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Rescate: Es muss sein!

Magdalena Trillo | 15 de septiembre de 2012 a las 22:59

La difícil decisión. Beethoven escribió su cuarteto para cuerda Opus 135, el último gran trabajo del compositor alemán, en la difícil y asfixiante Viena de 1826. La sordera lo había sumido en un terrible aislamiento, estaba enfermo y, como buena parte de su vida, sin un centavo. El cuarteto toma el nombre del último movimiento. Unos acordes lentos y sombríos nos preguntan: “¿Debe ser?” Sin dilación, Beethoven sentencia en un allegro jocoso y con brío: “Es muss sein! Es muss sein, ja, ja, ja!”. Y una tercera voz añade: “Heraus mit dem Beutel!”, “¡Saca el monedero!”.

Nunca había reparado en las palabras que sustentan esta pequeña pieza musical hasta este verano. Me reencontraba con Milan Kundera y su Insoportable levedad del ser los mismos días en que la prima de riesgo rebasaba los 600 puntos, se anunciaba la visita a España de Merkel, aires de tragedia y el Gobierno empezaba a preparar el terreno del ‘gran rescate’. Desde entonces, no deja de taladrarme el profético “Es muss sein!”.

Todo surge de una deuda impagada. Lo cuenta el escritor checo en el libro: un tal señor Dembscher le debía cincuenta marcos a Beethoven y éste se los reclama. El señor Dembscher, desolado, le pregunta: “Muss es sein?”. Y el músico, desesperado, le contesta: “Es muss sein!”. A partir de aquí las palabras se elevan en la cabeza del genio de forma majestuosa. Ya no hay monederos que abrir; habla el Destino. Es muss sein! ¡Tiene que ser! Beethoven convierte una inspiración cómica en un cuarteto serio, un chiste en una verdad metafísica. Transforma lo leve en pesado; lo positivo en negativo.

Y eso seguimos haciendo; pintando negro sobre blanco. Como lamenta Kundera, ya no sabemos pensar como Parménides. Nos hubiéramos indignado si Beethoven hubiera invertido la construcción; si hubiera arrancado con la gran verdad metafísica para terminar con la broma ligera, con la obra perfecta; si hubiera transformado lo negativo en positivo. Pero nos sentimos atraídos por lo pesado, perdidos en el laberinto de la fatalidad. Aunque sepamos que nuestra vida, como nuestra historia, como la historia de Europa, es un “boceto dibujado por la fatal inexperiencia de la humanidad. Insoportablemente leve, leve como una pluma, como el polvo que flota, como aquello que mañana ya no existirá”.

Pero ¡tiene que ser! Un juego diabólico. No importa si son los cincuenta marcos de Dembscher, los 100.000 millones del rescate europeo a los bancos, los 1.000 del anticipo que ahora pide la Junta o los 107 que en primavera dieron un balón de oxígeno a la capital para pagar a proveedores. La deuda es como la materia: ni se crea ni se destruye; sólo se transforma. Un arruinado pide a otro arruinado y, en el camino, un buen puñado de especuladores ‘minimiza riesgos y maximiza rendimientos’. Así lo llaman.

Y así cumplimos el guión de la pesadez; pidiendo rescates y firmando condiciones. Porque seamos claros: ni Cataluña conseguirá gratis los 5.023 millones del Fondo de Liquidez Autonómica ni España ha recorrido todo el camino de ajustes posibles para el “programa preventivo” que nos promete Merkel. Basta mirar a Grecia o Portugal para saber qué significa eso de la “condicionalidad reforzada”. ¿Trabajar seis días a la semana? ¿Extender el copago a la asistencia sanitaria? ¿Tocar las pensiones ‘obligados’ por la realidad? La Bolsa ha acogido con euforia el anuncio del BCE de que va a comprar deuda soberana en el mercado secundario. Otra huida hacia adelante; una más. Un leve y engañoso espejismo que choca con la pesadez del rescate de verdad. ¡Aquí sí retumba el ‘tiene que ser’!

Pienso en los abuelos esclavos que se han convertido en la generación perdida. Esclavos de los padres cuando se vieron obligados a ganar un jornal en lugar de jugar en las calles; esclavos de los hijos cuando cumplieron su sueño de ser padres de familia; esclavos de los nietos cuando llegó la conciliación y había que ponerse la bata de niñera; esclavos, hoy, de la crisis y el paro cuando tienen que recurrir a su pensión para sacar adelante a toda la familia. Hoy publicamos que son casi 40.000 los granadinos que sobreviven con la paga de jubilación de sus padres, el triple que hace un par de años. Abuelos que vuelven a costear la ‘vuelta al cole’, abuelos que salen de la residencia para ayudar en casa, abuelos que vuelven a poner el plato de comida en la mesa. Pesadas redes de solidaridad; Pesadas redes de vergüenza. Muss es sein?