Turistas con la toga puesta

Antonio Méndez | 20 de junio de 2011 a las 12:26

 

Sería absurdo pensar que saldremos del agujero en el que permanecemos desde hace cuatro años sin la ayuda del sector de la construcción en la Costa del Sol. La remontada pasa indefectiblemente por su revitalización. Confiar en que surgirán a medio plazo modelos productivos alternativos capaces de asumir una importante mano de obra y reactivar la economía a gran velocidad es una hipótesis de ilusos.

El clima, su situación estratégica, la facilidad de sus comunicaciones son ventajas, nunca inconvenientes, para esta provincia. Nuestra materia prima también es la calidad de vida, la oferta que nos distingue. Es lógico que el turismo residencial forme parte esencial de los activos de Málaga y no hay que rasgarse las vestiduras sino todo lo contrario. Estamos en un territorio privilegiado y siempre habrá europeos atraídos y que quieren disponer de una segunda o una primera vivienda en Málaga.

El turismo residencial repunta, de una forma tenue. Creció en el primer trimestre un 17% respecto al año pasado, aunque no se han vendido ni un millar de pisos. Alemanes y nórdicos son hasta ahora los más interesados, a la espera del regreso de los británicos. Es cierto que hay que evitar, para que no se repita el drama, que la Costa tenga en la construcción y el sector servicios los motores casi exclusivos de su desarrollo económico. Pero la actividad inmobiliaria en esta provincia es tan lógica como las ventas de sidra en Asturias.

Con unas veinte mil viviendas en stock y con el ritmo de las transacciones actuales aún tardaremos en ver de nuevo las grúas. Pero mientras hay un grave problema de fácil solución. Las noticias de la corrupción, los temores a los derribos que han calado en el extranjero, aunque no se ha tirado ni la casa del perro, retraen a los compradores.

Es preciso que las administraciones central y autonómica se involucren para dar garantías y seguridad jurídica a este mercado que comienza a recuperarse. Es tanto o más importante que las tradicionales campañas de promoción de los destinos turísticos. Y todas las iniciativas deben ejecutarse en los países de origen. Como sucede ahora, no podemos obligar a que el turismo residencial llegue con los abogados incorporados.

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