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Que gobierne Soraya

Magdalena Trillo | 27 de mayo de 2018 a las 11:00

El tiempo de Rajoy se ha acabado. Lo clama toda la oposición y lo saben los suyos. Incluida esa guardia pretoriana que se dopa a diario con la calculadora del empleo pensando que “España va bien” y que volverá a amainar. La economía ya no es suficiente. En apenas unas horas, la euforia del Gobierno por la aprobación de los Presupuestos del Estado -sometidos una vez más al chantaje del nacionalismo vasco y de las fuerzas más minoritarias del arco parlamentario- se ha transformado en un funeral.

La prima de riesgo se ha despertado y Bruselas no tardará en apretar el cinturón cuando salten las alarmas del déficit con la revalorización de las pensiones, la subida salarial de los funcionarios y el recorte de los impuestos. Y es que nada era posible hasta que fue. De momento, de los “burócratas de las tijeras” nos salva el estado de infarto de Europa ante el órdago que les acaba de lanzar Italia con explosiva unión de los ultras de la Liga Norte y los populistas del M5E ensayando su particular república feliz. Sin lunes y sin acné…

El momento selfie de Montoro se diluyó como en Snapchat con la apisonadora de la Gürtel. La sentencia de la Audiencia Nacional que retumbó el jueves los pilares de Génova -insuperable el meme del edificio en venta por traslado masivo a Soto del Real- es sólo el principio. Hubo caja B en el PP, queda probada la financiación ilegal del partido y se constata la existencia de “un auténtico y eficaz sistema de corrupción institucional” a través de contratos manipulados “en la administración pública central, autonómica y local”.

El muro de contención del presidente del Gobierno se ha resquebrajado y se ha llevado por delante el comodín de dos años que acababa de conseguir con los PGE. En este punto, el único interrogante que planea sobre un partido golpeado estructuralmente por la corrupción -la rotunda sentencia se ha llevado por delante tanto la defensa de que eran “casos aislados” como el escudo de que era “otro PP”- es cuánto tiempo, con cuántos errores de estrategia y con qué coste se asumirá la caída.

Porque después de la Gürtel vendrán los papeles de Bárcenas con un Rajoy especialmente vulnerable: ni siquiera los jueces lo consideraron “creíble” cuando fue a declarar como testigo -el 26 de julio llegó a decir en sede judicial que “jamás” oyó hablar de “financiación irregular”- y la previsible entrada en prisión de Rosalía Iglesias, la mujer del extesorero del PP, ha hecho saltar todas las alarmas sobre lo mucho que aún se pueda barrer bajo las alfombras.

Entre los 1.687 folios de la sentencia no sólo están los grandes titulares que estos días han ocupado el foco mediático: desde los 33 años de cárcel para Luis Bárcenas y los 51 para el cabecilla de la Gürtel, Francisco Correa, hasta la condena directa al PP obligándolo a pagar 240.000 euros como partícipe a título lucrativo. Los que se deslizan entre líneas no son menores: “Rosalía no es un simple objeto”. La Sección Penal Segunda se pronuncia feminista y advierte que el tribunal “no puede consentir” que se crea una ignorancia deliberada -el papel de mujer objeto que se limita a firmar lo que le dice su marido- en alguien que demuestra todo lo contrario.

Lo sufrimos durante meses con la despistada exministra Ana Mato, lo utilizó la infanta Cristina intentando rebajar su responsabilidad en el caso Noos y ha sido un clásico en los tribunales aunque cada vez con menos éxito -recuerden si no la ejemplaridad de Isabel Pantoja entrando en prisión con una condena menor-. La sentencia de la Gürtel va en esta misma dirección: todos iguales ante ley; para lo bueno y para lo malo… Desde este planteamiento, vuelvo a la crisis de Rajoy con una (medio) salida -la opción Soraya- que tal vez sea una de las pocas jugadas dignas que le queden al líder de los populares.

El relevo fue la solución que el PP pactó con Cs en los casos de Murcia y de Madrid y ahora podría dar un inesperado quiebro a la situación de tensión y bloqueo que se ha instalado con la moción de censura del PSOE. No obstante, Rivera ni plantea el recambio sabiendo el daño electoral que supondría para su partido situar a alguien como la vicepresidenta al frente del Ejecutivo y es un recorrido que choca de plano con la esencia de la era Rajoy: aguantar y no hacer nada…

La máquina del fango

Magdalena Trillo | 16 de octubre de 2016 a las 10:47

Marina Martín no es una delincuente. Cuando hace año y medio fue detenida en su casa de Chauchina, delante de sus hijos, no estaba tan claro. Llegó a dormir en el calabozo y le llegaron a poner las esposas. La ahora directora del Legado Andalusí es uno de los 24 dirigentes andaluces del Servicio Andaluz de Empleo (SAE) que han estado implicados en la llamada pieza política de los Cursos de Formación. La juez Bolaños lo ha archivado esta semana. Dice que no hubo “nada” delictivo. Critica a la Fiscalía Anticorrupción y al PP por la teoría de la red clientelar y hasta carga contra la UCO de la Guardia Civil por dar pie a todo el proceso judicial. Argumenta que pudo haber irregularidades administrativas, no delitos de prevaricación ni malversación. Que los funcionarios no recibieron órdenes para beneficiar a empresas afines al PSOE. Que es “inverosímil”, que carece del “más mínimo rigor” e, incluso, advierte “errores” en los atestados.

La política socialista confesaba a este diario la sensación “agridulce” que le ha producido el carpetazo del caso. Por cómo se produjo, por lo que ha supuesto para su familia y, aunque no lo dijera, porque ningún titular podrá compensar hoy la sombra de culpabilidad -el “algo habrá hecho”- que la ha perseguido durante todo este tiempo. En pocos casos una resolución judicial de exoneración, nunca una rectificación periodística, es capaz de superar la máquina del fango que termina moldeando una opinión pública basada en la desconfianza, los prejuicios y la sospecha. Un clima social de espectáculo basado en ráfagas de televisión, opiniones de tertulia y titulares sensacionalistas que desencadenan operaciones policiales igualmente alarmantes.

Pero no es (sólo) la judicialización de la vida pública y la necesidad de preservar la presunción de inocencia lo que debería llevarnos a la autocrítica -sin excepciones entre todos los que compartimos la cosa pública-y a la reflexión. También los efectos de la “olla de grillos digital”, del circo mediático, que discurre entre rumores y miserias en una agresiva “deslegitimación del adversario” en la que no hay líneas rojas. Es el “fango” al que aludía Umberto Eco en una de sus últimas entrevistas, las cañerías de intoxicación sobre las que hace un año montó un programa Salvados sentando a discutir a políticos y a periodistas, el estado de permanente narcotización en que nos movemos como audiencias teóricamente bien informadas.

En su conversación con Jordi Evole, el escritor italiano se quedaba corto en el descarnado retrato que realizaba sobre las bajezas que comparten el periodismo y el poder. Porque no es sólo la vida pública y privada lo que hemos desdibujado sacando a flote los trapos sucios y porque no se trata (sólo) de que baste para desacreditar a alguien con decir que “ha hecho algo”. Es la sagrada y exigible frontera entre los hechos y los rumores lo que se ha fracturado; es el dicho periodístico de que “la realidad no te estropee un buen titular” lo que hemos convertido en cotidiano.

En la misma línea que Eco, el ensayista Hernández Bustos disertaba este viernes en una tribuna sobre el “periodismo fantasma” que equipara “verdad y falsedad”, que nos lleva a consumir por igual “información real y pseudohechos disfrazados de noticia” y nos obliga a engullir opiniones prêt-à-porter.

Es otra provocadora forma de acercarse a las tesis del fango que, sin embargo, también deja en un segundo plano el efecto de degradación que se provoca cuando la máquina funciona en sentido contrario y lo revuelve todo. Cuando minimiza los escándalos.

En este clima de confusión y de (nada democrática) equiparación de casos, la distorsión se produce por exceso y por defecto. Ocurre cuando la lavadora se pone en marcha y metemos seda y vaqueros en el mismo tambor. Es entonces cuando podemos argumentar que hay cientos de Pacos Correa por toda España -¿con sus angulas, su “casa” en Génova y sus Jaguar?-, cuando perseguimos por igual a quien se salta el IVA que a los saqueadores de las tarjetas black y cuando terminamos comprendiendo los abusos sexuales de un candidato a la Casa Blanca y hasta fijando niveles de gravedad -una joven ha llegado a decir que no le hubiera importando si Donald Trump sólo se hubiera propasado tocándole el pecho…-

Decimos los periodistas que “todo es susceptible de ser una doble página o un breve”, pero justamente para aprender a discernirlo está el oficio. Y el criterio. Y hasta el sentido común. Todo es relativo y no lo es.

Un acto de fe

Magdalena Trillo | 3 de febrero de 2013 a las 10:03

Esta semana he recordado por qué hace veinte años quise ser periodista: se pueden cambiar las cosas. La verdad no es absoluta, pero tampoco lo es la impunidad. No estamos adocenados ni dormidos. Ni nosotros ni los ciudadanos ante los que tenemos la obligación de responder; esa calle que nos vigila en las redes sociales compartiendo -no supliendo ni usurpando- el papel de ‘voz de los sin voz’ que tradicionalmente hemos desempeñado. La salud de la democracia, de nuestro sistema de libertades, se sigue calibrando en los medios de comunicación. También su decadencia y su decrepitud; también las vanidades, irresponsabilidades e incluso fragilidad con que a veces participamos en este perverso juego de control, presiones, poder y contrapoder. Pero la grandeza de este sistema es, precisamente, que cada actor esté a la altura de su papel. Con sus errores y sus aciertos. Hay que gobernar para salir de la crisis, pero también hay que hacer oposición e informar con absoluta independencia.

El estallido social que se temía con la sangría del paro se está desatando por la corrupción. Los papeles de Bárcenas no son una causa general contra el PP ni las protestas en las sedes del partido son un acoso antidemocrático. No es conspiración y no es persecución. Son dudas legítimas sobre la gestión de un partido político y sobre la “honorabilidad” de unas personas que están en el Gobierno. No es un movimiento para desestabilizar el país. Es la esencia misma de la democracia. Son derechos, libertades y obligaciones constitucionales.

Aunque algunos quieran pensar que la prensa es como el carnicero, que “mata por la noche para comer al día siguiente lo que ha matado”. Lo decía Balzac hace más de un siglo y muchos lo estarán pensando estos días: “El periodismo es una fuerza ciega, sorda, perversa, rebelde, sin moralidad, sin tradición, sin objetivos concretos y dignos”. Pero es, y así lo reconocía el infatigable novelista francés, “la fuerza que lo mueve todo, la única que tiene el poder suficiente para derribar”.

Dolores de Cospedal lo vivió el jueves cuando tuvo que salir ante los medios a ‘sujetar las velas’ de todo el partido. Se inmoló políticamente. Su discurso, milimétricamente planificado, se quebró con las primeras preguntas de los periodistas. Pese a la pretendida contundencia de sus palabras y el redundante “limpio, claro y transparente” que aplicó a las cuentas del PP, suscitó más inquietud que certezas. La negativa tajante de veracidad a los apuntes contables publicados por El País, una supuesta Caja B de financiación, se convirtió en parcial y terminó provocando una tremenda ola de indignación (#quesevayantodos, #Rajoydimisión, #volvemos1f) que apenas tardaría unas horas en convertirse en caceroladas con gigantescos sobres a modo de pancarta por todo el país. Granada no fue una excepción.

En los tribunales, el proceso avanza implacable. La justicia está cumpliendo su papel sin miramientos ni excepciones difícilmente justificables en un Estado de Derecho. En paralelo a la instrucción del caso Bárcenas y el caso Gürtel, el Fiscal General ha considerado que “hay indicios” para investigar y que está dispuesto a llamar al propio presidente del Gobierno si es necesario. Anticorrupción acaba de anunciar que citará a los ex tesoreros Bárcenas y Lapuerta y al ex diputado Jorge Trías para esclarecer el presunto pago de sobresueldos a la cúpula del PP. Si es dinero negro y hay fraude, lo dictamirá un juez; si todo es ‘limpio’ y legal, también.

Políticamente, el escenario se tambalea. El “caiga quien caiga” inicial se ha convertido en un cierre de filas. Hace cuatro años Rajoy dijo que no había una trama de corrupción “en el PP” sino “contra el PP” y puso la mano en el fuego por el ex senador. Se quemó. Ayer, tras la reunión de urgencia del comité ejecutivo, evitó mencionar su nombre, se demarcó de la cuenta en Suiza de los 22 millones e insistió en la teoría de la conspiración. Habló de “papeles apócrifos” y de “manipulación”. “Es falso”, enfatizó en varias ocasiones tajante, seco, enfadado. “Son infamias que ahora se disfrazan de presuntas, que dan pie a toda clase de infundios e inflaman el fariseísmo más descarado”.

Pero lo que nos pidió el presidente del Gobierno fue un acto de fe. No tiene crédito suficiente para ello. Las palabras de los políticos, sus promesas, están terriblemente devaluadas. Tal vez podamos creerlo a él pero no depositando una fe ciega en toda la estructura de dirección de un partido, el de ahora y el de hace dos décadas. Fue demasiado osado, innecesariamente arriesgado. Coincido con Rajoy al pensar que “las cosas se pueden cambiar”, pero no hablamos de lo mismo. No, si no se entiende la crítica y exigencia de transparencia que está reclamando la sociedad española. No, si su defensa es un ataque contra los medios, contra la oposición y contra quienes expresan en la calle su cabreo y perplejidad.

No sin preguntas

Magdalena Trillo | 9 de mayo de 2011 a las 8:51

Acabo de ver en Twitter que más de cuarenta medios y organizaciones se han sumado ya al manifiesto Sin preguntas no hay cobertura. Más de cuatro mil periodistas de toda España están mostrando su “indignación” ante el rechazo de muchos políticos a admitir réplicas; una actitud que consideramos “inconstitucional”, una falta de respeto al criterio informativo y “una manipulación inaceptable”. Nos indignamos “ante los reiterados intentos de presión sobre el trabajo profesional de los periodistas”. Denunciamos a quienes se refugian en el ‘hoy no toca’ porque nos convierten en taquígrafos y desvirtúan los principios más básicos de la profesión. Nos plantamos ante quienes quieren volver al periodismo folletinesco y de propaganda.

Me sumo… Pero con matices. Está bien que aprovechemos la campaña electoral para lanzar el debate y mantener un pulso a quienes nos gobiernan olvidándose, demasiadas veces, que están obligados a rendir cuentas ante los ciudadanos. Olvidándose de que nosotros somos simples intermediarios, no el enemigo, y que nuestro trabajo es cuestionar, desconfiar, poner en aprietos, interpelar. Es el juego democrático.

Sin embargo, no son los políticos los únicos que distorsionan las reglas del periodismo: ¿nos sometemos a empresarios, banqueros y jueces? ¿hacemos una excepción con los ‘Mou’ del deporte y nos tragamos las insolencias y extravagancias de los artistas?

Y no es sólo en campaña cuando tenemos que ser guerreros. Casi al contrario; los políticos se ponen ahora la careta de la felicidad, son amables, cercanos, pacientes y acceden a (casi) todo. Será distinto a partir del 22-M. Pensemos en Francisco Camps cuando, a pesar de todo el escándalo de corrupción del Gürtel, los ciudadanos lo premien reforzando su mayoría en Valencia… Se lo podrá permitir (casi) todo. Quedémonos en Granada. Nada hay nada más difícil que conseguir una entrevista con Torres Hurtado. Seamos francos: no le hace falta. Se puede negar a (casi) todo. ¿Por qué exponerse a debatir con Paco Cuenca si la duda no es otra que cuánto ampliará su mayoría absoluta y si será suficiente para situar a Sebastián Pérez en Diputación?

Por su puesto que el código de malas prácticas no es generalizable (no todos son iguales) ni es exclusivo del PP. ¿Han olvidado ya los meses de incertidumbre de ZP sobre su retirada y sus secretitos con Bono? ¿Hay alguien más hábil en no contestar que Rubalcaba? ¿Alguien más borde que Blanco? ¿Alguien que haya ninguneado más a los medios en las últimas semanas que Carme Chacón?

Miremos ahora al otro lado de la noticia. No es la primera vez que un compañero de un gabinete de prensa me confiesa el sinsentido de las comparecencias cuando los periodistas que se sientan al otro lado de la mesa parecen autistas. Toman nota y se largan; cogen el primer corte útil y desenchufan los micrófonos. Ni una pregunta. Ni una cuestión incómoda. Quienes se exponen a interpelar, tal vez se vean obligados a sufrir las miradas de frustración de más de un compañero que estaba levantándose… Desde luego, no es éste el camino para prestigiar nuestra profesión y hacernos valer.

#sinpreguntasnohaycobertura es una excusa perfecta para que reflexionemos, todos, sobre el papel que de verdad estamos ejerciendo como garantes del derecho a la información. Pero ni es la solución ni creo que debamos aplicarlo de forma generalizada. Imagínense que comparece don Juan Carlos para comunicar su renuncia a la Corona y dice la Casa Real que no hay preguntas. ¿No informamos? Soñemos con una rueda de prensa sin preguntas de ETA en la que anuncien la entrega de las armas… ¿Ponemos nuestras exigencias por encima de nuestra obligación y responsabilidad como periodistas? ¿Situamos nuestro orgullo y vanidad por encima de los intereses de nuestros lectores? Empecemos (todos) por creer en lo que hacemos y exijamos, siempre, pero con sentido común.

“Rajoy gay” y otras conspiraciones

Magdalena Trillo | 20 de marzo de 2011 a las 14:58

Si tecleamos en Google “Sarkozy” aparecerá el nombre del presidente francés asociado al término “judío” (juif). Cuando me lo contó esta semana un compañero de la Facultad de Comunicación, asombrado con el revuelo que se ha montado en Francia al conocerse los intereses ocultos de los usuarios del buscador (y el antisemitismo de la población que se desprende), pensé que debía ser un montaje. Intencionado. Casi malicioso. Tal vez derivado del creciente descrédito del mandatario francés, del hundimiento de su partido que pronostican todas las encuestas y de la vertiginosa ascensión de la ultraderecha con la hija de Le Pen. Una campaña orquestada desde la Red contra el celoso, prepotente y contradictorio líder europeo.

Resultado o no de una ‘maquinación’, es cierto. Hagan la prueba. No tenemos que viajar a la época de los Illuminati para descubrir que todo está conectado. Que nada es porque sí.

Justo al día siguiente de esta conversación cae en mis manos un reportaje de La Vanguardia sobre la conspiración en la era de la información: desde la muerte de Kennedy hasta el Club Bilderberg y los atentados del 11-S. El artículo empieza recordando aquel febrero de hace un año en que José Blanco, nada más ser nombrado ministro de Fomento, aseguraba en una entrevista que “nada de lo que está ocurriendo en el mundo, incluidos los editoriales de los periódicos extranjeros, es casual ni inocente”. Lo confesaba un verdadero experto en el arte de fabular… Recuerden, por ejemplo, el reciente episodio de Vistalegre y sus no explicaciones sobre la no suspensión del mitin y la no estrategia electoral que no podía revelar.

En política lo llaman estrategia, aunque esconde el mismo lado oscuro que toda conspiración de manual: sospechas, mentiras, verdades fabricadas y, como dicen en mi pueblo, mucha puñalada trapera. Repasen los titulares de las últimas semanas. Más del caso Gürtel sin que nadie (ni sus propio ‘jefes’) puedan hacer desaparecer a Camps (¿son favores lo que le debe Rajoy o algo más?), la conmemoración del 11-M y el desempolvo de las teorías de la conspiración, el fraude de los ERE en Andalucía con la sospechas del PP de que el propio Griñán conoció la trama, el caso Fustegueras de Jerez con maniobras del propio Chaves para quitarse de en medio a Pilar Sánchez, Zapatero y sus enigmáticas reuniones con Bono mientras media España sigue especulando con su sucesión…

No debe extrañar que los europeos, sin excepción, confiesen que no se fían de sus líderes. Lo publicaba El País este lunes a partir de una encuesta conjunta con otros cuatro diarios afines: “Nadie se cree que los políticos actúen con honestidad e integridad”. ¿Algún ayuntamiento se libra de las sospechas de corrupción? ¿Cuánta conspiración hay detrás de una estafa inmobiliaria? ¿Y detrás de un arreglillo urbanístico? ¿Y de un inocente desvío presupuestario para pagar una obra municipal con fondos del Plan E?

Nada es casual. No lo parece, desde luego, que sea justamente la Comunidad de Valencia, cuna de los casos Fabra, Brugal o Gürtel, la que acoja en abril un simposio mundial sobre la conspiración, las sociedades secretas y los complots. Se titula Spectra y quieren “poner en contacto a gente diversa para conspirar”.

Para eso no hace falta un simposio. Basta con entrar en la Red. La herramienta ‘autocompletar’ de Google nos va dando las pistas. Escriban “Gadafi”; el buscador lo unirá a “Franco”, “ETA” y “mujeres”. Pregunten por “Berlusconi”; nos llevará a su “bunga bunga”. Tecleen “Zapatero”; nos propondrá su “dimisión”. Escriban “Rajoy”; nos sugerirá “gay”… 294.000 casuales resultados a día de ayer.

Buy a newspaper, save a journalist

Magdalena Trillo | 17 de agosto de 2009 a las 8:40

Si eres periodista, reportero, editor o seguidor de los medios, apoya el sector con uno de nuestros diseños: ¡Buy a newspaper, save a journalist!”. Mientras en Estados Unidos son capaces de idear un negocio a costa de la crisis mundial de la prensa vendiendo camisetas de todos los colores, tallas y estilos, gigantes mugs para el café y hasta corbatas, en España seguimos subiendo escaños para hundir la profesión, cargarnos las instituciones del Estado y hasta minar la democracia.

A la sequía del verano se incorpora este año -con pasmoso pasotismo de quienes debiéramos velar por que se mantengan las reglas del juego-, el periodismo enlatado y teledirigido. ¿Los protoganistas? Una vez más, nuestros políticos. Comenzó la semana pasada Francisco Camps distribuyendo un DVD en el que desvelaba una nueva faceta artística que sumar a su afición por la moda: la de actor. Simulaba que ofrecía una rueda de prensa para valorar su absolución en el caso Gürtel. Todo alegría en el PP. Al otro lado del Atlántico, la ‘vice’ respondía anunciando un recurso de la Fiscalía del Estado contra el archivo de la causa por cohecho y, desde la playa, María Dolores de Cospedal completaba la semana lanzando unas tremendas acusaciones contra el Gobierno, los jueces y las fuerzas de seguridad del Estado (de momento, sin pruebas) siguiendo la misma hoja de ruta: una estudiada grabación, perfectamente distribuida y sin opción a la réplica. Hasta el líder de los populares se fue de vacaciones aportando un toque de ‘modernidad’ a sus ruedas de prensa unidireccionales: se grabó dando un paseíto a la salida de la calle Génova y ‘colgó’ el vídeo en su blog Rajoy en acción. Sin comentarios.

Lo peor del caso es que amenazan con proseguir todo el verano fabricando noticias (o no-noticias, que para el caso es lo mismo) y continuar animando el panorama mediático con grabaciones y comunicados propagadísticos. Puro entretenimiento. Que si unos ‘manejan’ a la justicia a su antojo, que si otros se ‘aburren’ y se aficionan al espionaje… También están los que se cabrean y se dedican a increpar al ‘mensajero’ (el ministro de Trabajo tuvo que pedir dispulpas por su jefe de prensa) y, como no anden listos, hay ‘una’ que tendrá que ponerse al día en ‘valencianidad’ para ocupar un sillón en el Senado.

Volviendo a las ‘latas informativas’, lo único extraño es que no se haya tomado más nota a nivel local. Lo digo, por ejemplo, por nuestro alcalde. Hoy mismo podríamos imaginarlo en la playa, con un favorecedor bronceado y explicando por qué el caballo de Pérez Villalta se quita del Ayuntamiento ‘por feo’ y el monolito franquista de Primo de Rivera se queda en Bibataubín por artístico. Desde luego, hay que reconocer que sería mucho más barato y operativo que poner en marcha una tele municipal. Mientras, con o sin eslogan, compremos un periódico (o no) y salvémonos todos. Mejor aún, dediquémonos a otra cosa.