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Ciudadanos 3.0

Magdalena Trillo | 13 de septiembre de 2015 a las 10:41

La imagen de la periodista húngara poniendo la zancadilla a varios refugiados sirios que habrá visto infinidad de veces por múltiples canales tal vez sea uno de los ejemplos más contundentes sobre la realidad que ha impuesto la vida 3.0: cada vez resulta más difícil pasar desapercibido; cada vez tienen menos recorrido la manipulación y las mentiras; cada vez es más complicado tapar la verdad.

Petra Laszlo, reportera de la televisión N1 -cercana al partido de extrema derecha Jobbik-, calló primero y eludió pedir perdón. Los hasta siete años de cárcel que pueden caerle por su ruin comportamiento le han hecho cambiar de opinión. El viernes publicaba en un diario ultra de su país una carta pidiendo disculpas, asegurando que actuó “presa del pánico”, que no es una “cámara racista sin corazón que patea niños” y que no merece la “caza de brujas” y “amenazas de muerte” que está recibiendo. Ahora se presenta como “una madre soltera en paro y con hijos pequeños que tomó una decisión errónea”. Una madre digna de compasión.

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Pero no se ve el pánico en las imágenes que el periodista alemán Stephan Richter captó y difundió en su cuenta de Twitter: la joven patea y sigue grabando. Y vuelve a patear. Extraña forma de “asustarse” y “protegerse” de padres y niños que llegaban desde Serbia e intentaban cruzar el control policial de Röszke tras pasar la noche en condiciones tremendamente precarias.

Pensará que es una historia tan clara y evidente que no se puede manipular ni ocultar. Se equivoca. Para TVE la reportera no hace más que “interferir en el camino de varios inmigrantes”; “conseguir una noticia que ya le ha costado su puesto de trabajo”… Una becaria de nuestra cadena pública contó fielmente lo que ocurrió y una editora de la “redacción paralela” se lo corrigió y lo tergiversó. La polémica versión se emitió en el informativo matinal del miércoles. La avalancha de críticas ha sido tal que ya ha desparecido. Ahora sólo se puede consultar en su web una versión decente de lo que ocurrió.

Los directivos de la cadena húngara han tachado lo ocurrido de “inadmisible” y mantienen firme su decisión de despedir a la reportera. En TVE vuelven a mirar para otro lado pero al menos han tenido que recular. Sobre el comportamiento de Petra Laszlo tendrán que pronunciarse los tribunales pero para la condena social no hay que esperar.

Y todo es consecuencia del mundo 3.0, un número que tomamos prestado de las innovaciones informáticas para evidenciar la vigilancia, la exigencia y la implicación que los ciudadanos hemos decidido tener en la esfera pública. Primero fue la Política 3.0, luego el Periodismo 3.0 y, en la base del tránsito, es la gente 3.0 la que sostiene las nuevas reglas del juego con que estamos construyendo nuestro mundo global y local.

Los políticos hacen su trabajo pero no están solos. Los periodistas cumplimos nuestro papel de vigilantes pero no estamos solos. Los ciudadanos participan. Llegan los “superusuarios”, las “nanoaudiencias” y las “muchedumbres inteligentes” (las smart mobs). Cambia la agenda y aumenta el poder de los destinatarios; usuarios que ya no se tragan pasivos lo que contamos unos y otros, ciudadanos que ocupan todos los eslabones de la cadena y que se atreven a ocupar las posiciones de privilegio que durante décadas nos hemos repartido políticos y periodistas. Sin intermediarios. La política se democratiza; la información se democratiza. Los mensajes dejan de ser unidireccionales y el periodismo mismo se convierte -al menos en teoría- en una conversación.

Ciudadanos que hacen de periodistas y periodistas que hacen de ciudadanos activos recurriendo a las redes sociales para contar más allá de sus propios medios. No es otra la razón de que, después de años de críticas sobre falta de independencia y manipulación, de conflictos laborales y escándalos, de problemas por la gestión económica, sea ahora cuando el alcalde haya decidido hacer ‘algo’ con TG7. La directora está despedida y el concejal responsable, cesado. ¿Ledesma será capaz de apagar el fuego? Al menos será un nuevo capítulo. Aunque sea con matices.

Porque lo cierto es que hacemos el ridículo periodistas y políticos cuando olvidamos que, en esta nueva realidad 3.0, las polémicas no se pueden tapar. Ya nadie se conforma con ser informado y callar. Ya nadie calla cuando tiene algo que contar. Y basta para ello con encender el móvil. Es el We the media de Dan Gillmor, es la teoría de la Extreme democracy, es el Common sense de Tom Paine. Y es incluso la elegía política del inmenso Walt Whitman.

Quiero pensar que los medios hemos despertado; que estamos despertando. Y que nuestro papel sigue siendo tan fundamental como hace un siglo. Los periódicos, en papel o en digital, seguimos siendo la referencia y es el pulso desde la prensa el que más escuece en las instituciones y en las instancias de poder. La presión de la opinión pública no es un espejismo decimonónico. Está detrás de los titulares de portada y subyace en las miles de historias, grandes y pequeñas, que cada segundo vuelan en las redes sociales.

Pienso que esto funciona, que la vida funciona, porque hay buenas personas. Porque las mareas de solidaridad, de generosidad, son reales. El activismo, en todos los sentidos, es imprescindible pero no es lo único. Me preocupa no saber si las buenas personas lo somos en apariencia y sólo cuando toca. Si, como en los cómics, es el mundo de los malos el que está ganando la batalla. ¿Usted se ve buena persona? La reportera húngara se ve buena persona… Yo veo un lado oscuro no muy diferente al del diputado polaco que ha llamado “basura humana” a los refugiados.

Cuando esta semana ha arrancado el curso escolar en Andalucía, creo que por primera vez he escuchado al consejero de turno decir que no sólo había que hacer un esfuerzo “para asegurar un futuro con personas mejor formadas”, que también había que trabajar para que sean “buenas personas”. Que no sólo se puede formar en conocimiento puro y duro, que hay que formar en “valores”.

Confiemos: la foto de un niño sirio ofreciendo una galleta a un policía húngaro también ha sido viral. Como la escena grabada en Múnich por una periodista norteamericana en la que una pequeña alemana compartía sus caramelos con una refugiada.

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No nacemos basura en Siria y héroes en Polonia, Alemania o España. Pero sí nos hacemos y nos hacen. Allí y aquí. Tal vez no lo aprendimos en su día en las aulas. Tal vez la calle nos haya enseñado otra cosa. Tal vez lo mejor del 3.0 sea lo que tiene de oportunidad. Nunca debería ser tarde para querer aspirar a ser una buena persona.