A la búlgara

Antonio Méndez | 17 de mayo de 2011 a las 19:09

He asistido a la asamblea extraordinaria de la Confederación de Empresarios de Málaga (CEM) que ha designado a Javier González de Lara nuevo presidente para los próximos cuatro años. Como ya comenté hace unas semana en El pintor de Marinas, publicado en este mismo blog, mi opinión es, en general,  favorable hacia el nuevo dirigente empresarial, así que no reincido y hay que aguardar ahora a su trabajo. En su discurso de toma de posesión recordó a las diez mil empresas que han cerrado en Málaga en los dos últimos años por la crisis, mostró su decálogo de intenciones pero ninguna me resultó especialmente llamativa y reclamó más reforma laboral, muy en la línea de los mayores de la CEOE.

Confieso que esperaba algo más, aunque sí mostró los primeros indicios de que habrá cambio en formas y fondo con respecto a su predecesor, Vicente García, que ha dicho adiós después de 17 años al frente de la organización malagueña.

Pero voy con algunos detalles que me llamaron la atención de la asamblea. Estamos hablando de la elección de uno de los representantes sociales más importantes de la provincia, con suma influencia y poder. Pues bien, fue elegido por aclamación, asentimiento, viva voz  o por gruñido, si se me permite la expresión. Porque ante la pregunta a micrófono alzado del presidente de la comisión electoral de si estaban de acuerdo con la nominación de González de Lara como presidente de la CEM se escucharon, según mi percepción acústica,  algunos síes y un mayoritario jrrrnnrrr. Con todos los respetos no me parece una fórmula democrática seria. Hasta un voto a mano alzada me hubiera parecido oportuno, si es que no era cuestión de importunar a los múltiples invitados con las urnas y un largo recuento de papeletas.

Y no es que ponga en duda el resultado. González de Lara era el único aspirante y presentó 147 avales de los más de 200 vocales de la organización, cuando sólo precisaban 20 para su candidatura. Pero el rápido desenlace me recordó a tiempos felizmente pasados, en los que era evidente esta fórmula de aglutinar unanimidades y evitar cualquier discrepancia. Vamos que comprendí la  famosa frase de congreso a la búlgara. Y los tiempos están para arrimar el hombro pero no implica obligarse a decir sólo amén.

En la asamblea ordinaria anterior a ésta, también con el mismo procedimiento de no votación, se aprobaron las cuentas del ejercicio anterior con un déficit de 27.000 euros. La CEM manejó un presupuesto en 2010 de 1,6 millones de euros pero sólo ingresa por cuotas de los 55.000 socios de las 97 organizaciones apenas 300.000 euros. No me extraña que renueven como vicepresidente de los empresarios de Málaga al presidente de la Cámara de Comercio, Jerónimo Pérez Casero. Este organismo aporta al año más de 350.000 euros. González de Lara quiere unidad de acción con la Cámara, pero la institución perderá pronto las cuotas obligatorias de sus miembros y deberá comenzar a captarlas de forma voluntaria y por su oferta de servicios. Así que igual pronto descubre que la CEM no es su aliado sino su competencia directa. Dejo ahí el dilema.

De las intervenciones, la que más me gustó fue la del presidente de la CEA, Santiago Herrero. El paro se combate con la creación de más empresas vino a decir y comparó el tejido empresarial andaluz con el catalán. 150.000 más sociedades en Cataluña que en Andalucía pese a que la población activa es inferior. Un buen diagnóstico con receta incluida.

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