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La caída de los jueces

Magdalena Trillo | 5 de junio de 2018 a las 10:30

La juez Alaya ha decidido salir de su ostracismo mediático sin contemplaciones: gravísimas acusaciones contra la Junta, inauditos reproches al PP y furibundos ataques a sus compañeros. Basculando entre el victimismo y la heroicidad, denuncia presiones políticas y judiciales para apartarla de las grandes causas de corrupción en Andalucía. Acusa y difama a la vez. Todo sin pruebas.

En Lugo, la magistrada María Jesús García Pérez hace de pitonisa en su tiempo libre. Ya fue expedientada por ir al juzgado con su gato y ahora es el CGPJ el que ha abierto una investigación para esclarecer la rareza de que se dedique a echar las cartas del Tarot por 20 euros. Su jefe se confiesa incapaz de calificar lo que, cuanto menos, le parece “peculiar”.

Desde Granada, el jurista Carlos Castresana, conocido por su etapa como fiscal anticorrupción al frente de investigaciones como la de Gil o Pinochet, ha lanzado una dura denuncia sobre la connivencia de jueces, fiscales, políticos y empresarios, que ha removido los cimientos del complaciente sistema judicial.

En estos momentos lleva media docena de causas que afectan al anterior gobierno de Torres Hurtado (PP) y su diagnóstico inicial es demoledor: “En Granada los casos se atascan por el gran poder de los imputados”. Asegura que la situación “está muy extendida” y que no se denuncia porque los propios abogados tienen condicionadas sus carreras, sus despachos, sus clientes… Una ley del silencio que se convierte en un burladero protector.

Preguntémonos, por ejemplo, cómo es posible que todas las grandes causas de corrupción en este país (del caso Serrallo en Granada a la trama de la Gürtel) hayan sido impulsadas por ciudadanos anónimos que han terminado siendo presionados y perseguidos… Pensemos si no lleva razón Castresana cuando ve un Poder Judicial “escuálido” y “muy manipulado” porque “así interesa” al resto de poderes. Y reflexionemos sobre una realidad: en la mayoría de los casos no es el enriquecimiento del político lo que suele estar detrás, sino la financiación irregular de los partidos. “El delito electoral -dice- es el gran desconocido”. Corruptos y corruptores. Otra pieza del puzle que a nadie le interesa remover…

Son historias variopintas, diferentes, pero todas ellas transmiten una imagen de la Justicia muy alejada de la sobriedad institucional que se le presupone. Podríamos replicar que se trata de “manzanas podridas” y de “casos aislados”, pero nos engañaríamos si pasamos por alto el cáncer que supone un corporativismo a cualquier precio.

Que gobierne Soraya

Magdalena Trillo | 27 de mayo de 2018 a las 11:00

El tiempo de Rajoy se ha acabado. Lo clama toda la oposición y lo saben los suyos. Incluida esa guardia pretoriana que se dopa a diario con la calculadora del empleo pensando que “España va bien” y que volverá a amainar. La economía ya no es suficiente. En apenas unas horas, la euforia del Gobierno por la aprobación de los Presupuestos del Estado -sometidos una vez más al chantaje del nacionalismo vasco y de las fuerzas más minoritarias del arco parlamentario- se ha transformado en un funeral.

La prima de riesgo se ha despertado y Bruselas no tardará en apretar el cinturón cuando salten las alarmas del déficit con la revalorización de las pensiones, la subida salarial de los funcionarios y el recorte de los impuestos. Y es que nada era posible hasta que fue. De momento, de los “burócratas de las tijeras” nos salva el estado de infarto de Europa ante el órdago que les acaba de lanzar Italia con explosiva unión de los ultras de la Liga Norte y los populistas del M5E ensayando su particular república feliz. Sin lunes y sin acné…

El momento selfie de Montoro se diluyó como en Snapchat con la apisonadora de la Gürtel. La sentencia de la Audiencia Nacional que retumbó el jueves los pilares de Génova -insuperable el meme del edificio en venta por traslado masivo a Soto del Real- es sólo el principio. Hubo caja B en el PP, queda probada la financiación ilegal del partido y se constata la existencia de “un auténtico y eficaz sistema de corrupción institucional” a través de contratos manipulados “en la administración pública central, autonómica y local”.

El muro de contención del presidente del Gobierno se ha resquebrajado y se ha llevado por delante el comodín de dos años que acababa de conseguir con los PGE. En este punto, el único interrogante que planea sobre un partido golpeado estructuralmente por la corrupción -la rotunda sentencia se ha llevado por delante tanto la defensa de que eran “casos aislados” como el escudo de que era “otro PP”- es cuánto tiempo, con cuántos errores de estrategia y con qué coste se asumirá la caída.

Porque después de la Gürtel vendrán los papeles de Bárcenas con un Rajoy especialmente vulnerable: ni siquiera los jueces lo consideraron “creíble” cuando fue a declarar como testigo -el 26 de julio llegó a decir en sede judicial que “jamás” oyó hablar de “financiación irregular”- y la previsible entrada en prisión de Rosalía Iglesias, la mujer del extesorero del PP, ha hecho saltar todas las alarmas sobre lo mucho que aún se pueda barrer bajo las alfombras.

Entre los 1.687 folios de la sentencia no sólo están los grandes titulares que estos días han ocupado el foco mediático: desde los 33 años de cárcel para Luis Bárcenas y los 51 para el cabecilla de la Gürtel, Francisco Correa, hasta la condena directa al PP obligándolo a pagar 240.000 euros como partícipe a título lucrativo. Los que se deslizan entre líneas no son menores: “Rosalía no es un simple objeto”. La Sección Penal Segunda se pronuncia feminista y advierte que el tribunal “no puede consentir” que se crea una ignorancia deliberada -el papel de mujer objeto que se limita a firmar lo que le dice su marido- en alguien que demuestra todo lo contrario.

Lo sufrimos durante meses con la despistada exministra Ana Mato, lo utilizó la infanta Cristina intentando rebajar su responsabilidad en el caso Noos y ha sido un clásico en los tribunales aunque cada vez con menos éxito -recuerden si no la ejemplaridad de Isabel Pantoja entrando en prisión con una condena menor-. La sentencia de la Gürtel va en esta misma dirección: todos iguales ante ley; para lo bueno y para lo malo… Desde este planteamiento, vuelvo a la crisis de Rajoy con una (medio) salida -la opción Soraya- que tal vez sea una de las pocas jugadas dignas que le queden al líder de los populares.

El relevo fue la solución que el PP pactó con Cs en los casos de Murcia y de Madrid y ahora podría dar un inesperado quiebro a la situación de tensión y bloqueo que se ha instalado con la moción de censura del PSOE. No obstante, Rivera ni plantea el recambio sabiendo el daño electoral que supondría para su partido situar a alguien como la vicepresidenta al frente del Ejecutivo y es un recorrido que choca de plano con la esencia de la era Rajoy: aguantar y no hacer nada…