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OCG: la Granada cultural hace aguas

Magdalena Trillo | 21 de enero de 2018 a las 10:30

En 25 años de trayectoria, tanto pesan en la OCG los momentos turbulentos de flirteo con la bancarrota como los excelsos de las primeras figuras internacionales, las giras europeas y las grabaciones históricas. Ahora toca sufrir. Empezamos en 2012 con los recortes de la crisis y, una década después, la situación es de agonía. No hay dinero “ni para pagar un taxi”. Las últimas temporadas se han puesto en pie tirando de amigos y a golpe de voluntarismo. El problema, para empezar, son las nóminas. Pero es también la renovación de los instrumentos. Y el vestuario. Y los gastos de funcionamiento. Y, por supuesto, la programación.

Cerramos hoy una larga semana en Fitur en la que Granada se ha vendido como uno de los mejores destinos de turismo cultural de toda Europa: la ciudad de la literatura y de los festivales; la ciudad de la música; la capital cultural del 2031 aunque el título aún no sea oficial. Los folletos de los touroperadores lo aguantan todo. Incluso esa publicidad engañosa de Granada ‘la bella’, la de postal, que poco tiene que ver con esa otra que sufrimos todos.

Y no tenemos que autoflagelarnos mirando a Málaga y sus museos de franquicia -refugio por cierto de los turistas en busca de sus acogedores inodoros-; basta mirar las telarañas del Centro Lorca, echar un vistazo a la redundante y mediocre cartelera de cine o preguntarnos dónde están los grandes novelistas e intelectuales que un día desfilaron por el Hay Festival y la Feria del Libro o esos músicos de primer nivel que, de verdad, movían al exigente público internacional. Seguimos sin saber siquiera si queremos el Gran Museo de la Ciudad -menos aún con qué y para qué- pero sí tenemos una legión de grafiteros destrozando el Albaicín.

El Arqueológico sigue cerrado, el proyecto del Teatro de la Ópera de Kengo Kuma duerme en algún cajón y buena parte de las instituciones culturales subsisten con respiración asistida -los Rodríguez-Acosta, por ejemplo, se han echado en los brazos de Junta conscientes de que no tienen recursos ni para mantener el Carmen y la Fundación Ayala camina silenciosa casi pendiente de la generosidad de la viuda del escritor-.

No es melancolía; no es ninguna enmienda a la totalidad. Importan las prioridades y el criterio en la política cultural -sólo conseguir que las instituciones no se contraprogramen y repartan sus propuestas a lo largo de todo el año para contribuir a desestacionalizar ya sería todo un éxito- pero lo que luce es el dinero. Con talonario se puede llenar teatros y estadios, programar festivales con impacto mundial y salir en las críticas más elitistas de la prensa cultural.

El Año Lorca no es suficiente. Para un accidentado mandato tal vez sí pero no para justificar la Granada cultural que vendemos como “emblema de ciudad”, como “seña de identidad” y como “palanca de desarrollo”. En ese retrato, en el horizonte del Festival de Música y Danza que firmará Heras Casado, con el aniversario del Concurso de Cante Jondo del 22, en plena carrera por la Capitalidad Europea, la OCG es uno de sus baluartes. Podemos dejarla morir -precipitar su caída a “orquesta de provincia”-, podemos parchear el problema pegando una patada a la deuda para los próximos diez años o nos lo podemos creer y buscar una solución.

Coinciden los músicos y el director, el italiano Andrea Marcon, en que la salida debe ser un acuerdo como el aprobado en Sevilla hace dos años para evitar la disolución de la Real Orquesta Sinfónica (ROSS): liquidar la deuda y poner el contador a cero. Desde el Ayuntamiento y desde la Consejería de Cultura hay sintonía -lo han asegurado públicamente esta misma semana- y “buena voluntad” para afrontar el desafío. ¿Pero habrá dinero para plasmarlo en el Consejo Rector que se celebrará a primeros de febrero?

En Sevilla no fue fácil. Los músicos llegaron a ir a la huelga y se tuvo que implicar toda la ciudad para presionar. La situación de la OCG es de quiebra técnica con una deuda cercana a los 1,2 millones que -no lo olvidemos- se ha originado por los recortes de las propias instituciones: 800.000 euros de ajuste (más del 40%) en la última década. A la plantilla se le redujo el salario y se le ha quitado una paga extra durante cuatro años seguidos. Si de verdad estamos en una fase de normalización económica -ahí está el ejemplo de la restitución de derechos en sanidad y educación-, la apuesta cultural no debería quedar relegada.

No será fácil en una ciudad al borde la intervención en la que el deporte de la oposición es tumbar cualquier iniciativa del equipo de gobierno. No será fácil en un país en el que cuatro de cada diez ciudadanos confiesan que no tienen el más mínimo interés por la cultura; que prefieren irse de fiesta antes que al teatro, a un concierto o a un museo. Y tampoco en un contexto fiscal y de políticas públicas de ninguneo a la cultura con una prometida ley de mecenazgo que nunca llega y con un IVA que sigue castigando el consumo cultural.

Ya sabemos que Montoro no está para rebajas pero al menos el debate debería volver a situarse en el foco público: en Francia más del 60% de los patrocinios son de pequeñas y medianas empresas. En Granada, y la situación es extrapolable, hay lo que hay, con las obras sociales de las cajas desaparecidas y con un puñado de empresas que llevan sobre sus espaldas la dinamización cultural sin apenas incentivos y cubriendo los amplios espacios que van dejando las instituciones públicas.

Estamos, sin embargo, en un contexto que podría animar al optimismo para la OCG: el precedente de Sevilla -allí sí se pudo y, aquí, la implicación de la (actual) Diputación debería ayudar- y el escenario electoral. La Granada de la Capitalidad Cultural necesita a su orquesta y la Junta necesita pacificar de cara a las próximas autonómicas -se adelanten o no- sin desatar otra tormenta como la sanitaria.

La experiencia podría ser clave, además, como fórmula para ensayar en otros proyectos culturales pendientes y, sobre todo, para dar contenido a la Capitalidad Cultural con propuestas que vayan más allá de la fiebre por la titulitis y de las celebraciones efímeras como ocurrió con el Milenio o la Universiada. Lleva razón Isidro Toro cuando se indigna por el nuevo “parche” que significará la reforma del Arqueológico y con la urgencia de contar con una política cultural con visión y con ambición: “No hay derecho a que las colecciones que tienen la Diputación, la UGR y el Ayuntamiento no estén al alcance de la ciudadanía”.

“Altura de miras”. El propio consejero lo pidió esta semana para el Centro Lorca con el acuerdo para la llegada del legado del poeta. Sí, pero no sólo para Lorca; no sólo para la Alhambra. Y, aunque no sean momentos tan históricos ni tan fotogénicos, con la responsabilidad de empezar tapando las muchas goteras que atenazan la Granada cultural.

Los ninja entran en política

Magdalena Trillo | 24 de enero de 2016 a las 10:32

La España que a diario retratan los compañeros de El Mundo Today empieza a parecerse peligrosamente a la España real. Al menos a la que ‘oficialmente’ recogemos en los periódicos que aún imprimimos en pesadas rotativas del siglo XIX: Felipe VI se reúne con Donatello, de las Tortugas Ninja, en su ronda de consultas; Mariano Rajoy llama a la Generalitat haciéndose pasar por un imitador de Rajoy (no ha conseguido hablar con Puigdemont porque éste tiene la agenda muy apretada); Podemos pide al PSOE que ponga pendientes a varios diputados a cambio de un pacto; Urdangarin responderá a las preguntas del fiscal escribiendo las respuestas en billetes de 500 euros; La CUP buscará a un informático para que reinicie el procés.

Son parodias y no lo son. Es un diario online satírico, con contenidos “totalmente humorísticos y ficticios”, hasta que la realidad demuestra todo lo contrario. Pienso en la sesión intensiva que nos ofrecen todos los años desde Cádiz con su carnaval, en el éxito viral que consiguen las publicaciones más irreverentes, los comentarios más mordaces, y me pregunto si alguien habrá escrito ya una tesis sobre cómo el humor nos ha salvado a los españoles. De nuevas guerras y de nosotros mismos. De nuestros sueños excesivos y de nuestros complejos suicidas.

Siempre he desconfiado de las personas que no tienen sentido del humor y siempre he creído que, al mismo nivel que la libertad, debería estar el derecho al ridículo. A provocarlo y a sufrirlo. Digo todo esto por la portada del periódico nacional que el viernes colocó a Pedro Sánchez saludando a una tortuga ninja (con un antifaz sospechosamente morado) y el revuelo que se organizó al segundo en Twitter a cuenta de los ‘medios serios’ españoles…

portada ninja

Y lo digo por el atrevimiento de los periodistas de una radio catalana para llamar a Mariano Rajoy haciéndose pasar por el presidente de la Generalitat. ¿Lo criticamos o lo defendemos? Porque cómo iban a prever en Abc el “inédito” giro de las negociaciones de investidura para formar gobierno que se produciría sólo unas horas más tarde con el líder de Podemos rompiendo la partida y el cabeza de lista del partido ganador diciéndole al Rey que se lo va a pensar mejor… Y cómo iban a esperar los bromistas de Ràdio Flaixbac que un político que lleva años huyendo de los focos y que mantiene los filtros como jefe del Ejecutivo en funciones iba a terminar poniéndose al teléfono…

En el manual del ‘buen periodista’ estaba el principio no escrito de no frivolizar con los temas importantes lo mismo que sentenciaba el refranero popular que “no se juega con las cosas de comer”. El tiempo verbal no lo tengo claro. No sé si podemos mantenerlo en la Sociedad Espectáculo de hoy y ante una Generación Márketing que respira “oxígeno, nitrógeno, argón, ácido carbónico y… publicidad”. Y propaganda. Y puro entretenimiento. No sé si es compatible con esa Generación TIC que ya ha asumido que no puede vivir al margen del mundo tecnológico de Internet, pero tampoco ser inmune a su juego.

Hace tiempo que el ‘gaming‘ dejó de estar restringido al mundo de los videojuegos. Hablar del “plasma” de Rajoy resulta prehistórico cuando, desde las universidades y desde la industria, se coquetea ya con la profecía de avatares construidos, prácticamente idénticos a personas fallecidas y copias de seguridad de nuestro cerebro subidas a la nube (no lo dice un chamán sino el director de ingeniería de Google, Ray Kurzweil, el mismo experto en inteligencia artificial que sorprendía en los 90 vaticinando la expansión exponencial de Internet).

Cuando ‘revolucionarios’ como Nicholas Negroponte, el visionario del MIT MediaLab que habló hace más de treinta años de pantallas táctiles, libros electrónicos y teleconferencias, sitúan en el terreno de lo factible que dentro de poco podamos aprender idiomas “con tan sólo tomar una pastilla”, llegando a nuestro cerebro a través del “torrente sanguíneo” y recurriendo a “nanorobots”.

Poco importa si son una secuela de los cómic de los 80 los ninja que se cuelan en la política o una imagen desde nuestro móvil en formato tridimensional. No me quedo tanto en la trascendencia de la broma como en la preocupación por el impacto final del ruido de desinformación que fluye en los medios y en las redes sociales. No sé si las hojas nos dejan ver el bosque. Si estamos destruyendo la forma intuitiva en que hasta ahora habíamos sido capaces de distinguir un buen libro de un panfleto, una noticia a cinco columnas de un breve, el artículo de un buen columnista del comentario insustancial de un youtuber quinceañero.

Todo está al mismo tamaño en el ciberespacio. A la misma distancia de nosotros. Perfectamente estandarizado. Me da la sensación de que hemos situado toda nuestra vida en una línea plana sin altibajos. Tal y como leemos en internet.

Un artículo de Vila-Sanjuán me puso el otro día en la pista de unos interesantes estudios realizado por el profesor californiano Jackson Bliss sobre el efecto que están teniendo las pantallas y las nuevas formas de acceder a los contenidos: “Leemos de manera cada vez más impaciente, con el afán de reafirmar nuestro sistema de creencias, buscando argumentos claros y concisos”. Impacientes por opinar, sumidos en la dispersión y con un creciente “efecto de amnesia” que nos lleva a olvidar no sólo las características de lo que hemos leído, sino también dónde y quién lo escribió.

Pero el envoltorio importa. Importa que la foto de Pedro Sánchez con Donatello en Fitur circule anodina por Twitter o aparezca en la portada de un periódico con el tendencioso titular de “Amistades peligrosas”. Importa qué y cómo leemos porque al final es nuestra ventana al mundo -físico y digital- y el pilar mismo de nuestro sistema de valores. Juguemos pero sabiendo que jugamos, a qué jugamos y con quién.
El viernes unos alumnos me preguntaron en clase por la portada ninja. Un grupo denunciaba que era una burda manipulación periodística -ni siquiera se habían percatado que todo surgió por una inocente foto en Fitur- y otro, hasta que la vieron perplejos en el kiosko digital, defendía que era una broma en las redes del estilo El Mundo Today. Juguemos pero siendo conscientes de que el interlocutor sabe que jugamos. Importa el qué tanto como el quién, el cómo y el para qué.

La nostalgia del cambio

Magdalena Trillo | 1 de febrero de 2015 a las 11:17

Elija el “cambio” que más le interese, póngale el rostro que más le apetezca y vaya pensando a quién votar el 22 de marzo. Tanto hemos prostituido y distorsionado la palabra que todo cabe en seis caracteres: la derecha que quiere acabar el “régimen socialista” con la “oportunidad de cambio” que representa Juanma Moreno, los ‘susanistas’ que se encomiendan al indiscutible liderazgo de su secretaria general para esquivar el declive de sus propias siglas sin que se note que son los ‘mismos’ los que llevan tres décadas gobernando en Andalucía, los damnificados de IU que han visto cómo Podemos se apropiaba de su programa, de sus militantes y de su espacio electoral al mismo tiempo que eran ‘desahuciados’ de San Telmo y, por supuesto, los ‘extremistas’ de Podemos a los que se intenta demonizar como un peligroso virus capaz de frenar la esperanzadora recuperación mientras ellos, con su “marcha por el cambio”, vuelven a demostrar a pie de calle que tienen el apoyo de la gente.

La pregunta que muchos analistas se hacen estos días es si Pablo Iglesias despierta la misma ola de simpatía y complicidad ciudadana que en los 80 logró aquel jovencísimo Felipe González que, con su pelo desenfadado, sus pantalones de campana y su chaqueta de pana, surgió de Suresnes suscitando tanto temor en la esfera empresarial como hoy desata ‘El coletas’ en los mercados. Porque entonces también eran radicales, provocadores e ilusos. La dosis de mercadotecnia tal vez fuera menor pero también la sociedad española era otra. Si tenemos en cuenta el cambio generacional, el letargo de entonces y la sobreexposición mediática de ahora, puede que lleguemos a una radiografía muy similar.

Y seamos realistas. En frente de Pablo Iglesias no está Pedro Sánchez, está Susana Díaz. Hacía demasiado tiempo que los socialistas no recibían el calor de la calle y el motivo es sólo uno: esa ‘fontanera’ felizmente embarazada que tan nervioso ha puesto al PP. Los selfies se unen a besos y abrazos (¿no va a coger la gripe con tanta exposición?) haciendo más nítida la respuesta. La presidenta lo sabe. Es su mejor encuesta. Ha conectado con los andaluces y está convencida de que va a tener ‘su’ oportunidad. El ‘efecto Susana Díaz’ es tan potente en cualquier pueblo de nuestra comunidad como lo es el ‘efecto Podemos’ en las ciudades. Si la astucia y la estrategia es un valor en política, ella va tan sobrada como Pablo Iglesias de oratoria.

Esta misma semana volvió a demostrarlo en Fitur cuando se unió con exultante naturalidad a la comitiva real y luego no cayó en la ‘trampa’ que le habían preparado en el stand de Granada: nada de desplantes, le zampó dos efusivos besos a Sebastián Pérez, hizo campaña en territorio hostil y allí los dejó… Unas horas antes, era el propio presidente del Gobierno el que despertaba del “letargo invernal” -Susana Díaz casi le contestó en directo a las acusaciones de que va a utilizar Andalucía de “trampolín” para disputarle La Moncloa- para despejar el camino a su ¿sólo “prometedor”? candidato para Andalucía.

Pero, sinceramente, no sé si le ayudó o se lo puso más difícil. Juanma Moreno todavía no ha convencido ni a los suyos de que es el cabeza de cartel que necesitan cuando tienen que enfrentarse a una líder nata y convencer de que la oposición en nuestra comunidad ni está en manos de la juez Alaya ni necesita que se la hagan desde Madrid.

Después del espoleo de Aznar, tal vez haya entendido Rajoy que va tener que bajar a la arena política, tomar decisiones -¿cuánto más tienen que esperar ¡los suyos! para saber si están dentro o fuera de la partida?- y explicar mucho mejor si en su hoja de ruta realmente está la opción de victoria. Sigo sin ver razones claras para el adelanto, pero bienvenida sea la campaña si logramos que aflojen el cinturón, que nos ‘animen a votar’ restituyendo algo de lo perdido y nos devuelvan la ilusión de creer que un cambio real es posible.

Cuando Felipe González protagonizó la ‘movida’ de los 80, los que hoy se disputan la batuta de la transformación estarían estrenando la EGB. A todos nos interesa que 2015 sea un año para sumar, no para restar, y que el ‘cambio’ que todos enarbolan vaya más allá del relevo generacional. Sin la volatilidad de la moda y sin la nostalgia de lo que fue.

De cirugías y milagros

Magdalena Trillo | 19 de enero de 2014 a las 11:18

El cirujano te realiza unas pequeñas incisiones en las comisuras de los labios y te proporciona una sonrisa permanente. Eterna. La técnica, conocida como lipt smile, se ha puesto de moda en Corea del Sur junto a otras insólitas tendencias niponas como inyectarse agua salada en la frente para generar ‘bagels’ relajantes o implantarse dientes torcidos para lograr un efecto canino. Leía esta semana un reportaje sobre tales extrañezas en las redes sociales y me preguntaba, entre incrédula y aturdida, cómo es posible que la gran preocupación para un ciudadano de estos países asiáticos sea lucir sonriente, deformarse la frente o parecerse a los protagonistas de la saga Crepúsculo.

Sólo encuentro una explicación: la crisis. La no-crisis quiero decir. Sólo con un nivel de aburrimiento desproporcionado y una absoluta despreocupación por los ingresos puedes dedicar tu escasísimo tiempo de ocio a tales excentricidades. O no. De repente me acordé de los ojos azules de Pecola. De la obsesión de una insignificante y pueblerina niña negra por escapar de su monstruosa fealdad consiguiendo unos ojos azules. Los más azules del mundo; los más bonitos del mundo. La novela de Toni Morrison tal vez sea uno de los cuentos más duros y tristes, pero también más impactantes y turbadores, que se hayan escrito en la literatura reciente sobre la belleza y el quiebro de la inocencia. Sobre el egoísmo, el autismo y la crueldad de nuestra sociedad. Sobre los insospechados caminos que cada uno tomamos para huir.

Sonrisas permanentes y ojos azules no dejan de ser una ilusión óptica, un espejismo, con el que fabricar una salida casera a la crisis. La nuestra y la de los demás. La de los números y la de los rostros. En unos casos personal, en otros colectiva; en unos casos encontrada y en otros buscada. Pero con un diagnóstico compartido: en todos los casos estamos igual de perdidos y confundidos. Impacientes, dispuestos a creer con fe ciega en las cirugías más insospechadas, por ver una luz que se resiste a llegar.

Me lo decían esta semana unos empresarios de Granada preocupados por la euforia -irreal- que se está instalando sobre la recuperación económica. La cosa está mejor pero no tanto… Lo hacían, curiosamente, a unos días de Fitur. Otro espejismo. La feria de Madrid puede que sea el escaparate menos útil para el sector turístico pero también es el más irrenunciable -por la política, claro, no por la economía-. Allí venderemos esta semana el potencial de Granada y, paradójicamente, por una vez, llegaremos con una posición no sólo de unidad sino también de fortaleza. El próximo viernes sabremos si la provincia ha sido capaz de superar en visitantes su récord histórico -otro capítulo bien distinto es el empleo y la rentabilidad- y acaba de publicarse el informe de Analistas Económicos de Unicaja situando a Granada y Málaga como las provincias que liderarán el crecimiento del PIB en 2014 en la comunidad. Compartimos un 1,5%. Por encima de la media andaluza y por encima de la media nacional. Y crearemos empleo. Inaudito; no estamos en el furgón de cola. Un milagro si nos olvidamos de la posición de partida (el desempleo escaló al 38,9% en el tercer trimestre) y refutamos la conocida Ley de Okun que hasta ahora pontificaba que no era posible crear puestos de trabajo por debajo de un 2% del crecimiento. A nivel nacional, las exportaciones están haciendo posible el milagro, a nivel local nos rendimos a los viajeros y a la agricultura.

Lo que más nos debería inquietar es cuando los analistas piden “prudencia” -la misma que reclaman los empresarios- e introducen el factor “variables” para advertir que se pueden equivocar. Tanto o más que hace seis años cuando estalló la burbuja. Repaso los titulares de periódico de esta semana y voy del liderazgo económico de Rajoy que nos ha descubierto Obama al “fin de la edad de hielo” que pronostica la directora del FMI pasando por los ‘excesos’ del responsable del Fondo de Rescate que coloca a España como “motor económico de Europa” en cinco años. A todos los veo con ojos azules y con una inmutable sonrisa. Preocúpense.

Turistas

Magdalena Trillo | 16 de enero de 2011 a las 11:57

En 2004 hubo 763 millones de desplazamientos por el mundo, en 2008 fueron 924 millones y en 2020, según las previsiones de la Organización Mundial de Turismo, serán 1.600. La pregunta para cualquier ciudad, tanto hoy como en el siglo XVI cuando los primeros ‘tour-istas’ se lanzaban a la aventura, es la misma: cómo conseguir que el viajero elija tu destino. La respuesta, por supuesto, es completamente diferente cuatro siglos después.

Hoy no hablamos de productos, hablamos de experiencias. Los turistas no quieren una oferta fabricada para ellos, quieren callejear y disfrutar como un ‘nativo’ más de una ciudad auténtica que refleje su identidad y singularidad. El turista no quiere ser sólo un espectador; quiere ser partícipe, experimentar de las costumbres y actividades locales, comer en los restaurantes de moda, ir de compras… todo menos renunciar a la emoción.

En Granada, la Alhambra es uno de los organismos que más ha apostado por el turismo de la experiencia. Lleva varios años sumando a la oferta puramente turística la educativa y la cultural y los resultados ya están sobre la mesa: más de 3,3 millones de personas contabilizadas en 2010 (2,1 millones fueron turistas) consolidando su liderazgo como monumento más visitado de España. Pone fin a dos años de números rojos y empieza a vislumbrar la salida a la crisis. Un estudio sobre el perfil del visitante zanja además el viejo mito del ‘excursionista’; ese turista que venía de Málaga en autobús, cargado con su mochila y su bocata, para no hacer más gasto que la entrada a la Alhambra. Tres de cada cuatro viajeros pernoctan en Granada. Esa es la realidad.

Pero, cuando ‘bajan’ a la capital, encontrarán las casas vacías y abandonadas del casco histórico, descubrirán la situación de degradación del Albaicín y el Sacromonte o se chocarán con la inestable programación cultural… Mucha cultura que mostrar y pocas políticas que combinen las medidas de protección, recuperación y adaptación del patrimonio con el diseño de un producto tan atractivo y sólido como lo fue en su día el ‘sol y playa’.

El documento Panorama 2020 recoge un análisis sobre el modelo turístico que refuerza esta idea: “Falta atención a la estética en general de los centros urbanos, los turísticos y los recursos culturales; deficiente señalización en vías de comunicación y turísticas, bajo nivel de integración entre los distintos modos de transporte…”. ¿Les suena el diagnóstico?

Es el triángulo de la cultura, el turismo y el desarrollo urbano el que actúa como dinamizador de las ciudades. Desarrollo y sostenibilidad. Un reto en el que la arquitectura de vanguardia (como podría ser la estación del AVE de Moneo si se construye) y los equipamientos culturales (como el futuro Centro Lorca si se termina) están funcionando como elementos de regeneración urbana, económica y social. Son referentes Dubai y Chicago, pero miremos hacia Bilbao, Valencia o Barcelona.

Granada estará esta semana en Fitur presumiendo de su atractivo como destino turístico. Está claro que no es el momento de dejar de invertir en promoción, pero tal vez el camino no sea con el ‘escaparate político’ que sigue siendo la feria de Madrid. “Hay que estar”. Esta es la premisa que enarbolan todas las instituciones. Pero cómo, con qué estrategia, con qué sinergias. ¿Para ‘vender’ Granada como destino turístico o para salir en la foto y hacer campaña?

Cuando el año que viene el PP gobierne en la Diputación (como parece) podríamos preguntar a sus ‘compañeros’ del Ayuntamiento que expliquen por qué ya será rentable –y hasta necesario– ir juntos a Fitur. ¿Se imaginan qué pasaría si Sebastián Pérez reanudara las negociaciones con Ryanair? Parece obvia la respuesta.