El Carnaval, 60 días después

Paco Sánchez Múgica | 7 de febrero de 2010 a las 11:15

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La ‘chirigota’ del ERTE, con sindicalistas enmascarados bajo el doble lenguaje, ha dejado de tener gracia. Tras dos meses, la polémica se ha vuelto más estéril que nunca y las soluciones siguen sin llegar.

ESTA SEMANA próxima se cumplirán dos meses desde que Pilar Sánchez hizo pública la principal medida del enésimo Plan de Viabilidad para sanear las cuentas municipales. Esa actuación de choque no era otra que la aplicación del cacareado Expediente de Regulación Temporal de Empleo (ERTE) en el Ayuntamiento, que supuestamente iba a entrar en vigor “a finales del pasado mes de enero o, como muy tarde, a principios de este mes de febrero”. Una vez más, como se ha podido comprobar, la política ficción sufrió un impacto frontal contra la tozuda realidad, pues si a los pocos días de malvender en plena calle Santo Domingo, casi a oscuras, la medida ‘estrella’ en materia de personal de lo que va de mandato la alcaldesa ya preconizó el “éxito” del ERTE, e incluso alardeó de haber abierto debate nacional que “abre el camino a otros ayuntamientos”, sesenta días después se comprueba que la medida está “muerta” y “estancada”. Coinciden en apuntarlo sindicalistas veteranos como José Manuel Trillo (CCOO) y José García, portavoz de CGT en el Consistorio. Voces coincidentes pero, en cambio, distintas. Si CGT -con todo lo que se le pueda achacar a esta central- se ha mantenido en una posición coherente y ajustada a los principios ideológicos y filosóficos que deberían presidir la acción sindical, otros no pueden decir lo mismo. El juego de ambigüedades, el doble lenguaje y las posturas dispares del resto de representación sindical -en menor medida CTP- no ha hecho más que empequeñecer y hacer invisible cualquier aspecto positivo que pudiera albergar la medida. El titubeo municipal y la falta de claridad y concisión a la hora de trasladar a la opinión pública los supuestos beneficios de las que parecían unas “vacaciones pagadas”, tampoco han beneficiado a la ‘revolucionaria’ medida de ahorro. Por no hablar de una queja constante de algunos de los implicados en la negociación: la escasa experiencia en estas lides de los responsables, técnicos o políticos, que se encargan de velar porque este ‘arma’ de Sánchez contra la asfixia municipal sea viable. Pero si esperpéntica ha sido la actuación de algunos sindicatos y sindicalistas -algunos veteranos han debido estar bailando aquella rumba de Peret de ‘No estaba muerto, estaba de parranda’-, no le ha ido a la zaga la autoridad laboral. Primero, afirmando que no tendría más bemoles que tramitar y elevar al Inem el ERTE; segundo, considerando que era difícil aprobarlo; tercero, solicitando ingente documentación casi imposible de solventar adecuadamente; cuarto, haciéndose la sueca (o eso ha parecido) con los plazos; y quinto, retardando el archivazo de un expediente que, como los propios técnicos de la Administración autonómica reconocieron en el requerimiento de subsanación, era una “auténtica chapuza”. Por mucho que las actuales sean fechas de Carnaval, la chirigota del ERTE no tiene ni puñetera gracia. No la tiene para la plantilla de trabajadores del Ayuntamiento, que sigue vagando en la inestabilidad, la incertidumbre y la constante falta de respeto de responsables municipales que, en lugar de dar ejemplo, les lanzan a los leones repitiendo que son unos “enchufados”. Tampoco tiene gracia para aquellos sindicalistas serios que, oliéndose la merienda de negros, decidieron desde el minuto uno rechazar una medida que podía provocar una “cascada endiablada” de peticiones por parte de otros ayuntamientos, como apuntó el líder regional de Comisiones, Paco Carbonero. Y, por supuesto, no tiene ni puñetera gracia para los informadores, a los que se nos marea cada día con un anuncio distinto, una decisión diferente a la de ayer, y a los que se les desacredita con maniobras en la oscuridad para tratar de desmontar informaciones contrastadas y veraces. Informadores, en fin, a los que, para colmo de males, se nos culpa por boca de la máxima autoridad de la ciudad de “no dejar trabajar al gobierno municipal”. La chirigota, ya lo hemos dicho, no tiene ni puñetera gracia. Algunos, aunque se empeñen, no se han enterado de que Jerez, aunque haya cierto interés por la fiesta, no es tierra de carnaval. Quizás les confunda el hecho de que a más de uno le gusta llevar máscaras casi todo el año. Desde esta página, en todo caso, aprovecho para volver a lanzar un ofrecimiento a los sindicatos y, especialmente, a la comisión negociadora del ERTE: tráiganme a un trabajador municipal que se quiera ‘apuntar’ al expediente. Preséntenoslo porque queremos que nos conceda una entrevista esa persona excepcional. ¿De qué servirá tanta polémica estéril y tanta negociación apresurada si, al final, resulta que no hay nadie que se quiera apuntar a esta medida voluntaria?

  • Manuel

    !Hola!,he llegado hasta aquí a través del blog de Pepe Contreras.Me gusta tu estilo periodístico y es tu juventud la que le da brillo y esplendor.
    Me encantan tus guiños hacia I.U. y siempre existirá un calculado riesgo de que el cuarto poder ponga y quite reyes.
    Lástima que en un primer intento personal por utilizar la política de “izquierda”como instrumento de utopía y en favor de la ciudadanía a coste cero,tuviera la mala experiencia de comprobar que hay gentes con ansias de ser cabezas de ratón y no colas de león.Lo que significa que cuando dices que se incrementa la militancia,lo es en detrimento de muchas víctimas arrojadas a la cuneta por la via del ordeno y mando.Algún día te lo explico en persona.
    Recibe un cordial saludo.