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Mujeres, sexo e igualdad

Magdalena Trillo | 9 de marzo de 2009 a las 10:55

DÍA de la Mujer Trabajadora. ¿Es una prostituta una mujer trabajadora? ¿Lo son quienes comercian con su cuerpo? Lo que está claro es que nada tiene que ver la joven que acaba convirtiéndose en mercancía de las mafias con la chica sin recursos que se prostituye para sobrevivir y, mucho menos, con la Madame Bovary que hace casi dos siglos retrató Gustave Flaubert…

Y mucho menos tienen que ver todos estos perfiles con las mujeres que hoy, tras siglos de dominación y de silencios, son capaces de vivir su sexualidad sin prejuicios, sumisiones ni tabúes. ¿Viciosas y ninfómanas? Más bien mujeres que se atreven a reivindicar una nueva feminidad y hasta un nuevo erotismo

Y ello a pesar de los ‘riesgos’ que siempre supone abordar el binomio sexo-mujer por la cantidad de colectivos implicados, los frágiles límites que separan unas y otras situaciones y por las zonas de sombras que oscurecen lo que en unos casos es un derecho y en otros un problema ciudadano, una lacra social y hasta un delito punible. En este punto, ¿sería muy arriesgado decir que habría que unir a las ‘asignaturas pendientes’ de la mujer, a sus derechos y a la carrera por la igualdad, otra forma más de conciliación: la sexual?

“Las feministas debemos inventar un nuevo erotismo”. Lo decía hace unos días una empresaria sueca (está visto que en esto de las pasiones las nórdicas nos llevan ventaja) en la presentación de su libro Porno para mujeres. Erika Lusti reivindica el sexo explícito, defiende el porno y advierte sobre otra forma más de machismo: “Las chicas nunca son protagonistas, son simples herramientas, no tienen gusto ni criterio. El porno hecho por hombres transmite valores machistas, racistas y homófobos”.

Por eso, su objetivo es hacer películas en las que no existan clichés del tipo enfermera caliente, teenagers o prostitutas que van con tacones a la cama”. Quiere llevar el “buen gusto” y el estilo al porno. ¿Eso es posible?

No nos equivocamos demasiado si planteamos que la propia erradicación de la prostitución callejera, entendida como explotación y vinculada a la economía sumergida, es también una forma de luchar contra el machismo. En Lleida acaban de aprobar una ordenanza que incluye multas de hasta 3.000 euros. Barcelona ya intentó algo así hace más de dos años en el Raval y la zona del Eixample y, según la prensa local, los resultados han sido bastante positivos.

El Ayuntamiento de Granada, siguiendo estos modelos, también ha emprendido su particular cruzada contra la prostitución en la vía pública. Si todo va bien, se aprobará en unos meses y empezará a aplicarse antes del verano como un punto más de la Ordenanza de la Convivencia.

¿La polémica? Que se opta por la sanción, por ‘hacer caja’, como salida. Sin embargo, el anuncio del equipo de gobierno de destinar íntegramente todo lo que se recaude a ayudar a las prostitutas evidencia que hay una firme intención de atajar el problema y no un afán recaudatorio como se ha criticado.

Si somos capaces de ‘superar’ este punto, tal vez podamos pedir a quienes nos gobiernan, y también a la opinión pública, que se afronte con valentía el debate sobre la prostitución (libre, voluntaria y con todos los derechos y protecciones exigibles) como una profesión más. Tan digna y tan antigua como la vida misma.