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La ola de fusiones llega a la Universidad

Magdalena Trillo | 19 de junio de 2016 a las 11:23

La ola de fusiones llega a la Universidad. El mapa bancario está ya a las puertas de una nueva reestructuración, el inacabable periodo electoral sigue postergando -pero no elimina- el debate sobre la necesidad de adelgazar y redefinir las competencias en la Administración y, si dejamos a un lado hipocresías, intereses y utilizaciones partidistas, la realidad es que el modelo actual de la Universidad española es insostenible. Decirlo así de claro es políticamente incorrecto y una sonora munición para desatar todo un terremoto de confrontación en la opinión pública. Pero es la realidad si de verdad creemos que en la educación como motor de desarrollo personal y social, como instrumento de progreso y convivencia, como arma contra la intransigencia y hasta el fanatismo. Y sería una auténtica irresponsabilidad no admitir que hay un problema estructural, de gobernanza y hasta de aspiraciones, que exige un debate sosegado y una toma de decisiones valiente.

Una campaña electoral no es el mejor momento para ello. O sí. Porque aunque no estemos acostumbrados a que los políticos cumplan ni sus programas ni sus promesas, puede ser una oportunidad para obligarles a posicionarse. El simple hecho de abrir el debate es ya un avance. Esta semana lo ha hecho el rector de la Complutense anunciando que va a eliminar 9 facultades: el campus presencial más grande de España (con 80.000 estudiantes y 5.000 profesores) pasará de 20 a 17 facultades y de 185 departamentos a 80. Una auténtica revolución que hace ahora un año ya lideró la Universidad de Barcelona pasando a diez grandes áreas académicas y dejando el número de departamentos en la mitad.

La polémica reestructuración que la universidad catalana afrontó en 2015 y que Madrid acaba de anunciar es un aviso a navegantes. En una institución tan endogámica, con tantos derechos adquiridos y tantos agentes preguntando ‘qué hay de lo mío’, cualquier atisbo de cambio es sinónimo de conflicto: qué esconde la medida, quiénes pierden y quiénes ganan, cuánto nos ahorramos y para qué y, por supuesto, nada se puede mover en la universidad sin la concurrencia y visibilidad de todos los sectores.

La “racionalización” de la Universidad es un viejo debate de nuestro modelo democrático y autonómico que el ministro Wert consiguió enterrar poniendo a todos en contra y que, de momento, se ha podido ir soslayando gracias al pulmón financiero de las comunidades. Ahora, son dos realidades las que juegan en contra: la débil situación presupuestaria de los gobiernos regionales y la feroz competencia que el mercado libre, la formación online y la globalización están suponiendo en el eslabón inicial de funcionamiento, la captación de alumnos. Sin clientes no hay negocio: ni público ni privado.

En Andalucía hubo un atisbo de debate hace dos años cuando el consejero Sánchez Maldonado se atrevió a plantear cerrar facultades “con clases con dos alumnos”. Decía que tenía más sentido enviarlos a Harvard… Los rectores se le echaron encima, sus propios compañeros de equipo de gobierno y acabó ‘aclarando’ que tal situación “no se da en Andalucía”.

Se apagó el fuego pero no el incendio. El desafío en nuestra comunidad es preguntarnos si se puede construir una Universidad Andaluza suficientemente atractiva para competir con los grandes campus internacionales en docencia y en investigación -en el modelo presencial y en el virtual- y, al mismo tiempo, sea capaz de dar respuestas a los graves problemas de funcionamiento estructural que soportan instituciones como la de Granada… Una Universidad que avance en especialización, que establezca una red de centros complementarios y que contrarreste el boom de centros que ha supuesto el desarrollo autonómico. Como suele advertir la rectora de la UGR, Pilar Aranda, cinco facultades de Derecho en un radio de cien kilómetros no parece muy sostenible.

En Andalucía, la historia del sistema financiero ha sido uno de los mayores fracasos de la autonomía. El reto de la Universidad no plantea menos desafíos: ¿estamos dispuestos a eliminar facultades y suprimir departamentos? Porque, después del ‘ponga una facultad en su ciudad’, es lo que acabará significando repensar y racionalizar la enseñanza superior.

Las universidades tienen dos caminos pero con un mismo final: arriesgar y liderar el proceso o esperar a que lo imponga el mercado cuando deje vacías las aulas.

Ciudades inteligentes

Magdalena Trillo | 4 de diciembre de 2011 a las 10:27

El mismo día que en Granada debatíamos sobre el gobierno local y los derechos de los ciudadanos en unas jornadas del Consejo Consultivo, en Barcelona se celebraba un congreso internacional sobre metrópolis inteligentes en el que nuestra ciudad no tenía nada que aportar. La Smart City World Expo ha reunido a 260 expertos y un centenar de compañías para reflexionar sobre las ciudades del mañana, esas estructuras de habitabilidad y supuesta convivencia que hemos ido construyendo sobre anquilosados modelos decimonónicos que sólo nos llevarán al colapso si no se afronta el reto de la sostenibilidad y la gestión eficiente de los recursos. Sólo un dato: el 84% de los habitantes de la tierra viviremos en ciudades en 2050, con más esperanza de vida y mayor prosperidad. Pero, ¿tendremos más calidad de vida?

La smart city es una ciudad que innova; una ciudad que aplica soluciones inteligentes a la movilidad, al medio ambiente, al urbanismo, al consumo energético y hasta a la gobernanza garantizando un desarrollo económico y urbano sostenible. Hablamos de escasez de recursos pero hablamos, también, de negocio. Birmingham, por ejemplo, ha reducido su factura energética instalando un sistema de iluminación con sensores que detectan cuándo hay transeúntes en las calles y Estocolmo ha bajado el precio del transporte público aplicando peajes en los centros urbanos. En España, la consultora IDC ha elaborado un estudio que analiza el grado de “inteligencia” y los planes de futuro de 44 ciudades de más de 150.000 habitantes a partir de 94 indicadores y 23 criterios de evaluación. A la cabeza del ránking se sitúan Málaga, Barcelona, Santander, Madrid y San Sebastián. A continuación están las ciudades ‘aspirantes’, con buenos resultados pero no excelentes, y en el tercer escalafón se sitúan las ‘participantes’, donde encontramos a Granada o Sevilla con un contundente Necesitan Mejorar.

Lo que más llama la atención de estos referentes es cómo combinan la innovación y el desarrollo tecnológico con la aplicación de modelos que permiten preservar lo que tenemos y sortear la actual asfixia financiera en la gestión pública. Austeridad e innovación. En realidad, es la misma filosofía que convierte en rentable la inversión en I+D+i: las empresas que lo hacen son las que tiran del carro y aguantan el envite de la crisis; los países que blindan este capítulo son los que están registrando los mayores niveles de crecimiento. Chile, por ejemplo, ha triplicado en cuatro años su inversión en I+D y será en 2012 el que más crezca de toda la OCDE.

Hoy, cuando todos los informes de prospectiva económica nos advierten de que estamos en el núcleo de la tormenta, los ayuntamientos son a quienes más les toca ocuparse de la ruina y hacer malabarismos financieros ante la caída de ingresos con plantillas sobredimensionadas, funcionamiento inoperante y privilegios que rozan la indecencia. ¿Cómo es posible que paguemos con nuestros impuestos horas extra a un cargo de la Policía Local por ir al fútbol y a la procesión de la Virgen de las Angustias? ¿Es sostenible una provincia con 168 municipios donde la preocupación es seguir montando estructuras administrativas con más ‘independencias’ como es el caso de Valderrubio y Calahonda?

Es la resaca de la era del ladrillo. Como hemos hecho todos, familias, empresas y administraciones, los municipios tienen que digerir ahora los excesos de los años que hemos vivido por encima de nuestras posibilidades. El propio Ayuntamiento de la capital presentará en unos días los presupuestos de 2012 y dará a conocer un puñado de propuestas económicas que, según me cuentan, van a cambiar por completo el modo de funcionar en la entidad local. Un plan de choque para asumir que los ingresos del pelotazo se han esfumado con la misma alevosía con que nos descubrieron los mercados que el crecimiento económico, el empleo y la riqueza de los 80 y los 90 no fueron más que un espejismo. Medidas que, seguro, provocarán contestación. Pero, ¿alguien duda que hace falta un tsunami de innovación e inteligencia en el corazón de las plazas del Carmen de toda España?