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Federico

Magdalena Trillo | 17 de agosto de 2014 a las 10:53

Me pregunto si Federico volvería a escribir hoy que “en Granada se agita la peor burguesía de España”. Me pregunto qué pensaría de que esta noche se le rinda homenaje junto a un monolito bajo el que ya sabemos que no reposan sus restos y que ha terminado siendo más símbolo de la polémica que de la reconciliación. Me pregunto qué sentiría viendo cómo se instrumentaliza su nombre, sus ideas y su obra.

Su familia nunca ha querido conmemorar su muerte; no había nada que celebrar. Para la Granada ‘oficial’ siempre se ha visto como un “deber” hacia el poeta y hacia las miles de víctimas que fueron fusiladas en los barrancos de Víznar y Alfacar; un ‘deber’ por no olvidar lo que jamás debió ocurrir y lo que, de forma inexorable, forma parte ya de nuestra historia reciente. Si dejamos a un lado lo mucho que podríamos debatir sobre el sentido mismo de los homenajes, su excesiva proliferación y su reprochable utilización partidista, seguro que tanto la izquierda como la derecha podrían asumir un planteamiento inicial en la causa lorquiana por recordar y ‘hacer justicia’. El problema llega con el cómo y con el quién, cuando interfiere la política y somos incapaces de hacer concesiones.

A los dos lados… Cuando la izquierda gobernaba en la Diputación no había conflicto. Se convocaba el acto ‘oficial’, los políticos iban en sus coches oficiales, se hacían la foto y no pasaba nada. Desde hace cuatro años, con la llegada del PP a la institución provincial, han vuelto las tensiones. La primera vez porque era el 75 aniversario y la anterior corporación no había organizado nada; el verano pasado porque un grupo de republicanos acudió con banderas y la Guardia Civil les impidió la entrada; este año, porque una asociación cultural ha contraprogramado para denunciar la “manipulación” de la figura de Lorca y recordar que también es “símbolo de la represión franquista”; que se asesinó a un poeta, a un artista, pero también a un intelectual con ideas progresistas y republicanas.

La tesis del actual Partido Popular de Granada es defender al escritor, difundir su obra, pero con acciones despojadas de ideologías y apartadas del pasado. Lo dejó bien claro Sebastián Pérez nada más asumir la presidencia de la Diputación con aquel contundente “nos hemos cargado el mito de la izquierda y Lorca” y se ha mantenido estos años con ese “Federico vive” que inspira el programa cultural -incluida la recuperación de La Barraca-.

Desde la izquierda nunca se ha entendido esta repentina “devoción lorquiana“, que tildan de “oportunista” y “electoralista”, y se ha criticado que el PP quiera “apoderarse” ahora de García Lorca no como un reconocimiento a la persona y al creador sino para “desmontar” uno de los grandes iconos del PSOE.

Los dos posicionamientos de ‘razones’ cerradas y absolutas se vienen abajo cuando se contraponen. Tanto como la supuesta indignación del colectivo que ahora rechaza el acto oficial. ¿Cuando iban los socialistas no había coches oficiales? ¿Dónde estaban ellos?

La política debería ser la solución y sigue siendo el problema. Será legítimo, pero es descorazonador. La primera maqueta que se hizo en Granada para rendir tributo a Lorca es de López Burgos. Sí, el escultor de la polémica estatua a Primo de Rivera de Bibataubín. La prensa de la época contó en su día que era “uno de sus mayores deseos”; el régimen lo impidió; su hija aún conserva la obra…

La escultura de una niña preside ya la céntrica plaza. La retirada del monolito ha costado una ácida campaña de desprestigio hacia el escultor, páginas y páginas de enfrentamientos, el levantamiento de los colectivos de Memoria Histórica y una orden taxativa del TSJA. ¿No nos lo podríamos haber ahorrado si el PP no se hubiera obcecado en defender su valor artístico como resquicio para saltarse la ley? Voy más atrás. ¿Hubiera habido polémica si al inicio de la democracia se hubiera quitado ese infame “Granada a José Antonio”?

A finales de mes, el guitarrista cordobés Paco Peña presenta en el Festival de Edimburgo el estreno mundial de Patria, una obra inspirada en versos de Lorca que explora el impacto de la Guerra Civil. En Madrid, la nueva temporada del Teatro Real incluye la primera versión en ópera de El público, un encargo a Mauricio Sotelo que dirigirá Heras-Casado y que se presenta como un grito de desafío contra la hipocresía burguesa y un alegato a favor de la libertad amorosa y artística.

Me entristece pasear por La Romanilla y seguir viendo telarañas en el Centro Lorca. Hace once años que se anunció el regreso de su legado y hace siete que debería estar abierto con actos del nivel de Edimburgo, Madrid o Nueva York. Aquí no debería haber espacio para las dudas. Siempre fue un “deseo” de su familia y era, y sigue siendo, un “deber” de Granada, de todos, con Federico.

La conciencia del hartazgo

Magdalena Trillo | 24 de junio de 2012 a las 10:08

Aunque a muchos no les haya gustado el tono, resulta difícil discrepar con el trasfondo de la reprimenda que José Chamizo ha lanzado esta semana a los políticos conminándoles a que dejen las “peleítas” y se centren en resolver los problemas de los ciudadanos: “La gente está muy cabreada con ustedes, cansada de asistir un día sí y otro también a una pelea política que considera estéril y alejada de sus problemas reales”. “No sé si lo saben”, se lamentaba el Defensor del Pueblo, “la gente está cansada de todos ustedes”.

Hasta el gorro. No se trata de realizar una enmienda a la totalidad a la política y mucho menos a un sistema democrático que ha permitido a España conseguir unos niveles de progreso y bienestar inimaginables hace sólo unas décadas. Pero la contundencia de sus palabras, tan coloquiales como sinceras, es proporcional al desencanto de los ciudadanos por la incapacidad e inoperancia que nuestros políticos nos demuestran a diario para aportar soluciones en lugar de querellas y crispación y a la creciente sensación de estafa que supone comprobar que ni hay hoja de ruta para salir de la crisis, ni hay sólidos criterios que marquen la acción de gobierno ni es el interés general y el servicio público lo que justifica la toma de decisiones.

Me pregunto hasta qué punto hay conciencia real de que se está fallando más allá del discurso aprendido de reconocer que es necesario esforzarse por recuperar la confianza perdida, por devolver cierta credibilidad a las instituciones. Se habla de unidad pero se gobierna a golpe de decreto; se ofrecen pactos y se termina dirimiendo cualquier conflicto en el Constitucional; se reclama lealtad mientras se afilan los cuchillos.

En la política local, raro es el proyecto que no se eterniza o desatasca en función del color de las instituciones que, teóricamente, deberían colaborar. Decía esta semana el nuevo consejero de Cultura que el Centro Lorca tiene que salir adelante; ¡pero es que lleva dos años paralizado cuando apenas falta un 5% de obra por terminar! Decenas de ayuntamientos de la provincia han sido incapaces de sacar adelante los planes de pago a los proveedores porque no cuentan con una mayoría de gobierno suficiente que les permita frenar el boicot de la oposición. El caso de Santa Fe, con la ‘colaboración’ de una tránsfuga, es alarmante: despido de trabajadores, subida de impuestos, nóminas de septiembre en el aire y quién sabe si algún funcionario terminará barriendo las calles.

Repasen la hemeroteca y sumen los ejemplos que quieran. Porque no son casos aislados; son dinámicas. Todavía estamos sufriendo las consecuencias de haber retrasado los Presupuestos del Estado hasta después de las elecciones andaluzas por intereses partidistas, la lentitud e inoperancia de Europa para resolver la crisis del euro la pagamos cada mañana sucumbiendo a la voracidad especulativa de los mercados y el teatro de confusión, medias verdades y rectificaciones en que vive el Gobierno no conduce más que a un permanente estado de cabreo. Sí, hasta el gorro.

Sería una tomadura de pelo que la comisión de investigación de los ERE se cierre en Andalucía sin que den la cara los máximos responsables del Ejecutivo andaluz tras una larga década de fraude. Y es impresentable, ya, que se haya dado carpetazo al ‘circo Dívar’ sin que el mayor representante de la Justicia española tenga “conciencia” de haber hecho algo incorrecto y se vaya entonando la teoría de la caza de brujas y la conspiración sin asumir culpa alguna por sus ‘escapadas caribeñas’. No son “minucias”; es la degradación máxima de la decencia. Como lo es que pasemos la página de Bankia tapando el agujero del ladrillo con los 62.000 millones del no-rescate sin hacer ni una sola pregunta a los Rato, Blesa, MAFO y compañía.

Otro Defensor del Pueblo, el europeo, se ha sumado esta semana a la llamada a la conciencia de Chamizo publicando una guía de conducta ética para funcionarios –que deberíamos extender a políticos, empresarios, sindicatos, banqueros…– y reivindicando unos principios tan básicos como olvidados: que las instituciones están para servir a los intereses de los ciudadanos; que no se deben aceptar regalos ni condicionamientos financieros; que hay que actuar con rapidez y estar dispuestos a corregir errores… Diamandouros hablaba de compromiso, integridad, objetividad, respeto a los otros, transparencia… Abran el periódico por cualquier página. No es gratuito ni una exageración: estamos hasta el gorro. Se podrá decir más alto pero no más claro.

Universiada, ¿por qué no?

Magdalena Trillo | 9 de octubre de 2011 a las 8:28

En el Centro Lorca aún no sabemos en detalle ni cuánto dinero falta para terminar el edificio. La comisión técnica ha concluido esta semana el informe prometido pero no se dará a conocer hasta que se presente al Consejo Rector; de momento, sin fecha. Las obras del Metro siguen empantanadas y la financiación se complica ahora un poco más: la Junta no puede avalar el crédito de 260 millones que iba a ‘salvar’ la infraestructura y sólo queda la esperanza de ver reflejados en sus presupuestos de 2012 los 130 millones que exige Europa para liberar la inversión. Mientras tanto, malabarismo financiero y desesperación.

El AVE, por más que ajusto los plazos, no logro verlo en Granada en 2013 como quieren los socialistas. Como mínimo en 2014 y, por supuesto, sin estación. Más aún cuando el Ayuntamiento ya ha advertido que no va a seguir acudiendo a reuniones para hacer el “paripé” y que esperará a que Rajoy gobierne en Madrid y Arenas en la Junta para resolver sus grandes proyectos. No obviaré que esta misma semana Fomento ha adjudicado el primer tramo de la variante del AVE por Loja y que la Junta ha aprobado una partida de 30 millones para el Metropolitano. Pero seamos realistas; no es suficiente. Sólo falta que Bruselas anuncie oficialmente que el Corredor Ferroviario no pasará por la Costa de Granada para sumirse en la depresión. Aunque parece difícil, aún queda la esperanza de que no se quede en Cartagena –como filtraba esta semana un diputado de CiU– y llegue hasta Algeciras pasando por el interior de la provincia. Sería, al menos, medio fracaso.

Si a la radiografía de grandes proyectos enquistados sumamos los retrasos de la A-7, recordamos que el Teatro de la Ópera ya duerme el sueño de los justos, que la crisis ha cortado las posibilidades de inversión millonaria que prometía el Milenio, sólo nos queda llorar. O rezar.

Como soy optimista y algo escéptica con las intercesiones divinas, no voy a hacer nada de ello. Busco un resquicio de ilusión y, cosas de la vida, lo encuentro en la Universiada. Los culpables tienen nombre: Aurelio Ureña y Pablo Luque. Me han convencido. ¿Síndrome de Estocolmo? Tal vez. Después de dos horas de conversación, y de someterlos al tercer grado (informativamente hablando), me pongo la camiseta.

Aparte de fotos de familia y buena voluntad, pocas realidades se han logrado en los dos años que ya han trascurrido desde que Bruselas designara a Granada como sede de la competición. La vuelta del verano sólo ha traído malas noticias: la escandalosa pérdida de una subvención europea, el retraso en el pago del canon exigido por la FISU y la dimisión del hasta ahora consejero delegado, Francisco Sánchez Montes. Siendo sincera, la situación era tan crítica que el titular que esperaba para noviembre (fecha clave porque termina el plazo para pagar las cuotas) es que la Federación se replanteaba la designación y buscaba otra ciudad para acoger los juegos.

Ahora creo que hay una oportunidad. Está difícil, muy difícil, pero hay margen. Hace veinte días que Ureño y Luque se pusieron al frente del proyecto y no me pregunten cómo pero, a pocas semanas del 20-N, ya se han reunido con los interlocutores directos de las cuatro administraciones organizadoras y ya están viendo sobre planos cómo “redimensionar” la Universiada para garantizar la celebración de las pruebas con el menor coste posible (reorientando las infraestructuras previstas para que sean un legado deportivo viable para la ciudad y explotable para la iniciativa privada) y cómo lograr que tenga el mayor impacto posible en la generación de riqueza en la región y en la proyección de Granada como destino turístico y deportivo de primer nivel.

Parten con cierta ventaja: al margen de penalizaciones, es a nuestros políticos a quienes ya no les queda margen para asumir el ridículo y la imagen de incompetencia que supondría otro fiasco. De momento, la Universiada es el único acontecimiento deportivo internacional que hay convocado en 2015. No es el Mundial de Fútbol, no nos sacará de la pobreza ni será la solución para los cien mil parados granadinos, pero es lo que hay. Por qué no empezar creyéndonoslo.

Saber perder

Magdalena Trillo | 3 de julio de 2011 a las 9:37

No sé qué hacer con la camiseta de Olas de energía ciudadana que tengo en el armario. Soy cordobesa y Donosti nos ha arrebatado el sueño de la Capitalidad Cultural. Nada me hubiera gustado más (y nada me hubiera dado más envidia viviendo en Granada) que escuchar al presidente del jurado pronunciar el nombre de Córdoba. No tengo ninguna duda sobre su potencial como destino cultural, sobre el apoyo ciudadano ni sobre la solidez del proyecto. Pero empiezo a preocuparme… Si continúa la escalada de movimientos ‘a lo Belloch’, ¿alguien puede acusarme de hacer apología del terrorismo por lucir mi camiseta?

La Capitalidad es un concurso. Uno más. Politizado. Como todos. Desde las Olimpiadas y los Mundiales de Fútbol hasta Eurovisión. Y, como en todos los concursos del mundo, la participación es libre, se conocen las reglas de juego y se asumen las consecuencias. También las políticas. Y las presiones. Cuando benefician y también cuando llevan a la frustración. No me gusta que Bildu gobierne en San Sebastián y, como a tantos, me pareció un error su legalización por el TC pero, honestamente, no puedo más que aplaudir su designación como Capital Cultural Europea para 2016. Es verdad que hubiera sido menos conflictivo, y más justo, que el jurado no hubiera ‘explicado’ la designación por una cuestión política. ¿Se debe impugnar por ello la candidatura y reclamar que se revisen los proyectos? ¿Hubiéramos aceptado deportivamente la propuesta con el anterior equipo de gobierno? ¿Nos parecerá bien en 2016 si es el PNV quien se ‘aprovecha’ de la declaración?

Granada ya se quedó con su derrota cuando Madrid arrebató el sueño de la Capitalidad en 1992. Y con la desilusión de ver cómo el Cristo Redentor de Río de Janeiro se convertía en Nueva Maravilla del Mundo Moderno dejando fuera a la Alhambra. Fue un 7 del 7 de 2007 cuando la Fundación Weber anunció en Lisboa el resultado del concurso. Más de cien millones de votos y, cuentan, algún que otro maletín… Lamentablemente, empezamos a sumar una larga tradición de fracasos. Los últimos, a cuenta de los Campus de Excelencia. Aún seguimos lamiéndonos las heridas viendo cómo despega el proyecto de Málaga y Sevilla.

En 1992 al menos hubo premio de consolación. Nos otorgaron el título honorífico de Capital Cultural de Andalucía. Ahora lo proponen para Córdoba. ¿Se lo van a quitar a Granada? Si Málaga recupera su proyecto para la siguiente edición y pierde, ¿también se nombra Capital Cultural? ¿Y Sevilla? ¿Hacemos otro concurso regional para ver quién se lo merece más? ¿Nos rotamos el título a golpe de derrotas?

Uno de cada cuatro turistas que visita Andalucía lo hace por nuestra oferta cultural. Por el atractivo de sus capitales y ciudades como Ronda, Úbeda y Baeza. Miles de visitantes que generan unos ingresos anuales superiores a los 2.200 millones de euros. El potencial lo tiene Andalucía, como destino global, como región, y no parece que el camino sea generar (más) agravios entre provincias.

Además. Seamos francos. No hay dinero. Y, si lo hay para Córdoba, que explique la Junta por qué el Centro Lorca sigue sin abrir sus puertas (se debió haber inaugurado hace un año y aún hoy buscan el modo de terminar la obra), por qué Granada no puede tener un Teatro de la Ópera (el proyecto del japonés Kengo Kuma sigue durmiendo en algún cajón), por qué no se resuelve el conflicto del Centro Guerrero, por qué se mendiga con el Milenio, con la OCG y con el Festival de Música y Danza o por qué se retiran todas las ayudas a iniciativas de tanta tradición como el Festival de Jóvenes Realizadores.

El título ‘oficial’ de la Capitalidad se traduce en fondos europeos para la ciudad elegida, inversiones del Ministerio y se anima a la iniciativa privada. Hubiera ganado Córdoba, Granada y Andalucía. ¿Alguien puede explicar para qué ha servido el título de consolación del 92?

Encuestas

Magdalena Trillo | 27 de febrero de 2011 a las 11:53

Torres Hurtado podría irse hoy de vacaciones y volver al día siguiente de las elecciones para contar cuántos concejales más cambian de bando en la Plaza del Carmen. Sin quitarse el sombrero. Sin necesidad de programa, mítines ni carteles. Al estilo durmiente de Rajoy.

Dicen los socialistas que hay partido, pero habría que preguntarles si todos juegan con la misma camiseta. Sería una buena explicación para los titulares catastróficos de la semana. Y para el espectacular resultado electoral del 22-M que vaticina una supuesta encuesta interna del PP: los populares ampliarían aún más la mayoría absoluta subiendo de 16 a 18 concejales, el PSOE se daría un batacazo cayendo a los 6 (ahora tiene 9) e IU remontaría con 3. Un escenario ficticio que nada tiene de cierto (me aseguran en el PP que no tienen encuestas locales ni saben de dónde salen estos números que no dejan de circular), pero que nada tendría de descabellado.

Visiblemente indignado lo advertía el miércoles el compañero Agustín Martínez en el informativo de Granada Televisión: “Paco Cuenca debe estar pensando en tirarse por el Tajo del Pollero”. No seremos alarmistas, pero hay que reconocer que no le ayuda demasiado al candidato socialista desayunarse el mismo día con el bloqueo sine die del Centro Lorca (con reproches incluidos entre Junta y Gobierno) y la amenaza de las constructoras del Metro de abandonar las obras y dejar toda la capital empantanada. Y todo gracias a los ‘suyos’.

En los dos casos se pueden discutir culpables e introducir matices, pero hay dos realidades: en seis meses no han sido capaces de encontrar una salida al problema de financiación del edificio de La Romanilla y las adjudicatarias del Metropolitano están desde agosto sin cobrar. Las catorce UTEs, las decenas de subcontratas (muchas a punto de la quiebra) y los cientos de trabajadores y familias que viven del Metro. Por mucha utilización electoralista que se esté haciendo de los temas (que la hay), es difícil no coincidir con el PP cuando habla de “nefasta gestión”. Y, desde luego, no parece que se pueda admitir como excusa que el problema de liquidez es compartido…

Si unos y otros siguen ayudando en la misma dirección, el desgaste de la marca PSOE agrava la derrota socialista y no hay sorpresas en las comarcas de Loja, Guadix o Motril, el equipo de Torres Hurtado y Sebastián Pérez aumentará su porcentaje de votos en la capital y en el cinturón y la Diputación cambiará de signo tras más de tres décadas de gobierno socialista. Precisamente, el Barómetro que hoy publicamos todos los diarios de Grupo Joly constata el avance del PP en toda la comunidad (se sitúa ya en 10,2 puntos de ventaja sobre el PSOE) y refleja también que donde los socialistas están peor es en Andalucía oriental.

En Granada, el que se ha puesto ahora a remar a contracorriente es Blanco, dándole más color político que nunca a las vías del AVE y con un talante resolutivo capaz de trastocar el escenario para las autonómicas y generales. Sueñen: la Autovía del Mediterráneo en funcionamiento, la Alta Velocidad a punto de llegar, el Metro terminado, el Centro Lorca abierto… Todo lo que hoy es ciencia ficción.

Tan ficción como dar ya por vencedores a Arenas y Rajoy. Si a los logros ‘locales’ de aquí y allá le vamos sumando cierta recuperación económica, un respiro en las cifras del paro, la estabilización del sistema financiero, el saneamiento en las administraciones, el fin de ETA… no deberíamos descartar que Griñán pueda sostenerse al frente de la Junta y hasta Carme Chacón o Rubalcaba tenga alguna posibilidad de mantener La Moncloa. Aunque sea en el Estado del Medioestar que diría Llamazares.

Turistas

Magdalena Trillo | 16 de enero de 2011 a las 11:57

En 2004 hubo 763 millones de desplazamientos por el mundo, en 2008 fueron 924 millones y en 2020, según las previsiones de la Organización Mundial de Turismo, serán 1.600. La pregunta para cualquier ciudad, tanto hoy como en el siglo XVI cuando los primeros ‘tour-istas’ se lanzaban a la aventura, es la misma: cómo conseguir que el viajero elija tu destino. La respuesta, por supuesto, es completamente diferente cuatro siglos después.

Hoy no hablamos de productos, hablamos de experiencias. Los turistas no quieren una oferta fabricada para ellos, quieren callejear y disfrutar como un ‘nativo’ más de una ciudad auténtica que refleje su identidad y singularidad. El turista no quiere ser sólo un espectador; quiere ser partícipe, experimentar de las costumbres y actividades locales, comer en los restaurantes de moda, ir de compras… todo menos renunciar a la emoción.

En Granada, la Alhambra es uno de los organismos que más ha apostado por el turismo de la experiencia. Lleva varios años sumando a la oferta puramente turística la educativa y la cultural y los resultados ya están sobre la mesa: más de 3,3 millones de personas contabilizadas en 2010 (2,1 millones fueron turistas) consolidando su liderazgo como monumento más visitado de España. Pone fin a dos años de números rojos y empieza a vislumbrar la salida a la crisis. Un estudio sobre el perfil del visitante zanja además el viejo mito del ‘excursionista’; ese turista que venía de Málaga en autobús, cargado con su mochila y su bocata, para no hacer más gasto que la entrada a la Alhambra. Tres de cada cuatro viajeros pernoctan en Granada. Esa es la realidad.

Pero, cuando ‘bajan’ a la capital, encontrarán las casas vacías y abandonadas del casco histórico, descubrirán la situación de degradación del Albaicín y el Sacromonte o se chocarán con la inestable programación cultural… Mucha cultura que mostrar y pocas políticas que combinen las medidas de protección, recuperación y adaptación del patrimonio con el diseño de un producto tan atractivo y sólido como lo fue en su día el ‘sol y playa’.

El documento Panorama 2020 recoge un análisis sobre el modelo turístico que refuerza esta idea: “Falta atención a la estética en general de los centros urbanos, los turísticos y los recursos culturales; deficiente señalización en vías de comunicación y turísticas, bajo nivel de integración entre los distintos modos de transporte…”. ¿Les suena el diagnóstico?

Es el triángulo de la cultura, el turismo y el desarrollo urbano el que actúa como dinamizador de las ciudades. Desarrollo y sostenibilidad. Un reto en el que la arquitectura de vanguardia (como podría ser la estación del AVE de Moneo si se construye) y los equipamientos culturales (como el futuro Centro Lorca si se termina) están funcionando como elementos de regeneración urbana, económica y social. Son referentes Dubai y Chicago, pero miremos hacia Bilbao, Valencia o Barcelona.

Granada estará esta semana en Fitur presumiendo de su atractivo como destino turístico. Está claro que no es el momento de dejar de invertir en promoción, pero tal vez el camino no sea con el ‘escaparate político’ que sigue siendo la feria de Madrid. “Hay que estar”. Esta es la premisa que enarbolan todas las instituciones. Pero cómo, con qué estrategia, con qué sinergias. ¿Para ‘vender’ Granada como destino turístico o para salir en la foto y hacer campaña?

Cuando el año que viene el PP gobierne en la Diputación (como parece) podríamos preguntar a sus ‘compañeros’ del Ayuntamiento que expliquen por qué ya será rentable –y hasta necesario– ir juntos a Fitur. ¿Se imaginan qué pasaría si Sebastián Pérez reanudara las negociaciones con Ryanair? Parece obvia la respuesta.

¿Responsabilidad o electoralismo?

Magdalena Trillo | 9 de enero de 2011 a las 11:52

Cuesta reconocer a Torres Hurtado cuando reclama austeridad, rechaza proyectos ‘faraónicos’ y pide sentido común en la gestión de los fondos públicos. Lo hizo este martes al criticar el estudio de detalle remitido por el Ministerio de Fomento para integrar el AVE en la ciudad y construir la estación diseñada por Rafael Moneo. 765 millones de euros. “Una barbaridad”. “Una tomadura de pelo”. ¿Un proyecto demasiado ambicioso para Granada? ¿Demasiado AVE para una ciudad que lleva décadas con infraestructuras tercermundistas?

No es compatible la nueva postura del alcalde sobre la Alta Velocidad con la política del agravio que tanta rentabilidad le ha reportado en los últimos ocho años de gobierno municipal. Recordarán a Torres Hurtado nada más ganar las elecciones denunciando el desprecio y abandono de la Junta hacia Granada y exigiendo actuaciones de primera. ¿Ahora queremos un AVE de juguete? ¿Un AVE de segunda? ¿Un AVE que deje La Chana partida por la mitad? ¿Un AVE sin conexiones porque los trenes han de guardar turno para llegar a la estación?

Cuesta reconocer en este Torres Hurtado al Torres Hurtado de las granadas gigantes en las rotondas de entrada a la ciudad. Al Torres Hurtado que, nada más llegar a la Alcaldía, puso en marcha el premio de poesía en lengua hispana con mayor dotación del mundo. Al Torres Hurtado que reformó con pólvora de rey la Gran Vía y colocó estatuas de vértigo en la Avenida de la Constitución. ¿Tienen en la memoria el tamaño de la cabeza del Gran Capitán? Esa es la dimensión, las aspiraciones, la ambición, con la que hasta ahora ha trabajado el equipo de gobierno. ¿Ahora toca responsabilidad o electoralismo?

Cuesta creer que no hay un trasfondo político –o una verdadera situación de bancarrota municipal– que justifique esta nueva querencia por lo mediocre. Ahora toca decir ‘no’ al AVE de Moneo dejando otra vez en el aire uno de los proyectos que más impacto social y económico van a tener en la Granada de las próximas décadas. ¿Le van a pedir al arquitecto que reforme su proyecto para ajustarse a la pequeñez de Granada?

Es cierto que hay una cuestión que es necesario aclarar: si el proyecto presentado es realmente asumible. Despejadas las dudas sobre las consecuencias de la Orden Ministerial aprobada por Fomento imponiendo más ajustes en la obra pública –ayer mismo se aclaró que no afecta a Granada–, habría que preguntarse si el Gobierno tiene liquidez para afrontar su parte del presupuesto millonario.

Siendo honestos, no sólo el Ayuntamiento se ha visto obligado a ‘ahogar’ sus ambiciones. Ahora también toca renunciar al Teatro de la Ópera –la Junta tampoco tiene dinero–, la A-7 sigue bloqueada, nos permitimos el lujo de dejar empantanado el Centro Lorca –aquí la culpa está repartida entre todas las administraciones– y hasta se nos ocurre despreciar una infraestructura tan vital como el aeropuerto animando a granadinos y turistas a que viajen desde Málaga. ¿Recuerdan las ‘recomendaciones’ de la concejal de Juventud?

Casi nos quedamos sin Centro Guerrero, el Palacio de Hielo de la Universiada no ha dejado de ‘encoger’ y el Milenio, con más voluntad que inversiones, intenta sortear la crisis reforzando un calendario cultural que sigue hundiéndose y olvidándose de aquellos macroconciertos que colocaban Granada en la primera línea de la escena musical española.

La Alhambra sigue en pie, Sierra Nevada tira del turismo y el Parque de las Ciencias continúa creciendo. Tal vez sean esas las mayores ambiciones a las que podamos aspirar. ¿Nos hemos muerto de fracasos?

A medias

Magdalena Trillo | 12 de diciembre de 2010 a las 11:38

HACE dos décadas era casi una locura. Hoy, el Parque de las Ciencias de Granada se ha convertido en un modelo de gestión para Bruselas y en un referente en la oferta de ocio de toda Europa. Un ‘museo estrella’ que sigue empeñado en ser el Guggenheim del Sur. Un museo que nada tiene que ver con los centros que viven de cenicientas de la cultura…

La historia empezó en 1990. Ernesto Páramo, un gallego licenciado en Derecho más fascinado por las leyes de la vida que por las del hombre, convenció al Ayuntamiento para que apoyara la construcción de un museo científico. Entonces sólo había dos experiencias similares en España: una en La Coruña y otra en Barcelona. Jara no dudó en ‘comprar’ la idea y en mayo de 1995 abría sus puertas el primer museo científico de Andalucía. Tal ha sido su evolución que, con apenas diez años, se tuvo que proyectar la ampliación con la Cuarta Fase y ahora, desafiando las políticas de ajustes, se pone sobre la mesa un nuevo proyecto.

Es la Quinta Fase. El Biodomo. La casa de la vida. Tendrá una inversión superior a los 12 millones de euros y estará terminado para 2013. Para el Milenio. El consejero de Educación aprovechó el viernes el acto de premios y distinciones de la Diputación para realizar el anuncio. Se construirá en enorme acuaterrario y se “meterá vida” en el centro. Era la pata que faltaba. Un espacio para la diversidad. Para perseguir, por ejemplo, una gota de agua desde que cae en Sierra Nevada hasta que llega a Sanlúcar y se pierde en el mar.

La inversión millonaria no ha caído del cielo. Páramo ha sabido pescar. La eficiencia con que se han gestionado los fondos de la Cuarta Fase se recompensa ahora, justo en el ecuador del programa 2007-2013, con una nueva partida. Es la Regla del N+2: el reajuste que aplica Europa para premiar (y castigar) la ejecución de los presupuestos comunitarios.

Mañana, el Consejo Rector mantendrá una reunión para analizar el plan de actividades, aprobar el presupuesto de 2011 y evaluar el pacto económico alcanzado entre el Ayuntamiento y el Consorcio para zanjar de una vez la historia de las deudas. En ese contexto, Álvarez de la Chica lanzará la idea de abordar la Quinta Fase y sólo hay dos cuestiones que podrían ensombrecer el proyecto.

La primera es la incógnita sobre qué dirá Ayuntamiento (PP). Pese a su predilección por Fray Leopoldo, no parece lógico que ponga obstáculos a uno de los pilares de la oferta cultural y turística de la ciudad y, menos aún, a recibir una inesperada inyección de dinero. La segunda cuestión es urbanística. Para ejecutar el Biodomo hay que aprobar el nuevo PGOU y activar ya el ‘destierro’ de Urende. Nada es insalvable.

Confiando en que se imponga el sentido común, por encima de intereses partidistas y de estrategias electorales, parece poco discutible que una noticia de este tipo sea recibida con un apoyo sin fisuras de todas las administraciones y de la propia sociedad. Confesaremos, sin embargo, que no era la buena noticia que esperábamos escuchar el día en que la Diputación hacía Hija Adoptiva a Laura García-Lorca. Más aún, si tenemos en cuenta que estaban representadas las dos instituciones que siguen dilatando el acuerdo para terminar de financiar el Centro Lorca.

El ahora ministro Manuel Chaves ha sido uno de los grandes impulsores del proyecto. La sobrina del poeta lo sabe y tal vez por ello su rostro se transfiguró cuando escuchó el anuncio. Hay dinero para un nuevo proyecto pero no para acabar uno que debería estar funcionando desde hace años.

No se trata de competencia. Se trata de justicia. De hacer algo tan sencillo como no dejar los trabajos a medias. El Parque de las Ciencias verá su casa terminada en 2013. Todos lo celebraremos. Pero, ¿no era el día de poner fecha, esta sí definitiva, para inaugurar el Centro Lorca y hacer posible que el legado lorquiano vuelva a Granada?