La colmena » autobuses

Archivos para el tag ‘autobuses’

¿Y si ahora nos gusta la LAC?

Magdalena Trillo | 28 de junio de 2015 a las 9:23

No es una pregunta trampa aunque sí parcial. La Línea de Alta Capacidad (LAC) con que el equipo de Torres Hurtado rompió la soporífera rutina de su último mandato cumple un año sin que hayamos sido capaces de hacer una radiografía exacta sobre su impacto real en la ciudad más allá de la nostalgia de muchos por los viejos autobuses y la resignación de la mayoría por soportar un sistema que, teóricamente, debía hacernos la vida más fácil y reducir los niveles de ruido y contaminación.

Entre los 21.456 granadinos que hace un mes negaron su voto a Torres Hurtado pasándose a Ciudadanos o quedándose en casa había una buena legión de usuarios de la LAC. Es el coste de gobernar de espaldas a la ciudad; cinco concejales menos. Un hundimiento electoral que ha supuesto una verdadera enmienda a la totalidad a la política de rodillo que el PP ha practicado durante doce años. El correctivo, sin embargo, ha sido más contundente en los barrios que en el centro.

El moderno autobús azul que hoy atraviesa la ciudad funciona. Y empieza a gustar. Los conductores ya no tienen que ejercer de psicólogos improvisados a las 8 de la mañana para calmar a los viajeros cabreados ni dedicar media jornada con cara de suplicio a explicar el nuevo mapa de transporte. Cada tres minutos un autobús; el principal eje de movilidad del casco histórico, despejado; un decibelio menos de ruido en Gran Vía y, lejos de destruirse empleo, un compromiso cumplido de reubicación de los trabajadores ‘sobrantes’ de las antiguas líneas y una promesa de consolidación de puestos que se hará efectiva en otoño.

La ciudad, una parte de la ciudad, la ciudad de los ‘privilegiados’ del centro, ha mejorado. Pero hay una asignatura que sigue pendiente: los desesperantes transbordos que sufren los vecinos de los barrios. Se soslayó el problema en noviembre con la incorporación de tres nuevas líneas atravesando la capital pero el PTS quedó descolgado y la Estación de Autobuses también. Granada, esa Granada que va más allá de La Caleta y el Palacio de Congresos, esa Granada que no tiene sentido si no es en conexión con los 31 municipios del Cinturón, esa Granada que estará obligada a reinventarse con la inminente puesta en funcionamiento del Metro y la llegada del AVE, sigue esperando una salida coherente y eficaz a la movilidad. ¿Alguien está pensando ya en cómo responder a esa Granada real que nada tiene que ver con los intereses de poder del mapa electoral?

Miopía. Con los grandes problemas pasa como con los grandes momentos de la vida; los valoras de verdad cuando ya han pasado. Cuando no se puede volver atrás y no es posible rectificar. En unos casos para evitarlos y en otros, los menos, para apreciarlos. Y somos inopinadamente obstinados. La corrupción, por ejemplo, no es el cáncer de la política de hoy. Con poquísimas excepcionales, lo que hoy estamos juzgando en los tribunales -y en la calle- es la nefasta gestión y los comportamientos delictivos que, al amparo de las instituciones públicas, se han realizado durante los años del ‘boom’ económico. La acción (o inacción) de hoy, la de la austeridad suicida, la que está fulminando a las clases medias, la que nos está empobreciendo y ensanchando la desigualdad social, la que nos está hurtando nuestros derechos más fundamentales, es tan líquida como el tiempo.

Todo se complica, además, cuando a la miopía le sumas un punto de inconsciencia y la peligrosa provisionalidad que se ha instalado en esta sociedad volátil y frenéticamente acelerada del todo para ayer. Equivocamos los debates; llegamos tarde a los debates. Nos pasa a los periodistas; le pasa hasta al Papa… La revolucionaria encíclica sobre el medio ambiente no dice nada que los científicos no hayan escrito hace una década en las revistas de impacto de su sector. Sin tanto eco, por supuesto. Que la guerra de las futuras generaciones será por el agua, por los recursos naturales…; que tenemos la mitad de los continentes convertidos en pestosos vertederos; que, con consecuencias “catastróficas”, estamos viviendo por encima de las posibilidades del planeta… Es mucho más que una ficción y evidencia cómo el riesgo de gobernar es doble y contradictorio: la acción conlleva una responsabilidad pero la apatía también.

Si volvemos a la LAC, es evidente que lo más rentable para el PP (políticamente hablando) hubiera sido no abordar la transformación del transporte a un año de las elecciones. Con la misma vehemencia con que se justifica Rajoy cuando se ve obligado a tomar cualquier decisión, el alcalde siempre recuerda que la LAC es consecuencia del imperativo de cumplir la Ley de Economía Sostenible y reducir un 20% los gases invernadero. Bien. Pero, admitiendo la disculpa de la no-iniciativa y dejando en el aire si la solución era la LAC, ¿se ha conseguido algo?

Pues no lo sabemos. Enarbolamos la bandera de la transparencia, pero para que la practiquen otros. Ha costado semanas de persecución -y una solicitud oficial en el registro por parte de una periodista de este diario- que el equipo de gobierno haga pública su declaración de bienes y con la LAC todo está envuelto en un tremendo misterio. No tenemos datos rigurosos sobre el primer año de funcionamiento y mucho menos de futuro. No sabemos cuánto ha terminado costando y, lo realmente preocupante, no está nada claro que sea sostenible. Sí, la palabra de moda para decir que igual Granada no se la puede permitir… Me cuentan que en agosto se habrá agotado el presupuesto de todo el año. La propia Rober ya tuvo que presentar alegaciones a las cuentas municipales de 2015 y, si se confirman estas sospechas, tal vez el debate que nos aguarde tras las vacaciones no sea por qué calle deban pasar los autobuses ni hasta dónde llegar sino cómo financiar el sistema.

La parte que faltaba a la pregunta inicial es justamente ésta: ¿Y si ahora nos gusta la LAC y no la podemos pagar? No lo sabremos hasta que ocurra; hasta que se haya producido (otro) agujero financiero y se desate el conflicto con la empresa adjudicataria. Es un debate de desgaste que no encaja en el ambiente de “buen rollito” que se ha impuesto en el Ayuntamiento de la capital. Me lo decía esta semana un concejal de la oposición preocupado por esas dinámicas de comisiones, reuniones, diálogo y “todo se va a estudiar” que, al más estilo Mariano, puede terminar aniquilando por dilación y aburrimiento cualquier toma de decisión.

Hay un trasfondo: el alcalde se ha propuesto ganar a pulso su continuidad y el examen llegará a finales de noviembre con las elecciones generales. Votaremos al próximo presidente del Gobierno pero la lectura que se realizará en la capital será local. Si el PP ha rectificado, si ha recuperado la confianza de los granadinos con su nuevo tono de humildad, si Pepe Torres merece una prórroga hasta final de mandato… Tanto es así que el alcalde ya se ha embutido en el traje de regidor honorífico. Va a los actos con áurea institucional y, sobreprotegido por los suyos, no se mete en charcos… Esta semana ni le dejaron contestar a los periodistas ante las denuncias de manipulación y acoso laboral en TG7. Se juegan mucho, sí; el cuarto mandato. Pero el precio no debería ser convertir la transparencia en una opereta y el gobierno en un ejercicio de teatro amateur.

Desatasco electoral

Magdalena Trillo | 29 de junio de 2014 a las 11:34

De cómo funcione a partir de hoy la Línea de Alta Capacidad dependerá en buena medida la potencia del cartel del PP para las próximas municipales en la capital. La apuesta es de riesgo y el periodo de adaptación será duro pero, si se supera el cambio, Granada habrá dado un salto histórico en transporte público con la mayor transformación del último medio siglo. Lo sabe la concejal responsable, Telesfora Ruiz, y es más que consciente el alcalde convaleciente (el que deshoja la margarita para ver si “da guerra” en septiembre o sigue paseando a sus nietos) cuando ha decidido entregar el epílogo de su tercer mandato a un proyecto tan conflictivo y de tal envergadura.

Reconozcamos que seis años de crisis y de asfixia financiera no sólo han convertido la tijera inaugural en un producto vintage sino que han estrangulado la capacidad de inversión de los municipios y han reducido los ambiciosos programas electorales que tanto animaron los 90 a simples hojas de puesta en servicio. Ese ‘abrir la ciudad’ que ahora es un logro que vender a los vecinos cuando hace sólo una década no era más que una rutina. En este escenario anodino y de mediocridad, la red de nuevos autobuses tiene dos lecturas: en clave urbana, al menos supone novedad y actividad en una ciudad enterrada en obras polémicas e inacabables y, en clave de partidos, dará juego en el terreno político y mediático por el elevado coste electoral que tendrá (veremos en qué sentido).

Desde luego, no es un proyecto para cubrir expediente. Su impacto irá mucho más allá de estos dos últimos meses de obras extra que hemos sufrido en las principales arterias de la capital y pocos granadinos podrán quedar al margen de unos cambios que afectarán directamente a los usuarios de Rober, pero también a los pasajeros del transporte público de todo el Cinturón y a cualquiera que se tenga que ‘mover’ por la ciudad. Sobre ruedas o a pie.

Para conocer la repercusión inmediata de la LAC sólo tendremos que esperar quince días. Es el “periodo de adaptación” que el Ayuntamiento ha diseñado para convencernos -con el colchón del ‘gratis’- de que es un cambio “para mejor” y que eso de “adaptarnos a la economía sostenible europea” tiene ventajas palpables que no se reducen al titular del “transporte ecológico, moderno y eficiente”.

Para calibrar su efecto real en las urnas habrá que esperar casi un año. Hasta las municipales de mayo. Si para entonces funciona el el nuevo modelo, contribuye a reducir atascos y es capaz de convivir con el Metro -confiemos en que algún día se cumplan los plazos para su puesta en marcha y recemos por que sea viable-, Torres Hurtado podrá despedirse de la primera línea de la política con las alforjas no demasiado vacías.

Puede ser uno de sus mayores legados… pero también su ‘tumba’ y la de su equipo. Admitamos que, de entrada, tiene el valor de que es el resultado de una decisión comprometida de gobierno y que poco tiene que ver con la política de rédito electoral que desempolva y entierra proyectos con el mismo pragmatismo con que se suben y bajan los impuesto. Porque, para llenar de papeletas las urnas, es mucho mejor no hacer nada, no tocar la fibra sensible del votante y, si se puede, llenar los bolsillos del contribuyente más que saquearlo. Bien lo sabrá el alcalde de Málaga después del lío del agua que ha montado y que ya le ha costado un sonoro aviso de derrota.

En Granada los socialistas están convencidos de que ‘volverá’ a haber partido en 2015. Hacen sus cuentas en los barrios más cabreados -La Chana con el AVE; el Albaicín con la accesibilidad y Zaidín con Santa Adela, Las Palomas o el Festival de Rock- y ponen velas a San Judas Tadeo para que Torres Hurtado se jubile, convencidos de que ni entre los suyos está claro el relevo. El supuesto ‘tirón’ de Sebastián Pérez -resulta difícil imaginarlo en las verbenas arañando votos a golpe de pasadoble o haciendo paellas- es más que cuestionado y, de momento, genera más incertidumbre que expectativas.

Son meses de cálculos en el PSOE y en el PP. Así se explica que, ahora, de repente, queramos negociar la reforma de Santa Adela o que sea prioritario desbloquear el Plan Albaicín. Y por eso recurren unos y otros al mando a distancia del desatasco que supone Sevilla y, sobre todo, Madrid. Explíquense si no cómo de nuevo se pueden hacer colegios, prometer aumentos de plantilla en los hospitales, devolver pagas extra, inaugurar tramos de autovía y hasta anunciar ¡un adelanto de plazos! en una provincia condenada a las obras eternas.

Si hacen falta elecciones para que de verdad veamos los brotes verdes, ¡que se convoquen todos los años! ¡Vivan las elecciones y aprovechémoslas! Bienvenidos los brotes aunque el color verde sea electoralista.

Burbuja verde

Magdalena Trillo | 25 de mayo de 2014 a las 10:32

No son los 10.000 millones extra que se ha comido la Alta Velocidad Española, pero son casi 300 para un solo proyecto. A la espera de que la Junta se lo comunique formalmente al Ayuntamiento de la capital, ya sabemos a cuánto ha ascendido el desfase presupuestario en la mayor obra pública que se ha promovido en Granada en la última década: más del doble. Terminar el Metro de Granada supondrá una inversión total de 558 millones de euros frente a los 276 que se consignaron en 2006. No parece que detrás del coste final haya maletines delictivos ni corrupción, pero la consecuencia es similar: una sobredosis de contención y de realidad que obligará a renunciar en el futuro a cualquier obra de envergadura por muy necesaria y justificada que esté.

Los esfuerzos, económicos y de gestión, se centrarán ahora en terminar lo empezado (nada fácil si pensamos que la modificación en la zona de Renfe todavía no tiene ni proyecto técnico) y en procurar que el transporte público, emblema de la ‘apuesta’ del Gobierno andaluz por Granada, pueda funcionar antes de las elecciones autonómicas. Desde esta semana, lo que era más que previsible es ya oficial: se descartan nuevas líneas. Si el pragmatismo llevó en sus inicios a tumbar la idea municipal de llevar el Metro por el casco histórico soterrando por San Juan de Dios, los apuros presupuestarios de ahora y el intenso quebradero de cabeza que está suponiendo culminar la infraestructura sitúan en el escenario de lo irrealizable tanto la conexión con el aeropuerto que tan vital se consideró en su día -cuando era realmente internacional y el tráfico de pasajeros no dejaba de aumentar- como la ampliación de la línea hacia otros municipios del Cinturón.

Siendo escépticos, ni siquiera está muy claro que el Metro pueda empezar a circular con normalidad, que se cumplan las expectativas de uso, que ayude a reducir los atascos y que conviva con esos autobuses de alta capacidad que atravesarán la capital desde finales de junio. La Junta asegura que tiene estudios que garantizan su viabilidad pero nadie los ha visto nunca. Y ello a pesar de la insistencia con que los hemos reclamado desde los medios y de las negras advertencias que salen de la Plaza de la Carmen recordando la vía muerta en que ha quedado el Metro de Jaén.

De las obras faraónicas en infraestructuras estamos pasando a la era del transporte verde low cost. La nueva ‘moda’ es la bici y el autobús. La Junta ha aprobado una inversión millonaria para habilitar carriles bici en toda Andalucía, la Universidad ya ha anunciado que será la apuesta para el Campus de Cartuja y esta misma semana hemos sabido que la alternativa a “no más líneas de Metro” es el autobús. Tal vez no seamos muy efectivos con las soluciones, pero nadie podrá cuestionar la capacidad de innovación con las palabras. A la LAC (Línea de Alta Capacidad) le acaba de salir un competidor: el BRT (Bus Rapid Transit). Lo anunció el martes el delegado de Fomento explicando que se trata de autobuses de alta capacidad que usan carriles exclusivos con prioridad de paso y paradas de plataformas que ya funcionan en ciudades como París, Nantes o Estambul.

Lo que inquieta de los proyectos que ahora se barajan es no saber si hay una planificación seria, coherente y viable detrás, si hay (o habrá ) consenso y si no corremos el riesgo de inflar una nueva burbuja; aunque sea verde. ¿Han hablado la Junta y el Ayuntamiento para coordinar la LAC, el Metro, los carriles bici, el futuro BRT y el AVE si llega algún día? ¿Alguien tiene un plan para Granada que vaya más allá de ‘su’ mandato y supere el color de ‘su’ sillón?

No es un tema menor. Les pongo el ejemplo de Dinamarca. Los ‘andaluces del Norte’ aparecen en el último Informe Mundial de la ONU como los ciudadanos más felices del mundo. Y no es por casualidad. Tienen el nivel de corrupción más bajo del planeta, un salario mínimo de 2.000 euros al mes, trabajan lo justo (164 horas menos al año que los españoles) y apenas hay paro. En su ‘mundo feliz’ se compite lo preciso, no importa tanto lo que se gana como lo bien que se gaste y hay mucho tiempo libre. A las cuatro no hay nadie en la oficina y no pierden tiempo en desplazamientos. Su transporte público es tremendamente eficaz y más de la mitad de los viajes en la capital se hacen pedaleando… Medir la felicidad es muy subjetivo, pero es evidente que también se construye disfrutando de las pequeñas cosas… De un paseo en bici sin riesgo de ser atropellado, de un buen vino y un rayo de sol, de un día sin atascos…