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El legado de Lorca, por qué ahora sí

Magdalena Trillo | 1 de julio de 2018 a las 20:56

El legado de Lorca ya está en Granada. Dejando a un lado la maldición de las infraestructuras -con la Autovía a la Costa, la A-7 y el AVE hemos escrito algunas de las páginas más descorazonadoras de este país-, probablemente sea la noticia que más se ha resistido en la última década, que más quebraderos de cabeza ha provocado y que más despropósitos ha sumado por el camino.

Todos los anuncios sobre la llegada del patrimonio lorquiano, esos más de 5.000 manuscritos, cartas, libros y fotografías que recorren la vida y obra del poeta de Fuente Vaqueros, se han incumplido sistemáticamente. A golpe de fatalidades, de imprevistos y hasta de conjuros. La política ha tenido mucho que ver -sobre los porqués del fracaso llevamos quince años escribiendo- pero también las personas.

No me refiero (sólo) a la cualificación y el talento de quienes han estado gestionando el proyecto (seamos generosos presuponiéndolo) ni a los nefastos efectos de las cuotas cuando distorsionan el propio proyecto (poco importa si son geográficas, de sexo, de familias o de clases). Me refiero al factor humano. A la sensibilidad, a la predisposición y a la mano izquierda de los protagonistas. En las fotos oficiales y en la trastienda de la negociación.

Primero fuimos fieles a nuestra historia de eternas polémicas deshojando la margarita sobre dónde y cómo construir un gran centro que permitiera reconciliar a Granada con su poeta más universal, luego llegó el impacto de la crisis con el retraso de las obras, después irrumpieron los desencuentros entre las administraciones y, justo cuando parecía que todo se había enderezado, nos despertamos con el escándalo del fraude del exsecretario de la Fundación Lorca. Un tremendo lío.

El resultado han sido tres años de surrealismo. El Centro Lorca se abrió en el verano de 2015 sin los fondos lorquianos y con una programación a medio gas sumida en la desconfianza y la sospecha. El contrapunto se ha vivido en la Plaza del Carmen con los partidos políticos pivotando entre el oportunismo y los reproches, en los despachos de los funcionarios con informes jurídicos y auditorías y en el cada vez más popular escenario de los tribunales: en los juzgados de Madrid con el caso de Juan Tomás Martín, en la cuenta atrás de Torres Hurtado con las duras amenazas a la familia y ahora con toda la oposición aprobando en pleno recurrir a la Fiscalía para ver si ha habido “irregularidades” en el proceso.

Me viene a la mente la parábola sobre el amor, la muerte y la frustración con que Federico debutó en el teatro (y fracasó). El maleficio dela mariposa: el amor y la muerte marcaron su vida y la frustración parece inseparable de su figura. El viernes, a las puertas del centro de La Romanilla, Laura García-Lorca se mostraba confiada en terminar de una vez con la “sombra” que se ha ceñido estos años sobre su familia. Unos días antes, reconocía en una entrevista con este diario los “errores de comunicación” que han ido acrecentando la crisis lorquiana pero insistía en que ni son “un clan” ni han intentado bloquear el proyecto; todo lo contrario.

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Que el legado duerma ya en la cámara acorazada debería ser la prueba. Un punto y aparte. Pero no lo escribo convencida. Dependerá de lo que hayamos aprendido en esta larga travesía y de las personas. Ocurrió cuando Pepe Guirao tomó las riendas de la Fundación Lorca. Destensó, explicó y acercó posturas. Nos convenció a los medios y convenció a las instituciones. Antes del pinchazo del ministro Màxim Huerta y su nombramiento exprés como titular de Cultura, muchos lo situábamos en la gerencia del Centro Lorca. Más que una opción era un deseo pero lo que hay ahora es una preocupante incógnita.

¿Guirao ha sido el artífice? Ha sido clave en esta última etapa al mismo nivel que el alcalde Cuenca y el consejero Vázquez, como lo han sido siempre Laura García-Lorca y Andrés Soria -por mucho que a algunos les moleste- y como lo fueron en su día Torres Hurtado y García Montero. No pongo siglas. (Al menos yo) no estoy en campaña.

Una foto que vale un mandato

Magdalena Trillo | 22 de mayo de 2016 a las 10:33

Cuánto cuesta una foto. Una foto que salvara todo un mandato. Una foto que viniera a legitimar la inesperada oportunidad de ser alcalde sin tener que volver a pasar por las urnas. Una foto que terminara justificando el desalojo del gobierno del adversario -la lista más votada- con el respaldo de toda la oposición y compensara las penurias, el sufrimiento y las “duras decisiones” que empiezan a vislumbrar las quebradas cuentas municipales.

Es una foto compleja pero posible. Es la foto del legado de Federico García Lorca en Granada. Torres Hurtado inauguró el edificio que simbolizará la reconciliación de la ciudad con su poeta más universal, pero vacío. Paco Cuenca probablemente esté el día en que se desempaqueten las cajas y asciendan las cartas, los libros, los dibujos y los manuscritos a la cámara acorazada del Centro Lorca.

La política no es justa. Ni compasiva. Ni agradece ni espera. Durante tres mandatos, Federico ha sido uno de los ejes vertebradores de la gestión del PP. El anterior gobierno tripartito lo intentó pero sin éxito. En 2003, a los pocos meses de desembarcar en la Plaza del Carmen, fue el equipo de Pepe Torres (PP) quien consiguió desbloquear la negociación para traer el legado, acordó con la familia el emplazamiento en la Plaza de la Romanilla y, aunque con siete años de retraso, ha podido abrir las puertas del centro.

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Todo empezó con la polémica foto del ex presidente José María Aznar y Laura García-Lorca en La Moncloa pero después vendrían las instantáneas de la buena sintonía institucional. Las de los brindis y los acuerdos. El compromiso local era firme y no importaba demasiado quién gobernaba en Sevilla y en Madrid. Todos tuvieron su foto. La inversión millonaria llegaba desde Europa y casi bastaba con dejarse abrumar por la obra escultórica que se colaba en la plaza y empezaba a coquetear con la Catedral.

No sólo la corrupción rompió el sueño. A la avaricia de unos se unió la ambición de otros. La bajeza de la condición humana. Intrigas palaciegas en tiempos de falsa transparencia y de sobreactuación. Maniobras más que cuestionables. ¿Necesidad? Por encima del maniqueísmo de buenos y malos, una deriva moralmente reprobable.

No hablo de lo legal ni de lo penal. De lo que administrativamente y judicialmente todavía ha de esclarecerse. Hablo del momento en que se expulsó a la Fundación del Consorcio Lorca con una modificación estatutaria engañosamente explicada a la opinión pública.Había un teórico fin superior -legítimo y hasta defendible- de castigar la gestión de la familia Lorca tras destaparse la presunta estafa del gerente y los problemas para justificar los gastos. Pero también una operación encubierta de asumir las riendas del futuro centro. De nuevo, el poder.

Los propios patronos de la Fundación, intelectuales ajenos a este particular desafío de sillones, han criticado abiertamente la desvirtuación del proyecto que se ha producido en el último año. Fue la ruptura del consenso y el torpedeo del Consorcio, pero fueron también las amenazas veladas de recurrir a los tribunales para hacer efectiva la llegada del legado y ha sido, sobre todo, el sorpresivo ‘blindaje’ del legado lorquiano como BIC a iniciativa del Ministerio de Cultura y la Comunidad de Madrid con sospechas interesadas sobre su custodia y conservación.

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Entonces llegó la foto. La de Paco Cuenca y Laura García-Lorca en la Residencia de Estudiantes de Madrid. Justo un día antes de la ceremonia del Premio Lorca. Doce años después de la puesta de largo del certamen literario en el mítico Waldorf Astoria de Nueva York, el edificio de La Romanilla acogería por primera vez la entrega de la estatuilla lorquiana. Y por primera vez sería un alcalde socialista, arropado por un presidente de la Diputación socialista y una delegada de la Junta socialista, quien ocupara la foto.

Al otro lado, el venezolano Rafael Cadenas denunciaba el insoportable “sufrimiento” que está provocando el “régimen” en su país y ponía voz a la poesía que se alza contra el poder. Contra cualquier abuso de poder. Allí y aquí. Llevaba razón: tal vez no tengamos una idea exacta de qué es la poesía, con qué forma se nos presenta, pero la sabemos reconocer cuando aparece.

Probablemente porque es poesía, se ha salvado el Premio Lorca del naufragio del equipo de Torres Hurtado. Aunque el final de la historia del Centro está por escribir, en nada debería interferir con la otra gran pata del proyecto lorquiano que impulsó el PP nada más llegar a la Alcaldía. Al contrario. La ilusión y el “pulso” que tiene ahora el equipo de Paco Cuenca no difieren demasiado de los aires de cambio y del impulso que se vivían en la Plaza del Carmen tras poner fin al conflictivo tripartito de Moratalla. Y si hoy hay Centro Lorca, si hoy se ha consolidado el Premio Lorca de Poesía en el implacable mundo de las letras, es porque políticos -y aliados- de aquel equipo lo supieron ver, valorar y defender.

No es una foto fija ni simple la que necesita Paco Cuenca para ir construyendo una gestión que vaya más allá de la estricta supervivencia, que reduzca su paso por el poder a un mandato de pura transición. Ni siquiera es sólo una. Esta semana ha logrado el primer flash de la foto lorquiana, pero difuminada por la sombra de lo que costará. Hablamos de lo realmente complicado: de dinero. Del ‘agujero’ al que hay que hacer frente. De las partidas sin justificar, de los fondos supuestamente saqueados y del sobrecoste que ha supuesto la obra. De la preocupación por que el legado llegue “a cambio” de la condonación de las deudas.

El legado de Lorca tiene que estar en Granada pero ni el chantaje ni la extorsión pueden formar parte de ese viaje. ¿Eso significa que no tendrá en precio? No seamos ilusos, todo tiene un precio: simbólico y real. La cuestión es tan sencilla -y tan difícil- como penetrar en el agujero negro del Centro Lorca y fijar qué cuota de responsabilidad corresponde a cada uno de los actores que se disputan aparecer en la foto. En esa foto en la que todos quieren estar. En esa foto que bien vale un mandato.

El legado de Lorca: dos meses o dos décadas

Magdalena Trillo | 20 de septiembre de 2015 a las 13:26

La historia reciente del legado de Lorca corre en paralelo a la de este periódico. Hace doce años, un frío mes de noviembre, Torres Hurtado llegaba de Madrid con su primer gran proyecto bajo el brazo: un gran consorcio devolvería a la ciudad el patrimonio de su poeta más universal. Dos largas décadas de democracia no habían sido suficientes para reconciliar a Federico con su ciudad. Los miles de manuscritos, dibujos, cartas y fotografías que sus padres sacaron ocultos en una vieja maleta seguían custodiados en la Residencia de Estudiantes de Madrid.

Granada Hoy llegó por primera vez a los quioscos un 14 de septiembre de 2003 y el alcalde había estrenado en mayo una rotunda mayoría absoluta para gobernar la capital. Su primera fijación fue Lorca y, en apenas unos meses, ya había conseguido lo que inopinadamente se había intentado sin éxito unos años antes: acordar con la familia del poeta el regreso del legado. Se produjo entonces la famosa foto de Laura García-Lorca con el entonces presidente Aznar y se fijó la hoja de ruta para construir un gran centro en la Plaza de la Romanilla que contribuyera a difundir su memoria.

El edificio está; su obra no. No se ha inaugurado en 2007 como se planeó inicialmente pero en este 2015 por fin ha abierto las puertas. Durante el verano, vacío; desde el pasado viernes, con una extraordinaria exposición en la que, paradójicamente, se ha convocado antes al público que al autor. En las obras de los diez artistas que dialogan íntimamente con el vanguardista edificio se percibe la ausencia de quien ha inspirado sus creaciones. En la “caja mágica” de la que habla la comisaria falta la magia. Falta el Lorca niño y el Lorca poeta, el Lorca irreverente y el Lorca reflexivo, el Lorca imparable de los años 20 y el Lorca genio de los 30. Faltan sus palabras y su teatro. Faltan sus dibujos y su música. Falta su voz y su risa.

 

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Si bucean bien en las propuestas de Belén Rodríguez, Miki Leal, Mauro Cerqueira o Tobias Rehberger seguro que podrán intuir a la persona y al personaje, al Lorca cotidiano y al surrealista, al Lorca comprometido y al Lorca gamberro, al Lorca soñador y al Lorca temeroso, pero aún no podrán estremecerse pensando que, en el gran cubo de acero acorazado que cuelga del techo, palpita su obra.

La exposición llena de vida el edificio y da sentido a un proyecto que se ha ido abriendo camino de crisis en crisis. Primero fue la política, la de las ideologías y los egos, luego llegó la económica con sus tediosos episodios de recortes y retrasos y, ahora, la más inesperada de todas: la del engaño y la corrupción. No se merecía el Centro Lorca el epílogo de un no-inicio en los tribunales como no se merece esta ciudad seguir siendo rehén de la desgracia. Federico, asesinado; su familia, exiliada; su centro, objeto del fraude.

La denuncia que la sobrina del poeta ha interpuesto contra el exsecretario de la Fundación en los juzgados de Madrid bien podría encarnar una velada lorquiana de títeres de cachiporra. Los tribunales determinarán si Juan Tomás Martín falseó datos y robó, pero el sinsentido va más allá. Con o sin firma falsificada, por acción o por omisión, sobre Laura pesan trece años de confianza ciega en un (presunto) estafador; sobre las instituciones la corresponsabilidad del descontrol en la gestión. A Juan Tomás le ‘premiaron’ sus servicios nombrándolo gerente del Consorcio y allí están todos: Ayuntamiento, Ministerio, Junta, Diputación y Universidad.

Laura, portavoz de la familia y actual presidenta de la Fundación, se excusó el viernes para no asistir a la inauguración de la exposición pero su ausencia fue más que un símbolo. Tanto como las comedidas declaraciones del alcalde anunciando que el Consorcio se personará formalmente en la causa. Las auditorías siguen pendientes. La Fundación se ha negado a facilitarles las cuentas. No tienen ni justificantes ni facturas. Pero las espadas no están en alto. Al contrario. El alcalde pudo ser guerrero pero optó por ser conciliador. Todos son más que conscientes de que, de su actitud y sensibilidad, dependerá ahora que el legado llegue en dos meses o en dos décadas.

La tensión entre la familia Lorca y las administraciones nos retrotraen a los amargos momentos de intransigencia, reproches y utilización partidista que hace unas décadas protagonizaron Isabel García Lorca y Manuel Fernández Montesinos. Pero con matices. El escenario es ahora claramente diferente. Las instituciones están completamente unidas, están actuando con máxima lealtad y mantienen abiertos todos los puentes. De momento, es la prudencia y el diálogo lo que se han autoimpuesto para la negociación. La batalla judicial sólo llegará si no hay otra opción…

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Mientras tanto, querido público, pase y déjese llevar… La exposición con que se ha puesto fin a dos meses de apertura ficticia merece ser visitada y revisitada. Porque le transformará. Lo hará la experiencia de, desde la inocencia y la mera intuición, descubrir el centro dejándose interpelar desde las paredes, el techo y el suelo con las cómplices propuestas de los creadores. Lo hará la experiencia de sumergirse en la sugerente publicación que la comisaria de la muestra, Virginia Torrente, ha preparado para el esperado estreno de la programación lorquiana. Y lo hará mucho más la experiencia de revivir las piezas en los espacios no sintiéndose impasible espectador sino público de verdad. Lo que preconizaban Gilbert & George en los 70 se atisba en el Centro Lorca: “Siempre hemos dicho que la gente, después de ver una exposición, tiene que volver a su casa siendo diferente”.

Ya sabemos que el Centro Lorca no será museo-contenedor; no será uno más. Todavía no es una “caja mágica” pero tampoco una “caja vacía” esperando ser llenada; “rellenada”. Miguel Albero cierra el catálogo de la exposición de forma casi premonitoria. El escritor madrileño recuerda cómo, repitiendo el absurdo de Esperando a Godot, El Público tuvo que aguardar 56 años para estrenarse desde que Lorca escribió la obra (de 1930 a 1986). Vladimir y Estragon esperan y esperan pero Godot nunca aparece. El público, aquel público, ni siquiera llega a saber quién es ese misterioso personaje con que Beckett reflexiona sobre la carencia de significado de la vida. Ahora es a Lorca a quien esperamos. Pero, como escribía ayer José Carlos Rosales en este diario, al público de Lorca no hay que crearlo; llevamos décadas atentos para fluir y sabemos perfectamente a quién esperar. Lo que todavía está por ver es si seremos capaces de no escribir el mismo final que el dramaturgo irlandés; si lo haremos en dos meses o en dos décadas.

A medias

Magdalena Trillo | 12 de diciembre de 2010 a las 11:38

HACE dos décadas era casi una locura. Hoy, el Parque de las Ciencias de Granada se ha convertido en un modelo de gestión para Bruselas y en un referente en la oferta de ocio de toda Europa. Un ‘museo estrella’ que sigue empeñado en ser el Guggenheim del Sur. Un museo que nada tiene que ver con los centros que viven de cenicientas de la cultura…

La historia empezó en 1990. Ernesto Páramo, un gallego licenciado en Derecho más fascinado por las leyes de la vida que por las del hombre, convenció al Ayuntamiento para que apoyara la construcción de un museo científico. Entonces sólo había dos experiencias similares en España: una en La Coruña y otra en Barcelona. Jara no dudó en ‘comprar’ la idea y en mayo de 1995 abría sus puertas el primer museo científico de Andalucía. Tal ha sido su evolución que, con apenas diez años, se tuvo que proyectar la ampliación con la Cuarta Fase y ahora, desafiando las políticas de ajustes, se pone sobre la mesa un nuevo proyecto.

Es la Quinta Fase. El Biodomo. La casa de la vida. Tendrá una inversión superior a los 12 millones de euros y estará terminado para 2013. Para el Milenio. El consejero de Educación aprovechó el viernes el acto de premios y distinciones de la Diputación para realizar el anuncio. Se construirá en enorme acuaterrario y se “meterá vida” en el centro. Era la pata que faltaba. Un espacio para la diversidad. Para perseguir, por ejemplo, una gota de agua desde que cae en Sierra Nevada hasta que llega a Sanlúcar y se pierde en el mar.

La inversión millonaria no ha caído del cielo. Páramo ha sabido pescar. La eficiencia con que se han gestionado los fondos de la Cuarta Fase se recompensa ahora, justo en el ecuador del programa 2007-2013, con una nueva partida. Es la Regla del N+2: el reajuste que aplica Europa para premiar (y castigar) la ejecución de los presupuestos comunitarios.

Mañana, el Consejo Rector mantendrá una reunión para analizar el plan de actividades, aprobar el presupuesto de 2011 y evaluar el pacto económico alcanzado entre el Ayuntamiento y el Consorcio para zanjar de una vez la historia de las deudas. En ese contexto, Álvarez de la Chica lanzará la idea de abordar la Quinta Fase y sólo hay dos cuestiones que podrían ensombrecer el proyecto.

La primera es la incógnita sobre qué dirá Ayuntamiento (PP). Pese a su predilección por Fray Leopoldo, no parece lógico que ponga obstáculos a uno de los pilares de la oferta cultural y turística de la ciudad y, menos aún, a recibir una inesperada inyección de dinero. La segunda cuestión es urbanística. Para ejecutar el Biodomo hay que aprobar el nuevo PGOU y activar ya el ‘destierro’ de Urende. Nada es insalvable.

Confiando en que se imponga el sentido común, por encima de intereses partidistas y de estrategias electorales, parece poco discutible que una noticia de este tipo sea recibida con un apoyo sin fisuras de todas las administraciones y de la propia sociedad. Confesaremos, sin embargo, que no era la buena noticia que esperábamos escuchar el día en que la Diputación hacía Hija Adoptiva a Laura García-Lorca. Más aún, si tenemos en cuenta que estaban representadas las dos instituciones que siguen dilatando el acuerdo para terminar de financiar el Centro Lorca.

El ahora ministro Manuel Chaves ha sido uno de los grandes impulsores del proyecto. La sobrina del poeta lo sabe y tal vez por ello su rostro se transfiguró cuando escuchó el anuncio. Hay dinero para un nuevo proyecto pero no para acabar uno que debería estar funcionando desde hace años.

No se trata de competencia. Se trata de justicia. De hacer algo tan sencillo como no dejar los trabajos a medias. El Parque de las Ciencias verá su casa terminada en 2013. Todos lo celebraremos. Pero, ¿no era el día de poner fecha, esta sí definitiva, para inaugurar el Centro Lorca y hacer posible que el legado lorquiano vuelva a Granada?