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Privatizaciones

Antonio Méndez | 19 de julio de 2011 a las 11:13

Estuve hace un par de semanas en la sede de Aguas de Barcelona (Agbar), una empresa del grupo multinacional francés Suez que en Andalucía opera con la marca Aquagest. Visité su sede operativa, que regula el abastecimiento al área metropolitana barcelonesa, con más de tres millones de clientes, y me encantó que el técnico que ofreció las explicaciones del complejo panel informatizado del sistema de control, operado por una sola persona, descendiera al detalle de mostrarnos que en ese momento 194 usuarios llevaban ocho horas sin agua. Y lógicamente no lo dijo para vanagloriarse del problema.

Luego recorrí la famosa torre Agbar, obra del arquitecto francés Jean Nouvel, y conocí de primera mano que la sociedad estaría interesada en gestionar el agua de la capital, si el Ayuntamiento decidiera privatizar Emasa, la entidad municipal encargada de este servicio. En Aquagest participa Unicaja, así que hace unos días también me informaron de la expectativa de la financiera en esta actuación.

Emasa arrastra una deuda de unos 100 millones de euros, según las estimaciones que se manejan en los informes iniciales. Desde la época del ejecutivo municipal socialista, la empresa abona un canon al Consistorio que le ha ido lastrando esas cuentas. Así que el principal atractivo para un Ayuntamiento a la hora de optar por adjudicar la gestión de este servicio básico (que no es otro que obtener importantes ingresos para subsistir en esta compleja situación económica), en este caso viene condicionado por ese debe. Aunque desde la parte municipal consideran que aún así hay margen para la rentabilidad de la operación.

El domingo, Francisco de la Torre declaraba en El País que entraba en sus planes la opción del traspaso a manos privadas del agua. Nos los ha confirmado ahora en unas jornadas técnicas programadas por este periódico hace varias semanas y delante de los representantes de la propia Aquagest. De la Torre dice que no tiene ni prisa ni urgencia por esta operación, pero que la gestión privada siempre es mejor que la pública, en un guiño claro al sector.

Las salidas a las crisis están todas inventados. La basura, el agua o hasta los aeropuertos, como hemos visto que tiene intención de hacer ahora el Gobierno, inicialmente con el del Prat y Barajas, los dos más apetitosos. Como en la última situación apurada a principios de los 90 le tocó a la compañía telefónica o las eléctricas. Las empresas públicas más atractivas acabarán privatizadas. Claro, la administración que las tenga.

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