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Granada: humildad… pero también ambición

Magdalena Trillo | 21 de junio de 2015 a las 10:30

En esta semana efectista de cambios que han protagonizado los nuevos inquilinos de los ayuntamientos más importantes de España, la prueba más gráfica de la transformación tal vez sean las preparadas fotografías en metro y bicicleta que han empezado a competir con los imponentes coches oficiales a las puertas de los consistorios. Si tomamos como barómetro estas fotos populistas como símbolo del cambio, Granada será una excepción. Si recordamos que la primera acción de gobierno de Torres Hurtado cuando logró la Alcaldía hace 12 años fue cargarse el carril bici de la Avenida Dílar -iba en su programa electoral-, es fácil concluir que la foto del regidor en transporte ecológico nunca se producirá -más plausible sería verlo llegar a lomos de su vieja Bultaco-. Si atendemos a las palabras con que hace justo una semana se presentó a los granadinos para afrontar su cuarto y “último mandato”, la sensación es de piloto automático; evitar charcos, no defraudar, aún más, e intentar reconciliarse con vecinos y oposición para cerrar sus páginas políticas con cierta dignidad. Si de paso convence a Ciudadanos -y a su partido- para aplazar su fecha de caducidad, superar el deadline de noviembre y ‘aguantar’ el mandato…

Resulta difícil entender cómo un alcalde que ha gobernado aplicando cómodamente el rodillo tiene ahora el anhelo inquebrantable de pasar a la historia como el “gran aglutinador”. ¿”Usadme”? Gustaría más o menos, pero cuando el PP cogió las riendas del Ayuntamiento en 2003 había iniciativas, sueños, ambición; no sólo apego al sillón. También había presupuesto, es verdad, pero no es lo único necesario para gobernar una ciudad. La visión y la audacia, la capacidad de sumar, el ingenio para sortear dificultades y encontrar vías de desbloqueo son fundamentales si el objetivo no es sólo permanecer y aguantar sino transformar una ciudad.

Nada más estrenarse como el alcalde, Torres Hurtado puso en marcha el proyecto del Centro Lorca, logró que la familia del poeta aceptara levantar el edificio en el solar del antiguo mercado de La Romanilla pese a que ese mismo espacio lo había ofrecido sin éxito el anterior gobierno tripartito y, no sin dificultades, ha conseguido desarrollar buena parte del programa que ideó para reconciliar a Granada y Federico.

Con un poco de mala suerte, el mayor tributo a la ineptitud que podría tener esta ciudad -compartido por todas las instituciones- amenaza con producirse esta semana si finalmente no se encuentra una salida a la complejísima situación que se ha producido en torno al Centro Lorca con millones de euros sin justificar, sombras sobre la gestión que pueden derivar en la vía penal y un creciente choque de criterios entre las administraciones y la Fundación Lorca que podría conducir a un escenario absolutamente daliniano: que se inaugure el espectacular edificio que diseñó el equipo de arquitectos mexicanos y esloveno sin los fondos del poeta en su interior. Como Castellón tiene su aeropuerto sin aviones, Granada tendría su Centro Lorca sin Lorca. El despropósito en la decadente trayectoria cultural de esta ciudad se uniría a ese sombrío legado de mármol-piedra que representa, por ejemplo, la Gran Vía o a las megalómanas rotondas coronadas con toscas maquinarias y granadas tamaño XXL que han terminado ilustrando ese otro gran fracaso colectivo que ha significado no haber sido capaces de hacer frente a dos de los mayores retos de cualquier ciudad: la movilidad y la expansión. La legítima aspiración a vivir en una ciudad más amable y con mejor calidad de vida.

Muchos, aunque muy pocos se atrevan a escribirlo, comparten estos días el severo diagnóstico que Jerónimo Páez ha realizado de esa Granada “provinciana” que en los últimos años (también al ‘tripartito’ hay que pedirle cuentas) ha ido perdiendo “fuerza política, fuerza cultural y dimensión internacional” al mismo tiempo que se ha ido empobreciendo, “acatetándose” y perdiéndose en “ridículas disputas locales”.

Justo esta semana el Centro de Debate y Desarrollo elegía Granada precisamente por su tradición y proyección, en la víspera además del arranque del Festival de Música y Danza -una de las pocas citas que siguen justificando ese título de ciudad cultural que mantenemos viviendo de las rentas-, para analizar el papel de la cultura como motor de desarrollo, su importancia para el impulso económico más allá de su valor como factor de identidad, en torno a tres de los referentes andaluces más acreditados y solventes en producción cultural: la Alhambra, el Teatro de la Maestranza y el Museo Picasso de Málaga.

Pero en Granada hay que empezar por el principio. La identidad cultural cada vez está más difusa -¿por qué seguimos sin aprovechar nuestra privilegiada posición de puente con el mundo árabe? ¿Por qué no explotamos la conexión con América Latina?-, la capacidad de avanzar en rentabilidad choca una y otra vez con el eterno debate entre turismo masivo y patrimonio -el reciente seminario de la Escuela de la Alhambra ha sido especialmente revelador sobre este tema- y las expectativas de fijar puntales de innovación se diluyen entre polémicas estériles, enfrentamientos partidistas y, con realmente difícil antídoto, la falta de ambición.

Aquí incluyámonos todos. La autocensura aplicada a toda una ciudad. Lo primero que escribí en noviembre de 2003 cuando el alcalde vino de una reunión de Madrid con el proyecto del Centro Lorca bajo el brazo fue que no había fechas ni presupuestos comprometidos pero sí “la voluntad política de todos los patronos para trasladar el legado del poeta a Granada y construir un gran centro cultural en la Plaza de la Romanilla que se convirtiera en un referente de la ciudad”. Pero la voluntad política y las palabras de los acuerdos luego hay que transformarlos en realidades. Y aquí hemos chocado con esa Granada indolente que termina conformándose y empequeñeciéndose pensando que todo es consecuencia de la fatalidad. En dieciséis meses, Málaga ha transformado el garaje de 6.000 metros de su ‘Cubo’ del puerto en el Centro Pompidou, un museo de excelencia e innovador que está ayudando a construir ese perfil de ciudad moderna y cultural con que su alcalde (también del PP) se ha propuesto dibujar la Málaga del siglo XXI. Después de doce años, el gran proyecto cultural de la capital vuelve a situarse en el inaudito laberinto del “todo es posible en Granada”.

Las comparaciones son odiosas pero inexcusablemente necesarias cuando no hay autocrítica. Imagínense lo que podríamos conseguir si a la “humildad”, la disposición al diálogo y a la colaboración que de repente -en una semana- se ha convertido en seña de identidad de un irreconocible equipo de gobierno ‘popular’ fuéramos capaces de sumar una buena dosis de ambición, de profesionalidad y de competencia en la gestión.

Para el “cambio”, aunque sea en el tono, ha bastado una inapelable jornada electoral y dos duras semanas de negociaciones para formar gobierno. Puede que Granada no necesite la foto de un alcalde en bicicleta, pero cuánto avanzaría si esa imagen fuese la antesala de una Granada simplemente mejor.

La otra crisis de Pepe Torres

Magdalena Trillo | 15 de junio de 2014 a las 8:52

La muestra más aplastante de la popularidad de Torres Hurtado tras once años como alcalde de la capital la hemos vivido esta semana: no habrá nadie en Granada que no se haya interesado por su salud. Preocupación sincera y cariñosa que se ha extendido a los gobiernos regional y nacional y ha saltado a la misma Casa Real. A Pepe Torres se le quiere. Tiene sus ‘cosas’, pero es apreciado y respetado.

El siguiente comentario que ha llegado tras saber que evoluciona bien también ha sido unánime: qué pasa ahora con su carrera política. Y la tercera consecuencia, claramente vinculada con lo anterior, la hemos sufrido en los medios de comunicación: la pésima y desastrosa gestión que desde la Plaza del Carmen se ha realizado de las primeras 48 horas de ingreso hospitalario. No hay otros apelativos más apropiados que puedan calificar la desinformación con que se ha intentado ‘tapar’ lo que ya se ha convertido en una de las más importantes crisis mediáticas de la actual corporación.

La cronología de hechos relatados es elocuente. Domingo de descanso en su casa de Píñar. Se pone a colgar una persiana y le da un mareo. Se preocupa -es conocido su carácter aprensivo- y decide ir al hospital. Lo ingresan. A partir de aquí dos días de caos informativo. La noticia del ingreso en el Virgen de las Nieves empieza a circular el lunes por la mañana por las redes sociales y acaba en los espacios informativos de todos los medios de forma confusa. Se habla de “desfallecimiento”, de problemas cardiacos, de marcapasos… El hospital remite al Ayuntamiento advirtiendo que no “puede” dar ningún parte médico y la versión oficial tras una larga jornada de rumores y absoluto desconcierto es tajante: son vértigos y, por ser quien es, se le mantiene en observación… Se insiste en que es un problema de “vértigos” y se asegura que “en horas” estaría en casa. La mañana del martes, más de lo mismo: los concejales de su equipo que se ven obligados a dar la cara ante los periodistas califican su estado de “asunto banal”. 

La ‘verdad’ llega a las 20:32 de la tarde en forma de “comunicado urgente” del Partido Popular de Granada: 1. El alcalde de Granada ha sido ingresado en la UCI del Hospital de Traumatología aquejado de un infarto de cerebelo. 2. A la espera de un parte médico oficial, Torres Hurtado necesitará de un largo proceso para su total recuperación. 3. El Partido Popular de Granada procederá al nombramiento de un alcalde en funciones para cubrir ese periodo.

Todavía, muchos se preguntan hoy qué hacía Sebastián Pérez el martes en el Ayuntamiento pilotando la salida de la crisis -hay quienes aseguran que sólo ha asistido a un pleno en este mandato y pocos son capaces de recordar cuándo se le vio allí por última vez-. Pero seamos claros, hasta que el presidente de la Diputación no toma las riendas, la bola de desinformación no deja de crecer. ¿Nadie de su equipo fue capaz de reaccionar si lo que realmente ocurrió es que entró con unos mareos y no fue hasta el martes cuando se detectó el infarto cerebral?

Sólo una hora más tarde del comunicado oficial, el PP estaba celebrando una “reunión de urgencia” en el Ayuntamiento a la que fueron citados todos los concejales -Juan García Montero no asistió porque estaba en Madrid- y por primera vez en dos días se informaba ampliamente a los medios. A nivel interno, molestó que el presidente del PP se sentara en el sillón principal del salón de comisiones -reservado al alcalde- pero no es cierto que él mismo se propusiera como alcalde en funciones como ha circulado en algún corrillo. Se optó por aplicar el reglamento a rajatabla y se acordó el nombramiento del primer teniente de alcalde, el concejal Juan Antonio Mérida, después de pedir a cada uno de los ediles que expresaran su opinión en público; otra cuestión que ni entonces ni ahora se termina de entender.

Hasta aquí los hechos. A continuación, totalmente inevitable ante tanta opacidad, las lecturas interesadas y las especulaciones. Justo la semana en que el Parlamento andaluz aprueba la Ley de Transparencia más avanzada y ambiciosa de España, Granada da un triste espectáculo de confusión que muchos ven como un burdo intento de manipulación para proteger el ‘cartel’ de Pepe Torres ante las próximas municipales -y que conste que nadie ha ‘teledirigido’ esta versión de forma interesada -. A once meses de las urnas, después de haber reafirmado su intención de presentarse al cuarto mandato, de tener el aval explícito de su líder regional y teóricamente el de Génova, Torres Hurtado no podía dar la imagen de ser un aspirante frágil y acabado. El precio, sin embargo, ha sido alto: las críticas y reproches por la desinformación se han producido fuera y dentro del propio equipo ya que ha habido momentos que hasta en los medios se manejaba más información que entre los propios concejales del PP.

La cuestión ahora es saber a quién se le ha aparecido (más) la Virgen. Por supuesto, a Pepe Torres. Hemos pasado de no saber si estaba consciente a verlo bromear y ‘pelear’ para ir al Corpus aunque sea en silla de ruedas… Si todo queda finalmente en un susto y es capaz de recuperarse plenamente aprovechando el verano, hasta podría salir fortalecido beneficiándose de la campaña de empatía que está suscitando su convalecencia. En segundo lugar, a Paco Cuenca. Aunque aquí se acumulan los condicionantes: que logre imponerse como candidato del PSOE en las primarias -ni los ‘suyos’ son capaces de defender que “vayan a poner otra vez a ese muchacho”- y que no termine quemado por el lío judicial que le ha salpicado por unas ayudas a su pareja -sería paradójico que acabara ‘tocado’ en los tribunales después de la agresiva campaña que ha liderado contra el alcalde por el ‘caso del Cerrillo’ y que ha acabado en nada-.

Por último está de quien todo el mundo habla… De Sebastián Pérez. Con una Diputación cogida con pinzas, el siguiente paso en su trayectoria política podría ser la capital. ¿Lo del martes fue una puesta en escena? Lo sería si realmente se pudiera asegurar que ser alcalde sigue siendo su mayor aspiración. Desmentirlo estaría dentro del guión, pero no perdamos de vista que es un gran estratega y que hace tiempo que hasta tiene diseñado un ‘plan b’ para la capital que no pasa ni por Pepe Torres ni por él mismo… En cualquier caso, es verdad que hasta el domingo hubiera sido una lucha interna en la que no estaba dispuesto a desgastarse y, desde el lunes, Sebastián Pérez puede presentarse como el ‘salvador’. No quitaría a nadie para ponerse él sino que llegaría en auxilio del partido y de Granada.

De momento, hay que reconocerle que haya impuesto cierta normalidad en la Plaza del Carmen -Mérida representa más que nadie la ‘continuidad’ de Pepe Torres- y se haya salvaguardado la marca del PP en la capital. Para los próximos meses queda saber si estamos asistiendo a la crisis política de Pepe Torres y si serán capaces en su partido de encontrarle una salida que no sea por la puerta de atrás. No lo merece.

Rotavator II

Magdalena Trillo | 22 de junio de 2013 a las 12:24

Nada de retiradas y mucho menos de jubilación. Al menos a iniciativa propia. Mientras sienta el “cariño” de los granadinos, el cuerpo aguante, pueda “ser útil” y su partido no se interponga, José Torres Hurtado está dispuesto a seguir al frente del Ayuntamiento de la capital. Con un juego de números fija su horizonte activo en la política: de 2013 a 2031. No sé si habrá hecho las cuentas… ¡18 años más! ¡Ocho mandatos! ¡32 años en el gobierno local! Hace ahora justo una década que el PP lo convenció para que dejara la Delegación del Gobierno en Andalucía y disputara a los socialistas la Alcaldía de Granada. La compensación, en caso de fracaso, serían las listas europeas. Entonces no fue necesario recurrir a Bruselas –puso fin al ‘tripartito’ ganando por mayoría– y hoy es una opción que rechaza tajante.

Sebastián Pérez tendrá que esperar. Y Juan García Montero, también. Y cualquier otro, a la derecha y a la izquierda, que haya echado el ojo a la Plaza del Carmen. Es la primera lectura que se puede extraer de la entrevista que este periódico publica hoy en el ecuador de su tercer mandato. No ha llegado su hora. Torres Hurtado es consciente de que llegará “algún día” en que “alguien” tenga que relevarle, pero no todavía. A su presidente provincial, al “chiquillo” que él mismo metió en las listas del PP cuando era el presidente del comité electoral, tiende la mano: son un “tándem ideal” para Granada, uno en la capital y otro en la provincia. ¡Si a Sebastián Pérez lo he criado yo en mis pechos!”

El problema es que los números empiezan a no salir. A dos años de las municipales, son muchos en el partido los que empiezan a preocuparse porque la Diputación se les escapa. No tanto por la improbable remontada del PSOE como por el imparable ascenso de esa IU que, como decía hace poco uno de sus dirigentes, ya le habla “de tú a tú” a los socialistas. El bipartito de la Junta no sólo no ha estallado en mil pedazos con los primeros conflictos –del fraude los EREs al reciente escándalo de la subida de dietas del Parlamento pasando por la difícil política de recortes– sino que se ha reforzado y se ha convertido en un modelo de oposición a las políticas de Rajoy reivindicable y ‘exportable’. Más aún cuando al PSOE, intentando recuperar protagonismo a nivel nacional, no se le ocurre otra cosa que buscar el refugio del PP marcando distancias con las fuerzas minoritarias justo cuando más rechazo hay al bipartidismo y más real parece aquello de que ‘son lo mismo’. Del pacto que hundió a Zapatero para modificar la Constitución introduciendo el techo de déficit a un descafeinado pacto económico para la cumbre europea de finales de junio que no recoge más que obviedades.

En el PP, aunque Rajoy certifique que el “pesimismo está en retirada”, la impopular –e inefectiva– subida de impuestos de Montoro, la guerra ideológica de Wert con la educación, el hachazo de la ministra ‘subvencionada’ por la Gürtel a la Sanidad y la salida del armario del ‘moderado’ Gallardón pasará factura como ya lo está haciendo la sombra de la sospecha de la financiación ilegal del partido, que se agranda a la misma velocidad que crece la fortuna de Bárcenas en Suiza. ¿Esos millones que se multiplican como las setas son sólo suyos? Torres Hurtado insiste en la teoría de los golfos pero es más que consciente del daño que la corrupción está haciendo –no sólo a los partidos sino a la misma democracia– y de que son los alcaldes los que están en primera línea para aguantar los golpes, los propios y los ajenos. Tal vez lleve razón cuando dice que “no merece la pena estar con el corazón sobresaltado por dinero”, pero la realidad que nos muestran los juzgados es que cada vez son menos los que así lo creen y los que no están en política para ganar dinero. Corrompe el poder y corrompe la avaricia; la vieja avaricia de quienes se obsesionaban con guardar y la nueva avaricia de quienes amasan fortunas para exhibir.

En ninguno de estos planos situaría yo al alcalde de Granada. A Torres Hurtado se le podrán hacer muchos reproches, y seguro que habrá cometido infinidad de errores, pero creo que no se le podrá atacar por haber metido la mano, por no pelear por su ciudad –aun si es en contra de su propio partido– ni por no hablar claro. Hace una semana levantó alguna ampolla cuando se inauguró la nueva sede del PP en el Zaidín y tomó la palabra: ojo, que lo que está en juego es la Diputación. Y, ojo, que quien avisa a navegantes de que no va a dar un paso atrás, quien refuerza la cohesión en su equipo a costa del ‘bando de Sebas’, quien se hace valer en el partido a nivel nacional mientras Torrente y Robles ya maniobran para ocupar el sillón de la presidencia provincial, es Rotavator II.

Foro de alcaldes

Magdalena Trillo | 7 de junio de 2009 a las 12:59

CUANDO el próximo día 16 Torres Hurtado presida el Debate sobre el Estado la Ciudad para dar cuenta de su gestión en el ecuador del mandato, nadie podrá criticarle que no ha puesto en marcha uno de sus promesas electorales más destacadas: la convocatoria de un consejo de alcaldes que empiece a dar forma a la Granada Metropolitana. El siguiente lunes 22 de junio, a las 19.00 horas, están convocados los 24 alcaldes del Cinturón para dar forma al famoso Foro de Alcaldes; ese ‘consejo de ilustres’ que Torres Hurtado anunció cuando no llevaba ni cien días en el gobierno municipal, que rescató el pasado mes de julio al hacer balance de su primer año al frente del Ayuntamiento de la capital y que ahora retoma con hechos y no con palabras ni buenas intenciones.

¿Tarde? Al menos, con el tiempo suficiente de intentar llevarlo a la práctica en este mandato (habrá que ver en todo caso la respuesta de los regidores metropolitanos de uno y otro bando) y con la certeza de que son pocos los momentos en los que se ha vivido un clima de mayor consenso. Al ambiente de cooperación en turismo, ahora quieren sumarse los responsables de Cultura y Patrimonio y hasta Griñán desembarca en Granada con el espíritu ‘abierto’. No queda al margen ni el Cierre del Anillo.

A pie de calle, entre los fondos anticrisis ZP y el Plan de Excelencia Turística, el Ayuntamiento tiene media ciudad en obras -en estos momentos se están ejecutando más de 50 proyectos de forma simultánea en toda la ciudad- y va cumpliendo con compromisos y promesas que, dada la situación de asfixia financiera del municipio, es poco probable que hubieran visto la luz. Incluso, se puede permitir dar alas al Corpus con propuestas ‘solidarias’ dirigidas a los parados que, si bien tienen sus detractores, también tienen su público. Y, por supuesto, sus electores; que son muchos.

En este punto de la película, no parece descabellado que Torres Hurtado fije por fin su ‘salto’ al Área Metropolitana. Analizando las ‘agendas del consenso’, la de hace dos años y la de ahora, resulta sorprendente comprobar que no todo está tan estancado como parece. Es el caso del Metro (con la excepción del polémico tramo del Zaidín), del AVE, del proyecto de la Ronda Este y de los dos grandes retos planteados en Cultura: el Centro Lorca abrirá sus puertas en la primavera del próximo año y el espacio escénico ya está en manos del arquitecto. Incluso hay temas nuevos como el Milenio que, resuelto el impulso a la Universiada y el Mundobasket, se sitúan en primera línea de la negociación.

Bien es cierto que, como en cualquier agenda, hay puntos que no hay manera de tachar. Menciona el alcalde en su carta el POTAUG y los “Servicios Básicos Municipales”. Dice que deben quedar fuera de la batalla política y que “requieren del máximo consenso posible”. Nos preguntamos si tal espíritu incluye, por ejemplo, el servicio de bomberos o el apoyo al programa de vuelos low cost…

Y es que, en una reunión de 25 ‘ilustres’ -con sus respectivos y grandes egos-, no todo puede ser figurar y pedir; también habrá que escuchar y ceder. ¿Estarán preparados nuestros alcaldes? Razones hay más que suficientes. Lo dice Torres Hurtado cuando habla de mejorar la “calidad de vida de nuestros vecinos”. Empezaremos por dar un voto de confianza a todos.

La crisis del sacrificio

Magdalena Trillo | 9 de febrero de 2009 a las 22:40

LO confesaba Manuel Chaves hace unos días en la tradicional comida de Navidad con la prensa: por regla general, es tremendamente difícil trabajar con los alcaldes del PP. Lo ha sido hasta ahora -como nos reconoció en un corrillo a los directores de los diarios de Granada, Málaga o Huelva de Grupo Joly- y, de momento, la crisis no ha sido excusa suficiente para buscar una excepción.

 

Justo ayer, Granada fue el escenario que eligieron los populares para protestar en plena calle -arropados por cientos de simpatizantes y con la participación de Javier Arenas- por la forma en que el Gobierno central y autonómico está gestionando la crisis. El lema de la manifestación era Por un empleo para todos.

 

Sin embargo, es difícil saber si en ese “todos” no se está porque no se puede o porque no se quiere. La mejor muestra es la polémica que se ha suscitado esta semana en torno a uno de los planes del Gobierno andaluz para generar empleo: más de un alcalde andaluz del PP -es el caso de Granada, Motril, Salobreña o Dúdar- no lo ha solicitado. ¿Boicot a la Junta? Como en todos los conflictos, siempre hay razones que evidencian que no hay verdades absolutas.

 

Ocurre, por ejemplo, al conocer la versión del alcalde de Granada. Me explicaba hace unos días el motivo de haber quedado al margen del programa: la convocatoria se realizó dejando tan poco tiempo a los municipios para efectuar las contrataciones que prácticamente era imposible acogerse al plan. “Yo no puedo contratar a dedo. Luego, cuando surgen los problemas, donde vienen a manifestarse es a las puertas del Ayuntamiento”.

 

En este punto está claro que lo que quedan son argumentos de peso en todas las partes. Y una cuestión que lo trasciende todo: si uno no quiere, dos no discuten -como tampoco colaboran- y, si uno quiere, las dificultades se resuelven sobre la marcha. Pero para eso hay que poner voluntad. Hay que querer. Tal vez resulte exagerado recurrir al refrán de La letra con sangre entra, pero la esencia es la misma: sin esfuerzo no se va a ningún sitio.

 

¿Hay que sufrir? Al menos hay que hacer sacrificios… Casi todas las mañanas me levanto escuchando en la radio eso de Aprenda inglés sin tener que estudiar. Tan falso como eso otro de que se puede adelgazar sin pasar hambre y conseguir unos abdominales de revista sin moverse del sofá…Obviamente, salir de la crisis sin sacrificio y sin trabajo no es ninguna excepción.

 

Por eso resulta tremendamente desalentador que se pierdan inversiones, proyectos y oportunidades en aras de un ideario. A nadie se le escapa que ese temible 2009 que está a punto de llegar nos va a exigir a todos mucho más que buenos deseos de prosperidad. Más trabajo, más esfuerzo, pero también más lealtad. A los ciudadanos y especialmente a los políticos, que deberían dar ejemplo. ¿El mejor deseo? Convencernos todos de que es imprescindible un pacto de partidos para salir de la crisis. De la financiera, de la económica y de la social.