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¿Cenamos? ¿Dónde jugamos?

Santiago Cordero | 2 de marzo de 2013 a las 12:35

La prensa nacional se hizo eco esta misma semana de que Pau Gasol y Ricky Rubio,  justo el día antes del partido Lakers – Minessota, acudieron a ver un partido de basket universitario para seguir en directo al pequeño de los Gasol.  Después de eso, imagino, como es norma habitual,  el día terminaría con una cena entre  los dos jugadores españoles, algo cotidiano en la NBA.

Foto publicada por Marca

Esa es una de las razones por la que el deporte profesional americano está a años luz del nuestro. ¿Alguien en sus “sano juicio” se podría  imaginar que anoche, Higuain y Di María invitaran a cenar a sus compañeros de selección Messi y Mascherano? “ Che pibe, ¿dónde querés cenar vos?” Pues eso, años luz. Los norteamericanos, con todos sus defectos, que son muchos, tienen muchas virtudes y una de ellas es saber gestionar el deporte profesional como un verdadero negocio. Es decir, los aficionados y amantes del deporte son sus clientes y, por tanto, se les mima hasta límites impensables por estas lides. Mientras que los jugadores son el producto, los auténticos generadores del espectáculo, por tanto, del negocio. De esa mezcla tan simple de los principios  del mercado, nacen modos de operar tan lógicos, como el permitir a los medios de comunicación entrar en los vestuarios al final de los partidos para entrevistar a los jugadores, pero no como una prebenda hacia el medio o el periodista, sino como fórmula de acercar aún más el show al aficionado, de hacerlos partícipes emocionalmente del espectáculo. Aquí, salvo que la selección gane un título y baje la familia real a sacarse una foto para intentar reforzar su imagen (hoy por los suelos) no entra una cámara en un vestuario, que por lo visto es algo sagrado o místico.

 

Curiosamente son los propios jugadores y los smartphone y la redes sociales los que hace un par de año han abierto los vestuarios para la afición, mientras los gestores del negocio futbolístico siguen viviendo bajo las claves del siglo XX. Si al final, la foto del pasado martes de Mou con su clan la van a filtrar ellos mismo, porqué no se permite que el aficionado madridista “disfrute”  de ese momento en directo. Show, espectáculo al servicio del que paga.Foto Casa Real

 

Lo de ¿Dónde jugamos? Me parece, un año más, la gota que colma el vaso de la negligencia en la gestión deportiva. En primer lugar, dejando a un lado cuestiones e intereses políticos, que tanto vienen ensuciando nuestro deporte,  el estadio donde  se dispute la final de la Copa del Rey debería saberse, como muy tarde, justo antes de que se juegue la primera eliminatoria. Es más, si se respetara a los aficionados y se quisiera engrandecer el fútbol español en general y este torneo en particular, considero que en nuestro país solo hay dos campos capaz de albergar la final de esta competición: Santiago Bernabéu y Nou Camp. Luego existen otros estadio de primer nivel, pero no llegan a la capacidad que tienen los del Real Madrid y el F.C. Barcelona. Pero lo de este año es la quintaesencia del despropósito.

 

El Madrid quiere el Nou Camp y el Atlético el Calderón.  ¿Cómo puede un club, como el Real Madrid, pretender desplazar a sus aficionados, en medio de la crisis económica que vivimos, 500 kilómetros para enfrentarse a otro club de su misma ciudad? ¿Cómo puede un club, como el Atlético,  querer jugar en su estadio con unos 25000 socios en las gradas, cuando 40000 atléticos podrían acceder al Bernabéu para presenciar una final? En fin, se supone que ellos ( RFEF, LFP y sus dirigentes) son los que saben de esto.

El fútbol en la radio

Santiago Cordero | 29 de agosto de 2011 a las 13:31

Lo vivido este pasado fin de semana con la liga de fútbol profesional y las emisoras de radio ha puesto en evidencia una vez más la falta de un norte claro en la gestión del negocio del fútbol en España.

El error estratégico de imagen y comunicación del fútbol profesional español se ha puesto una vez más en evidencia. Después de aplazarse la primera jornada de liga por la huelga de futbolistas, los dueños del negocio caen en el error de montar un pollo en la puerta de los estadios al dejar impedir la entrada a los locutores deportivos y comentaristas de las distintas radios españolas por negarse a pagar un canón a la liga para tener acceso a los estadios (cabinas, césped y sala de prensa) y retransmitir los partidos como siempre han hecho. Durante todo el fin de semana, los medios se han hecho eco de esta desagradable situación que se daba en la puerta de los estadios, con el consiguiente desprestigio del fútbol español.

¿deben pagar la radios? NO, rotundamente no.  ¿Porqué? Porque la LFP pierde más que gana. La LFP no tiene una estrategia, no tiene un plan de negocio y no tienen un plan de comunicación. Es evidente que desde Jerez, y solo con los datos que puedo entresacar de  los medios de comunicación, poco peso puede tener mi parecer, pero si llegan al final del artículo intentaré convenceros de que la LFP ha vuelto a cometer un error con las radios.

Hablan de copiar el modelo inglés. En Inglaterra difícilmente hubiésemos visto periodistas y notarios a la puerta de los estadios. En segundo lugar la radio deportiva en España nada, absolutamente nada, tiene que ver con la británica. La dimensión y el peso que históricamente ha tenido y tiene la radio deportiva en nuestro país no tienen parangón alguno en el mundo. Por tanto, esta circunstancia debería haberse  sopesado. La incidencia social de la radio es muy alta y eso puede (traerá más de un dolor de cabeza a los mandatarios de la LFP). Si hay alguna duda al respecto, Del Nido (espabilao como pocos) ha dejado trabajar a los profesionales sevillanos.

La crisis, la venta desorbitada de derechos, las deficitarias plataformas audiovisuales, han llevado a la precipitación de la LFP a querer hacer caja para asumir sus pago. En 15 millones de euros cifran  el negocio con las radios.

Es cierto, que los dueños del negocio tienen derecho a manejarlo como estimen oportuno, pero el problema es que al final, la Liga de las Estrellas puede acabar estrellada. El mercado manda. Ahora toca la conquista de Asia (china primero y la India). Cada jornada tendrá 3 días, casi todos los partidos por ppv, los domingos doce horas de fútbol ininterrumpidos. El mercado mundial manda, pero mientras la Primiere británica o la NBA de baloncesto americana miran igualmente a los mercados globales, lo primero que hacen es tratar como dioses a los clientes globales (incluidos los de tu club, los socios). La LFP pasa de los socios de los equipos. Si queréis comprar una entrada para un partido NBA o de la Premiere se puede hacer con meses de antelación, es decir, puedes programar las vacaciones, el viaje, los hoteles en función del partido. Aquí NO. La imagen es la imagen, la marca es la marca, y todo negocio que quiera prosperar debe salvaguardar su imagen y su marca. Eso sí, antes debes saber quien eres y como quieres ser visto. La LFP es un desastre en ese aspecto. Luego, una vez definida tu marca, no debes dar ningún paso en contra de tu imagen.

Las radios están cabreadas justo cuando estaban de morir por inanición. Los carruseles de los domingos tienen sentido (así nacieron) cuando todos los partidos (o la mayoría) se juegan a la misma hora. ¿Qué radio iba a poder mantener la retransmisión de 6 partidos consecutivos un domingo? Ninguna, salvo los partidos del Real Madrid y F.C Barcelona (porque la LFP no ha hecho nada por impedirlo) que son los que se juegan algo, el resto de partidos solo tienen interés para sus aficiones. En Inglaterra, salvo algún que otro año, siempre hay 4 o 5 equipos (de 18) luchando por el campeonato, lo que implica que muchos partidos de una misma jornada tienen un gran interés deportivo. Aquí, entre otros factores, el reparto de los derechos de televisión está favoreciendo y agrandando las diferencias entre los dos grandes y el resto.

El fútbol español, que en lo deportivo está viviendo la mejor de sus épocas tanto a nivel de selección como de clubes, está atravesando por un momento complicado en lo económico. Falta de patrocinadores, ley concursal como tabla de salvación y lo peor que pueden hacer sus dirigentes es crear un brecha con el cuarto poder. Porque si bien el negocio es de los clubes y los actores son los futbolistas, no olviden que los medios de comunicación (la radio con un papel protagonista) ayudan a llevar a una dimensión superior al fútbol profesional (cuantos favores se piden desde los clubes a los medios).

Los medios de comunicación están en pleno cambio de paradigma. Las televisiones, las radios, los periódicos, con la nuevas tecnologías, con internet, con las redes sociales, con el streaming, están a punto de reinventarse. Unos han empezado ya, otros le seguirán y algunos se quedarán en el pasado esperando su abrupto final. Por eso pienso que  el lio con las radios se podría haber evitado sin ningún tipo de problemas. La LFP está pensando y actuando a corto plazo, sin estrategia de futuro, eso es como diría mi madre – pan pa hoy y hambre pa mañana – si no apliquen este caso a la realidad de Jerez y del Xerez, que gana y que pierde el deportivo con esta medida.

La excusa del derecho a la información esgrimida por los periodistas no se sostiene, porque la radios deportiva, los carruseles son un espectáculo en si mismo, pero cobrarles por retransmitir en el estadio es un absurdo, porque en cualquier caso la radio permite otras fórmulas para retransmitir en partido incluso si estar en el estadio.

En fin ellos sabrán… pero la visión empresarial es otra cosa. Astiazarán (y su amigo Tebas) sabrán.

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Servicios mínimos

Santiago Cordero | 21 de agosto de 2011 a las 9:54

Esta crisis está transportándome, en cierta forma, a mi niñez. Recuerdo aquellos finales de los setenta, cuando mi padre me llevaba al colegio en coche, ver todas las paredes de Jerez con pintadas y carteles donde por encima de todo una palabra prevalecía: Huelga. Los telediarios de aquella época y los reportajes de Informe Semanal nos mostraban imágenes de miles de obreros y trabajadores reivindicando sus derechos en las calles de Madrid.

Más de 30 años después, por motivos distintos, nos encontramos en el mismo punto de partida, los derechos de los trabajadores, los principales, quizás el más importante, el sueldo y la seguridad laboral están siendo pisoteados. Ya se sabe que la crisis es para todos pero que solo la sufren (de verdad) los pobres. Desde aquí vaya mi mas modesto y sincero apoyo a todos los colectivos de Jerez que no han podido cobrar lo que por derecho y, tras sudarlo, le corresponde: Su salario. Trabajadoras y trabajadores de ACASA, Limasa, Amarillos, Linesur o de pequeñas empresas, que de manera sistemática se vienen poniendo en huelga para pedir lo que con su sudor se han ganado. Más aún, mi modesto apoyo a los miles de jerezanos y jerezanas que no pueden ni tan siquiera exigir su sueldo porque simplemente están en paro.

Luego, como siempre, las huelgas la sufren directamente los pobres, el pueblo, los que cogen los autobuses para ir a comprar, los pequeños empresarios, pescaderos, fruteros, carniceros, tenderos que ven como se quedan sin su público. Son las cosas de las huelgas. También está lo de los servicios mínimos, tan mínimos y tan mal comunicados que es como si no existieran. Espiral de la pobreza.

Bueno, en toda huelga debe haber unos servicios mínimos menos en el fútbol. Eso es otra cosa. Es una huelga de alto standing. Una huelga de trabajadores con coches de lujos y empresarios que pueden endeudar sin que nadie haga nada por evitarlo.

Esta huelga del fútbol profesional debería abrir los ojos de los aficionados. Esos que están toda la semana obsesionados con su club, esos que son capaces de matar por sus jugadores o incluso “matarlos” si traicionan su escudo. El fútbol es un negocio en que el que juegan con los sentimientos de millones de aficionados. Pero negocio puro y duro. Agüero besará el escudo del City como lo hizo con el del Atlético de Madrid, como antes hizo Schuster con los tres grandes escudos españoles, él y tantos otros hicieron, hacen y harán. Disfrutemos del fútbol, de los 90 minutos, del balón, de nuestros equipos, de nuestros sentimientos, pero abramos los ojos. ¡Bueno! No mucho no vaya ser que llegue Mouriño y nos deje tuerto.