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Venganza

Agustín Velasco | 15 de junio de 2012 a las 7:21

Que me perdonen Preston y Child, pero evidentemente Gideon Crew no es el agente Pendergast. Los amantes de la figura de Aloysius Pendergast sentirán un pellizco desconsolador y clamarán “¡¿en qué estáis invirtiendo el tiempo?!, ¡poneos ya con otra entrega de Pendergast!”. Pero como no quiero ser dogmático me voy a desprender de mi fanatismos y voy a olvidar que las historias de Gideon Crew consumen los recursos de nuestro agente especial del F.B.I favorito.

Así que vamos con Venganza (ed. Plaza & Janés) de Douglas Preston y Lincoln Child, la primera historia de la serie de Gideon Crew, que para ser justo de entrada me resultó trepidante, entretenida y llena de giros inesperados. El tal Crew tiene una misión en la vida, vengar a su padre, un famoso matemático que fue asesinado para ser tomado como chivo expiatorio de un fiasco de la Inteligencia nacional. Gideon, testigo del asesinato, es obligado por su madre años después de asumir el compromiso de la venganza. Pero es que eso se resuelve en la página 61. Punto final y a otra cosa, mariposa… ¿o no?

  • Título: Venganza
  • Autor: Glenn Cooper
  • Traducción: Fernando Gari Puig
  • Editorial: Plaza & Janés
  • Páginas: 352
  • Precio: 18,90 €

Pues no, su misión personal, y la forma en que la lleva a cabo lo pone en el punto de mira de Eli Glinn, presidente de Effective Engineering Solutions y viejo conocido de nuestro amigo Pendergast (¡diablos, dije que me iba a olvidar de él!). Glinn le propone llevar a cabo una importante misión que les ha comisionado el Gobierno de los EEUU, hacerse con un importante proyecto científico de los chinos que puede cambiar toda la realidad económica mundial y que un científico desertor ha introducido en el país. Venga, Gideon, anímate, métete de cabeza en esta aventura, ¿qué tienes que perder?, de todas formas vas a palmarla… ¿¿?? “¿Que voy a palmarla?, ¿de qué diablo hablas, Glinn?”. No es textual (a pesar de las comillas) pero resume el momento de perplejidad del protagonista.

 A la historia no le falta de nada: una historia de amor imposible, traiciones, un asesino cruel y despiadado (y es que lo chinos son los nuevos rusos en la literatura norteamericana desde que los soviéticos son “amigos”), momentos de ingenio, suplantación de personalidad, persecuciones, un cementerio abandonado… Vamos, de todo un poco.

En fin que si no existiera Pendergast diría que es una novela muy recomendable e ingeniosa, ideal para dias de sol y arena. Pero lo cierto es que no puedo esperar a echarle el guante a la última entrega de nuesto Agente Especial del FBI favorito, que ya está en la calle bajo el título Sangre fría… no confundir con la maravillosa e icónica obra de Capote.