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Granada: humildad… pero también ambición

Magdalena Trillo | 21 de junio de 2015 a las 10:30

En esta semana efectista de cambios que han protagonizado los nuevos inquilinos de los ayuntamientos más importantes de España, la prueba más gráfica de la transformación tal vez sean las preparadas fotografías en metro y bicicleta que han empezado a competir con los imponentes coches oficiales a las puertas de los consistorios. Si tomamos como barómetro estas fotos populistas como símbolo del cambio, Granada será una excepción. Si recordamos que la primera acción de gobierno de Torres Hurtado cuando logró la Alcaldía hace 12 años fue cargarse el carril bici de la Avenida Dílar -iba en su programa electoral-, es fácil concluir que la foto del regidor en transporte ecológico nunca se producirá -más plausible sería verlo llegar a lomos de su vieja Bultaco-. Si atendemos a las palabras con que hace justo una semana se presentó a los granadinos para afrontar su cuarto y “último mandato”, la sensación es de piloto automático; evitar charcos, no defraudar, aún más, e intentar reconciliarse con vecinos y oposición para cerrar sus páginas políticas con cierta dignidad. Si de paso convence a Ciudadanos -y a su partido- para aplazar su fecha de caducidad, superar el deadline de noviembre y ‘aguantar’ el mandato…

Resulta difícil entender cómo un alcalde que ha gobernado aplicando cómodamente el rodillo tiene ahora el anhelo inquebrantable de pasar a la historia como el “gran aglutinador”. ¿”Usadme”? Gustaría más o menos, pero cuando el PP cogió las riendas del Ayuntamiento en 2003 había iniciativas, sueños, ambición; no sólo apego al sillón. También había presupuesto, es verdad, pero no es lo único necesario para gobernar una ciudad. La visión y la audacia, la capacidad de sumar, el ingenio para sortear dificultades y encontrar vías de desbloqueo son fundamentales si el objetivo no es sólo permanecer y aguantar sino transformar una ciudad.

Nada más estrenarse como el alcalde, Torres Hurtado puso en marcha el proyecto del Centro Lorca, logró que la familia del poeta aceptara levantar el edificio en el solar del antiguo mercado de La Romanilla pese a que ese mismo espacio lo había ofrecido sin éxito el anterior gobierno tripartito y, no sin dificultades, ha conseguido desarrollar buena parte del programa que ideó para reconciliar a Granada y Federico.

Con un poco de mala suerte, el mayor tributo a la ineptitud que podría tener esta ciudad -compartido por todas las instituciones- amenaza con producirse esta semana si finalmente no se encuentra una salida a la complejísima situación que se ha producido en torno al Centro Lorca con millones de euros sin justificar, sombras sobre la gestión que pueden derivar en la vía penal y un creciente choque de criterios entre las administraciones y la Fundación Lorca que podría conducir a un escenario absolutamente daliniano: que se inaugure el espectacular edificio que diseñó el equipo de arquitectos mexicanos y esloveno sin los fondos del poeta en su interior. Como Castellón tiene su aeropuerto sin aviones, Granada tendría su Centro Lorca sin Lorca. El despropósito en la decadente trayectoria cultural de esta ciudad se uniría a ese sombrío legado de mármol-piedra que representa, por ejemplo, la Gran Vía o a las megalómanas rotondas coronadas con toscas maquinarias y granadas tamaño XXL que han terminado ilustrando ese otro gran fracaso colectivo que ha significado no haber sido capaces de hacer frente a dos de los mayores retos de cualquier ciudad: la movilidad y la expansión. La legítima aspiración a vivir en una ciudad más amable y con mejor calidad de vida.

Muchos, aunque muy pocos se atrevan a escribirlo, comparten estos días el severo diagnóstico que Jerónimo Páez ha realizado de esa Granada “provinciana” que en los últimos años (también al ‘tripartito’ hay que pedirle cuentas) ha ido perdiendo “fuerza política, fuerza cultural y dimensión internacional” al mismo tiempo que se ha ido empobreciendo, “acatetándose” y perdiéndose en “ridículas disputas locales”.

Justo esta semana el Centro de Debate y Desarrollo elegía Granada precisamente por su tradición y proyección, en la víspera además del arranque del Festival de Música y Danza -una de las pocas citas que siguen justificando ese título de ciudad cultural que mantenemos viviendo de las rentas-, para analizar el papel de la cultura como motor de desarrollo, su importancia para el impulso económico más allá de su valor como factor de identidad, en torno a tres de los referentes andaluces más acreditados y solventes en producción cultural: la Alhambra, el Teatro de la Maestranza y el Museo Picasso de Málaga.

Pero en Granada hay que empezar por el principio. La identidad cultural cada vez está más difusa -¿por qué seguimos sin aprovechar nuestra privilegiada posición de puente con el mundo árabe? ¿Por qué no explotamos la conexión con América Latina?-, la capacidad de avanzar en rentabilidad choca una y otra vez con el eterno debate entre turismo masivo y patrimonio -el reciente seminario de la Escuela de la Alhambra ha sido especialmente revelador sobre este tema- y las expectativas de fijar puntales de innovación se diluyen entre polémicas estériles, enfrentamientos partidistas y, con realmente difícil antídoto, la falta de ambición.

Aquí incluyámonos todos. La autocensura aplicada a toda una ciudad. Lo primero que escribí en noviembre de 2003 cuando el alcalde vino de una reunión de Madrid con el proyecto del Centro Lorca bajo el brazo fue que no había fechas ni presupuestos comprometidos pero sí “la voluntad política de todos los patronos para trasladar el legado del poeta a Granada y construir un gran centro cultural en la Plaza de la Romanilla que se convirtiera en un referente de la ciudad”. Pero la voluntad política y las palabras de los acuerdos luego hay que transformarlos en realidades. Y aquí hemos chocado con esa Granada indolente que termina conformándose y empequeñeciéndose pensando que todo es consecuencia de la fatalidad. En dieciséis meses, Málaga ha transformado el garaje de 6.000 metros de su ‘Cubo’ del puerto en el Centro Pompidou, un museo de excelencia e innovador que está ayudando a construir ese perfil de ciudad moderna y cultural con que su alcalde (también del PP) se ha propuesto dibujar la Málaga del siglo XXI. Después de doce años, el gran proyecto cultural de la capital vuelve a situarse en el inaudito laberinto del “todo es posible en Granada”.

Las comparaciones son odiosas pero inexcusablemente necesarias cuando no hay autocrítica. Imagínense lo que podríamos conseguir si a la “humildad”, la disposición al diálogo y a la colaboración que de repente -en una semana- se ha convertido en seña de identidad de un irreconocible equipo de gobierno ‘popular’ fuéramos capaces de sumar una buena dosis de ambición, de profesionalidad y de competencia en la gestión.

Para el “cambio”, aunque sea en el tono, ha bastado una inapelable jornada electoral y dos duras semanas de negociaciones para formar gobierno. Puede que Granada no necesite la foto de un alcalde en bicicleta, pero cuánto avanzaría si esa imagen fuese la antesala de una Granada simplemente mejor.

Cosas de Granada

Magdalena Trillo | 14 de abril de 2013 a las 10:41

La frase “las cosas del alcalde” con que más de uno -de la bancada de la oposición, pero también de la propia- zanja las ‘salidas’ incómodas de Torres Hurtado se queda corta para ilustrar ese punto de irreversible bloqueo que arrastra cada iniciativa ambiciosa que se pone en marcha en Granada. No es fatalismo; son datos y fechas. AVE, Milenio, Universiada… Repaso las hemerotecas y encuentro material más que suficiente para montar una exposición. Pero de carocas en Bib-Rambla. De la denuncia al despropósito. De lo cómico al esperpento.

La obcecación en exceso, digámoslo así, siempre ha sido una dificultad para negociar; pero no sólo las posturas encontradas y la falta de dinero congelan los proyectos. Vayamos por partes. La idea de ubicar la futura estación del AVE en el Cerrillo de Maracena no deja de responder a un viejo convencimiento de Torres Hurtado sobre el uso que debe darse a los terrenos de Andaluces: un gran parque y, por qué no, algún que otro pisillo. Tendremos tiempo de comprobar si hay detrás un “pelotazo urbanístico”, pero no debería sorprendernos que el alcalde, en cuanto ha tenido una excusa tan elocuente como el “no hay dinero” del Ministerio, haya querido tumbar el proyecto de Moneo que tanto cabreo le suscitó en su día y recuperar ‘su’ modelo de ciudad.

Digo el suyo porque aún no sabemos si su partido opina lo mismo y mucho menos Madrid. Es la vertiente más oscura del Pacto de Granada que hace un mes impulsaron Teresa Jiménez y Sebastián Pérez para sacar de la batalla política infraestructuras y proyectos vitales para el desarrollo de la provincia y que esta misma semana se ha puesto en marcha con las primeras reuniones de las mesas técnicas. Siendo tremendamente positiva y, conociendo la buena fe de todas las personas que se hicieron la foto, me atrevería a pronosticar que habrá resultados. Y pronto. Pero con una gran duda: ¿tienen capacidad de decisión, y de resolución, las personas que se han sentado a negociar?

Mi optimista lista de consensos.

Uno: Granada merece un AVE de primera, que esté operativo en 2014 y que nos lleve a Madrid en tres horas y media. ¡Por unanimidad! ¿Pero sabemos qué dice Ana Pastor -y sus técnicos- sobre la variante de Loja y sobre la nueva estación del alcalde? ¿Alguien recuerda algún caso de Torres Hurtado rectificando?

Dos: acabar la obra del Centro Lorca y abrirlo al público antes del verano. ¡Por unanimidad! ¿Pero se puede acordar cómo se paga el sobrecoste y cómo se va a financiar cuando se ponga en marcha en un foro en el que no está ni la Consejería ni el Ministerio de Cultura?

Tres: hay que resolver todas las dificultades técnicas para que se celebre la Universiada. ¡Por unanimidad! ¿Y el lío de La Ragua? ¿Se adapta el Parque Nacional a las exigencias de la competición? ¿Podemos solucionar desde aquí que el plan B, Candanchú, esté en quiebra?

Cuatro: impulso al Milenio como la gran oportunidad de progreso para Granada. ¡Por unanimidad! Y así fue en 2007 cuando lo anunció Chaves imaginándose ya montado en el AVE para la inauguración…

No voy a negar el valor de la colaboración (para hacer política, para gobernar, lo primero es saber qué se quiere hacer, cómo y contar con todos los actores necesarios), no querría pecar de escepticismo (son catorce los temas que se están abordando y no todos tienen el mismo nivel de dificultad) y tampoco voy a minusvalorar la importancia del consenso (dados los precedentes de incomunicación, el simple hecho de que los dos grandes partidos estén dispuestos a negociar es ya un tremendo avance). Sin embargo, hay dos cuestiones que me preocupan: la fiebre por el pacto que se ha instalado como supuesta fórmula mágica para resolver todos los problemas y la enorme distancia que seguirá separando la foto del acuerdo de la realidad. En Andalucía ya se han alcanzado dos valiosos pactos por el turismo y la cultura -con la implicación de todo el sector-, pero nada sabemos aún de memorias económicas y recursos para llevarlos a cabo y, mucho menos, de cómo se ha pensado lidiar con Madrid…

Prefiero el pacto al decreto ley pero prefiero, por encima de todo, el pragmatismo y la eficacia. Ni puede seguir gobernando en España el Constitucional ni podemos seguir quemando con falsas expectativas la poca confianza hacia la política que nos queda. Por eso pregunto: ¿compromete al bipartito de la Junta lo que aquí decida el PSOE de forma bilateral con el PP? ¿Hay alguien en Granada, en el PP, en sus instituciones que realmente tenga línea directa con el Ministerio y sepa qué quiere hacer con el AVE? Cosas del alcalde, cosas de Granada.

Buy a newspaper, save a journalist

Magdalena Trillo | 17 de agosto de 2009 a las 8:40

Si eres periodista, reportero, editor o seguidor de los medios, apoya el sector con uno de nuestros diseños: ¡Buy a newspaper, save a journalist!”. Mientras en Estados Unidos son capaces de idear un negocio a costa de la crisis mundial de la prensa vendiendo camisetas de todos los colores, tallas y estilos, gigantes mugs para el café y hasta corbatas, en España seguimos subiendo escaños para hundir la profesión, cargarnos las instituciones del Estado y hasta minar la democracia.

A la sequía del verano se incorpora este año -con pasmoso pasotismo de quienes debiéramos velar por que se mantengan las reglas del juego-, el periodismo enlatado y teledirigido. ¿Los protoganistas? Una vez más, nuestros políticos. Comenzó la semana pasada Francisco Camps distribuyendo un DVD en el que desvelaba una nueva faceta artística que sumar a su afición por la moda: la de actor. Simulaba que ofrecía una rueda de prensa para valorar su absolución en el caso Gürtel. Todo alegría en el PP. Al otro lado del Atlántico, la ‘vice’ respondía anunciando un recurso de la Fiscalía del Estado contra el archivo de la causa por cohecho y, desde la playa, María Dolores de Cospedal completaba la semana lanzando unas tremendas acusaciones contra el Gobierno, los jueces y las fuerzas de seguridad del Estado (de momento, sin pruebas) siguiendo la misma hoja de ruta: una estudiada grabación, perfectamente distribuida y sin opción a la réplica. Hasta el líder de los populares se fue de vacaciones aportando un toque de ‘modernidad’ a sus ruedas de prensa unidireccionales: se grabó dando un paseíto a la salida de la calle Génova y ‘colgó’ el vídeo en su blog Rajoy en acción. Sin comentarios.

Lo peor del caso es que amenazan con proseguir todo el verano fabricando noticias (o no-noticias, que para el caso es lo mismo) y continuar animando el panorama mediático con grabaciones y comunicados propagadísticos. Puro entretenimiento. Que si unos ‘manejan’ a la justicia a su antojo, que si otros se ‘aburren’ y se aficionan al espionaje… También están los que se cabrean y se dedican a increpar al ‘mensajero’ (el ministro de Trabajo tuvo que pedir dispulpas por su jefe de prensa) y, como no anden listos, hay ‘una’ que tendrá que ponerse al día en ‘valencianidad’ para ocupar un sillón en el Senado.

Volviendo a las ‘latas informativas’, lo único extraño es que no se haya tomado más nota a nivel local. Lo digo, por ejemplo, por nuestro alcalde. Hoy mismo podríamos imaginarlo en la playa, con un favorecedor bronceado y explicando por qué el caballo de Pérez Villalta se quita del Ayuntamiento ‘por feo’ y el monolito franquista de Primo de Rivera se queda en Bibataubín por artístico. Desde luego, hay que reconocer que sería mucho más barato y operativo que poner en marcha una tele municipal. Mientras, con o sin eslogan, compremos un periódico (o no) y salvémonos todos. Mejor aún, dediquémonos a otra cosa.