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El legado de Lorca: dos meses o dos décadas

Magdalena Trillo | 20 de septiembre de 2015 a las 13:26

La historia reciente del legado de Lorca corre en paralelo a la de este periódico. Hace doce años, un frío mes de noviembre, Torres Hurtado llegaba de Madrid con su primer gran proyecto bajo el brazo: un gran consorcio devolvería a la ciudad el patrimonio de su poeta más universal. Dos largas décadas de democracia no habían sido suficientes para reconciliar a Federico con su ciudad. Los miles de manuscritos, dibujos, cartas y fotografías que sus padres sacaron ocultos en una vieja maleta seguían custodiados en la Residencia de Estudiantes de Madrid.

Granada Hoy llegó por primera vez a los quioscos un 14 de septiembre de 2003 y el alcalde había estrenado en mayo una rotunda mayoría absoluta para gobernar la capital. Su primera fijación fue Lorca y, en apenas unos meses, ya había conseguido lo que inopinadamente se había intentado sin éxito unos años antes: acordar con la familia del poeta el regreso del legado. Se produjo entonces la famosa foto de Laura García-Lorca con el entonces presidente Aznar y se fijó la hoja de ruta para construir un gran centro en la Plaza de la Romanilla que contribuyera a difundir su memoria.

El edificio está; su obra no. No se ha inaugurado en 2007 como se planeó inicialmente pero en este 2015 por fin ha abierto las puertas. Durante el verano, vacío; desde el pasado viernes, con una extraordinaria exposición en la que, paradójicamente, se ha convocado antes al público que al autor. En las obras de los diez artistas que dialogan íntimamente con el vanguardista edificio se percibe la ausencia de quien ha inspirado sus creaciones. En la “caja mágica” de la que habla la comisaria falta la magia. Falta el Lorca niño y el Lorca poeta, el Lorca irreverente y el Lorca reflexivo, el Lorca imparable de los años 20 y el Lorca genio de los 30. Faltan sus palabras y su teatro. Faltan sus dibujos y su música. Falta su voz y su risa.

 

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Si bucean bien en las propuestas de Belén Rodríguez, Miki Leal, Mauro Cerqueira o Tobias Rehberger seguro que podrán intuir a la persona y al personaje, al Lorca cotidiano y al surrealista, al Lorca comprometido y al Lorca gamberro, al Lorca soñador y al Lorca temeroso, pero aún no podrán estremecerse pensando que, en el gran cubo de acero acorazado que cuelga del techo, palpita su obra.

La exposición llena de vida el edificio y da sentido a un proyecto que se ha ido abriendo camino de crisis en crisis. Primero fue la política, la de las ideologías y los egos, luego llegó la económica con sus tediosos episodios de recortes y retrasos y, ahora, la más inesperada de todas: la del engaño y la corrupción. No se merecía el Centro Lorca el epílogo de un no-inicio en los tribunales como no se merece esta ciudad seguir siendo rehén de la desgracia. Federico, asesinado; su familia, exiliada; su centro, objeto del fraude.

La denuncia que la sobrina del poeta ha interpuesto contra el exsecretario de la Fundación en los juzgados de Madrid bien podría encarnar una velada lorquiana de títeres de cachiporra. Los tribunales determinarán si Juan Tomás Martín falseó datos y robó, pero el sinsentido va más allá. Con o sin firma falsificada, por acción o por omisión, sobre Laura pesan trece años de confianza ciega en un (presunto) estafador; sobre las instituciones la corresponsabilidad del descontrol en la gestión. A Juan Tomás le ‘premiaron’ sus servicios nombrándolo gerente del Consorcio y allí están todos: Ayuntamiento, Ministerio, Junta, Diputación y Universidad.

Laura, portavoz de la familia y actual presidenta de la Fundación, se excusó el viernes para no asistir a la inauguración de la exposición pero su ausencia fue más que un símbolo. Tanto como las comedidas declaraciones del alcalde anunciando que el Consorcio se personará formalmente en la causa. Las auditorías siguen pendientes. La Fundación se ha negado a facilitarles las cuentas. No tienen ni justificantes ni facturas. Pero las espadas no están en alto. Al contrario. El alcalde pudo ser guerrero pero optó por ser conciliador. Todos son más que conscientes de que, de su actitud y sensibilidad, dependerá ahora que el legado llegue en dos meses o en dos décadas.

La tensión entre la familia Lorca y las administraciones nos retrotraen a los amargos momentos de intransigencia, reproches y utilización partidista que hace unas décadas protagonizaron Isabel García Lorca y Manuel Fernández Montesinos. Pero con matices. El escenario es ahora claramente diferente. Las instituciones están completamente unidas, están actuando con máxima lealtad y mantienen abiertos todos los puentes. De momento, es la prudencia y el diálogo lo que se han autoimpuesto para la negociación. La batalla judicial sólo llegará si no hay otra opción…

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Mientras tanto, querido público, pase y déjese llevar… La exposición con que se ha puesto fin a dos meses de apertura ficticia merece ser visitada y revisitada. Porque le transformará. Lo hará la experiencia de, desde la inocencia y la mera intuición, descubrir el centro dejándose interpelar desde las paredes, el techo y el suelo con las cómplices propuestas de los creadores. Lo hará la experiencia de sumergirse en la sugerente publicación que la comisaria de la muestra, Virginia Torrente, ha preparado para el esperado estreno de la programación lorquiana. Y lo hará mucho más la experiencia de revivir las piezas en los espacios no sintiéndose impasible espectador sino público de verdad. Lo que preconizaban Gilbert & George en los 70 se atisba en el Centro Lorca: “Siempre hemos dicho que la gente, después de ver una exposición, tiene que volver a su casa siendo diferente”.

Ya sabemos que el Centro Lorca no será museo-contenedor; no será uno más. Todavía no es una “caja mágica” pero tampoco una “caja vacía” esperando ser llenada; “rellenada”. Miguel Albero cierra el catálogo de la exposición de forma casi premonitoria. El escritor madrileño recuerda cómo, repitiendo el absurdo de Esperando a Godot, El Público tuvo que aguardar 56 años para estrenarse desde que Lorca escribió la obra (de 1930 a 1986). Vladimir y Estragon esperan y esperan pero Godot nunca aparece. El público, aquel público, ni siquiera llega a saber quién es ese misterioso personaje con que Beckett reflexiona sobre la carencia de significado de la vida. Ahora es a Lorca a quien esperamos. Pero, como escribía ayer José Carlos Rosales en este diario, al público de Lorca no hay que crearlo; llevamos décadas atentos para fluir y sabemos perfectamente a quién esperar. Lo que todavía está por ver es si seremos capaces de no escribir el mismo final que el dramaturgo irlandés; si lo haremos en dos meses o en dos décadas.

Carta a los lectores

Magdalena Trillo | 15 de septiembre de 2013 a las 17:10

Quienes me conocen saben que escribir esta columna es uno de los momentos más complicados de la semana. Y la principal la razón son ustedes; los lectores. Quienes dan sentido a este viejo oficio por mucho que algunos lo quieran denostar, reducir y apartar del juego democrático; por mucho que se diluya en el océano de información que nos torpedea a diario y por mucho que, entre todos, lo acabemos descafeinando con envoltorios de innovaciones tecnológicas, banalidades y estrategias de mercadotecnia. Lo pensaba hace diez años cuando nació Granada Hoy y me reafirmo hoy. Nada en esta profesión tiene sentido si ustedes no nos escuchan al otro lado y no respondemos a sus expectativas.

Aunque se hayan multiplicado los canales y las voces, aunque ya no esté muy claro de dónde surge la noticia y a dónde llega, quién controla a quién, quién vigila a quién, ser periodista hoy tiene las mismas exigencias de ética, de honestidad y de compromiso que hace un siglo. No sé si lo decimos lo suficiente en las facultades y no sé si lo acabamos olvidando en las redacciones. Tal vez nos dejemos distraer poniendo apellidos al oficio, nos perdamos empaquetando los mensajes y no nos demos cuenta de lo fácil que resulta prostituir la profesión desde la tiranía de la superficialidad y las exigencias de las prisas.

Pensarán que hablar de ética y deontología es prehistórico, pero estoy convencida de que es lo único que nos puede salvar. Salvar de nosotros mismos y protegernos de la crisis del sector. Somos intermediarios pero no asépticos; la distancia la debemos marcar con el poder, no con los ciudadanos. Independencia, rigor, honestidad… No hace tanto que el periodismo era un oficio respetado y necesario; que el periodista era una persona importante y admirada. Grandes personajes de la historia como Churchill y Hemingway nunca dejaron de sentirse periodistas, de reivindicar con orgullo su profesión, aunque ni la información era entonces la mercancía que es hoy ni el periodismo se había dejado contaminar por la industria del negocio, por la dictadura del capital. Es verdad que la prensa está en el ojo del huracán -nos ha golpeado la crisis económica, tecnológica, de modelo y hasta de credibilidad- pero no son los pilares de la profesión los que se tambalean ni es su papel como garante de nuestra democracia y nuestro sistema de convivencia lo que está en cuestión. Será un dinosaurio… pero sigue ahí, cada mañana, empeñado en recordarle que el mundo, su mundo, sigue ahí.

¿Se imagina una mañana sin periódicos? ¿Un día sin noticias? ¿Una Granada sin periodistas ni medios de comunicación? Yo no… Quienes hace diez años tuvimos el privilegio, la enorme responsabilidad, de poner en marcha Granada Hoy estábamos convencidos de que era una profesión con un pasado del que sentirse orgulloso y un futuro que valía la pena defender. Lo mantenemos. Granada Hoy nació con un propósito: sumarnos a la oferta informativa de esta provincia y abrir una ventana a la pluralidad. Ayudar a construir Granada, a hacer Andalucía, sin ataduras ni hipotecas. “Más y mejor información”, decíamos entonces. No soy yo quien debe juzgar si se han cumplido las expectativas pero sí creo que es mi obligación recordarlo hoy y renovar nuestro compromiso con ustedes.

Esta semana he recuperado de la hemeroteca aquel primer número del diario que un 14 de septiembre de 2003 llegó por primera vez a los quioscos, a las oficinas, a bares, a los buzones de sus casas. Parece un prodigio. Hemos superado los 3.600 números y mantenemos la fortaleza y la ilusión para seguir sumando dígitos. Amparado por Grupo Joly, la empresa periodística más antigua de este país, el grupo de prensa de referencia en Andalucía, el primer editorial recogía un propósito de intenciones que hoy queremos revalidar: “un periódico para una sociedad plural”. Defendíamos el valor de la competencia para luchar contra las inercias y las rutinas y expresábamos la voluntad de toda la redacción por sumarnos a la oferta informativa de esta provincia con un periódico independiente y comprometido, sin hipotecas y sin mordazas. “Granada”, escribíamos entonces, “es hoy más plural”. Granada, decimos una década después, es más plural. Desde aquel 14 de septiembre y para siempre.

¡Hola mundo!

Magdalena Trillo | 19 de noviembre de 2008 a las 12:46

Y la colmena se dotó de vida…

A partir de ahora, cada domingo nos acercaremos al mundo a través de las pequeñas celdas de esta colmena. Opiniones e historias de una ciudad. Escenas cotidianas. Paisajes y ventanas a la actualidad. O a los sueños. O a la ilusión.

Para los nostálgicos, siempre estará el papel. En el quiosco sigue fiel a su cita con los lectores Granada Hoy. El tacto del papel, el olor de la tinta, el sonido de las noticias rozando el viento…

En este espacio construiremos nuestra realidad mucho más rápido y dejaremos espacio para los comentarios. Es lo que tiene la red. Que es de todos. Y que la podemos navegar entre todos. ¡Anímate a participar a través de granadahoy.com!

¡Bienvenidos!