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Literatura y periodismo: exploración transmedia desde la prensa local

Magdalena Trillo | 31 de julio de 2018 a las 20:37

Los datos de los principales observatorios sobre la situación de los medios de comunicación son insistentes: los periódicos se resienten, la televisión y la radio se mantienen e internet prosigue una senda imparable de expansión en la que confluyen la participación de los usuarios (nuestros conocidos prosumidores), la preeminencia de la comunicación móvil (los mass media en el bolsillo) y el efecto fagocitador de las redes sociales.

En este sombrío escenario para la prensa, pilar histórico de la industria mediática, artífice de las mayores transformaciones y protagonista de continuos procesos de reinvención, se produce una esperanzadora paradoja: es la información más cercana la que más interés despierta en los usuarios.

El papel morirá (hace tiempo que la pregunta es una aseveración con el único interrogante de cuándo) pero no el impulso al oficio, a la profesión, al cambiante tablero mediático, desde las redacciones de los diarios. Y no únicamente desde las cabeceras globales que suelen marcar tendencias, centrar los estudios del sector y servir de referencia. La prensa local, la más cercana a las preocupaciones de los lectores, está en una posición privilegiada para responder a las exigentes expectativas y necesidades de las audiencias.

El nuevo periodismo se convirtió en una palanca de revitalización en los años 60 y ahora se el mundo audiovisual el que ha tomado el testigo para impregnar lo que ya empieza a emerger como una nueva era en los medios. En paralelo, hay un concepto que parece inseparable de los procesos de innovación y experimentación: lo transmedia. El término transita de la literatura al periodismo pasando por la creación audiovisual y hasta el teatro.

Nuevos formatos, nuevos formatos y nuevos modos de comunicación. Bien es cierto que no todo lo que se presenta como transmedia lo es. Hay mucho de negocio y nada tiene de transmedia lo que simplemente viaja de un formato a otro; no es transmedia porque lo publiquemos en papel, lo subamos a internet y lo movamos por redes sociales (y ésta es la práctica más compartida en estos momentos en los medios).

Todas estas ideas, que vienen a sintetizar algunos de los grandes debates y desafíos a los que se enfrentan los medios de comunicación, subyacen en la modesta iniciativa que este verano hemos puesto en marcha en las cabeceras de Grupo Joly: trasladar al lenguaje audiovisual, aprovechando las características y oportunidades de los formatos digitales, adaptándonos a las preferencias y hábitos de consumo de los usuarios de internet y las redes sociales, un contenido de la sección de Opinión casi en vías de extinción: los relatos de verano.

Pocos periódicos mantienen en España esta apuesta: literatura y arte dentro de las páginas de opinión. Ficción dentro del medio de referencia de la no ficción. Durante una semana, diariamente, un autor (en este caso el periodista y escritor Braulio Ortiz) comparte su historia con los lectores. A página completa, con la visión artística del ilustrador del Grupo (Daniel Rosell) se presentan siete entregas del relato que evocan las propuestas de los grandes diarios de hace un siglo, las entregas por fascículos del XIX y hasta las telenovelas de la radio.

Una historia que dialoga con un dibujo y que, hasta ahora, subíamos a la Red sin más estrategia ni adaptación que permitir la lectura en un dispositivo móvil. Este año, con la implicación del equipo de Diseño y el equipo Digital de Diario de Sevilla -José Antonio Sánchez Flores, Juan Carlos Zambrano y Emilio de los Santos-, los relatos se hacen transmedia en un formato audiovisual de menos de un minuto que traslada en flashes de texto e imágenes el corazón de la historia.

No la sustituye, la complementa pero también cobra vida por sí misma cuando viaja por Twitter, Facebook e Instagram. Los lectores en papel son unos, puede que algunos coincidan en internet y en las redes sociales pero, probablemente, serán muchos más los que puedan acercarse a estos relatos de verano desde el formato audiovisual.

Es un experimento que podrá funcionar (o no) en términos cuantitativo de tráfico y usuarios. No es lo importante. Cada lector nuevo al que llegue la historia ya será un éxito. La oportunidad misma de poder explorar los apasionantes caminos que abren los nuevos medios, los nuevos formatos y los nuevos públicos suponen un aliciente para insistir. Porque también desde abajo tenemos la ilusión (y la obligación) de crear.

Las primeras entregas:

 

 

El proyecto se pone en marcha en la primera semana de agosto, justo cuando arranca la reorganización de la sección de Opinión de todas las cabeceras de Grupo Joly para el mes de agosto. El relato de Braulio Ortiz se publica en la edición de papel de los 9 periódicos en siete entregas del lunes 29 de julio al domingo 5 de agosto. En paralelo, esos mismos días se publica en la ediciones digitales de los diarios. En estos casos, los únicos elementos con los que jugamos es con el texto y con la ilustración realizada por Rosell.

En el caso de las redes sociales, en Facebook y Twitter se lanzan los relatos durante esa misma semana pero utilizando ya el formato audiovisual como eje de la oferta informativa a los lectores, dando la opción de acceder también a la versión online de los relatos. Como ejemplo mostramos el espacio en Facebook de Granada Hoy.

braulio fb

 

Lo más importante en estos casos es la posibilidad de compartir con los lectores y de facilitar sus comentarios y experiencia con la historia. El propio autor participa de forma espontánea y forma parte de la conversación como se muestra en este ejemplo en el espacio de Twitter de Diario de Cádiz.

twitter braulio ok

 

El proyecto lo cerramos a la semana siguiente con el lanzamiento del relato en Instagram. En este caso establecemos una estrategia diferente, que coordina María José Guzmán, dirigido a un público más joven y más reticente también al consumo de la prensa tradicional. Se programa diariamente a media tarde (cuando empieza a subir el tráfico en esta red social) y se plantea como storie de Diario de Sevilla con la posibilidad de acceder también a la web del periódico.

días vermont instgram

Es una experiencia modesta pero creo que tremendamente interesante por cuanto supone de trabajo en equipo y por cuanto implica de exploración del lenguaje, estrategias de comunicación y modos de interacción con los diferentes públicos que, desde la expansión de internet y las redes sociales, se acercan a un periódico en sus diferentes formatos.

Gracias todos los compañeros que se han dejado enredar (especialmente a los que han puesto su creatividad, su profesionalidad y su talento al servicio del nuevo nuevo periodismo) y gracias a los responsables de Grupo Joly por animarme a llevar a cabo iniciativas de este tipo que nacen del confort del terreno académico y que rompen con la (relativa) tranquilidad del día a día periodístico.

Fake News: de la mentira al deseo

Magdalena Trillo | 27 de noviembre de 2016 a las 12:08

Los teóricos de la Comunicación lo diagnosticaron hace décadas: creemos lo que queremos creer. Buscamos la forma de relacionarnos con quienes reafirman nuestra forma de pensar y de ver la vida y huimos del conflicto intelectual -porque desgasta, estresa, debilita- como no lo hacemos del enfrentamiento físico… Saber cómo se forma la opinión pública, cómo se construyen esas corrientes de pensamiento que acaban teniendo resultados tangibles en forma de (imprevisibles) resultados electorales, encontrar el modo de influir en esos climas de motivación que ponen y quitan gobiernos, que crean tendencias y las entierran, que te convierten en un héroe o te destruyen es un viejo objeto de estudio del ámbito académico que el desconcertante Mundo Digital ha transmutado en un verdadero quebradero de cabeza para todos. En la esfera pública y en la privada. A nivel cotidiano y profesional.

¿Cómo ha ganado Donald Trump? ¿Por qué funcionaron las mentiras del Brexit? ¿Qué ocurrió en el referéndum de Colombia? No tenemos que irnos tan lejos para sentirnos aturdidos y confusos: ¿Qué está pasando con la sanidad granadina? ¿Cómo después de cuatro años de intenso trabajo para consensuar un plan de reorganización hospitalaria, de repente, es todo un desconcertante caos? ¿Después de una inversión millonaria en equipamientos tenemos peores infraestructuras sanitarias? ¿La asistencia ha dejado de ser buena de un día para otro? ¿Es verdad que las aseguradoras y la sanidad privada están aprovechando para vivir su pequeña burbuja de éxito?

Unos hablan de recortes, de fallos y de ataque a la sanidad pública y otros deslizan la larga sombra de los intereses corporativos y la pérdida de privilegios. A diferencia del alcalde de Granada, que un día se coloca la camiseta de los manifestantes y a la mañana siguiente se apunta al discurso de la Junta, es más que evidente que no se puede estar en los dos bandos; no al cien por cien y no en primera línea. Porque es un tema demasiado sensible para ponerse de perfil -para entonar el ‘ni sí ni no ni todo lo contrario’-, porque la respuesta nunca será categórica -para eso es nuestra opinión- y porque tan legítimo resulta posicionarse en la parte baja del pantone de grises como en la alta.

En todo caso, la indefinición de Paco Cuenca -ese intento de quedar bien con todos aun cuando representan posiciones enfrentadas- resulta casi una anécdota en un tema de calado y complejidad como éste. Lo que realmente debería alarmar es la pasividad y la incapacidad con que la Administración, no sólo la sanitaria, está afrontando el nuevo escenario de juego que han impuesto las redes sociales. No voy a caer en la fácil simplificación de clamar “¡es la comunicación estúpido!”, pero empecemos admitiendo que hay un tremendo problema de explicación y de comunicación.

No puede circular un bulo en las redes sociales y que la Junta, lenta, ineficaz y sometida a la tiranía del centralismo sevillano, tarde tres días en reaccionar; porque lo que era un conato se habrá convertido en todo un incendio. No se puede celebrar una reunión de cinco horas para buscar puntos de encuentro y que no haya nadie esa misma noche en la parte oficial intentado colocar su mensaje; porque al día siguiente, la aséptica y protocolaria nota de prensa no tendrá más destino que la papelera digital. No se pueden anunciar medidas para mejorar las disfunciones detectadas tras la apertura del nuevo Hospital del PTS y que luego no haya manera de saber cuáles son. Porque el miedo a informar se convierte en parálisis y se da la razón a quienes denuncian el “oscurantismo” de la Administración.

A los medios de comunicación, especialmente a la prensa, nos pasó en los 90. Llegó internet y miramos para otro lado. Lo subestimamos; pasaría como una moda o nos reinventaríamos como ya hicimos cuando llegó la radio y la televisión. Las consecuencias las vivimos hoy: batallando a diario contra los gigantes de internet para defender nuestro papel en la gestión de la información y viéndonos obligados a demostrar, a diario y ante nuestras propias audiencias, que no todo vale, que no cualquiera es periodista, que no todo es verdad porque alguien lo publique y que no siempre las noticias que deseamos leer se corresponden con la realidad.

Lo llaman fake news; falsas noticias. En el ámbito audiovisual hay toda una tradición que se llegó a desarrollar incluso como un género específico: el “falso documental”, el mockumentary. ¿Recuerdan la polémica que se montó con el provocador programa de Jordi Evole sobre el 23-F? En estos casos se juega con la ficción y la realidad; en las fake news damos un paso más para convertir una mentira en verdad y expandirla a escala planetaria como una auténtica corriente de opinión.

¿Es mentira la crisis sanitaria? En absoluto. Si fuese un bulo que la sanidad granadina tiene problemas, y graves, no habríamos visto hace un mes a más de 40.000 personas en las calles defendiendo un sistema público de calidad como lo volveremos a ver hoy exigiendo “dos hospitales completos”. Otra cuestión distinta es diagnosticar hasta qué punto está enferma y determinar cuál es la hoja de ruta para hallar una salida. Pero no caigamos en la dicotomía de lo blanco y lo negro. Definamos, decidamos, qué son los dos hospitales completos y negociémoslos. Siendo conscientes de que se ha diluido el control del mensaje, que se han transmutado la reglas del juego, que hay nuevos e incontrolables actores y que son otros quienes marcan los tiempos. No es un escenario amable para negociar pero es el que hay. Y a todos nos interesa que se asuma cuanto antes y que haya resultados. Las fake news, ese peligroso concepto de la posverdad, ya circula solo.

Las costuras de Cuba (I)

Magdalena Trillo | 12 de abril de 2015 a las 10:30

Desde el Malecón habanero le siguen gritando a los “señores imperialistas” que no les tienen “absolutamente ningún miedo”. Desde Washington, el deshielo anunciado todavía no se ve en las tiendas, tampoco en gasolineras y mucho menos en las pantallas de los móviles.

En Cuba todo es complejo. Imprevisible. El será es un puede y el es, un tal vez. Ya he aprendido que lo único seguro es que todo es inseguro. El futuro aquí se escribe en condicional pero no encuentro la crispación, los miedos y la frustración del retrato en negro que nos llega a España envuelto en resentimiento. Hay problemas, muchos. Hay pobreza, como en cualquiera de nuestras ciudades. Hay desafíos, todos. Pero ni siquiera es un país de grises, es un país radiante de colores intensos. De esperanzas y de oportunidades. Es un país extremadamente tranquilo, alegre y hospitalario, con una capacidad infinita de autocrítica y una inesperada facilidad para reírse de sí mismo. Que La Habana es Cádiz con más negritos, que Cádiz es La Habana con más salero, no es sólo una canción.

Hablo de la gente, no de política. Es la Andalucía de América. Me han invitado a impartir un seminario sobre Periodismo en la Universidad Central ‘Marta Abreu’ de Las Villas, en la Cuba profunda, en la tierra elegida del Che Guevara, y no hago más que hallar paralelismos. El sol de los puertos, el dulzor del guarapo, el sabor de la guayaba… Es la canción de Carlos Cano y es mucho más. Es el trinar altivo del sinsonte que te anuncia el despertar del día, las sábanas blancas colgadas en los balcones y es la brisa húmeda que acaricia los penachos de las palmas al atardecer. Son nuestras historias de agravios entre provincias, son las eternas quejas por las infraestructuras de comunicación (aquí sí que son un problema mayúsculo) y son los estereotipos con que nos castigan nuestros ‘amigos’ del norte. Sí, los mismos que luego buscan nuestras playas, nuestras quisquillas y nuestro ron.

El New York Times pontifica sobre los desafíos que conllevará el desbloqueo al mismo tiempo que se ultiman los preparativos para la histórica Cumbre de las Américas de Panamá, los cubanos cierran filas con Venezuela y las empresas americanas afilan las calculadoras para evaluar los riesgos y oportunidades de las potenciales inversiones en la isla. 12.000 millones en la próxima década. A tres horas de vuelo, Cuba será para Estados Unidos lo que España es para Europa. Planean pasar de medio millón de viajeros en 2014 a dos millones en 2017; a siete dentro de veinte o treinta años.

De momento, el cuento de la lechera. Lo del papeleo y el ‘vuelva usted mañana’ se lo enseñamos bien los españoles. Como la devocionaria afición al fútbol. Me entero de la humillación del Granada CF ante el Real Madrid por un grupo de profesores desplazados a la provincia de Villa Clara para realizar unas acreditaciones de carreras. Coincido con ellos en la residencia de Los Sauces. Primero el saludo. Luego, la nacionalidad. Irremediablemente después, el pésame. Ni siquiera sabía que se vieran en directo los partidos de la liga española. Estarán incomunicados, pero a Ronaldo se le ve en tiempo real. Y Sara Carbonero también crea escuela en esta Universidad…

Dos horas de cola cuesta salir ya del aeropuerto de La Habana cualquier día de afluencia de vuelos. Ahora son los controles del ébola, pero la realidad es que Cuba no está preparada para recibir el profético aluvión de turistas con que ya cuentan a los dos lados del ‘desbloqueo’. Aunque ya no tengan que fabricar jabón de sosa cáustica para ganarse unos pesos ni inventarse unos zapatos con la goma de las ruedas gastadas del tractor como tuvieron que hacer en su particular crisis. La de los 90. Mientras nosotros vivíamos la feliz burbuja del ladrillo ellos descubrían que eso de ser una potencia del petróleo había sido un espejismo. Tan frágil como la misma URSS. Ellos terminaron de ‘medio’ pagar el precio de su osadía cuando nosotros despertábamos de nuestra pesadilla de hormigón.

Si sobrevivieron entonces, sobrevivirán ahora. Nadie lo duda. Pero la sensación de vacío tal vez sea mayor. No ayuda la falta de transparencia. ¿Después de Fidel? Basta con darse una vuelta por las facultades para percatarse de que hay potencial. Informar sin recurrir al catalejo sigue siendo una odisea pero hay jóvenes universitarios que sueñan con ser buenos periodistas. Que madrugan para aprender, que trasnochan para deslumbrar con su irreverencia y su talento en el festival de teatro de su Universidad y que aprovechan las soleadas mañanas del domingo para medirse jugando al béisbol. Jóvenes que se dan besos furtivos como en cualquier campus español y que aguardan, pacientes, a que la vieja guardia les dé “chance” y les permitan coger las riendas del país.

Están preparados, muy preparados, y tienen millones de ideas para transformar su mundo aun sabiendo que lo que primero les espera es la precariedad. Esa misma que empuja cada año a miles de jóvenes españoles a ‘fugarse’ al extranjero. El vértigo es compartido. Hace medio siglo que se atrevieron a pintar la Universidad “de negro, de obrero y de campesino” siguiendo la revolucionaria consigna del Che y tal vez ahora tengan que idear la forma de “quitar las viejas cerraduras”, de “cambiar los muebles de la casa” y de cambiar el color a las paredes “sin dañar la estructura”. Lo canta Tony Ávila. Me pasa el disco una profesora de Periodismo de la Facultad de Humanidades y me emplaza al día siguiente para visitar el Mausoleo que Santa Clara le ha dedicado a su héroe más internacional. Casualidades de la vida, uno de los primeros regalos que me hicieron cuando era becaria fue un dibujo del guerrillero que todavía hoy me intimida inquisitivo en la pared de mi escritorio.

Nada de lo que hay que arreglar en Cuba tiene fácil costura. Pero por qué no atreverse, ya, a empezar a tejer. A enmendar, por ejemplo, el papel de los medios acudiendo a uno de los suyos. A José Martí: “La prensa debe ser coqueta para seducir, catedrática para explicar, filósofa para mejorar, pilluelo para penetrar, guerrera para combatir. Debe ser útil, sana, elegante, oportuna, valiente en cada artículo. Debe verse la mano enguantada que lo escribe y los labios sin manchas que lo dictan. No hay cetro mejor que un buen periódico”.

No difiere demasiado del aquel “prefiero periódicos sin gobierno a gobierno sin periódicos” que Jefferson defendió hace tanto, a tantos kilómetros de distancia, al otro la de la negociación. Lástima que la historia se olvide, se reinterprete, tan interesada y tan caprichosamente, a los dos lados del Malecón.

No nos confundan

Magdalena Trillo | 18 de mayo de 2014 a las 11:05

En el tórrido mes de julio de 1888 una viuda adinerada fue asesinada en su casa de Madrid. Lo que debió ser una noticia más de las páginas de sucesos saltó a la portada de los diarios cuando se supo que el asesino podría ser un hijo de la víctima que estaba preso y disfrutada de un dudoso régimen de permisos. Ha pasado a la historia como el crimen de Fuencarral. Fue un filón periodístico y político en plena sequía informativa estival y supuso la explosión del sensacionalismo en la prensa española. Pasó de ser una crónica de sucesos a convertirse en un proceso a la justicia española, al sistema penitenciario y al poder político. Eran años difíciles. España entraba al siglo XX desde el desastre colonial con una pesada conciencia de crisis y una exigencia de regeneración que se extendió al periodismo y a la vida pública.

Demasiado pronto llegarían los tiempos del periodismo combatiente e instrumentalizado de la Guerra Civil y durante demasiado tiempo se tuvieron que escribir las páginas negras de la Dictadura. Tuvimos que esperar hasta 1977 para que España volviera a respirar libertad cuando el Gobierno de Adolfo Suárez aprobó un real decreto que reconocía jurídicamente el derecho de información y fijaba los principios que un año más tarde se consagrarían en la Carta Magna: “El derecho de todos los ciudadanos tanto a la libre información como al respeto de su honor y de los demás derechos inherentes a la persona es el principio fundamental de todo Estado de derecho”.

Recurro a esta parte de la historia antes de que la maquillemos en la Wikipedia con ese derecho al olvido que acabamos de improvisar sin saber muy bien si sabemos si quiera cómo aplicarlo (en la Enciclopedia ya se ha ‘reescrito’ el franquismo sin mayores consecuencias) para recordarle al Gobierno que hace más de tres décadas que medios y tribunales venimos poniéndonos de acuerdo para preservar, compaginar y resolver los conflictos que a menudo se producen entre la libertad de expresión y la seguridad, entre el derecho de información y el derecho a la intimidad y el honor de los españoles, sin necesidad de endurecer la ley, de poner en marcha “medidas adicionales” ni de emprender una caza de brujas con una tropa de ‘censores’ en internet. No sólo están perfectamente definidos los supuestos de choque y los mecanismos de defensa legales (ahí está el Código Penal) sino que también tenemos a los ‘guardianes’ de esa mitificada seguridad nacional que tantos atropellos está amparando en estos tiempos de revuelo tecnológico e incertidumbre social.

Dilemas morales siempre ha habido. Y siempre habrá. Pero es legítimo -y hasta necesario- que seamos capaces de enfrentar ética y legalidad con normalidad si de verdad queremos creer que hemos construido una democracia viva y sólida capaz de avanzar desde el desacuerdo, las contradicciones y, por qué no, la tensión y la crispación. ¿Vamos a perseguir ahora los pensamientos? ¿A criminalizar las ideas? ¿No era eso justamente lo que criticábamos del fascismo y del comunismo? Es verdad que hasta hace poco cruzábamos las líneas rojas en los bares y en la plaza del pueblo y ahora, protegidos por el anonimato de las redes sociales, lo hacemos con el frenesí del teclado del ordenador y las urgencias del móvil. Pero no nos confundan: no hay impunidad. ¿No es suficiente muestra que un joven valenciano tenga que responder ante el juez por “animar en Twitter a matar políticos”? Y no nos dejemos confundir: no tenemos que seguir perdiendo libertades para protegernos cuando quieren decir protegerse.

Leyes y política siempre han ido jadeando detrás de la sociedad y es evidente, como escribía esta misma semana José Antonio Marina, que unas tecnologías jóvenes requieren el desarrollo de su propia ética -de una responsabilidad, una conciencia social- y la aplicación de unas normas legales. Sí, “regular”. Esa palabra que tanto escuece olvidando que más eficaz que la censura siempre ha sido la autocensura; que más útil que el castigo es la educación y es la presión social.

Y ahí estamos todos. ¿Queremos “poner coto” a internet como queremos “regular” las manifestaciones en las calles? ¿Es miedo a una primavera árabe? ¿Es el modelo ‘made in China’ que ya estamos copiando en el mercado laboral el que queremos llevar a nuestro Estado de derechos y libertades? ¿Queremos utilizar el crimen de León como excusa para plantear una causa general contra los incómodos e incontrolables que nos torpedean en las redes sociales? El asesinato de la presidenta del PP es un filón político y mediático pero ni nos confundan ni nos dejemos confundir: tan rechazable es el sensacionalismo como el oportunismo y la manipulación.

Moderación

Magdalena Trillo | 2 de febrero de 2014 a las 10:33

Después de Pedro J.? Con muchísimo menos revuelo mediático, en diciembre se produjo un importante relevo al frente de uno de los periódicos que han escrito la historia de este país: La Vanguardia. El director de Comunicación del Grupo Godó, Márius Carol, sustituía a José Antich en una estrategia de la empresa editora para desmarcarse del proyecto independentista de Mas y virar a la moderación. La operación habría comenzado el 27 de octubre con un contundente editorial en el que apelaba al diálogo y al pacto: “Cuando la tensión parece imponerse como método y estado de ánimo, ha llegado la hora de reivindicar la moderación”.

Dos meses antes, el posicionamiento del diario más influyente de Cataluña, uno de los más leídos en España y un referente histórico para el sector periodístico, había sido de apoyo sin fisuras al movimiento soberanista: en 2009 firmó junto con otros once diarios catalanes un editorial único contra el Constitucional, en las autonómicas llamaron a apoyar el independentismo de CiU el día de reflexión y, en los últimos meses, se había elevado el tono político en paralelo al creciente movimiento soberanista de la Generalitat.

Pilar Cernuda interpretó entonces que fue el Rey quien propició el giro en una dura reunión que mantuvo en la Zarzuela con el conde de Godó -Javier Godó es el actual propietario de La Vanguardia- en la que le habría recordado lo profundamente monárquico y español -además de catalán- que era su padre y lo avergonzado que se sentiría hoy con la deriva del periódico. Esto fue antes del verano y, al parecer, mucho tuvo que ver con el posterior ingreso en la UCI del editor. El caso es que el 18 de diciembre Antich se despedía de los lectores y, al día siguiente, Carol debutaba defendiendo el periodismo como pilar esencial de la democracia.

El viernes sumé a mi carpeta de defunciones el editorial y la portada de El Mundo anunciando con estridencia la sustitución de Pedro J. Ramírez por García-Abadillo -vicedirector y su mano derecha hasta ahora- y hoy añadiré la ‘carta de los domingos’ con la que el periodista riojano seguirá vinculado al diario confiando en que aporte algunas claves de lo que Unidad Editorial vende como un “relevo de continuidad” y la competencia entiende como una destitución pactada con el grupo propietario -el consorcio italiano RCS- ante una situación técnica de quiebra y el fracaso de la estrategia de expansión multimedia.

Las teorías conspiratorias empiezan aquí. También la ‘película’ de quien se ha convertido en uno de los personajes más mediáticos de este país. Y es que la crónica de su salida tiene más de guion cinematográfico que de página empresarial: “Unos paquetes de folios tirados en mitad de la redacción hacen las veces de tarima para el orador. Un micrófono. Ordenadores vacíos. Periodistas arremolinados. Aplausos…” Pedro J., con sus virtudes, su egocentrismo y sus excesos, deja claro que no se marcha a voluntad y enciende el debate con supuestas presiones del Gobierno y del PP para quitarlo de en medio por la agresividad de la campaña con el caso Noos y Bárcenas.

Desconozco la fontanería del cese, pero sería fácil intuir que no será una sola causa-efecto; que ni los gobiernos ponen y quitan hoy directores de periódico ni la situación económica de un medio se soluciona con un relevo en la cúpula. Pensándolo bien, si se trata de conspirar, más capítulos debería dar La Vanguardia con mediación ‘real’ incluida y un Márius Carol diciendo con Oscar Wilde que “puede resistirlo todo menos la tentación”… Lo arregla unas líneas más abajo rindiéndose a Bogart en El cuarto poder. Han pasado sesenta años de la película de Brooks sin que pierda ni sentido ni intensidad la alocución del director de El Día ante el mafioso que intenta comprar el periódico para silenciarlo… V

uelvan a verla si pueden. Se ha perdido por el camino el toque bohemio del oficio, ya no hay tabaco ni petacas en las redacciones -¡somos muchas más las mujeres!-, pero las tensiones con el poder, los dilemas y los conflictos son los mismos. El periódico catalán titulaba su editorial de ‘reconciliación': ¿Quién teme a los moderados? Y está bien reclamar cordura y sensatez. Lo que da miedo es el coste. Si lo hacemos con mordazas, anteponiendo intereses económicos a los periodísticos y relajando nuestra vigilancia como cuarto poder. Si largan a Pedro J. para que El Mundo sea moderado… y se calle. Si abogamos en exceso por un periodismo “neutral” y adocenado que termine por no ser útil a la sociedad.

Buy a newspaper, save a journalist

Magdalena Trillo | 17 de agosto de 2009 a las 8:40

Si eres periodista, reportero, editor o seguidor de los medios, apoya el sector con uno de nuestros diseños: ¡Buy a newspaper, save a journalist!”. Mientras en Estados Unidos son capaces de idear un negocio a costa de la crisis mundial de la prensa vendiendo camisetas de todos los colores, tallas y estilos, gigantes mugs para el café y hasta corbatas, en España seguimos subiendo escaños para hundir la profesión, cargarnos las instituciones del Estado y hasta minar la democracia.

A la sequía del verano se incorpora este año -con pasmoso pasotismo de quienes debiéramos velar por que se mantengan las reglas del juego-, el periodismo enlatado y teledirigido. ¿Los protoganistas? Una vez más, nuestros políticos. Comenzó la semana pasada Francisco Camps distribuyendo un DVD en el que desvelaba una nueva faceta artística que sumar a su afición por la moda: la de actor. Simulaba que ofrecía una rueda de prensa para valorar su absolución en el caso Gürtel. Todo alegría en el PP. Al otro lado del Atlántico, la ‘vice’ respondía anunciando un recurso de la Fiscalía del Estado contra el archivo de la causa por cohecho y, desde la playa, María Dolores de Cospedal completaba la semana lanzando unas tremendas acusaciones contra el Gobierno, los jueces y las fuerzas de seguridad del Estado (de momento, sin pruebas) siguiendo la misma hoja de ruta: una estudiada grabación, perfectamente distribuida y sin opción a la réplica. Hasta el líder de los populares se fue de vacaciones aportando un toque de ‘modernidad’ a sus ruedas de prensa unidireccionales: se grabó dando un paseíto a la salida de la calle Génova y ‘colgó’ el vídeo en su blog Rajoy en acción. Sin comentarios.

Lo peor del caso es que amenazan con proseguir todo el verano fabricando noticias (o no-noticias, que para el caso es lo mismo) y continuar animando el panorama mediático con grabaciones y comunicados propagadísticos. Puro entretenimiento. Que si unos ‘manejan’ a la justicia a su antojo, que si otros se ‘aburren’ y se aficionan al espionaje… También están los que se cabrean y se dedican a increpar al ‘mensajero’ (el ministro de Trabajo tuvo que pedir dispulpas por su jefe de prensa) y, como no anden listos, hay ‘una’ que tendrá que ponerse al día en ‘valencianidad’ para ocupar un sillón en el Senado.

Volviendo a las ‘latas informativas’, lo único extraño es que no se haya tomado más nota a nivel local. Lo digo, por ejemplo, por nuestro alcalde. Hoy mismo podríamos imaginarlo en la playa, con un favorecedor bronceado y explicando por qué el caballo de Pérez Villalta se quita del Ayuntamiento ‘por feo’ y el monolito franquista de Primo de Rivera se queda en Bibataubín por artístico. Desde luego, hay que reconocer que sería mucho más barato y operativo que poner en marcha una tele municipal. Mientras, con o sin eslogan, compremos un periódico (o no) y salvémonos todos. Mejor aún, dediquémonos a otra cosa.