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La navaja de Ockham en política: lo que faltan son sillones

Magdalena Trillo | 25 de octubre de 2015 a las 11:44

El líder de Podemos reconoció hace justo una semana que no le salen las cuentas. Pero que no pasa nada; que lo importante de su programa electoral son los principios a los que se aspira, lo que se pretende conseguir…

No quedó bien ni en televisión. Pablo Iglesias confesó ante cinco millones de españoles lo que muchos intuían: que sus propuestas para el 20-D son una carta a los Reyes Magos; que se pueden prometer pero no se pueden cumplir. En su decadente camino para “asaltar el cielo”, al dirigente (cansado) de la formación morada le falla ya hasta la oratoria. Pero el problema no es exclusivo de Podemos. Es compartido y se contagia.

pablo iglesias

 

Bruselas ya ha advertido al Gobierno contra las ‘alegrías’ con que ha confeccionado los presupuestos de 2016 -su programa, de facto-, del borrador socialista sólo conocemos un avance de su “radical” enmienda a la totalidad -de momento no hay letra (ni grande ni pequeña) que lo sostenga-, la Junta de Andalucía ha tenido que ceder ante Ciudadanos acordando una bajada de impuestos en un verdadero ejercicio de acrobacia financiera y, a nivel local, ya han empezado a saltar las alarmas. O se recauda más o los números no salen.

Estoy mezclando presupuestos y programas (obligaciones y deseos), pero la culpa no es mía. Es lo que tiene convocar unas elecciones generales a diez días de que se cierre el año, con olor a castañas y mazapán, con las cartas (las verdaderas) a sus Majestades de Oriente en los bolsillos y la presión nada buenista de Hacienda sobre nuestras cabezas.

En la Plaza del Carmen se han vuelto a saltar la disciplina de partido y han decidido contarlo. El propio alcalde ha sido el protagonista de este nuevo arrebato de sinceridad cuando ha cargado sonora y directamente contra el Gobierno de Rajoy (su gobierno) por provocar la asfixia económica de la ciudad y, en última instancia, obligar a subir impuestos. La palabra mágica es “revisión” pero la consecuencia es siempre la misma: cuando se desmadran los números rojos, la solución es siempre la misma. Recaudar más. Que lo paguemos usted y yo.

pablo iglesias

El razonamiento es simple: si hay que subir el sueldo un 1% a los trabajadores públicos, devolver la paga extra, empezar a amortizar el crédito que se pidió para afrontar el plan de pago a proveedores y no se pueden pedir nuevos préstamos ni aumentar la deuda por la Ley de Estabilidad Presupuestaria… ¡Pues no es sólo la TG-7 lo que se tambalea! Son los servicios básicos, la gráfica imagen de levantar a diario la persiana de la ciudad, lo que se condiciona. La deuda de 450.000 euros que se ha destapado en la televisión municipal es sólo el principio. En unos días nos contarán el ‘agujero’ de la Rober y, acomódense bien en el sillón, porque es una precampaña a tumba abierta lo que se empieza a dibujar.

En los corrillos de los periodistas hay una teoría: a Torres Hurtado lo han llamado de Madrid y le han dicho que vaya haciendo las maletas, que se coma los turrones y que no vuelva. En este escenario, por qué no pelear hasta el último día por su ciudad, caiga quien caiga, y mucho mejor si a quien se mina es al partido que ha encargado a su jefe y compañero Sebastián Pérez que dirija la campaña del PP a nivel andaluz. ¿Cuanto peor sea el resultado del 20-D para el PP mejor es para Pepe Torres? ¿Es una forma de evidenciar que su desgaste en las municipales no fue propio sino “consecuencia” del castigo de los votantes a las reformas y ajustes de Rajoy?

Deberíamos tener más que dudas sobre el servicio público de la TG-7 pero muy pocas sobre su efecto propagandístico. ¿La dejamos en servicios mínimos justo en la carrera electoral? Sitúe en este contexto el sorpresivo ataque del partido provincial a la concejal Isabel Nieto (en el núcleo duro del alcalde) y calcule opciones.

Porque, aun con fecha de caducidad, el mando lo sigue teniendo Torres Hurtado. Si ‘provoca’ una moción de censura, le abre la puerta de la Alcaldía al socialista Paco Cuenca; si accede a jubilarse no será sin contrapartida y, como imaginará, en ningún caso el relevo será Sebastián Pérez. ¿Juan García Montero candidato de consenso?

torres hurtado

Nada es casual. La tarta es cada vez más pequeña y son más lo que se quedan sin porción. Puede que PP y PSOE se mantengan en los primeros puestos, pero la sangría que se atisba tendrá consecuencias en sus filas. La fuga de apoyos al bipartidismo es creciente y son dos nuevas formaciones las que llaman con fuerza a la puerta.

Bastan dos simples restas: de los 186 diputados que consiguió el PP en 2011 a los 128 que le daba, por ejemplo, hace una semana la encuesta de ABC; de los 110 que logró el PSOE a los 84 que es estiman en la convocatoria de diciembre. Son más de ochenta sillones -¿dos menos en Granada?- los que se esfumarían del reparto para los grandes partidos. Que se sumarían a todos los damnificados que han quedado por el camino tras las municipales y las autonómicas.

Lamentablemente, hemos construido un sistema político y de poder en España que transforma en una auténtica tragedia lo que debería ser normalidad. Estar o no en política debería ser una elección, una oportunidad, no una necesidad. Pero la crítica a los partidos por actuar como agencias de colocación no es baladí. Vemos a diario cómo colocan por la puerta de atrás, gratifican los servicios prestados con las giratorias y terminan cargando con la situación familiar y hasta personal de quienes no tienen otro oficio que ser útil al partido (a nivel orgánico o a nivel institucional). ¿Sabe alguien a qué se puede dedicar Juan Antonio Fuentes después del desbarajuste de TG7? Es un simple ejemplo. Uno de tantos.

A cuenta de los buenos datos de la última EPA, me preguntaba un buen amigo si había analizado bien los datos de nueva contratación. Estaba indignado. Más de 20.000 nuevos empleos se han creado en el sector público. La ex directora de TG7 está ya colocada en los Mondragones. ¿A esto nos referimos?

tg7

Torres Hurtado ha pedido “responsabilidad” a los partidos para aprobar las ordenanzas fiscales porque sólo recaudando más (7 millones estima el concejal de Economía con la revisión del IBI) se pueden cuadrar las cuentas y evitar que se “paralice la ciudad”. Bien, pero la responsabilidad ha de ser compartida. Si de verdad estamos en un momento de gobierno sin ataduras, de ejercicio del poder al servicio de la ciudad (no del partido), deberíamos asumir que no son sólo ajenos los cadáveres que se tendrán que dejar por el camino.

El principio de la navaja de Ockham se ha utilizado en economía, en lingüística, en biología y hasta en música. Deberíamos aplicarlo a la política: “en igualdad de condiciones, la explicación más sencilla suele ser la más probable”. No sé si a Pepe Torres lo han llamado de Madrid, pero me quedo con la reflexión más simple: ¿recuerdan aquello de “qué hay de lo mío”?. Son guerras de poder, es política, es economía… pero lo que faltan son sillones. Y sueldos.

Ciudadanos 3.0

Magdalena Trillo | 13 de septiembre de 2015 a las 10:41

La imagen de la periodista húngara poniendo la zancadilla a varios refugiados sirios que habrá visto infinidad de veces por múltiples canales tal vez sea uno de los ejemplos más contundentes sobre la realidad que ha impuesto la vida 3.0: cada vez resulta más difícil pasar desapercibido; cada vez tienen menos recorrido la manipulación y las mentiras; cada vez es más complicado tapar la verdad.

Petra Laszlo, reportera de la televisión N1 -cercana al partido de extrema derecha Jobbik-, calló primero y eludió pedir perdón. Los hasta siete años de cárcel que pueden caerle por su ruin comportamiento le han hecho cambiar de opinión. El viernes publicaba en un diario ultra de su país una carta pidiendo disculpas, asegurando que actuó “presa del pánico”, que no es una “cámara racista sin corazón que patea niños” y que no merece la “caza de brujas” y “amenazas de muerte” que está recibiendo. Ahora se presenta como “una madre soltera en paro y con hijos pequeños que tomó una decisión errónea”. Una madre digna de compasión.

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Pero no se ve el pánico en las imágenes que el periodista alemán Stephan Richter captó y difundió en su cuenta de Twitter: la joven patea y sigue grabando. Y vuelve a patear. Extraña forma de “asustarse” y “protegerse” de padres y niños que llegaban desde Serbia e intentaban cruzar el control policial de Röszke tras pasar la noche en condiciones tremendamente precarias.

Pensará que es una historia tan clara y evidente que no se puede manipular ni ocultar. Se equivoca. Para TVE la reportera no hace más que “interferir en el camino de varios inmigrantes”; “conseguir una noticia que ya le ha costado su puesto de trabajo”… Una becaria de nuestra cadena pública contó fielmente lo que ocurrió y una editora de la “redacción paralela” se lo corrigió y lo tergiversó. La polémica versión se emitió en el informativo matinal del miércoles. La avalancha de críticas ha sido tal que ya ha desparecido. Ahora sólo se puede consultar en su web una versión decente de lo que ocurrió.

Los directivos de la cadena húngara han tachado lo ocurrido de “inadmisible” y mantienen firme su decisión de despedir a la reportera. En TVE vuelven a mirar para otro lado pero al menos han tenido que recular. Sobre el comportamiento de Petra Laszlo tendrán que pronunciarse los tribunales pero para la condena social no hay que esperar.

Y todo es consecuencia del mundo 3.0, un número que tomamos prestado de las innovaciones informáticas para evidenciar la vigilancia, la exigencia y la implicación que los ciudadanos hemos decidido tener en la esfera pública. Primero fue la Política 3.0, luego el Periodismo 3.0 y, en la base del tránsito, es la gente 3.0 la que sostiene las nuevas reglas del juego con que estamos construyendo nuestro mundo global y local.

Los políticos hacen su trabajo pero no están solos. Los periodistas cumplimos nuestro papel de vigilantes pero no estamos solos. Los ciudadanos participan. Llegan los “superusuarios”, las “nanoaudiencias” y las “muchedumbres inteligentes” (las smart mobs). Cambia la agenda y aumenta el poder de los destinatarios; usuarios que ya no se tragan pasivos lo que contamos unos y otros, ciudadanos que ocupan todos los eslabones de la cadena y que se atreven a ocupar las posiciones de privilegio que durante décadas nos hemos repartido políticos y periodistas. Sin intermediarios. La política se democratiza; la información se democratiza. Los mensajes dejan de ser unidireccionales y el periodismo mismo se convierte -al menos en teoría- en una conversación.

Ciudadanos que hacen de periodistas y periodistas que hacen de ciudadanos activos recurriendo a las redes sociales para contar más allá de sus propios medios. No es otra la razón de que, después de años de críticas sobre falta de independencia y manipulación, de conflictos laborales y escándalos, de problemas por la gestión económica, sea ahora cuando el alcalde haya decidido hacer ‘algo’ con TG7. La directora está despedida y el concejal responsable, cesado. ¿Ledesma será capaz de apagar el fuego? Al menos será un nuevo capítulo. Aunque sea con matices.

Porque lo cierto es que hacemos el ridículo periodistas y políticos cuando olvidamos que, en esta nueva realidad 3.0, las polémicas no se pueden tapar. Ya nadie se conforma con ser informado y callar. Ya nadie calla cuando tiene algo que contar. Y basta para ello con encender el móvil. Es el We the media de Dan Gillmor, es la teoría de la Extreme democracy, es el Common sense de Tom Paine. Y es incluso la elegía política del inmenso Walt Whitman.

Quiero pensar que los medios hemos despertado; que estamos despertando. Y que nuestro papel sigue siendo tan fundamental como hace un siglo. Los periódicos, en papel o en digital, seguimos siendo la referencia y es el pulso desde la prensa el que más escuece en las instituciones y en las instancias de poder. La presión de la opinión pública no es un espejismo decimonónico. Está detrás de los titulares de portada y subyace en las miles de historias, grandes y pequeñas, que cada segundo vuelan en las redes sociales.

Pienso que esto funciona, que la vida funciona, porque hay buenas personas. Porque las mareas de solidaridad, de generosidad, son reales. El activismo, en todos los sentidos, es imprescindible pero no es lo único. Me preocupa no saber si las buenas personas lo somos en apariencia y sólo cuando toca. Si, como en los cómics, es el mundo de los malos el que está ganando la batalla. ¿Usted se ve buena persona? La reportera húngara se ve buena persona… Yo veo un lado oscuro no muy diferente al del diputado polaco que ha llamado “basura humana” a los refugiados.

Cuando esta semana ha arrancado el curso escolar en Andalucía, creo que por primera vez he escuchado al consejero de turno decir que no sólo había que hacer un esfuerzo “para asegurar un futuro con personas mejor formadas”, que también había que trabajar para que sean “buenas personas”. Que no sólo se puede formar en conocimiento puro y duro, que hay que formar en “valores”.

Confiemos: la foto de un niño sirio ofreciendo una galleta a un policía húngaro también ha sido viral. Como la escena grabada en Múnich por una periodista norteamericana en la que una pequeña alemana compartía sus caramelos con una refugiada.

niña

No nacemos basura en Siria y héroes en Polonia, Alemania o España. Pero sí nos hacemos y nos hacen. Allí y aquí. Tal vez no lo aprendimos en su día en las aulas. Tal vez la calle nos haya enseñado otra cosa. Tal vez lo mejor del 3.0 sea lo que tiene de oportunidad. Nunca debería ser tarde para querer aspirar a ser una buena persona.

¿Y si ahora nos gusta la LAC?

Magdalena Trillo | 28 de junio de 2015 a las 9:23

No es una pregunta trampa aunque sí parcial. La Línea de Alta Capacidad (LAC) con que el equipo de Torres Hurtado rompió la soporífera rutina de su último mandato cumple un año sin que hayamos sido capaces de hacer una radiografía exacta sobre su impacto real en la ciudad más allá de la nostalgia de muchos por los viejos autobuses y la resignación de la mayoría por soportar un sistema que, teóricamente, debía hacernos la vida más fácil y reducir los niveles de ruido y contaminación.

Entre los 21.456 granadinos que hace un mes negaron su voto a Torres Hurtado pasándose a Ciudadanos o quedándose en casa había una buena legión de usuarios de la LAC. Es el coste de gobernar de espaldas a la ciudad; cinco concejales menos. Un hundimiento electoral que ha supuesto una verdadera enmienda a la totalidad a la política de rodillo que el PP ha practicado durante doce años. El correctivo, sin embargo, ha sido más contundente en los barrios que en el centro.

El moderno autobús azul que hoy atraviesa la ciudad funciona. Y empieza a gustar. Los conductores ya no tienen que ejercer de psicólogos improvisados a las 8 de la mañana para calmar a los viajeros cabreados ni dedicar media jornada con cara de suplicio a explicar el nuevo mapa de transporte. Cada tres minutos un autobús; el principal eje de movilidad del casco histórico, despejado; un decibelio menos de ruido en Gran Vía y, lejos de destruirse empleo, un compromiso cumplido de reubicación de los trabajadores ‘sobrantes’ de las antiguas líneas y una promesa de consolidación de puestos que se hará efectiva en otoño.

La ciudad, una parte de la ciudad, la ciudad de los ‘privilegiados’ del centro, ha mejorado. Pero hay una asignatura que sigue pendiente: los desesperantes transbordos que sufren los vecinos de los barrios. Se soslayó el problema en noviembre con la incorporación de tres nuevas líneas atravesando la capital pero el PTS quedó descolgado y la Estación de Autobuses también. Granada, esa Granada que va más allá de La Caleta y el Palacio de Congresos, esa Granada que no tiene sentido si no es en conexión con los 31 municipios del Cinturón, esa Granada que estará obligada a reinventarse con la inminente puesta en funcionamiento del Metro y la llegada del AVE, sigue esperando una salida coherente y eficaz a la movilidad. ¿Alguien está pensando ya en cómo responder a esa Granada real que nada tiene que ver con los intereses de poder del mapa electoral?

Miopía. Con los grandes problemas pasa como con los grandes momentos de la vida; los valoras de verdad cuando ya han pasado. Cuando no se puede volver atrás y no es posible rectificar. En unos casos para evitarlos y en otros, los menos, para apreciarlos. Y somos inopinadamente obstinados. La corrupción, por ejemplo, no es el cáncer de la política de hoy. Con poquísimas excepcionales, lo que hoy estamos juzgando en los tribunales -y en la calle- es la nefasta gestión y los comportamientos delictivos que, al amparo de las instituciones públicas, se han realizado durante los años del ‘boom’ económico. La acción (o inacción) de hoy, la de la austeridad suicida, la que está fulminando a las clases medias, la que nos está empobreciendo y ensanchando la desigualdad social, la que nos está hurtando nuestros derechos más fundamentales, es tan líquida como el tiempo.

Todo se complica, además, cuando a la miopía le sumas un punto de inconsciencia y la peligrosa provisionalidad que se ha instalado en esta sociedad volátil y frenéticamente acelerada del todo para ayer. Equivocamos los debates; llegamos tarde a los debates. Nos pasa a los periodistas; le pasa hasta al Papa… La revolucionaria encíclica sobre el medio ambiente no dice nada que los científicos no hayan escrito hace una década en las revistas de impacto de su sector. Sin tanto eco, por supuesto. Que la guerra de las futuras generaciones será por el agua, por los recursos naturales…; que tenemos la mitad de los continentes convertidos en pestosos vertederos; que, con consecuencias “catastróficas”, estamos viviendo por encima de las posibilidades del planeta… Es mucho más que una ficción y evidencia cómo el riesgo de gobernar es doble y contradictorio: la acción conlleva una responsabilidad pero la apatía también.

Si volvemos a la LAC, es evidente que lo más rentable para el PP (políticamente hablando) hubiera sido no abordar la transformación del transporte a un año de las elecciones. Con la misma vehemencia con que se justifica Rajoy cuando se ve obligado a tomar cualquier decisión, el alcalde siempre recuerda que la LAC es consecuencia del imperativo de cumplir la Ley de Economía Sostenible y reducir un 20% los gases invernadero. Bien. Pero, admitiendo la disculpa de la no-iniciativa y dejando en el aire si la solución era la LAC, ¿se ha conseguido algo?

Pues no lo sabemos. Enarbolamos la bandera de la transparencia, pero para que la practiquen otros. Ha costado semanas de persecución -y una solicitud oficial en el registro por parte de una periodista de este diario- que el equipo de gobierno haga pública su declaración de bienes y con la LAC todo está envuelto en un tremendo misterio. No tenemos datos rigurosos sobre el primer año de funcionamiento y mucho menos de futuro. No sabemos cuánto ha terminado costando y, lo realmente preocupante, no está nada claro que sea sostenible. Sí, la palabra de moda para decir que igual Granada no se la puede permitir… Me cuentan que en agosto se habrá agotado el presupuesto de todo el año. La propia Rober ya tuvo que presentar alegaciones a las cuentas municipales de 2015 y, si se confirman estas sospechas, tal vez el debate que nos aguarde tras las vacaciones no sea por qué calle deban pasar los autobuses ni hasta dónde llegar sino cómo financiar el sistema.

La parte que faltaba a la pregunta inicial es justamente ésta: ¿Y si ahora nos gusta la LAC y no la podemos pagar? No lo sabremos hasta que ocurra; hasta que se haya producido (otro) agujero financiero y se desate el conflicto con la empresa adjudicataria. Es un debate de desgaste que no encaja en el ambiente de “buen rollito” que se ha impuesto en el Ayuntamiento de la capital. Me lo decía esta semana un concejal de la oposición preocupado por esas dinámicas de comisiones, reuniones, diálogo y “todo se va a estudiar” que, al más estilo Mariano, puede terminar aniquilando por dilación y aburrimiento cualquier toma de decisión.

Hay un trasfondo: el alcalde se ha propuesto ganar a pulso su continuidad y el examen llegará a finales de noviembre con las elecciones generales. Votaremos al próximo presidente del Gobierno pero la lectura que se realizará en la capital será local. Si el PP ha rectificado, si ha recuperado la confianza de los granadinos con su nuevo tono de humildad, si Pepe Torres merece una prórroga hasta final de mandato… Tanto es así que el alcalde ya se ha embutido en el traje de regidor honorífico. Va a los actos con áurea institucional y, sobreprotegido por los suyos, no se mete en charcos… Esta semana ni le dejaron contestar a los periodistas ante las denuncias de manipulación y acoso laboral en TG7. Se juegan mucho, sí; el cuarto mandato. Pero el precio no debería ser convertir la transparencia en una opereta y el gobierno en un ejercicio de teatro amateur.