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¡Menos mal que no tengo un máster!

Magdalena Trillo | 15 de abril de 2018 a las 11:46

El tono socarrón de Esperanza Aguirre en el Senado, por la suerte de no tener un máster y con su cínico consejo sobre ¡lo bien que se está en casa!, probablemente sea lo más sincero y revelador que esta semana hemos escuchado del curioso caso de Cristina Cifuentes y su máster fantasma. Por las ramificaciones con que se está expandiendo la crisis del PP, por la mancha de desprestigio que ha vuelto a ensombrecer a la clase política y, como efecto colateral, por el perjuicio que está suponiendo para la imagen de toda la universidad española.

el curioso caso de Cifuentes

Los muros de contención hacen aguas: Cifuentes tiene que dimitir -casi más por lo que ha mentido que por lo que ha hecho-, pero también el rector de la Rey Juan Carlos -casi más por lo que no ha hecho-. Son dos escenarios distintos de irregularidades y despropósitos -el político y el académico- que exigen medidas valientes y contundentes de asunción de responsabilidades que vayan más allá de cumplir el expediente y del suicida cierre de filas. Porque lo ético y lo estético se une a posibles infracciones administrativas y hasta de tipo penal.

El enroque del PP no sólo le puede costar el gobierno de la Comunidad de Madrid a un año de las elecciones; también tendrán que valorar hasta qué punto están dispuestos a fabricar un nuevo ‘Tierno Galván’ facilitando la llegada de Ángel Gabilondo, regalándole una precampaña de diez meses y reforzando la alianza PSOE-Ciudadanos que desde Andalucía viene marcando el contrapunto a la estrategia de pactos de la formación naranja -por mucho que ya empiecen a sonar los calculados tambores de adelanto electoral-.

En la Rey Juan Carlos debería abordarse de una vez, y con cirugía mayor, qué ocurre en esta universidad inexplicablemente “pública”, constantemente sumida en la polémica y vinculada desde sus inicios al Partido Popular. Voy a aplicar el mismo criterio que defendería para la enseñanza básica segregada. Y al margen del aval que estos centros anacrónicos -que apuestan por discriminar por sexos justo cuando la batalla es la contraria- acaban de lograr del Tribunal Constitucional: absoluta libertad para que los padres elijan el colegio de sus hijos pero no con el dinero de todos; no con subvenciones públicas.

Exporto el argumento a la enseñanza superior: si los políticos quieren un retiro académico en modo puerta giratoria, que lo paguen; si quieren tratos de favor y normas especiales para afrontar sus estudios, que los paguen. Y que no nos confundan a los demás. Ni a los que se dejan la piel, y el dinero, en la butaca de al lado para conseguir un título (y, por encima del papel, una formación supuestamente de calidad) ni a quienes lo hacen en instituciones con acreditadas trayectorias y férreos instrumentos de filtro y control.

Con todo, lo mejor del caso Cifuentes tal vez sea la operación limpieza de curriculum que ha desencadenado a nivel nacional. No habrá político ni cargo público en España que no se haya puesto a pensar si lo exageró, si lo retocó, si lo maquilló y, sobre todo, si lo pueden pillar. Les animo a que vayan a la Wikipedia y vean la cantidad de entradas que se han editado en los últimos días.

“Estudios de”. Pocas veces la realidad se corresponde con el deseo. Y es que una cosa es empezar y otra terminar. Suele ser un clásico en las campañas electorales. Cuando se dan a conocer las listas de candidatos de los diferentes partidos y cuando, tras la cita con las urnas, toman posesión de sus cargos. En esos momentos, los medios los diseccionamos y situamos la lupa sobre su perfil. Las sorpresas son tan morbosas como el momento en que, en aras de la honradez, se fiscaliza su paso por el poder haciendo públicas sus declaraciones de la renta… Y aparecen sus coches, y sus casas, y sus fondos de inversión…

La propia presidenta de la Junta, Susana Díaz, ha sido carne de cañón para el PP a cuenta de los diez años que tardó en terminar Derecho y de su diploma de Alta Dirección de Instituciones Sociales por el Instituto San Telmo. Este posgrado, como algunos medios han vuelto a publica esta semana, se habría financiado con el fondo de reptiles de los ERE (se dieron unas becas por la Dirección General de Empleo) y benefició a numerosos sindicalistas y políticos socialistas como el actual alcalde de Granada, Paco Cuenca, que ya en 2004 tuvo que dar más de una explicación. Puesto en marcha el ventilador para contrarrestar el caso Cifuentes, de la operación limpieza ya hemos pasado a la ofensiva desempolvando todo lo que pueda contribuir al corruptómetro y al ‘y tú más’.

paco cuenca sd

Si nos quedamos en Granada, el propio presidente del PP, Sebastián Pérez, tuvo que pedir en su día que modificaran la Wikipedia para aclarar que “no acabó sus estudios en Ciencias Políticas en la Universidad de Granada”. Aparece como “cita requerida” y, extrañamente, un poco más abajo se presenta como político y “asesor de empresas”. Lo cierto es que no miente y es consecuente: no es licenciado y no dice que lo es. Muy distinto al polémico caso del exdiputado Francisco Tarifa, que le salpicó cuando estaba al frente de la institución provincial. Poco después de dimitir por el fracaso del proyecto de la Alpujarra como Patrimonio Mundial, Tarifa se enfrentó a un escándalo por la falsificación de un título.

tarifa

Como Cifuentes pero en plan chapuza. El certificado con que acreditaba tener nivel intermedio de Francés parecía modificado a golpe grotesco de Photoshop y la Escuela de Idiomas de Órgiva tardó medio segundo en asegurar que “ni constaba como alumno ni había superado nivel alguno”. También entonces, en la precampaña de 2015, Tarifa seguía la escuela Cifuentes y se presentaba como víctima de una “cacería”.

rodríguez

Viajando un poco más en el tiempo, el caso local más sonado tocó de lleno a la entonces Caja General de Ahorros. Julio Rodríguez, presidente de la entidad en el año 2000, tuvo que acudir a los juzgados para defender la capacitación de su director general tras una denuncia de CCOO a la que se sumó el PP. Fernando Rodríguez, en contra de lo que figuraba en su currículum, sólo aprobó una asignatura de Derecho y no realizó un Máster de Dirección de Empresas en Deusto…En algunas ocasiones, la tentación del amaño ha fulminado carreras en cuestión de horas. Diez días ocupó Cristina Almagro el cargo de concejal de Juventud del PP en el Ayuntamiento de la capital; justo el tiempo que en 2014 tardó en conocerse su condena por falsificar certificados para ser presidenta de la Asociación de Vecinos del Albaicín.

La casuística es variopinta, las razones diversas y los resultados inciertos. Al final de todo, y pese a lo mucho que nos deleitamos estos días en las críticas a la universidad, sería cínico no admitir lo que viste un título a nivel profesional y social. Bien enmarcado. Con la firma del Rey y al lado de la orla. Más aún si hablamos del gobierno de los mejores.

A medida que los españoles nos hemos ido abriendo al mundo, ¡y a los idiomas!, era lógico que progresáramos ascendiendo al nivel del máster y de los estudios de posgrado, preferiblemente en centros extranjeros. Y es que el inglés también vende más. Pablo Casado es un ejemplo de esta sofisticación, aunque resulte que el viaje transatlántico se hizo cuatro días al hotel de al lado… ¿Pero alguien se va a poner a comprobarlo? Pues resulta que sí. Que no hay que tener altos estudios para saber que las mentiras tienen las patas muy cortas.

No sin preguntas

Magdalena Trillo | 9 de mayo de 2011 a las 8:51

Acabo de ver en Twitter que más de cuarenta medios y organizaciones se han sumado ya al manifiesto Sin preguntas no hay cobertura. Más de cuatro mil periodistas de toda España están mostrando su “indignación” ante el rechazo de muchos políticos a admitir réplicas; una actitud que consideramos “inconstitucional”, una falta de respeto al criterio informativo y “una manipulación inaceptable”. Nos indignamos “ante los reiterados intentos de presión sobre el trabajo profesional de los periodistas”. Denunciamos a quienes se refugian en el ‘hoy no toca’ porque nos convierten en taquígrafos y desvirtúan los principios más básicos de la profesión. Nos plantamos ante quienes quieren volver al periodismo folletinesco y de propaganda.

Me sumo… Pero con matices. Está bien que aprovechemos la campaña electoral para lanzar el debate y mantener un pulso a quienes nos gobiernan olvidándose, demasiadas veces, que están obligados a rendir cuentas ante los ciudadanos. Olvidándose de que nosotros somos simples intermediarios, no el enemigo, y que nuestro trabajo es cuestionar, desconfiar, poner en aprietos, interpelar. Es el juego democrático.

Sin embargo, no son los políticos los únicos que distorsionan las reglas del periodismo: ¿nos sometemos a empresarios, banqueros y jueces? ¿hacemos una excepción con los ‘Mou’ del deporte y nos tragamos las insolencias y extravagancias de los artistas?

Y no es sólo en campaña cuando tenemos que ser guerreros. Casi al contrario; los políticos se ponen ahora la careta de la felicidad, son amables, cercanos, pacientes y acceden a (casi) todo. Será distinto a partir del 22-M. Pensemos en Francisco Camps cuando, a pesar de todo el escándalo de corrupción del Gürtel, los ciudadanos lo premien reforzando su mayoría en Valencia… Se lo podrá permitir (casi) todo. Quedémonos en Granada. Nada hay nada más difícil que conseguir una entrevista con Torres Hurtado. Seamos francos: no le hace falta. Se puede negar a (casi) todo. ¿Por qué exponerse a debatir con Paco Cuenca si la duda no es otra que cuánto ampliará su mayoría absoluta y si será suficiente para situar a Sebastián Pérez en Diputación?

Por su puesto que el código de malas prácticas no es generalizable (no todos son iguales) ni es exclusivo del PP. ¿Han olvidado ya los meses de incertidumbre de ZP sobre su retirada y sus secretitos con Bono? ¿Hay alguien más hábil en no contestar que Rubalcaba? ¿Alguien más borde que Blanco? ¿Alguien que haya ninguneado más a los medios en las últimas semanas que Carme Chacón?

Miremos ahora al otro lado de la noticia. No es la primera vez que un compañero de un gabinete de prensa me confiesa el sinsentido de las comparecencias cuando los periodistas que se sientan al otro lado de la mesa parecen autistas. Toman nota y se largan; cogen el primer corte útil y desenchufan los micrófonos. Ni una pregunta. Ni una cuestión incómoda. Quienes se exponen a interpelar, tal vez se vean obligados a sufrir las miradas de frustración de más de un compañero que estaba levantándose… Desde luego, no es éste el camino para prestigiar nuestra profesión y hacernos valer.

#sinpreguntasnohaycobertura es una excusa perfecta para que reflexionemos, todos, sobre el papel que de verdad estamos ejerciendo como garantes del derecho a la información. Pero ni es la solución ni creo que debamos aplicarlo de forma generalizada. Imagínense que comparece don Juan Carlos para comunicar su renuncia a la Corona y dice la Casa Real que no hay preguntas. ¿No informamos? Soñemos con una rueda de prensa sin preguntas de ETA en la que anuncien la entrega de las armas… ¿Ponemos nuestras exigencias por encima de nuestra obligación y responsabilidad como periodistas? ¿Situamos nuestro orgullo y vanidad por encima de los intereses de nuestros lectores? Empecemos (todos) por creer en lo que hacemos y exijamos, siempre, pero con sentido común.

La selección adversa de las manzanas

Magdalena Trillo | 26 de septiembre de 2010 a las 10:23

BICICLETA, cuchara, manzana. Regreso de San Sebastián militando en las “olas de energía ciudadana” con que Donosti compite por la Capitalidad Cultural, irremediablemente perdida en el pequeño diccionario de euskera con que me dan la bienvenida al Zinemaldia y con dos kilos de más. De michelines y de desasosiego.

Las tres palabras con que inicio el artículo son el título del documental sobre Pasqual Maragall que se estrenó el domingo pasado en el Festival de Cine y son, también, mi particular vacuna contra el alzhéimer. Incorregiblemente supersticiosa, me he convencido de que estaré a salvo si las recuerdo. A salvo de vivir sin memoria; a salvo de vivir sin recuerdos.

El político catalán no es capaz. Tampoco los 3,5 millones de españoles (pacientes y familiares) que sufren a diario el golpe de la demencia senil. Ni los 25 millones de enfermos que se contabilizan en todo el mundo y se van multiplicando a la misma velocidad con que enterramos la utopía del Estado del Bienestar.

El alzhéimer se ha convertido en una ‘verdad’ tan incómoda como la del cambio climático de Al Gore. Es el referente que sigue Carles Bosch (lo recordarán por Balseros) para retratar lo que tan de cerca conoce el que fuera alcalde de Barcelona: “Lo jodido no es morir de alzhéimer. Lo jodido es vivir y morir con alzhéimer”.

Vivir jodido. En esencia, es la misma convicción con que Álex de la Iglesia recogió el Premio Nacional de Cinematografía. Hay que vivir a contrarreloj: hay que sufrir. Y no hay fórmulas mágicas de “superarlo”; sólo podemos acostumbrarnos al dolor. Explicado tal vez por una extraña conexión “católica” (estudió en los Jesuitas), el director de Triste balada de trompeta desvela el secreto de su “cine de autor para masas”: sólo la premura, las condiciones adversas y el sufrimiento llevan al placer. Para crear, pero también para convivir e incluso para gobernar.

Hasta el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, parece estar de acuerdo con la filosofía estoica que preconiza el cineasta: “Imagínense cuántos más visionarios, activistas, premios Nobel y personas ganadoras podríamos tener si toda la gente del mundo pudiera vivir una vida con derecho a la salud, a la educación, la dignidad y el bienestar”. Lo dijo en la Cumbre del Milenio que se ha celebrado en Nueva York para erradicar la pobreza y que ha terminado con más escepticismo que esperanzas. Ilusiones tan a la deriva como nuestros políticos.

Quizás Bicicleta, cuchara, manzana no sea una correlación aleatoria. Tal vez la clave esté en las manzanas. En la selección adversa de las manzanas. Me convenzo cada mañana al abrir los periódicos recordando uno de los artículos de Félix Bayón que leí este verano en Vivir del presupuesto.

Me refiero a la genialidad de la teoría con que George Akerlof recibió el Nobel de Economía: el problema es que son los peores los únicos que concurren a los mercados. Bayón ponía el ejemplo de las agencias matrimoniales: sólo los menos atractivos del mercado de solteros recurren a estas organizaciones. Traslademos la ecuación a las manzanas y a la política: el descrédito no es casual.

¿Dónde están los más válidos? ¿Dónde están las manzanas rojas y brillantes? En un cesto en el que todo se cultiva en el mismo terreno y al mismo precio es imposible frenar el contagio de la podredumbre. La putrefacción que diría Dalí.

Pensemos en la Europa populista y xenófoba de Berlusconi y Sarkozy, preguntémonos dónde fueron a parar los gobiernos de izquierda o miremos a cualquier lado de la calle pública. ¿Alguien se extrañaría de que Belén Esteban pueda alzarse como tercera fuerza política si se presentara a unas elecciones? Superaría a IU y PNV… Retengan esta imagen y comprendan mi desasosiego: de Pasqual Maragall a la ‘ex’ de Jesulín.