No te supe perder

Agustín Velasco | 18 de noviembre de 2010 a las 9:44

violenci

Este libro que paso a comentar (y recomendar) me llegó justo antes del verano. Cuando le llegó su turno en mi lista de lectura, en plena canícula, llegué a la página 31 y lo cerré. Este no era un libro para leer a pie de piscina o en una terracita agradable. No, enseguida percibí que tenía una carga de profundidad importante, y a mí los libros importantes me gusta leerlos bien arropado, sintiendo un poco de frio y con la luz mesurada del invierno. No te supe perder (ed. Guadalturia) de Salvador Navarro permaneció en mi estantería de ‘pendientes’ hasta hace una semana en que me di cuenta que era el momento y me encontré…

  • no te supe perderTítulo: No te supe perder
  • Autor: Salvador Navarro
  • Editorial: Guadalturia
  • Páginas: 422
  • Precio: 18 €

…una novela coral. Ir más allá en su clasificación, afinar más sería un ejercicio de simplificación injusto. Lanzar una sinopsis sería igualmente difícil cuando ocurren tantas cosas a tantos personajes, corres el riesgo de obviar cosas importantes. En estos casos lo que hay que hacer es ir más a la mirada global, al sentimiento que genera y de los que habla. Como telón de fondo (que no como línea argumental) encontramos el maltrato en toda su dimensión, física y emocional. De hecho, si debiéramos elegir un personaje principal ese sería Yann, que se convierte en el centro de la tela de araña que conecta a todos los demás de distintas formas, y que es una de esas ‘otras’ víctimas del maltrato, de la llamada violencia de género, que muchas veces queda fuera de foco: el hijo que es testigo del infierno al que es sometida su madre que termina siendo asesinada cobardemente por su padre. Estas víctimas, los hijos, suelen ser simplemente una nota a pie de página para los periódicos, pero Salvador Navarro ha querido usarlo  para mostrar esas consecuencias colaterales del maltrato: seres con secuelas profundas e invisibles, incapaces de amar, adictos a la crueldad… un eslabón más de la cadena del dolor.

El autor es muy cuidadoso en el diseño de la estructura narrativa para que no perdamos en el bosque de actores. Y sobre todo la complejidad de estos actores hace que el autor utilice un narrador omnisciente que navega con inteligencia por un mar turbulento en función de los personajes. Y cuando digo ‘con inteligencia’ me refiero a que es muy inteligente el amoldar la voz del narrador a cada momento y cada personaje, casi diluyendo la presencia de este. No busca el lazo afectivo con sus creaciones, no recurre a ‘tipos’, sino que retrata personajes con dimensión propia, con hálito de realidad, nada es blanco ni negro, bueno ni malo, aunque está claro que hay gente cruel y víctimas propicias, como en la vida misma. No hay grandes protagonistas, pero cada personaje es como una palabra en un párrafo: no te dan el significado completo, pero sin ellos no comprenderías el mensaje.

Esta es una novela de relaciones destructivas, no importa de qué signo. Hubiera sido fácil frivolizar y caer en el tratamiento superfluo por el que identificamos a todo ser dependiente de otro como alguien irracional, débil o estúpido, mientras que al que es objeto de dependencia lo investimos de cualidades como la manipulación o el autoritarismo. Nada es tan simple, y precisamente ese tratamiento es la que evita Salvador Navarro en su obra. Esta es una reflexión de la incomunicación en la era de las comunicaciones, de la negación, de cómo evitamos el autoanálisis por miedo a lo que podamos encontrar, a la falta de la voluntad para solucionar nuestros problemas porque nos encontramos confortablemente parapetados en aquello de preferir lo malo conocido. También es una novela sobre la juventud y todo lo que ella implica: las ganas de comerse el mundo, de buscar un camino propio, de sentirse apresado por la realidad cotidiano (en este caso Sevilla y sus limitaciones), de superar traumas…

Es especialmente agradable que este Sevillano haga transcurrir su obra en Sevilla, pero en una Sevilla cotidiana alejada de los tópicos. Es enervante que en la literatura ocurra como en el cine, que cuando alguien se decide a ambientar una historia en Sevilla enseguida aparezca un nazareno, una cofradía o una caseta de feria. La Sevilla de Salvador Navarro no es visible por monumentos, calles o costumbres populares, sino por ese espíritu sevillano más profundo e invisible conformado por una manera de pensar y discurrir. Y el tiempo que emplea es ‘el ahora’. La literatura de hoy parece obsesionada por rescatar el pasado o proyectarse al futuro, parece que los días que vivimos no tienen entidad literaria, y Navarro prueba que no es así. No hay que olvidar que la literatura que ha pasado a la historia es la que en su momento habló de su tiempo, con el lenguaje de ese momento y con una mirada crítica.

No quiero finalizar esta reseña si remitiros al estupendo artículo de Jesús Albarrán en Diario de Sevilla: http://www.diariodesevilla.es/article/ocio/748822/una/historia/mentiras/y/maltrato.html

Empezado: El cuaderno de Nicolaas Kleen (Roca Editorial) Jaume Benavente

Próximamente: De La Habana un barco (ed. Lengua de Trapo) de Hotel Postmoderno