Cronología política: Ikea, cinco años después

Paco Sánchez Múgica | 18 de abril de 2010 a las 11:06

Desde que la enseña sueca anuncia que busca suelo en Cádiz hasta la apertura del martes en Jerez han pasado cinco años · Sánchez y Pacheco aún rivalizan por ver quién pasará a la historia como el gran artífice de la inversión

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Ikea no es muy de colocar primeras piedras. Su plan de expansión es estricto y pocas veces tiene tiempo para líos políticos e intrigas palaciegas. El proyecto de Jerez parece haber sido una excepción. “Esto da para escribir un libro”, resumió la alcaldesa el día en que los suecos se pusieron el casco, hincaron la pala y guardaron en una caja de metacrilato los periódicos del 25 de junio de 2008, cuando depositaron la simbólica primera piedra de su tercera tienda en Andalucía y del primer parque comercial, el mayor de la región, que han promovido en España. Cuando el próximo martes el primer cliente cruce el umbral del flamante establecimiento jerezano, la tienda número 14 de cuantas tiene la compañía repartidas por todo el país, quedará atrás un lustro de trámites urbanísticos, aprobaciones, licencias, operaciones de toda índole, ‘rifirrafes’ políticos y pugnas encarnizadas por arrogarse la inversión. Cinco años que, aunque ciertamente dan para escribir un libro, trataremos de sintetizar en apenas dos páginas.

De la puja a la realidad

Desde que Ikea anunció que buscaba suelo en la provincia, abril de 2005, hasta que finalmente un grupo de ejecutivos decidió en Estocolmo que Jerez era la mejor opción, pasaron ocho interminables meses. En el ínterin, Hernán Díaz, ex alcalde de El Puerto, rivalizaba con los políticos locales, en ese momento Sánchez y Pacheco, por captar la suculenta inversión. “Tenemos un 90% de posibilidades”, llegó a exclamar el polémico munícipe portuense. Los políticos locales, a su vez, rivalizaban entre ellos mismos, era la época del pacto PSOE-PSA, por apuntarse el tanto de atraer a la ciudad una de las mayores inversiones comerciales que podía conocer en su historia: 50 millones de euros que finalmente rozarán los 60, sin contar con el proyecto Luz Shopping (antes Parques 21), para el que prevén gastar 200 millones frente a los 300 que siempre se dijo en el arranque de la operación. Un desembolso, en todo caso, cargado de simbolismo por tratarse de la enseña de la que se trataba y del punto de inflexión que podía conllevar para la desnutrida economía local, mucho más famélica ahora que entonces, cuando la palabra ‘crisis’ apenas era empleada por la prensa deportiva para referirse a los baches del Madrid o el Barcelona.

Aparcaron sus insalvables diferencias y tanto Sánchez como Pacheco alcanzaron un pacto de no agresión e hicieron insólito frente común para cerrar, al precio que fuese, costase lo que costase, la inversión de la compañía nórdica. Luego llegarían los navajazos, pero en ese momento, finales de 2005, sólo importaba convencer a Suecia de que su expansión futura al Sur del Sur de Europa pasaba imperiosamente por Jerez. El político andalucista trabajaba a destajo en Madrid cerrando los flecos de los acuerdos, mientras la regidora socialista apuntalaba la faena política, convenciendo a socialistas de Sevilla de que entre la opción de Jerez y la de El Puerto no había color.

Ikea se decantó por la ciudad a mediados de diciembre de 2005 y rápidamente, el día de los Inocentes, estampó su compromiso en un protocolo marco que también rubricaron dos consejeros, Zarrías (Presidencia) y Fernández (Empleo), y la alcaldesa. La letra pequeña de ese protocolo era “leonina”, según denunció en ese instante la oposición, pues sólo exigía a Ikea la creación de 300 empleos (no 600 como se dijo en un primer momento), mientras que los terrenos de titularidad municipal eran transferidos a unos 20 euros el metro para la tienda del mueble, y a 52 euros los de la parcela para el parque comercial. Además, el Consistorio corría con la costosa urbanización de los suelos y nada se había hablado de la necesidad de compensar por parte de la firma ese sistema general que se perdía en la zona Oeste del núcleo urbano. Entre otras ‘ofertas’ irrechazables para su implantación, el Ayuntamiento subvencionaba el IBI de la tienda durante cinco años y asumía la posibilidad de reclamar a la Administración que el ‘parque temático’ -el sustituto comercial del ‘bluf’ que supuso el malogrado proyecto del Speed Festival-  abriese domingos y festivos.

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