El regalo de la gran reina blanca a ‘su amigo’ el gran rey negro

Agustín Velasco | 28 de junio de 2010 a las 14:27

reina victoriaLa auténtica historias de las minas del rey Salomón (ed Nowtilus) de Carlos Roca es un libro intenso en información y anécdotas dignas de reseñar. Cuando el rey matabele Lobengula mandó a dos de sus hombres a cruzar África y llegar hasta la presencia de ‘la gran reina blanca‘, la reina Victoria de Inglaterra, para quejarse de los abusos de los ingleses con sus tierras estos llegaron a Londres no sin avatares en 1883 donde fueron recibidos con entusiasmo por la sociedad londinense y la propia reina. La reina les dio para Lobengula una carta para “su amigo” el rey prometiendo amonestar seriamente a Cecil Rhodes (el ambicioso empresario que los estaba hostigando) y como regalo especial le envió un retrato suyo. La amonestación no tuvo mayor influjo en la codicia de tierras de Rhodes y cuando en 1893 los británicos llegaron al poblado de Lobengula en pie de guerra se encontraros que este lo había abandonado y quemado, quedando sólo las cenizas de todas las baratijas inglesas que este había ido atesorando de un gramófono al mismísimo retrato de su “amiga” la reina Victoria. Supongo (elucubro) que el retrato que recibió Lobengula sería algo como este pintado por Lady Julia Abercromby es una copia modificada de otro retrato pintado por Heinrich von Angeli. No puedo meterme en la cabeza de Lobengula, pero si dos emisarios me llegaran con un retrato como todo regalo… no sé, quizás decidiera declarar la guerra a alguien (es como regalarle a tu chica por su cumpleaños una buebna plancha, ¿no?).

  • Jose Luis Sevillano

    Aunque la información aportada es muy buena y la documentación utilizada es totalmente rigurosa, este libro será uno de los pocos que he estado a punto de abandonar debido a los innumerables errores ortográficos y sintácticos que contiene. Y cuando digo innumerables, me refiero a que cuesta encontrar una sóla página del libro en la que no aparezca alguno.
    Aunque vivimos en una época en la que por desgracia estos errores son demasiado comunes en todo tipo de medios, cuesta creer que una editorial no disponga de los medios humanos y técnicos para evitar que dichos errores lleguen al lector.
    En definitiva, dudo mucho que vuelva a leer alguna publicación de esta editorial que pone tan poco empeño en cuidar nuestra lengua escrita.