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Temporada de fresas

Agustín Velasco | 29 de abril de 2010 a las 19:56

temporada de fresas 2

Tengo que admitir que tenía abandonada la poesía. Este libro que reseño a continuación es el primero de unos poemarios que me hicieron llegar desde la Fundación ECOEM. Empecé con Temporada de fresas (Ediciones de la Isla Siltolá) de Pilar Pardo por casualidad, por alguno tenía que empezar, y he de admitir que me irritó la brevísima reseña biográfica que hacían de la autora, de la que sólo se especificaba que era licenciada en Filología Hispánica, de Murcia y nacida en 1964. Pero después esa falta de datos que en cierta manera me irritó se ha vuelto un valor muy positivo en la lectura de este poemario, porque me ha presentado a la autora desnuda de prejuicios biográficos y eso ha enriquecido mi paso por sus versos.

Este primer libro de pilar, del que una versión abreviada gano el Premio Florentino Pérez-Embid 2009, es un canto a la vida cotidiana, a la vida desnuda, desprovista de grandes hazañas… o mejor dicho, donde cada detalle es una gran hazaña. Con los años uno termina arrinconando la poesía como una rémora de la adolescencia en que los sentimientos eran tan grandes que había que convertirlos en poesía. La edad nos castra esa capacidad y nos avoca a la prosa desnuda. Sin embargo Pilar es capaz, en su madurez, de realizar un emotivo recuento de su vida, de momentos, de imágenes grabadas en su memoria afectiva, de descubrimientos vitales… con la misma intensidad de un adolescente pero con gravedad de esa madurez no desencantada. Es fácil escribir los poemas más tristes desde el desencanto de la edad, Pilar no se deja vencer por la tristeza y hay gozo plácido que se trasluce en sus versos.

  • temporada de fresasTítulo: Temporada de fresas
  • Autora: Pilar Pardo
  • Editorial: La Isla de Siltolá
  • Páginas: 74
  • Precio: 8 €

Es estilo de Temporada de fresas es directo, conciso, libre callejuelas insondables. Recuerdo que una vez escuché a Antonio Gala decir que “para enturbiar las aguas ya estaban los búfalos” a la sazón de qué opinaba de los estilos literarios de sintaxis rebuscadas. Pilar usa versos cargados de mensajes profundos que rozan la superficie de las palabras. Sus poemas son como una Venus de Milo, estructuras hermosas, limpias, desnudas, sin artificio, pero con misterio y significación, donde hay miembros que faltan y que has de imaginar tú mismo, que te harán derivar hacia la reflexión. A veces, me atrevería a decir que trabaja con la concisión y ritmo del haiku. Un ejemplo:

 

EN TREN

Mirar por la ventana

y sentir mi latido confundirse

con cuanto resplandece agradecido

por un poco de lluvia.

 

Su modo de poetizar lo cotidiano me recuerda, salvando las distancias estilísticas y culturales, a aquella poetisa norteamericana, quizás la primera reconocida del Nuevo Mundo, Anne Bradstreet (1612-1672), que en su narrar íntimo y personal por ejemplo trataba de reconciliar su fe en Dios frente a la gran catástrofe que supuso el incendio que arrasó su casa. Bradstreet no escribía para el mundo, sino para ella, y después el mundo encontró la belleza de sus versos. Creo, me atrevo afirmar dada la somera biografía de la autora, que Pilar es un ejemplo semejante.

Sensaciones vívidas, emociones muy carnales y explícitas, como una reflexión que nos deja que sintetiza estupendamente el descubrimiento del sentimiento maternal:

Nadie te lo había dicho: que cuando tienes hijos el premio de la entrega es descubrir que eres ese ser generoso, a quien no conocías, capaz de dar abrigo sin reserva. Empiezas a existir en otros cuerpos que son tu misma carne, y brotan unas fuerzas escondidas.

Así que aprovecho para decir que mañana viernes 30 de abril, a las 19’30 horas, se presentan en la Casa del Libro de Sevilla Temporada de Fresas de Pilar Pardo y El Huerto deseado de Tomás Rodríguez Reyes.

Próximamente: La cúpula del mundo (ed. Grijalbo) de Jesús Maeso de la Torre

Empezado: El astrónomo y el templario (Nabla Ediciones) de Eduardo Battaner

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