiciones de ventaja acaban desdibujando la legalidad. En el plano local, mucho podría reflexionar el ex alcalde de Almuñécar Juan Carlos Benavides, que se ha pasado media vida de litigios y siempre ha salido sorpresivamente airoso, o el ex regidor de Otura, que acaba de aceptar 16 años de inhabilitación por prevaricación.

Menos sentido tiene cuando los políticos miran a Caleta confiando en que sea el juez quien les resuelva su incompetencia, se conviertan en aliados en sus batallas electorales o les dé una salida a su desesperación. Aquí los periodistas también deberíamos hacer autocrítica y preguntarnos si no estamos sumándonos al circo cuando nos limitamos a actuar de meros altavoces de unos y otros. Es el peligroso periodismo de declaraciones. Insinuaciones, acusaciones sin pruebas y amenazas de demandas. A un mes de las elecciones municipales, pocos dejan pasar la oportunidad del “nos vemos en los tribunales”. Aunque unas veces funciona y otras se vuelve en contra.

La imputación de todo el grupo municipal socialista por denuncia falsa contra el alcalde no es sino el efecto boomerang tras su iniciativa de, “en defensa de los intereses” de la capital, alertar de un posible caso de prevaricación por parte de Torres Hurtado en la operación urbanística del Cerrillo. Su situación ahora es tremendamente comprometida; un ejemplo de cuando ser político –en esta ocasión asumiendo su labor de ejercer de oposición– es extremadamente peligroso… si no juegas bien tus cartas.

El concejal Fuentes y el diputado Torrente también han tenido que desfilar esta semana ante el juez por un tema de prevaricación y revelación de secretos y pendiente queda si la directora de la Alhambra terminará poniendo una querella contra Juan García Montero por sus durísimas declaraciones sobre el oscurantismo en la gestión del Patronato y supuestos tratos de favor. A un mes justo del 24-M, todos han subido el tono y han empezado a medirse trasladando a las instituciones el clima de hostilidad y los nervios que ya se están apoderando de este intenso preámbulo electoral.

La política estará desprestigiada, pero ya hay 8.527 granadinos pendientes del reparto de sillones de las municipales: 624 listas para definir el futuro de 180 poblaciones con una presencia inédita de propuestas de ‘independientes’.

Si las profesiones de riesgo sólo se eligen por vocación o por alta remuneración, tendríamos que pensar que no todo está perdido y que son muchos los ciudadanos que todavía están dispuestos a exponerse para cambiar las cosas desde dentro del sistema. Aunque la mera gestión suponga ya un peligro. Así lo sienten a diario muchos concejales de Economía y así lo acaba de comprobar la delegada del Gobierno, Sandra García, cuando se le ha comunicado que ha sido imputada por el caso de los vertidos fecales de la cárcel… Y es que la omisión también cuenta. A la espera de lo que resuelva el Supremo, es lo que podría subyacer en las actuaciones de Chaves y Griñán en el caso de los ERE. Si no idearon un sistema para robar, para dejar que otros lo hicieran, la prevaricación podría ser por omisión, por no vigilar.

De nuevo el debate sobre la responsabilidad política y la penal. Y de nuevo las dudas de en qué momento consideramos saldada una deuda moral. ¿Ha renunciado Griñán lo suficiente? ¿Ha pagado bastante por su co-responsabilidad? ¿Cómo de alto y cuántas veces hay que pedir perdón?

Porque ni está clara la legalidad, ni lo está la ética y ya ni siquiera la estética. Lo lamentable es que la mujer del César hace mucho que dejó de ser honrada y ahora parece que no importa que ni lo parezca. 5.000 euros por charlar dos veces al mes tomando café. Hablo de ‘trabajillos’ de cargos públicos para empresarios. De “asesorías”. ¿Tráfico de influencias? El caso de Pujalte y Trillo compaginando su labor en el Congreso con sus “servicios” a compañías que luego logran contratos públicos roza el esperpento. Es indecente y claramente inmoral. ¿Pasa el límite de lo legal?

No lo sé. Pero estaría bien que quienes van a dar su nombre para que los votemos el 24-M empiecen por preguntarse a sí mismos si concurren con la suficiente fortaleza e integridad para garantizar su honradez y mantener su palabra. La mayor crisis que estamos atravesando no es económica, es moral. Y es que es curiosa la profesión del político: es peligrosa para ellos, pero mucho más para nosotros.

Ellos, los indefensos

Magdalena Trillo | 23 de junio de 2013 a las 10:28

Dicen Messi y Blesa que se sienten indefensos . El futbolista del Barça, el cuatro veces balón de oro, el mejor jugador del mundo, no está acostumbrado a ser criticado por la prensa y mucho menos por una conducta nada ejemplar como defraudar a Hacienda. El caso es que debe 4 millones al fisco por los ingresos extra que obtuvo en derechos de imagen entre 2007 y 2009 y, por muy menor que fuera, por muy poco que entendiera de números, tendrá que declarar como imputado ante el juez el próximo mes de septiembre. El ex presidente de Caja Madrid, el banquero acusado de ‘perder’ 500 millones con la ruinosa compra del City Bank de Florida y de conceder un temerario crédito a su entonces amigo Díaz Ferrán, evadió la cárcel en mayo en menos de 24 horas pagando 2,5 millones de fianza y ahora ha conseguido que la Audiencia Nacional revise su caso en un tiempo récord de dos semanas. ¿Quién decía que la justicia era lenta? Mientras Messi y su padre denuncian “indefensión mediática”, a Blesa lo persigue un juez con “inusuales facultades adivinatorias”.

Con la clarividente ayuda del ministro Montoro en el caso del DNI mutante, la semana ha saltado de la política de los errores a la política del poltergeist. El futbolista argentino, envuelto en las profundas “estructuras de optimización fiscal” tan conocidas entre deportistas y artistas para evadir impuestos. Blesa, víctima de un magistrado poco riguroso, con pésima reputación y obsesionado con “abrir una causa general contra los responsables de la crisis” que ha vulnerado su derecho de defensa. La infanta Cristina, con la venta ficticia de fincas rústicas y urbanas de las que nunca fue propietaria y que, por un “error administrativo”, habría puesto de acuerdo a notarios y registradores de media España para cometer el mismo fallo hasta trece veces. Un misterio que no aclaran ni las matemáticas, porque la probabilidad de que se produzca tal error, confundir el DNI de cualquier español con el de la mujer de Urdangarín (toda la familia real tiene asignados sólo dos dígitos y a ella le corresponde el número 14), es de 1 entre diez quintillones; 1 entre diez billones de trillones…

Llegados a este punto lo más sensato sería pensar que la Agencia Tributaria no funciona tan modélicamente como nos decían. Pero tanto ha insistido Montoro en que no veamos “fantasmas volando“, tanto ha tardado en comparecer para explicar que no hay explicación, que cuesta desprenderse de la lectura ‘conspiranoica’. Imagínense, por ejemplo, si se tratara de una rebelión del número 13 por ser ninguneado cuando le ‘tocó’ a la hija del Rey y fue rechazado por superstición…

Sigamos la estela adivinatoria y preguntémonos si en el agujero de indefensión de Messi, Blesa y la Infanta no está la misma mano negra que manipuló los papeles apócrifos de Bárcenas y que firmó en marzo las actas fantasma del Parlamento andaluz con la subida de dietas. No sé si a Miguel Blesa lo persiguen los jueces -hay quien dice tener informes psiquiátricos del juez que demostrarían que no está en condiciones de ejercer su trabajo con imparcialidad-, pero sí los números.

Bastaría con recordar aquella otra pseudoexplicación del PP al conocerse que el ex inquilino de Soto del Real había cobrado cerca de 600.000 euros del partido cuando estaba al frente de CajaMadrid: en el apunte contable 410069 (los dos primeros dígitos coinciden a la inversa con el fatídico número del error de la Infanta) se anotó inicialmente un importe de 9.000 euros que pagaron en 1994 a Blesa por un trabajo de asesoría y, posteriormente, por un “error administrativo”, se asignaron saldos de “distintos acreedores de todas las sedes del PP”. ¡Un caso para Melinda Gordon!

Si como dice Montoro no hay fantasmas, parece urgente encargar una sesuda investigación sobre numerología antes de que desaparezcan los cientos de observatorios, consejos, consorcios e institutos que tenemos repartidos por toda la geografía española. La primera incógnita es descubrir por qué las equivocaciones siempre benefician a los mismos; por qué nunca hay errores que nos libren a las menguantes clases medias de pagar nuestros impuestos -o pagar menos-. ¿Hay algún rico que cumpla con Hacienda sin trampear? ¡Ellos, los indefensos !

La segunda incógnita, que nada tiene que ver con la más críptica de las ‘ciencias’ metafísicas, requeriría una sesión de psicoanálisis y una máquina de la verdad. ¿Tan difícil es que en este país alguien hable claro? ¿Tanto cuesta asumir la responsabilidad sin necesidad de culebrones ni guiones de cine negro? Termino con una propuesta ilusamente constructiva: ¿por qué no empiezan todos, incluido Messi, devolviendo lo que no es suyo?