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Loros de chococate

Antonio Méndez | 7 de junio de 2011 a las 11:54

Con el nuevo mapa azul de la provincia de Málaga hay bastante curiosidad por conocer el estilo de gobernar que impondrá el PP en las importantes instituciones locales y provinciales que han cambiado de manos tras las últimas elecciones municipales. Será el primer examen serio al que se someta el presidente provincial del Partido, Elías Bendodo, por ejemplo en la Diputación. Gestionar el éxito a veces es tan complejo como asimilar una gran derrota.

Para encontrar espectadores muy interesados en el devenir de la nueva etapa política, el dirigente provincial puede buscar cerca: Javier Arenas, el líder regional de los populares, que no querrá que pase nada extraño estos meses en los gobiernos locales para mantener su hoja de ruta hacia la presidencia de la Junta.

La doctrina general que anuncia el PP es el recorte de los gastos, algo bien visto en épocas de crisis. Reducción de cargos de confianza y de vehículos oficiales, establecer calendario de pagos a proveedores para animar la economía local y difundir el estado en que se encuentran la institución a su llegada mediante arqueos o incluso auditorías de las cuentas. Un arma de doble filo ésta con la que intentas demostrar que los anteriores gestores fueron unos manirrotos irresponsables, pero que también te sirve a ti para justificar que no te exijan ahora lo que prometiste en campaña a los ciudadanos.

 Aunque tampoco el Partido Popular puede sacar pecho con las endeudamientos de estos años en donde ha administrado. Sólo cuatro de sus ayuntamientos costeros concentran más del 70%, de los 1.200 millones en números rojos que registraron las corporaciones locales de la provincia a 31 de diciembre de 2010. Es verdad que la capital ya debe 743 millones, 1.307 euros por habitante.

Pero en esta carrera por recuperar por la vía de la tijera la deteriorada imagen de los políticos ante el electorado, hay que evitar la tentación de camuflar como medidas de ajuste prácticas muy poco democráticas. Por ejemplo, eliminar todos los sueldos de la oposición o minimizarlos de tal manera que impida a los grupos un eficaz control de los gobiernos. Estas iniciativas no nacen el 22 M, ni son exclusivas del PP. Es obvio que muchos pequeños ayuntamientos no pueden permitirse pagar dedicaciones exclusivas ni a los alcaldes,  menos a toda la Corporación. Sería masacrar las arcas. Pero en los importantes hay que respetar al rival y sus funciones democráticas. 

Medidas para quitarle el chocolate al loro, sí. Pero sin olvidar que hay loros de chocolate que no se tocan nunca. Por ejemplo, ¿cuándo los ayuntamientos vecinos acordarán prestar servicios mancomunados, que salen mucho más baratos y que no se acuerdan por un puro ejercicio de localismo de los gobernantes afectados, que creen que así se deprecia la autonomía de su vara de mando?

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