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Pantano de sangre

Agustín Velasco | 24 de septiembre de 2010 a las 15:02

pantano de sangre

Cuando el agente especial del F.B.I. Aloysius Pendergast se entrega a un caso está dispuesto a llegar hasta el final. El problema (o problemas) que se le presenta con este nuevo caso que se relata en Pantano de sangre (ed. Plaza & Janés) de Preston & Child, es que no sólo ha de remontarse a doce años en el pasado y más allá, porque el móvil del caso deberá desentrañarlo en acontecimientos que ocurrieron a mediados del siglo XIX, sino que existirá una implicación emocional directa que amenace su objetividad.

Recordáis al enigmático sujeto llamado Ogilby, el abogado de la familia Pendergast, que aparece al final de La danza del cementerio. Pues resulta que es el encargado de dar fe de que Aloysius visita la tumba de su tío Louis al menos una vez cada cinco años o perderá la fortuna familiar. En la visita rutinaria a la tumba, Pendergast pasa por la mansión familiar ‘Penumbra’ y allí se abandona al pasado, revisando con añoranza la escopeta de caza de su mujer Helen, la que llevaba el aciago día que perdió la vida en África cazando un temible león de cabellera roja. Al revisar el arma descubre que la muerte de Helen no fue un accidente, sino un asesinato bien planificado.

  • 9788401337673[1]Título: Pantano de sangre
  • Autores: Douglas Preston y Lincoln Child
  • Traducción: Jofre Homedes Beutnagel
  • Editorial: Plaza & Janés
  • Páginas: 496
  • Precio: 21,90 €

Pendergast se embarca con el detective D’Agosta en una investigación que los llevará de Zambia al sur profundo de los Estados Unidos en busca de un misterioso cuadro de Audubon que se conoce como el ‘Marco Negro’ y que nadie sabe cómo es. En él se haya la pista para desentrañar el interés de Helen por este pintor y los intereses espurios en que se vio implicada. Aquí veremos a un Pendergast en su salsa, en el sur, donde se ha criado. Veremos cómo la teniente Hayward empieza a ‘apreciar’ a Pendergast y sus poco comunes métodos.

Esta novela de Preston y Child tiene un ritmo diferente a las anteriores. Es como más línea, no hay digresiones. Todo es como una carrera a contrarreloj. Y el final no es un final, sino un ‘to be continued’ clarísimo. Para los que se hayan asustado o puedan asustarse con la nota final de los autores sobre su interés de comenzar una serie de thrillers sobre un nuevo personajes Gideon Crew, debo decir que no intuyo que vayan a abandonar a Pendergast porque dejan suficientes flecos sueltos e insinuados como para suponer que ya tienen claro lo que quieren hacer con ellos:

1) El asesino de su mujer aún anda suelto. Ya sabemos quién es y el tipo de traición que implica que sea quien es (no puedo hablar más claro sin destripar el factor sorpresa de la novela). Pendergast tendrá que dar con él. Y él ha jurado matar a Pendergast.

2) Tenemos a Constance Green en prisión, ¿por qué?, lo siento pero eso lo tendréis que leer que os vais a quedar de piedra, solo puedo decir es que a su regreso a Estados Unidos embarcó con su bebé, pero desembarcó sin él. El psiquiatra John Felder tiene toda la pinta de ser un personaje que ha aparecido en las páginas de Preston y Child para quedarse.

3) Tía Cornelia ha muerto (y sí, la manera en que lo hace me resulta un tanto frustrante después de tanto sacarla como personaje secundario), y muere aterrada por la idea de que Ambergris se presente en el sanatorio para vengar una atrocidad que ella había cometido en el pasado. (Si no recuerdo Ambergris era el hermano de Cornelia… ¿Será ese?)

Si he de ser sincero no creo que Preston y Child tengan intenciones de abandonar a Pendergast… afortunadamente.

Próximamente: La cena de los infieles (ed. Ático de los libros) de Beryl Bainbridge

Empezado: Isabel de Habsburgo. Reina de Dinamarca (ed. Nowtilus) por Yolanda Scheuber