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Manual del postureo

Magdalena Trillo | 17 de enero de 2016 a las 10:59

La palabra no existe (aún) en los diccionarios. La RAE remite, de forma inesperadamente profética, al término chileno “costureo” y sólo la Wikilengua concreta que es un neologismo acuñado recientemente en el contexto de las redes sociales y las nuevas tecnologías “para expresar formas de comportamiento y de pose, más por imagen o por las apariencias, que por verdadera motivación” y nos advierte que en España “somos dados al postureo, a la imagen, al coqueteo, a vender humo”.

Después de convertir a un bebé y a un diputado con rastas en las imágenes para la historia de la barroca, anacrónica y solemne constitución de las Cortes en la undécima legislatura de la democracia española, después de ponerle sonido con la inaudita y afectada preocupación de la malagueña Celia Villalobos por contagiarse de piojos, es fácil constatar que también en este campo nuestros políticos son alumnos avanzados.

rastas

 

El curso intensivo nos lo han dado esta semana desde Madrid, pero también ha tenido su versión Granada. Unos recurrieron a los niños y otros a las bicis. La instantánea final del postureo local la publicamos este viernes en la primera de Granada Hoy: un exclusivo plantel de cargos socialistas pedaleando al estilo Verano Azul. No descubro todo el making off pero sí les revelo que más de un periodista que cubrió el acto -se inauguraban los primeros carriles bici que conectan la Vega y la capital- llegó a temer por la integridad física de los protagonistas (lo de que nunca se olvida no está tan claro) y hasta fueron testigos de una serie de tomas falsas con la entusiasta disposición de los improvisados ciclistas a repetir escena para que unos compañeros de televisión pudieran grabarlo bien.

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El término postureo es relativamente nuevo (hace años que circula en las redes sociales aunque no se haya popularizado hasta el intenso año electoral de 2015), pero la realidad no. Lo han hecho los políticos desde que salimos de la caverna platónica y lo hemos hecho los humanos desde que nos tambaleamos sobre dos piernas: aparentar, figurar, buscar el reconocimiento de los demás; intentar proyectar una buena imagen de nosotros mismos, ser especiales; dejarnos caer por un bar, por una exposición, por un acto público, con el único fin de que nos vean; mandar un tuit para sorprender a nuestros seguidores; subir un comentario a Facebook esperando impacientes a que nos aplaudan con decenas de ‘Me gusta’.

Son ‘gestos’ de la vida digital e interconectada de hoy que evidencian un juego de pose similar al que podemos encontrar en las paredes de cualquier museo, no muy diferente al que ya practicaban las mujeres tras la Segunda Guerra Mundial pintándose una raya en las piernas para aparentar que llevaban medias. Cambian los tiempos, cambian los códigos, pero no el ADN. ¿No han visto a más de un político dando codazos para salir en la foto? ¿Recuerdan hace dos años el despliegue de políticos del PP bien achuchados para inaugurar una rotonda en Alhendín? ¿Se han preguntado alguna vez de dónde vendrá la fascinación de los ‘de arriba’ por ponerse apellidos compuestos?

rotonda

No hay distinciones. No hay límites. Nadie se salva. Los ejemplos sería infinitos. El primer mandamiento del postureo es “aparentar”. En la revista GQ (Gentlemen’s Quarterly), una de las publicaciones más sofisticadas y exclusivas sobre moda y estilo masculino, Javier Girela escribió hace tiempo un artículo a modo de “Manual del postureo” que podría formar parte de la biblioteca (real o puesta) de cualquier político.

Construido a partir de las aportaciones de especialistas del sector y expertos en Comunicación Digital como el profesor José Luis Orihuela (argentino y navarro de adopción), lo que más me ha terminado llamando la atención es la normalidad con que no sólo se justifica sino que se defiende el postureo. Su utilidad real: tenga siempre una frase hecha adecuada para poder opinar de cualquier tema, sed espíritus libres y posturead allá donde vayáis porque no hay normas que seguir, del postureo no escapa nadie… Unisex y atemporal. Hasta las madres pueden ser expertas posturistas: “Cualquier día me voy y no vuelvo. A ver que hacéis…”

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Inicialmente había pensado escribir un artículo duro contra la política de gestos. Quería denunciar que al bebé “Dieguito”, mientras los medios le difuminábamos el rostro para intentar (inútilmente) preservar su identidad, su madre lo exhibía rebajándolo al mismo nivel de “cosa” contra el que las mujeres llevamos décadas luchando; que en la carrera por la igualdad no podemos perdernos ni en artificios ni en hipocresía. Quería recordar el revuelo que se montó hace años cuando José Bono pidió a Miguel Sebastián que acudiera al Congreso con corbata y lamentar que personajes como Villalobos sigan haciendo tanto por la casta y la vieja política. Quería mostrar a nuestros representantes institucionales de Granada todos los grandes proyectos en infraestructuras que siguen esperando algo más que una mañana de paseo en bici.


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Creo que me equivocaba de tono. Que iba a caer en el mismo postureo que pretendía criticar. En la facilidad del reproche público -y socialmente compartido- con argumentos, lo confieso, nada originales.

Lo cierto es que he acabado pensando justo lo contrario. Me ha convencido el argumento de que “no es dañino si somos consciente de ello”. Que, aunque pueda resultar artificial, al final “elegimos lo que queremos del postureo, por lo que termina diciendo algo único y verdadero de nosotros mismos”. Que es un juego y los juegos, con ciertos límites, “no tienen por qué ser malos”. Que al final cualquier cosa que se haga puede ser tachada de postureo, pero “no por eso vamos a dejar de hacerla“. Que vivir con ese miedo sería absurdo.

El matiz, una vez más, surge de la mesura y el sentido común. De evitar que la creciente dependencia de la aprobación de los demás, el bucle infinito de la sociedad actual de ser más, hacer más, vivir más, fingir más, no se convierta en una patología.

Importan las fotos, importa el gesto, cuando dicen mucho más de lo que muestran. El alcalde se sentaba este viernes con el presidente de la Diputación, la delegada de la Junta y los empresarios para evidenciar la unión institucional en un sector tan vital para Granada como el turismo. No lo vimos en la difícil y conflictiva etapa de Martínez Caler pero tampoco lo hemos visto durante los cuatro años en que su ‘compañero’ de partido Sebastián Pérez ha gobernado la provincia. Si hay algo de postureo, bienvenido sea…

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Y bienvenidas las fotos de bicis y bebés si detrás del gesto hay obras terminadas (y útiles) y medidas eficaces que nos beneficien a todos y nos permitan avanzar.

Burbuja verde

Magdalena Trillo | 25 de mayo de 2014 a las 10:32

No son los 10.000 millones extra que se ha comido la Alta Velocidad Española, pero son casi 300 para un solo proyecto. A la espera de que la Junta se lo comunique formalmente al Ayuntamiento de la capital, ya sabemos a cuánto ha ascendido el desfase presupuestario en la mayor obra pública que se ha promovido en Granada en la última década: más del doble. Terminar el Metro de Granada supondrá una inversión total de 558 millones de euros frente a los 276 que se consignaron en 2006. No parece que detrás del coste final haya maletines delictivos ni corrupción, pero la consecuencia es similar: una sobredosis de contención y de realidad que obligará a renunciar en el futuro a cualquier obra de envergadura por muy necesaria y justificada que esté.

Los esfuerzos, económicos y de gestión, se centrarán ahora en terminar lo empezado (nada fácil si pensamos que la modificación en la zona de Renfe todavía no tiene ni proyecto técnico) y en procurar que el transporte público, emblema de la ‘apuesta’ del Gobierno andaluz por Granada, pueda funcionar antes de las elecciones autonómicas. Desde esta semana, lo que era más que previsible es ya oficial: se descartan nuevas líneas. Si el pragmatismo llevó en sus inicios a tumbar la idea municipal de llevar el Metro por el casco histórico soterrando por San Juan de Dios, los apuros presupuestarios de ahora y el intenso quebradero de cabeza que está suponiendo culminar la infraestructura sitúan en el escenario de lo irrealizable tanto la conexión con el aeropuerto que tan vital se consideró en su día -cuando era realmente internacional y el tráfico de pasajeros no dejaba de aumentar- como la ampliación de la línea hacia otros municipios del Cinturón.

Siendo escépticos, ni siquiera está muy claro que el Metro pueda empezar a circular con normalidad, que se cumplan las expectativas de uso, que ayude a reducir los atascos y que conviva con esos autobuses de alta capacidad que atravesarán la capital desde finales de junio. La Junta asegura que tiene estudios que garantizan su viabilidad pero nadie los ha visto nunca. Y ello a pesar de la insistencia con que los hemos reclamado desde los medios y de las negras advertencias que salen de la Plaza de la Carmen recordando la vía muerta en que ha quedado el Metro de Jaén.

De las obras faraónicas en infraestructuras estamos pasando a la era del transporte verde low cost. La nueva ‘moda’ es la bici y el autobús. La Junta ha aprobado una inversión millonaria para habilitar carriles bici en toda Andalucía, la Universidad ya ha anunciado que será la apuesta para el Campus de Cartuja y esta misma semana hemos sabido que la alternativa a “no más líneas de Metro” es el autobús. Tal vez no seamos muy efectivos con las soluciones, pero nadie podrá cuestionar la capacidad de innovación con las palabras. A la LAC (Línea de Alta Capacidad) le acaba de salir un competidor: el BRT (Bus Rapid Transit). Lo anunció el martes el delegado de Fomento explicando que se trata de autobuses de alta capacidad que usan carriles exclusivos con prioridad de paso y paradas de plataformas que ya funcionan en ciudades como París, Nantes o Estambul.

Lo que inquieta de los proyectos que ahora se barajan es no saber si hay una planificación seria, coherente y viable detrás, si hay (o habrá ) consenso y si no corremos el riesgo de inflar una nueva burbuja; aunque sea verde. ¿Han hablado la Junta y el Ayuntamiento para coordinar la LAC, el Metro, los carriles bici, el futuro BRT y el AVE si llega algún día? ¿Alguien tiene un plan para Granada que vaya más allá de ‘su’ mandato y supere el color de ‘su’ sillón?

No es un tema menor. Les pongo el ejemplo de Dinamarca. Los ‘andaluces del Norte’ aparecen en el último Informe Mundial de la ONU como los ciudadanos más felices del mundo. Y no es por casualidad. Tienen el nivel de corrupción más bajo del planeta, un salario mínimo de 2.000 euros al mes, trabajan lo justo (164 horas menos al año que los españoles) y apenas hay paro. En su ‘mundo feliz’ se compite lo preciso, no importa tanto lo que se gana como lo bien que se gaste y hay mucho tiempo libre. A las cuatro no hay nadie en la oficina y no pierden tiempo en desplazamientos. Su transporte público es tremendamente eficaz y más de la mitad de los viajes en la capital se hacen pedaleando… Medir la felicidad es muy subjetivo, pero es evidente que también se construye disfrutando de las pequeñas cosas… De un paseo en bici sin riesgo de ser atropellado, de un buen vino y un rayo de sol, de un día sin atascos…