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El asesino hipocondríaco

Agustín Velasco | 31 de enero de 2012 a las 18:39

Divertido, divertido y desconcertante… ¿he dicho que es divertida? Así es El asesino hipocondríaco (ed. Plaza & Janés) de Juan Jacinto Muñoz Rengel. Partamos de la premisa que el planteamiento de base de original no tiene nada: asesino a sueldo trata de matar a un tipo que no tiene ni idea que alguien va tras sus pasos. Lo importante es el desarrollo. Ahora pongamos que el asesino en cuestión es una enciclopedia viva de enfermedades y malformaciones realmente extrañas y que está en el pleno convencimiento de que en cada página su vida está a punto de expirar (incluso en algunos momentos termina pensando que ha pasado a mejor vida para después darse cuenta que aún no había llegado su vida). Y pongamos que el asesino en cuestión es el tipo con la más mala suerte que puedes imaginarte. Ahí hay un drama personal terrible en potencia que termina convirtiéndose en comedia.

  • Título: El asesino hipocondríaco
  • Autor: Juan Jacinto Muñoz Rengel
  • Editorial: Plaza & Janés
  • Páginas: 224
  • Precio: 16,90 €

Quiero que el autor me disculpe por la siguiente comparación, pero debe entenderla desde mi más profunda admiración y cariño: el señor Y (el asesino) es una especie de Mortadelo desquiciado, y la historia es digna de ser plasmada en unos de esos tomos de los agentes de la T.I.A. que tantos buenos ratos nos han dado. Momento cumbre de este gran homenaje al febril y dadaísta humor franciscoibañezco es imaginar a nuestro protagonista corriendo como un desquiciado hacia su víctima para despeñarla por un precipicio de la sierra mientras grita “¡Medicinaaas, necesito medicinas!” porque es su coartada (ha dejado el centenar de pastillas que suele tomar) para que en un hipotético juicio por homicidio le descargue de culpas el síndrome de abstinencia. Surrealista cuando menos, ¿no?

Pero no penséis que este es un ejercicio de humor sin fundamento. Me ha dado por comprobar la existencia de las extrañas enfermedades que este peculiar asesino padece y ¡existen en realidad! ¿Habías oído hablar del Síndrome del Acento Extranjero? ¿De la Maldición de Ondina? ¿De los gemelos parasitarios? De paso el autor te regala una buena lista de hipocondríacos ilustres y te nutre de un buen anecdotario de personajes como Poe, Proust, Voltaire, Tolstói, Molière, Kant… con los que el señor Y traza sutiles lazos de simpatía y afinidad. Y es que no hay nada que une más a dos personas, aunque siglos las separen, que compartir una extraña dolencia o manía.

Esta primera novela de este malagueño doctorado en filosofía (y yo que no había conocido ahora a ningún doctor en filosofía con sentido del humor) se salda con un resultado ya no positivo, sino óptimo, que seguramente le creará al autor un problema serio a la hora de escribir una segunda novela que colme las expectativas de los fans del señor Y, que seguro que serán mucho y entre los que me encuentro desde ya.s

Pd. No quiero olvidar felicitar al equipo de diseño de la editorial, y en concreto a Ferrán López, así como al artista creador de la ilustración de portada Santiago Caruso. No imagino un diseño más acertado y más original para este volumen.