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En automático

Magdalena Trillo | 26 de octubre de 2014 a las 10:00

Lo humano es estar a la defensiva. Siempre. En alerta. Rechazar que nos manipulen e indignarnos ante la más mínima sospecha de que nos quieran intoxicar, influir, persuadir… Por eso resulta tan sorprendente la ligereza con que dejamos a cualquier aparato que decida… y hasta piense por nosotros. Se supone que la tecnología nos debería hacer la vida más fácil, ¿pero anulando nuestra identidad?

No es tecnofobia; al contrario. Si algo nos ha enseñado la revolución digital es a incorporar los avances con normalidad y aprovechar las ventajas de lo nuevo por encima de los trastornos de estar a la última. Dejamos, sin embargo, que Google nos diga lo que tenemos que buscar, saber y casi que pensar; recibimos con aparente tranquilidad los mensajes emergentes que nos prescriben dónde viajar, qué vino beber y hasta qué zapatos comprar y terminamos permitiendo a Facebook que nos señale quiénes han de ser nuestros amigos.

Por mucho que conozcamos la lógica de los algoritmos que hay detrás, estamos ante una peligrosa invasión de nuestra intimidad, de nuestra privacidad, que no sólo consentimos con ingenuidad sino que también la incentivamos cuando nos ‘desnudamos’ en las redes subiendo todo tipo de datos.

Seguro que piensa que estas cosas le ocurren a los otros, no a usted. Pues preocúpese porque puede que esté sufriendo el síndrome de la tercera persona. Siempre ha habido niños a los que cargar las culpas y ahora tenemos máquinas y un sinfín de innovaciones sobre las que justificar nuestros pecados y, por supuesto, nuestra irresponsabilidad.

Ese mismo síndrome debe estar afectando a Rato y Blesa cuando confiesan en los tribunales que “todo estaba mal” pero que serán otros quienes deban explicar el saqueo en Caja Madrid; que ellos sólo “aceptaron, consintieron y propiciaron” -así lo dice el juez- porque pasaban por allí… Como el Jaguar que ‘pasaba’ por el garaje de la ministra de Sanidad, como los millones fantasmas que no dejan de perseguir a los Pujol…

Deberíamos estudiar si el punto insolente de ignorancia que se ha puesto de moda para explicar cualquier fechoría y corruptela en nuestro país es un efecto pernicioso de la tecnología, de su uso intensivo e irracional. Si hemos atorado tanto nuestro cerebro que nos hemos adormecido, hemos puesto nuestras vidas en automático y hemos terminado perdiendo la perspectiva de lo real. Aunque reconozcamos que en unos casos parece más buscada que sobrevenida.

Lo que ya está científicamente comprobado es cómo la tecnología ha mermado nuestras capacidades más básicas. Por ejemplo, la orientación. Confíe su destino al GPS y acabará tan perdido como los esquimales canadienses de la isla Igloolik. Los cazadores inuit han estado miles de años atravesando estepas de hielo y ventiscas sin perderse ni sufrir accidentes, hasta que se han apuntado a los mapas y avances digitales. Los antropólogos de Ottawa ya han demostrado cómo están perdiendo su innata aptitud. Algo muy parecido a lo que ya le ocurre a los pilotos -hay estudios sobre la merma de sus habilidades para tripular por culpa de los ordenadores inteligentes- y a lo que empezamos a sufrir todos sometidos a los estímulos y distracciones de los teléfonos y tabletas que llevamos hasta al baño. El último informe sobre la adicción de los jóvenes a las nuevas tecnologías es alarmante: en apenas un año, los dispositivos móviles han triplicado los casos en Granada.

Y no sólo hablamos de biología; el talento también se resiente. El ensayista Nicholas Carr lo escribe en su último libro Atrapados: cómo las máquinas se apoderan de nuestras vidas cuando alerta de cómo nos “embrujan” las tecnologías ingeniosas, cómo lo adoptamos todo muy rápido pensando que es muy ‘cool’ -y que nos descargará de trabajo -y no nos damos cuenta de que estamos transformando nuestra propia forma de actuar en el mundo. Un dato revelador: los médicos de atención primaria dedican entre un 25% y un 55% de su tiempo a mirar la pantalla en lugar de examinar al paciente…

El pensador norteamericano no entra en reflexiones morales pero debería. Unos nos dejamos engañar sin darnos cuenta y a otros les sirve para fabricar su coartada y escurrir el bulto. Lamentablemente, Rato llevaba razón: en la crisis, en cualquier crisis, no todos pierden; siempre hay unos pocos que ganan.

Ellos, los indefensos

Magdalena Trillo | 23 de junio de 2013 a las 10:28

Dicen Messi y Blesa que se sienten indefensos . El futbolista del Barça, el cuatro veces balón de oro, el mejor jugador del mundo, no está acostumbrado a ser criticado por la prensa y mucho menos por una conducta nada ejemplar como defraudar a Hacienda. El caso es que debe 4 millones al fisco por los ingresos extra que obtuvo en derechos de imagen entre 2007 y 2009 y, por muy menor que fuera, por muy poco que entendiera de números, tendrá que declarar como imputado ante el juez el próximo mes de septiembre. El ex presidente de Caja Madrid, el banquero acusado de ‘perder’ 500 millones con la ruinosa compra del City Bank de Florida y de conceder un temerario crédito a su entonces amigo Díaz Ferrán, evadió la cárcel en mayo en menos de 24 horas pagando 2,5 millones de fianza y ahora ha conseguido que la Audiencia Nacional revise su caso en un tiempo récord de dos semanas. ¿Quién decía que la justicia era lenta? Mientras Messi y su padre denuncian “indefensión mediática”, a Blesa lo persigue un juez con “inusuales facultades adivinatorias”.

Con la clarividente ayuda del ministro Montoro en el caso del DNI mutante, la semana ha saltado de la política de los errores a la política del poltergeist. El futbolista argentino, envuelto en las profundas “estructuras de optimización fiscal” tan conocidas entre deportistas y artistas para evadir impuestos. Blesa, víctima de un magistrado poco riguroso, con pésima reputación y obsesionado con “abrir una causa general contra los responsables de la crisis” que ha vulnerado su derecho de defensa. La infanta Cristina, con la venta ficticia de fincas rústicas y urbanas de las que nunca fue propietaria y que, por un “error administrativo”, habría puesto de acuerdo a notarios y registradores de media España para cometer el mismo fallo hasta trece veces. Un misterio que no aclaran ni las matemáticas, porque la probabilidad de que se produzca tal error, confundir el DNI de cualquier español con el de la mujer de Urdangarín (toda la familia real tiene asignados sólo dos dígitos y a ella le corresponde el número 14), es de 1 entre diez quintillones; 1 entre diez billones de trillones…

Llegados a este punto lo más sensato sería pensar que la Agencia Tributaria no funciona tan modélicamente como nos decían. Pero tanto ha insistido Montoro en que no veamos “fantasmas volando“, tanto ha tardado en comparecer para explicar que no hay explicación, que cuesta desprenderse de la lectura ‘conspiranoica’. Imagínense, por ejemplo, si se tratara de una rebelión del número 13 por ser ninguneado cuando le ‘tocó’ a la hija del Rey y fue rechazado por superstición…

Sigamos la estela adivinatoria y preguntémonos si en el agujero de indefensión de Messi, Blesa y la Infanta no está la misma mano negra que manipuló los papeles apócrifos de Bárcenas y que firmó en marzo las actas fantasma del Parlamento andaluz con la subida de dietas. No sé si a Miguel Blesa lo persiguen los jueces -hay quien dice tener informes psiquiátricos del juez que demostrarían que no está en condiciones de ejercer su trabajo con imparcialidad-, pero sí los números.

Bastaría con recordar aquella otra pseudoexplicación del PP al conocerse que el ex inquilino de Soto del Real había cobrado cerca de 600.000 euros del partido cuando estaba al frente de CajaMadrid: en el apunte contable 410069 (los dos primeros dígitos coinciden a la inversa con el fatídico número del error de la Infanta) se anotó inicialmente un importe de 9.000 euros que pagaron en 1994 a Blesa por un trabajo de asesoría y, posteriormente, por un “error administrativo”, se asignaron saldos de “distintos acreedores de todas las sedes del PP”. ¡Un caso para Melinda Gordon!

Si como dice Montoro no hay fantasmas, parece urgente encargar una sesuda investigación sobre numerología antes de que desaparezcan los cientos de observatorios, consejos, consorcios e institutos que tenemos repartidos por toda la geografía española. La primera incógnita es descubrir por qué las equivocaciones siempre benefician a los mismos; por qué nunca hay errores que nos libren a las menguantes clases medias de pagar nuestros impuestos -o pagar menos-. ¿Hay algún rico que cumpla con Hacienda sin trampear? ¡Ellos, los indefensos !

La segunda incógnita, que nada tiene que ver con la más críptica de las ‘ciencias’ metafísicas, requeriría una sesión de psicoanálisis y una máquina de la verdad. ¿Tan difícil es que en este país alguien hable claro? ¿Tanto cuesta asumir la responsabilidad sin necesidad de culebrones ni guiones de cine negro? Termino con una propuesta ilusamente constructiva: ¿por qué no empiezan todos, incluido Messi, devolviendo lo que no es suyo?

Los culpables de la crisis

Magdalena Trillo | 19 de mayo de 2013 a las 10:49

Hace un par de meses que un buen amigo presentó su carta de renuncia como consejero de un banco. Se fue asqueado por las noticias de sueldos millonarios, blindajes indecentes, corruptelas y sinvergonzonería con que se levantaba cada mañana. Se fue por principios. En su entidad no había saltado ningún escándalo pero no quería ser cómplice, ni siquiera por omisión, de un sistema enfermo que empezaba a despertar de la resaca del delirio. Se fue sin hacer ruido. Bastó un párrafo de palabras asépticas y políticamente correctas, los recurrentes “motivos personales”, para esconder la impotencia que sentía viendo las toneladas de basura que estaba dejando la insensatez de unos, las ínfulas megalómanas de otros y la inconsciencia de la mayoría.

El día que me lo contó hablamos con nostalgia del modelo de las cajas, de lo importante que habían sido para los territorios, y lamentamos los muchos errores que habían cometido cuando enterraron sus raíces y se pusieron a competir con los bancos con el único fin de ganar dinero y crecer. En unos términos similares se pronunciaba hace una semana el presidente de CajaGranada criticando las “barbaridades” de las preferentes y la financiación inmobiliaria y reconociendo las locuras y riesgos que se asumieron “por encima de cualquier cálculo racional y sensato”.

Pero dejaba una puerta abierta: siguen siendo útiles. “Las cajas de ahorros”, reflexionaba Antonio Jara en la entrevista que publicábamos en este diario, “han hecho cosas mal y algunas muy mal, pero eso no quiere decir que una mala actuación médica obligue a suprimir el estamento médico. Se han olvidado de cuáles eran sus objetivos fundamentales, pero eso no autoriza a decir que el modelo de las cajas y los tres pilares sobre los que se asientan [la lucha contra la exclusión financiera, la vinculación al territorio y la obra social] no sean objetivos dignos”.

Los objetivos de las cajas seguirían siendo “dignos” si de verdad se cumplieran y, si realmente perviviera el modelo (mientras que Alemania sí se ha comprometido con sus entidades, en España ha sido el propio Gobierno quien las ha dinamitado), hasta podríamos defender su “utilidad”. Pero con matices: habría mucho que cambiar, mucho que despolitizar y profesionalizar, y no se puede pasar página sin exigir responsabilidades.

Hay un ‘caso Blesa’, el que ha abierto esta semana el juez Silva Pacheco contra el expresidente de Caja Madrid por comprar un banco de Miami por el doble de su valor, y hay una ‘era Blesa’ con la que aún tenemos un capítulo pendiente. ¿Dónde estaba el Banco de España, la CNMV y los filtros de la Comunidad de Madrid cuando el amigo de Aznar, el inspector de Hacienda que escaló a lo más alto de la Torre Kio sin experiencia bancaria, el tipo que colocó 3.000 millones en preferentes, cavó el agujero de Bankia? 19.000 millones de rescate nos han costado sus ‘aventuras’…

Dice el juez, granadino por cierto, con fama de polémico, contundente y singular, que la conducta de Blesa fue “aberrante” y que provocó el “tsunami perfecto” en la entidad… Si es Blesa, que lo pague. Pero es Blesa y son muchos más. ¿Cuándo vamos a pedir explicaciones a las personas que partidos y sindicatos, auténticas ‘maquinarias de colocación’, premiaron un día sentándolos como floreros en los consejos de administración de entidades de todo el país?

En estos momentos hay en España cerca de noventa ex directivos de bancos y cajas imputados y por primera vez empezamos a ver que se ‘hace justicia’ llevando a los culpables al banquillo de los acusados y a la cárcel. Es verdad que en menos de 24 horas la familia de Miguel Blesa ha conseguido los 2,5 millones que impuso el juez de fianza pero su caso es ya un ‘aviso a navegantes‘. No hablo de la sentencia, que confío en que sea objetiva y ajustada a Derecho, me refiero al papel que la Justicia española está asumiendo para depurar responsabilidades cuando la política ha querido mirar para otro lado.

No se trata de abrir una causa general contra la banca, pero sí de acabar con la impunidad de quienes han tenido una responsabilidad directa en la quiebra financiera por una mala gestión que en demasiadas ocasiones ha sido delictiva. Hace dos años que en Islandia decidieron ajustar cuentas con los culpables de la crisis, incluidos los ministros que contribuyeron a la ruina al país, y aquí parecía que nos habíamos ‘conformado’ con un cambio en La Moncloa. No buscamos linchamiento pero sí justicia. Sin indultos y sin excepciones.