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El 20-D: ¿duermen poco los políticos?

Magdalena Trillo | 18 de octubre de 2015 a las 11:40

Hay que dormir más y hablar menos. El primer consejo lo habrá leído mil veces en la prensa del corazón. Es una respuesta de manual; la explicación “sensata” del famoso de turno cuando el entrevistador cumple tópicos y le pregunta por los secretos de su belleza, de su tez radiante y de su insolente estado de forma. Lo de medir las palabras, exponerse poco y no meter la pata gratuitamente seguro que se estudia en primero de Políticas. La propia ministra Ana Pastor lo recordó este viernes en Granada a cuenta de la A-7 y el AVE: “Para las personas que tenemos responsabilidad política es muy importante tener coherencia, que consiste en hablar poco, hacer mucho y cumplir”.

Pero ya sabemos que los consejos se creen poco y se siguen menos. En demasiadas ocasiones, reconozcámoslo, por fundada desconfianza. La receta del sueño, por ejemplo, siempre me ha recordado a las dietas milagro y siempre he terminado comprobando la sospecha inicial: sin esfuerzo no hay nada que hacer. Esta semana, sin embargo, he vuelto a dudar con la opereta en tres tiempos que nos han ofrecido los políticos: inconscientes declaraciones bomba en el primer acto (ahora las llamamos “desafortunadas” e “inoportunas), intento de explicación-matización en la segunda parte y cierre del bucle en la tercera como una provocadora vuelta a empezar.

Faltan ocho semanas para las elecciones generales y sí, los nervios, se han colado en la precampaña. Mi hipótesis es que duermen poco. Me explico. Las razones no son de belleza sino de rendimiento y lucidez. Y no se argumenta desde el glamour pensando en Gisele Bündchen sino desde la ciencia. Resulta que el sueño profundo, incluso dormir la siesta, puede aumentar la inteligencia. Es el National Geographic quien se ha hecho eco de los resultados de un estudio que se presentó en California durante la convención anual de la Asociación Americana de Psicología sobre el impacto del sueño MOR (movimientos oculares rápidos cuando la fase es más intensa). La psiquiatra Sara Mednick constataba cómo dormir puede ayudar a estimular la memoria y la creatividad y, en un estudio independiente, el profesor de Harvard Daniel Schacter da un paso más y avanza que hasta puede ayudar a “imaginar” y “planificar el futuro mejor”.

margallo montoro

No lo deben saber Montoro ni García Margallo. El titular de Economía, que lleva cuatro años esforzándose en ser uno de los ministros peor valorados por los ciudadanos, se ha superado esta semana con su intempestivo modo de animar a la tropa para el 20-D: a Aznar le ha criticado que se dedique a dar lecciones desde fuera y le ha pedido que “no moleste” -que están “operando”-, a Rodrigo Rato le ha afeado que recurra a ‘black’ para ahorrarse unos miles de euros, al responsable de Exteriores le ha reprochado su “arrogancia intelectual” y, puestos a dar titulares, por qué no proclamar que “hay compañeros que se avergüenzan de ser del PP”. Al día siguiente… que si es un bromista, que si no se explicó bien, que si no se le entendió… Hasta que Margallo se sincera y le devuelve la coz: “Si eres ágrafo y no lees…”.

Todo esto ha sido en los periódicos y en los pasillos. Puro espectáculo. La crisis real del PP se evidenciaba en el País Vasco con la renuncia de su líder, Arantxa Quiroga, o en Granada a escala doméstica con el partido expedientando a la concejal de Urbanismo por cuestionar los compromisos de Fomento y exigir a la ministra que firme un documento garantizando que el AVE llegará soterrado en una segunda fase a la capital.

La ‘rebelión’ vasca se ha maquillado (que no sofocado) en menos de 24 horas recurriendo a uno de los incondicionales de Sáenz de Santamaría, el ministro Alfonso Alonso y presidente del PP alavés, y evidenciando una vez más el peso de la vicepresidenta -dentro y fuera de La Moncloa- frente a una cada vez más cuestionada Dolores de Cospedal -y no sólo por su enemistad con Javier Arenas-.

ana pastor

La minicrisis del PP a nivel local podría zanjarse si es verdad que el futuro del AVE depende de que haya voluntad, diálogo y “consenso” y no es un problema de presupuesto. Tenemos dos meses para comprobarlo. Realmente, pese a la polémica por la contundencia e inoportunidad de las palabras, el trasfondo de lo que han dicho estos días Isabel Nieto y Ana Pastor no es realmente nuevo: la edil del PP, que siempre ha sido crítica en este tema, hace bien en dar la alarma y avisar de que, tras el 20-D, pocos pueden asegurar quién estará al frente de Fomento en Madrid y qué decidirá sobre el millonario proyecto si no hay un documento firmado que “obligue”. Más aún si recordamos los incumplimientos, modificaciones y retrasos que, con todo más que firmado, suelen tener las grandes iniciativas en esta ciudad. Porque, como el Metro nos ha demostrado en los últimos años, una cosa son los compromisos -incluso firmados- y otra bien distinta la realidad.

En paralelo, en público y en privado, la ministra no ha dejado de insistir en esta legislatura en que no tomará ninguna decisión “de espaldas” a la ciudad y sin un respaldo absoluto de todos los grupos. Lo del expediente del PP provincial queda muy mediático -la lectura más certera habría que realizarla en clave interna de partido y recuperar la tesis de la batalla ya poco soterrada del partido con la Plaza del Carmen- pero, siguiendo la instrucción de la propia ministra, sería mucho más rentable ser consecuentes: hablar poco y hacer más. ¿No hay tiempo hasta el 20 de diciembre?

isabel-nieto

Si es o no por culpa del insomnio, el caso es que Isabel Nieto nunca ha sido políticamente correcta. Ni lo ha pretendido. Los ejemplos los custodian las hemerotecas pero hay uno reciente especialmente significativo. Me refiero al pasado mes de julio cuando, tras una de las protestas de los vecinos de La Chana, la edil sorprendió a los medios desvelando que a ella no le cogían el teléfono en Fomento ¡desde hace años! y aseguró que el Ayuntamiento remitió en mitad de mandato un convenio al Gobierno para cerrar el compromiso sin que “hasta ahora haya obtenido respuesta”.

A su edad, con poco que pelear y menos que perder, tampoco se desvela Torres Hurtado para quedar bien con sus compañeros. Lo digo por la franqueza con que ha apoyado a su concejal y ha bromeado con las meteduras de pata de unos y otros: “El partido está un poco nervioso. ¿Ha visto lo nerviosos que se ponen todos los candidatos en elecciones? Es como los novios”.

Un taxista me decía esta semana que llega una edad en la que ya no interesa hacer tonterías; que nos volvemos más responsables. Mi teoría es otra. Al menos para los políticos. Bocazas hay siempre, pero creo que hay una edad en la que por fin se liberan de las cadenas de los aparatos, se pierde el miedo y se dice lo que se piensa. Correcto e incorrecto. Miren a Montoro y a Margallo. Para contar ‘divertimentos’ de este tipo merece la pena ser periodista; para leer ‘ataques de sinceridad’ estilo Nieto merece la pena comprar un periódico todos los días.

22-M: la ilusión de volver a contar

Magdalena Trillo | 8 de marzo de 2015 a las 11:00

Lo  que les voy a contar se produjo fuera de luces y taquígrafos, con la más absoluta discreción. Ocurrió en la primavera de 2013, sólo unos meses después de que el Gobierno de Rajoy anunciara un cambio radical en el proyecto del AVE a Granada para “adaptarlo a las nuevas condiciones económicas” del país. La ministra de Fomento, con la plana mayor de Adif, nos reunió en Jaén a un destacado grupo de directivos de medios andaluces para explicarnos, en persona, el estado de algunas de las infraestructuras estratégicas de la región.

Entonces éramos más que escépticos con los responsables de Fomento y no sabíamos lo que valía la palabra de la nueva titular. Hoy sí. Y les puedo asegurar que todo lo que allí comprometió Ana Pastor se ha ido cumpliendo. Y hablo de hechos, de publicaciones en el BOE, no de promesas. Oportunista o no, que el PP de Granada haya decidido nombrar a Ana Pastor presidenta de honor del partido por su “compromiso inequívoco y rotundo” con la provincia no es ninguna casualidad.

Si analizamos el punto en el que estaban dos proyectos vitales para Granada como la Autovía del Mediterráneo y el AVE cuando en 2011 el PP asumió el Gobierno de España y cómo estarán al final de la actual legislatura, habrá que reconocer que se ha ejecutado una inversión millonaria en plena crisis y que, tal vez no con la solución final que todos hubiésemos deseado, pero van a ser una realidad en pocos meses y supondrán una transformación sin precedentes en las comunicaciones de toda Andalucía.

El propio Rajoy inaugurará el penúltimo tramo de la A-7 el próximo 27 de marzo y mañana mismo la titular de Fomento concretará en su visita a la ciudad cómo se ha previsto resolver el conflicto que ha surgido ahora con la empresa adjudicataria de las últimas obras –los 27 kilómetros del trazado de Loja y la reforma prevista en la estación de la capital– al exigir más presupuesto para poder ejecutar el proyecto.

Cuando hace unos meses Sebastián Pérez anunció el nombramiento, el partido destacaba lo “extremadamente sensible” que la ministra había sido con los argumentos y peticiones trasladados por los diputados y senadores populares y, por supuesto, con las “necesidades y expectativas” de los granadinos. A ello habría que añadir el talante y el rigor con que la titular de Fomento ha afrontado el reto de desbloquear las dos obras de mayor envergadura que probablemente afrontará Granada durante décadas. Es verdad que le va en el sueldo.

Pero coincidirán conmigo en que, aunque su trabajo sea precisamente ejecutar los proyectos y hacer que se respeten los plazos, no en todos los ministerios se trabaja con el mismo ímpetu ni con la misma capacidad resolutiva. Si utilizamos como barómetro el nivel de cumplimiento delos compromisos expresados por Ana Pastor en aquella lejana reunión, les puedo asegurar que el título se lo ha ganado. A pulso. Y por esfuerzo. Más de 1.100 páginas hemos publicado en Granada Hoy durante los últimos tres años con informaciones sobre la ministra.

Granada ha sido objetivo preferente en los escasos capítulos inversores de los presupuestos del Estado y siempre se ha mantenido en los primeros puestos en su cuaderno de prioridades. Pastor se ha ganado el título del PP y, en la práctica, el de poder considerarla como la ministra granadina del Ejecutivo de Rajoy.

Hace justo una semana le preguntábamos al también presidente de la Diputación por la ausencia de políticos granadinos en puestos de alta responsabilidad y contestaba tajante que el verdadero problema no es el DNI del cargo de turno sino que te escuchen en Madrid y vengan recursos. Tal vez. Pero reconozcamos que, salvo contadas excepciones, los políticos suelen tirar para ‘casa’ y que es más fácil hacerse oír cuando estás en el corazón y al calor de quien decide. Aquí, como podemos comprobar tirando de hemerotecas, no hay siglas que se aparten del guion. Es una cuestión inicial de ‘sensibilidad’ que al final todos terminan rentabilizando electoralmente. Así ha ocurrido con los dos grandes partidos en su reparto de poder durante toda la democracia y así lo hemos visto también en IU cuando ha asumido responsabilidades de gobierno.

La pregunta que podríamos hacernos es hasta qué punto este tipo de apuestas tienen un efecto directo en el voto. La cita más cercana es el 22-M y el caso de Pastor, por merecido que sea, no deja de ser una gota en el océano electoral. El desconocimiento del líder del PP a la Junta no ayuda, tampoco la dolorosa política de austeridad y recortes que ha marcado la gestión del Ejecutivo central y mucho menos el ‘fuego amigo’ de Monago ni las antipopulares cruzadas que han emprendido los ‘compañeros’ Wert y Gallardón uniendo a todos en su contra.

Rajoy se está empleando a fondo para ‘salvar al soldado Bonilla’ pero puede que no con el resultado buscado. En la práctica está regalando a los socialistas el mejor escenario posible: una campaña Andalucía vs. Madrid; Susana Díaz vs. Rajoy. El barómetro que todas las cabeceras de Grupo Joly estamos publicando este fin de semana va en esta línea: el PSOE sería el partido más votado en siete provincias (todas salvo Almería) y en Granada mantendría sus 6 escaños a costa, justamente, de la caída de votos del PP, que perdería hasta 2 parlamentarios. Podemos irrumpiría con fuerza con 2 o 3 plazas en el hemiciclo andaluz, Ciudadanos se alzaría con 1 e IU se quedaría sin representación.

Estamos, no obstante, ante una de las campañas más abiertas en 35 años de autonomía andaluza. A las habituales lecciones de cautela y prudencia que nos han obligado a tomar los resultados sorpresivos de los últimos comicios, hay que sumar en esta ocasión la enorme bolsa de indecisos que arrojan todos los sondeos. Cuatro de cada diez andaluces o no tienen claro aún a quién votar o no lo quieren decir o juegan al despiste y a la estrategia declarando un posicionamiento que en absoluto piensan refrendar en las urnas. Pero, ojo, hay ganas de votar.

Ha calado el mensaje de que Andalucía va a marcar la agenda electoral y de que toda España está pendiente de lo que ocurra en el Sur. Nos sentimos –nos volvemos a sentir– protagonistas. El 22-M acudiremos a las urnas para decidir hasta qué punto está herido el bipartidismo, si la debacle de IU es tan desastrosa como apuntan las encuestas, si la borrachera de éxito de Podemos es tan abrumadora y si los ‘naranjitos’ de Ciudadanos terminan siendo una opción consolidada. Lo veremos en clave regional pero también en clave local con el ojo puesto en las municipales del 24 de mayo y en clave nacional pensando en la convocatoria de noviembre.

De lo que no hay duda es de que, en esta ocasión, la campaña va a contar. Y mucho. No es un trámite legal y lo que se observa en las calles, lo que se evidencia en los mítines, es que los ciudadanos hemos recuperado la ilusión. Sólo por eso ya habrá valido la pena este intenso año electoral.

Granada 2015

Magdalena Trillo | 22 de septiembre de 2013 a las 17:51

La mitad de los españoles sufre dolor de cabeza más de quince días al mes. La migraña provoca ansiedad, puede ser el desencadenante de la depresión e incapacita para desarrollar las tareas más cotidianas; domésticas y profesionales. Las bajas por cefalea llegan a una media de ocho días al año: 2.000 millones de pérdidas por absentismo y caída de la productividad. Introduzco estos últimos datos de la Sociedad Española de Neurología consciente de que son los únicos realmente relevantes para un país que se ha empeñado en saltar del suicidio a la euforia a la velocidad que sube el Ibex y baja la prima de riesgo. Si nos guiamos por la escaleta de los telediarios, coincidirán conmigo en que los días aciagos de jaquecas están más que justificados.

La mitad de los granadinos sufre dolor de cabeza más de quince días al mes. Así se infiere con la extrapolación de la estadística y así lo habrá constatado usted sin necesidad de recurrir a mayores alharacas científicas. Pero si los expertos ya han demostrado cómo la crisis económica ha contribuido a incrementar esta dolencia, aún no he leído ningún artículo que constate lo que debería ser una obviedad: cómo afecta a nuestra salud -física y mental- la inoperancia, indecisión y trastornos de nuestros políticos; cómo nos perjudica la crisis de la política.

La principal consecuencia se llama desconfianza. Ni los creemos ni tenemos motivos para ello. No cuando son sus palabras, compromisos y promesas los que se invalidan y traicionan de forma sistemática en nombre de las “circunstancias”. ¿Recuerdan cuando Rajoy aseguró que jamás tocaría la educación, la sanidad y las pensiones? Lean los periódicos de la última semana; estamos en el ecuador del mandato y nada ha quedado a salvo de su programa electoral.

Incredulidad, escepticismo… Se ha convertido en uno de los baluartes de la denostada Marca España, pero también de la Marca Granada. Y, lamentablemente, lo hemos aprendido por la vía de los hechos. Por eso es tan difícil que nos creamos las buenas noticias. Hace justo una semana, en el acto de conmemoración del décimo aniversario de Granada Hoy, pedía a nuestros políticos que nos ayudaran a construir Granada, a construir Andalucía, dándonos la oportunidad de despertar a nuestros lectores con buenas noticias. Esta semana las hemos tenido y me produce una tristeza inmensa constatar cuánto nos cuesta creer. Desconfiamos los propios periodistas. Ponemos titulares a cinco columnas con la incertidumbre de saber si algún día se cumplirán; con el desasosiego de recordar que, hasta ahora, nunca fueron verdad.

La Granada de 2015 que se nos ha prometido debería llevar a la esperanza. Imagínenla. El Metro funcionando de Albolote hasta Armilla, la Autovía del Mediterráneo completamente operativa y el AVE a Madrid en 2:45 horas, a Sevilla en dos horas y a Málaga en 58 minutos. El tren no llegará a la vanguardista estación de Moneo que un día osamos soñar ni habrá variante en Loja -no hasta que no haya consenso y dinero- pero reconozcamos que lo que se nos anuncia será un revulsivo para las comunicaciones de esta provincia. Hasta el alcalde de la capital ha reculado en su cruzada por llevar la estación al Cerrillo de Maracena y quiere promover el acuerdo partiendo “desde cero”. No nos equivoquemos, Torres Hurtado sigue convencido de que la mejor propuesta para la ciudad es que el AVE llegue a la rotonda de Europa pero está dispuesto a negociar. Eso es mucho. Muchísimo.

Tan de cuento que no nos los creemos. La propia concejal de Urbanismo pedía este jueves un “convenio” para que todo conste por escrito. Otro convenio porque, tal y como le recordaron en rueda de prensa, ya había uno firmado sobre la Alta Velocidad, el soterramiento del tren en La Chana y la construcción de la estación en Andaluces que nunca se ha cumplido. Ya saben, las circunstancias. Papel mojado. Tan irreal como puede ser esa Granada que hoy se nos dibuja porque, si los políticos no se creen entre sí (ni los del mismo partido), menos razones tendremos los demás para confiar.

¿No tienen ya dolor de cabeza? Elijan entre el paracetamol y el ibuprofeno e introduzcan en toda esta historia el único elemento que, de momento, podría hacernos creer: las elecciones. En 2015 tendremos municipales, generales y quién sabe si autonómicas. Tras cuatro años grises de paro, regresión social y agonía, después del previsible descalabro de las europeas del año que viene, superado el momento bálsamo de las volátiles bajadas de impuestos y a la espera de conocer el enésimo capítulo del quebradero de cabeza catalán, los partidos tendrán que convocarnos a las urnas con mucho más que palabras. Tal vez el efecto elecciones sea lo único capaz de imponerse, de salvarnos, de la maldición de las circunstancias.

La política del cangrejo

Magdalena Trillo | 11 de noviembre de 2012 a las 10:20

Me contaba anoche un compañero del periódico una conversación de bar. Diez de la mañana. El café, la chapata y el periódico. En la portada, el lío del AVE. Un cordobés, que lleva una década visitando Granada por motivos de trabajo, había llegado a una conclusión: no es la malafollá lo que define a esta ciudad; es la inercia a la parálisis. “Un paso adelante y siete atrás”. Consulten las hemerotecas y compruébenlo. Imagino que los periodistas no hacemos bien nuestro trabajo cuando no somos capaces de frenar esa insufrible política de declaraciones que está convirtiendo el manido ‘todo es posible en Granada’ en una terrible profecía. Una distracción interesada cuando no hay dinero que invertir ni promesas que vender.

Torres Hurtado todavía vive de las rentas del primer mandato, aquel en el que aún tenía sentido crear una Gerencia de Urbanismo y la gestión de suelo permitía cierto lucimiento. Basta recurrir a la Wikipedia para darse cuenta de lo difícil que va a tener cerrar con brillantez su legado a esta ciudad: ya en el segundo tiempo tienen que recurrir a las obras del Metro (¡de la Junta!) para llenar de contenido su etapa de gobierno y, salvo que la economía dé un vuelco espectacular a partir de 2014, lo único que podrá gestionar estos años es miseria. Y facturas.

Lo confesaba Ana Pastor esta semana en Jaén cuando dio por “inaugurada” la “factura” de la A32 entre Ibros y Úbeda. Ese mismo día, en un encuentro privado con un grupo de periodistas, reconocía la titular de Fomento las estrecheces y malabarismos a los que están obligando los recortes y el control del déficit y advertía del limitado margen con que cuentan no ya para afrontar nuevos proyectos, sino para hacer frente a los comprometidos. En su caso no está ayudando ni la ‘herencia’ recibida (40.000 millones de obras sin pagar) ni la política estrella de las obras públicas: “todos de todo en todas partes”. Rompo el off the record pactado sólo para declarar que, pese al coste mediático y social, hace bien en actuar de “forma preventiva”, si no hay dinero no se pone en la foto ni da el titular, y en seguir dos máximas que deberían estar en el catecismo del político: no mentir y hacer lo que se dice.

Lo que debería preocupar de tal estrategia es la rotundidad con que se posicionó contra las obras faraónicas y los costosos “soterramientos”. Hablábamos del AVE y, a la espera de que los técnicos de Adif y del Ayuntamiento se pongan de acuerdo, me vine de la reunión con una certeza: si vemos llegar en este mandato un tren de alta velocidad a Andaluces, será en superficie. No especularé con operaciones urbanísticas ni me perderé en el laberinto de los argumentos técnicos, pero sí quiero sumarme a los empresarios para denunciar el “hartazgo” que produce esta nueva vuelta atrás. No sé si nos equivocamos antes o ahora, no sé si estábamos perdidos o nos perdemos ahora, pero la política que se impone es la del cangrejo: desandaremos años de trabajo y echaremos por tierra un buen puñado de millones. Cangrejos y más cangrejos. Caminando de lado o hacia atrás, pero nunca hacia adelante.

Esta semana ha sido la Alta Velocidad pero la próxima será un nuevo “imprevisto” en la A-7, la maldición del Centro Lorca, el bloqueo del Nevada e Ikea, la paralización de la Segunda Circunvalación o el freno de la no comenzada Darro-Iznalloz. Recurrentemente, nos distraeremos creando comisiones técnicas que a ningún sitio conducirán, volveremos a hacernos las mismas fotos firmando protocolos de intenciones que –sin dinero- no servirán para nada y nos diluiremos en el pozo de la chistera con ascensores a la Alhambra y funiculares a la Sierra.

En Una soledad demasiado ruidosa, el novelista checo Bohumil Hrabal nos cuenta la historia de Hanta. Lleva treinta y cinco años triturando libros y papel viejo, toneladas de sueños y de saber. El protagonista de esta fábula del amor y la soledad, de la creación y la destrucción, termina escogiendo su caída pero no sin antes iluminarnos por los senderos de Lao Tse, Nietzsche, Kant o Hegel. La cita del filósofo de Stuttgart se la dedico a Granada: “La única cosa aterradora es lo fosilizado, rígido y moribundo. En cambio, la única cosa satisfactoria es cuando un individuo, una sociedad, consigue rejuvenecerse en la lucha, conquistar su derecho a una nueva vida”. Los versos de Sandburg, a quien los quiera escuchar: “Del hombre, al final, apenas queda nada más que el fósforo suficiente para una caja de cerillas”. Su frase del Talmud me la guardo para mí: “Somos como aceitunas, cuando nos chafan sacamos nuestro mejor jugo”.

La ciudad de volver a empezar

Magdalena Trillo | 19 de febrero de 2012 a las 9:18

A usted quién lo ha contratado? Quienes conocen bien a Torres Hurtado saben de su perseverancia. Ni olvida ni perdona. La estación del AVE diseñada por Rafael Moneo murió el mismo día de su presentación. Fue un 26 de abril de 2010. La maqueta del proyecto se montó en la Subdelegación del Gobierno y Rosa Aguilar, entonces ministra de Fomento, presidió el acto ante decenas de periodistas y autoridades junto al responsable de Adif y Víctor Morlán, aquel temido secretario de Estado que cada vez que aparecía por Granada tumbaba las promesas socialistas (Pezzi lo sufrió) con un pragmatismo tan sincero como políticamente incorrecto. La estación de Moneo ocuparía 45.000 metros cuadrados en la actual zona de Renfe y tendría dos plantas, una de ellas soterrada para dar acceso a los servicios ferroviarios y otra en superficie para acoger todos los equipamientos comerciales. El Metro cambiaría su trazado para atravesar la Avenida de Andaluces (34 millones de inversión extra) y lograr la famosa intermodalidad; AVE y Metro estarían conectados en el corazón de Granada.

Aquel día, más impactante que la maqueta era el ofuscado rostro del alcalde. Tenía cara de funeral. Y estalló. Ese no era el proyecto que quería para Granada. No era más que “hormigón, hormigón y hormigón” y se había urdido sin lealtad institucional, dando de lado a la ciudad. Desde entonces, Torres Hurtado no ha dejado de insistir en su idea de contar con “un gran pulmón verde” entre Pajaritos y Camino de Ronda (no esconde el potencial urbanístico de la zona) y denunciar que la estación se ha convertido de un obra “faraónica” innecesaria para una ciudad como Granada con un sobrecoste inasumible. Bien es cierto que el proyecto se desbloqueó al inicio de su mandato con la firma de un convenio que ascendía a 234 millones, que en 2010 ya se superaban los 570 millones (120 para la obra de Moneo) y que ya estamos en los 765 incluyendo toda la integración.

La crisis, la austeridad y los recortes de inversión que el Gobierno anunciará a finales de marzo cuando presente los presupuestos de 2012 son sólo un capítulo más que sumar a esta historia de desencuentros; otra obra conflictiva que, como tantas otras en esta ciudad, va más rápido hacia atrás que hacia adelante. Pero, ¿el problema es realmente económico? ¿Urbanístico? Nadie ha escuchado aún a Fomento decir que no haya dinero para la estación de Granada ni sabemos si el proyecto de Moneo puede tener cabida en el nuevo Plan de Infraestructuras que la ministra presentará en julio para ejecutar hasta 2024 con una partida de 77.400 millones sólo para carreteras y AVE. Ana Pastor, que se reunirá en unos días con Torres Hurtado, ya ha dejado claro que el programa primará “el rigor de las inversiones”, que el objetivo será “mejorar la calidad de vida de los ciudadanos y aumentar la productividad del país” y que “el tiempo de las obras faraónicas, de los convenios sin dinero y de los aeropuertos sin tráfico ya ha terminado”. ¿Es la Estación de Moneo una obra faraónica?

No creo que Granada deba renunciar a una estación cercana que enlace con el Metro ni aceptar una solución de transición en aras de un control presupuestario mal entendido. La llegada del AVE se traducirá en empleo, riqueza y crecimiento y en esa “calidad de vida” que reivindicaba la ministra. ¿Hipotecamos el modelo de una ciudad y sus posibilidades de desarrollo durante décadas por la asfixia financiera de hoy?

La propuesta lanzada esta semana por un grupo de empresarios para cambiar la ubicación de la estación y llevarla a Bobadilla, en la zona de la antigua Azucarera de San Isidro, seguro que es más barata y rápida pero ya está acarreando más quebraderos de cabeza que soluciones. A la espera incluso de saber si es viable, el alcalde intrigaba aún más el viernes advirtiendo que no será la única propuesta que realice a la ministra. “Habrá sorpresas”, dijo. No sabemos si buenas o malas y tampoco si será para avanzar o para volver a empezar…

Apelemos al sentido común, a la altura de miras y a la responsabilidad: el diseño de una ciudad no se puede cambiar cada cuatro años en función de las urnas.