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La burbuja de la austeridad

Magdalena Trillo | 21 de abril de 2013 a las 10:45

Se equivocaron manejando el Excel. Los ‘padres’ de la austeridad erraron sus cálculos económicos cuando analizaron los datos de decenas de países y concluyeron que los gobiernos con una deuda superior al 90% tienen problemas para impulsar el crecimiento. Se llaman Kenneth Rogoff y Carmen Reinhart y lo han reconocido esta semana cuando tres colegas de la Universidad de Massachussets han denunciado que su teoría de la austeridad está repleta de agujeros. La noticia iba perdida en un faldón de periódico haciendo referencia a un artículo más amplio del Financial Times; la religión que nos ha sumido en este perverso e implacable proceso de ajuste de cinturón hace aguas… y todo sigue igual.

Casi igual. Porque en apenas dos días el FMI ha cambiado su discurso para España introduciendo el matiz de la flexibilidad. No nos cambia de medicina pero sí nos prescribe una disminución de la dosis. Las cifras rectificadas de la austeridad indican que países con una deuda superior al 90% no caen de forma automática en la recesión y pueden registrar un crecimiento medio del 2,2%. Aunque es evidente que no se trata ahora de defender el despilfarro de los gobiernos, sí subrayan los expertos que “un déficit administrado juiciosamente es la herramienta más efectiva para combatir el desempleo masivo”.

Ahí está la clave, en el “juicio“. En realidad, los dos profesores de Harvard que han inspirado buena parte de los programas de rigurosidad fiscal insisten en que su “mensaje central” se mantiene invariable a pesar de los errores de cálculo: las economías sufren un nivel de endeudamiento excesivo. A nivel mundial y a nivel local. Bastaría con repasar la situación en que se encuentran los ayuntamientos españoles para constatar los “excesos”.

Sólo en Granada la deuda municipal con los bancos alcanzó en 2012 los 551 millones de euros, 597 euros por habitante y más de 900 en el caso de la capital. El incremento global respecto al ejercicio anterior supera el 53%, pero hay pueblos como Atarfe, Salobreña, Maracena, Vegas del Genil, Armilla o Baza que han registrado una subida que va del 69% al 366%. La razón principal es el plan de pago a proveedores. Son miles de facturas las que explican las cifras. Facturas que han llevado al cierre a pequeñas empresas y que han colocado en una situación de asfixia a cientos de familias. En esta ocasión, la “administración juiciosa” del déficit no sólo está justificada sino que está resultando una medida esencial para acabar con la espiral de impagos que está ahogando la economía. No obstante, el análisis cambia si nos preguntamos cómo es posible que un Ayuntamiento como Atarfe haya acumulado15 millones de facturas en los cajones. Porque el problema es hoy el exceso de austeridad pero ayer lo fue el exceso de despilfarro. Una dosis siempre equivocada.

Me contaban el otro día en la Guardia Civil que ellos no compran ni un bolígrafo si previamente no tienen el dinero disponible para pagarlo. Sin deudas. De su propio presupuesto. Imagino la exasperación que a veces debe suponer un nivel de exigencia y control tan elevado pero, viendo a lo que nos hemos dedicado en los últimos años, no puedo más que lamentar que hayamos tardado tanto tiempo en frenar la toxicidad del ‘pelotazo’. Excesos en el mejor de los casos, fraude y corrupción con demasiada facilidad. Si recordamos, la partida 31L de los ERE se aprobó en su día como antídoto contra la burocracia. En treinta años de democracia, con la nostalgia del caciquismo, los políticos no han parado hasta que han adaptado las leyes a sus necesidades de poder.

Muñoz Molina, antes de dedicarse por completo a la literatura, lo vivió en el Ayuntamiento de Granada cuando trabajó de funcionario y lo cuenta en su último libro. Todo lo que era sólido es el ensayo más lúcido y cercano que he leído hasta ahora sobre la crisis; la global, la de la brujería financiera, y la nuestra, la que llevamos en el ADN de la marca España. “La ruina empezó cuando la potestad de disponer del dinero público pudo ejercerse sin los mecanismos previos de control; cuando las leyes se hicieron tan elásticas como para no entorpecer el abuso, la fantasía insensata, la codicia, el delirio”.

La abundancia de dinero fue de repente inundación. Pero nadie pensó que era prestado. Ni los políticos ni nosotros. De repente hubo mucho dinero y, de repente, ya no lo hubo. Llevamos tanto tiempo fustigados por la crisis que había olvidado el origen de todo; cómo y cuándo “todo lo que era sólido se desvaneció en al aire”. Ahora el problema es la austeridad, pero no deberíamos reaccionar olvidando ese ayer enfermo en el que nunca pasaba nada hasta que un día pasó.