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La nostalgia del cambio

Magdalena Trillo | 1 de febrero de 2015 a las 11:17

Elija el “cambio” que más le interese, póngale el rostro que más le apetezca y vaya pensando a quién votar el 22 de marzo. Tanto hemos prostituido y distorsionado la palabra que todo cabe en seis caracteres: la derecha que quiere acabar el “régimen socialista” con la “oportunidad de cambio” que representa Juanma Moreno, los ‘susanistas’ que se encomiendan al indiscutible liderazgo de su secretaria general para esquivar el declive de sus propias siglas sin que se note que son los ‘mismos’ los que llevan tres décadas gobernando en Andalucía, los damnificados de IU que han visto cómo Podemos se apropiaba de su programa, de sus militantes y de su espacio electoral al mismo tiempo que eran ‘desahuciados’ de San Telmo y, por supuesto, los ‘extremistas’ de Podemos a los que se intenta demonizar como un peligroso virus capaz de frenar la esperanzadora recuperación mientras ellos, con su “marcha por el cambio”, vuelven a demostrar a pie de calle que tienen el apoyo de la gente.

La pregunta que muchos analistas se hacen estos días es si Pablo Iglesias despierta la misma ola de simpatía y complicidad ciudadana que en los 80 logró aquel jovencísimo Felipe González que, con su pelo desenfadado, sus pantalones de campana y su chaqueta de pana, surgió de Suresnes suscitando tanto temor en la esfera empresarial como hoy desata ‘El coletas’ en los mercados. Porque entonces también eran radicales, provocadores e ilusos. La dosis de mercadotecnia tal vez fuera menor pero también la sociedad española era otra. Si tenemos en cuenta el cambio generacional, el letargo de entonces y la sobreexposición mediática de ahora, puede que lleguemos a una radiografía muy similar.

Y seamos realistas. En frente de Pablo Iglesias no está Pedro Sánchez, está Susana Díaz. Hacía demasiado tiempo que los socialistas no recibían el calor de la calle y el motivo es sólo uno: esa ‘fontanera’ felizmente embarazada que tan nervioso ha puesto al PP. Los selfies se unen a besos y abrazos (¿no va a coger la gripe con tanta exposición?) haciendo más nítida la respuesta. La presidenta lo sabe. Es su mejor encuesta. Ha conectado con los andaluces y está convencida de que va a tener ‘su’ oportunidad. El ‘efecto Susana Díaz’ es tan potente en cualquier pueblo de nuestra comunidad como lo es el ‘efecto Podemos’ en las ciudades. Si la astucia y la estrategia es un valor en política, ella va tan sobrada como Pablo Iglesias de oratoria.

Esta misma semana volvió a demostrarlo en Fitur cuando se unió con exultante naturalidad a la comitiva real y luego no cayó en la ‘trampa’ que le habían preparado en el stand de Granada: nada de desplantes, le zampó dos efusivos besos a Sebastián Pérez, hizo campaña en territorio hostil y allí los dejó… Unas horas antes, era el propio presidente del Gobierno el que despertaba del “letargo invernal” -Susana Díaz casi le contestó en directo a las acusaciones de que va a utilizar Andalucía de “trampolín” para disputarle La Moncloa- para despejar el camino a su ¿sólo “prometedor”? candidato para Andalucía.

Pero, sinceramente, no sé si le ayudó o se lo puso más difícil. Juanma Moreno todavía no ha convencido ni a los suyos de que es el cabeza de cartel que necesitan cuando tienen que enfrentarse a una líder nata y convencer de que la oposición en nuestra comunidad ni está en manos de la juez Alaya ni necesita que se la hagan desde Madrid.

Después del espoleo de Aznar, tal vez haya entendido Rajoy que va tener que bajar a la arena política, tomar decisiones -¿cuánto más tienen que esperar ¡los suyos! para saber si están dentro o fuera de la partida?- y explicar mucho mejor si en su hoja de ruta realmente está la opción de victoria. Sigo sin ver razones claras para el adelanto, pero bienvenida sea la campaña si logramos que aflojen el cinturón, que nos ‘animen a votar’ restituyendo algo de lo perdido y nos devuelvan la ilusión de creer que un cambio real es posible.

Cuando Felipe González protagonizó la ‘movida’ de los 80, los que hoy se disputan la batuta de la transformación estarían estrenando la EGB. A todos nos interesa que 2015 sea un año para sumar, no para restar, y que el ‘cambio’ que todos enarbolan vaya más allá del relevo generacional. Sin la volatilidad de la moda y sin la nostalgia de lo que fue.