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Moderación

Magdalena Trillo | 2 de febrero de 2014 a las 10:33

Después de Pedro J.? Con muchísimo menos revuelo mediático, en diciembre se produjo un importante relevo al frente de uno de los periódicos que han escrito la historia de este país: La Vanguardia. El director de Comunicación del Grupo Godó, Márius Carol, sustituía a José Antich en una estrategia de la empresa editora para desmarcarse del proyecto independentista de Mas y virar a la moderación. La operación habría comenzado el 27 de octubre con un contundente editorial en el que apelaba al diálogo y al pacto: “Cuando la tensión parece imponerse como método y estado de ánimo, ha llegado la hora de reivindicar la moderación”.

Dos meses antes, el posicionamiento del diario más influyente de Cataluña, uno de los más leídos en España y un referente histórico para el sector periodístico, había sido de apoyo sin fisuras al movimiento soberanista: en 2009 firmó junto con otros once diarios catalanes un editorial único contra el Constitucional, en las autonómicas llamaron a apoyar el independentismo de CiU el día de reflexión y, en los últimos meses, se había elevado el tono político en paralelo al creciente movimiento soberanista de la Generalitat.

Pilar Cernuda interpretó entonces que fue el Rey quien propició el giro en una dura reunión que mantuvo en la Zarzuela con el conde de Godó -Javier Godó es el actual propietario de La Vanguardia- en la que le habría recordado lo profundamente monárquico y español -además de catalán- que era su padre y lo avergonzado que se sentiría hoy con la deriva del periódico. Esto fue antes del verano y, al parecer, mucho tuvo que ver con el posterior ingreso en la UCI del editor. El caso es que el 18 de diciembre Antich se despedía de los lectores y, al día siguiente, Carol debutaba defendiendo el periodismo como pilar esencial de la democracia.

El viernes sumé a mi carpeta de defunciones el editorial y la portada de El Mundo anunciando con estridencia la sustitución de Pedro J. Ramírez por García-Abadillo -vicedirector y su mano derecha hasta ahora- y hoy añadiré la ‘carta de los domingos’ con la que el periodista riojano seguirá vinculado al diario confiando en que aporte algunas claves de lo que Unidad Editorial vende como un “relevo de continuidad” y la competencia entiende como una destitución pactada con el grupo propietario -el consorcio italiano RCS- ante una situación técnica de quiebra y el fracaso de la estrategia de expansión multimedia.

Las teorías conspiratorias empiezan aquí. También la ‘película’ de quien se ha convertido en uno de los personajes más mediáticos de este país. Y es que la crónica de su salida tiene más de guion cinematográfico que de página empresarial: “Unos paquetes de folios tirados en mitad de la redacción hacen las veces de tarima para el orador. Un micrófono. Ordenadores vacíos. Periodistas arremolinados. Aplausos…” Pedro J., con sus virtudes, su egocentrismo y sus excesos, deja claro que no se marcha a voluntad y enciende el debate con supuestas presiones del Gobierno y del PP para quitarlo de en medio por la agresividad de la campaña con el caso Noos y Bárcenas.

Desconozco la fontanería del cese, pero sería fácil intuir que no será una sola causa-efecto; que ni los gobiernos ponen y quitan hoy directores de periódico ni la situación económica de un medio se soluciona con un relevo en la cúpula. Pensándolo bien, si se trata de conspirar, más capítulos debería dar La Vanguardia con mediación ‘real’ incluida y un Márius Carol diciendo con Oscar Wilde que “puede resistirlo todo menos la tentación”… Lo arregla unas líneas más abajo rindiéndose a Bogart en El cuarto poder. Han pasado sesenta años de la película de Brooks sin que pierda ni sentido ni intensidad la alocución del director de El Día ante el mafioso que intenta comprar el periódico para silenciarlo… V

uelvan a verla si pueden. Se ha perdido por el camino el toque bohemio del oficio, ya no hay tabaco ni petacas en las redacciones -¡somos muchas más las mujeres!-, pero las tensiones con el poder, los dilemas y los conflictos son los mismos. El periódico catalán titulaba su editorial de ‘reconciliación': ¿Quién teme a los moderados? Y está bien reclamar cordura y sensatez. Lo que da miedo es el coste. Si lo hacemos con mordazas, anteponiendo intereses económicos a los periodísticos y relajando nuestra vigilancia como cuarto poder. Si largan a Pedro J. para que El Mundo sea moderado… y se calle. Si abogamos en exceso por un periodismo “neutral” y adocenado que termine por no ser útil a la sociedad.

Manipulación, a solas con Pedro J.

Magdalena Trillo | 9 de febrero de 2009 a las 22:59

 

 

IBA a hablar del consejero Griñán. De su  fascinación por Obama y de sus recetas  contra esa crisis “inédita, imprevisible,  exasperante y cabreante” que acapara titulares,  mantiene ocupados a los políticos  y deja sin dormir a quienes de verdad la sufren: los parados.

 

Pero la foto de Soraya ha podido con la crisis. Bien lo sabe Pedro J. cuando ha optado por recurrir al cóctel fácil de sexo, imagen  y política para situarse en primer plano de la actualidad, para dar una supuesta lección a  Rajoy y dejar claro que, cuando se trata de manipular, pocas personas son capaces de tanto.

 

Por supuesto que no. ¿Lo primero? Convencer a la parlamentaria del PP para que pose de modelo  en las páginas del Magazine del domingo con una imagen “sugerente” e “íntima”.  Bien. Vestido negro vaporoso e insinuante,  hombros y escote al descubierto, peinado y  maquillaje de mujer fatal, piernas semidesnudas  y provocadoras.

 

La imagen podría describirse con los mismos adjetivos que Griñán aplicó a la crisis en su conferencia de Granada. ¿Inédita e imprevisible? Por supuesto. ¿Exasperante y cabreante? Pero no por la foto en sí  misma sino por la intrahistoria de la imagen.

 

En el almuerzo de Caja Rural al que acudió  Griñán, la foto de Soraya le robó buena parte  del protagonismo al discurso económico. Era  la comidilla en los corrillos de políticos y periodistas.  Esa misma mañana, El Mundo había  publicado en portada la polémica foto y  comenzaba el revuelo: la engatusa y luego la  traiciona. A continuación se vanagloria de  que “no se habla de otra cosa” y aprovecha, cínicamente,  para criticar al PP por sus “contradicciones”  en sexo e imagen.

 

No falta ni un solo ingrediente para ‘alimentar’ a hipócritas y machistas. De paso, echa un pulso al PP -últimamente  van demasiado por libre…- y da un  empujón a la edición del diario.  Pero lo que cabrea de la foto de la portavoz  del PP en el Congreso no tiene nada que ver  con el discurso feminista ni con los estereotipos  simplistas de la mujer que siguen recordándonos  el “trecho” -como confesó el  propio Rajoy- que aún queda por recorrer.

 

Cabrea que  se nos manipule para mayor gloria de un conspirador. ¿Es que Pedro J. no se preocupa  de su imagen? ¿Su admirado Aznar está a  salvo de críticas? En tal caso, no tendremos en  cuenta los cambios de peinado con que sorprende  cada poco tiempo, ni sus acentos exóticos,  ni sus cambiantes tonos de piel, ni el abdomen de  “tableta” del que solía presumir… 

 

Cuando las ministras del primer Gabinete de ZP posaron para Vogue al inicio de la primera  legislatura, Pedro J. abrió una cruzada contra  ellas; el mismo talante cínico que recuperó  hace unas semanas cuando su medio criticó a  Carme Chacón por acudir con chaqué a la Pascua  Militar. “La ministra en pasarela”, tituló entonces. ¿Los ministros no posan? 

 

Quería hablar de crisis y al final lo he hecho.  Aunque de otra crisis. La de principios y valores;  de credibilidad y de moral. Sólo me surge  una duda:el temor de contribuir al éxito y no al descrédito de quienes juegan a ser Dios.