El sexo de las colillas

Antonio Méndez | 22 de julio de 2011 a las 16:24

Málaga acaba de fulminar uno de los chascarrillos más populares de todos los tiempos. En la capital de la Costa del Sol cuando los agentes de la Policía Local encuentran una colilla tirada en la calle ya no dicen aquello de “aquí han fumado” sino “aquí han practicado sexo”.

Desde que hace seis meses entrara en vigor la nueva ordenanza municipal de Convivencia Ciudadana, que prohibía las prácticas sexuales cerca de zonas habitadas, los policías han impuesto 467 sanciones supuestamente a prostitutas y clientes, a éstos los menos. Por contra, apenas se contabilizan 130 denuncias por ensuciar las aceras con todo tipo de desperdicios, como pipas, chicles y restos de cigarrillos. Está claro que a los mandos policiales les preocupan sobremanera estos asuntos del sexo porque sólo hay que darse un paseo por cualquier vía de la ciudad para observar que el incivismo a la hora de respetar la limpieza no se corresponde con el mínimo número de sanciones computadas.

No me gustó la parte de la ordenanza municipal que intentaba atajar el problema de la prostitución en áreas sensibles de la ciudad. Entiendo que su resolución era una cuestión harto compleja. Y que bahía que erradicar las prácticas en puntos como la Alameda Principal. Pero como la interpretación de las normas las carga el diablo, he escuchado incluso a ciudadanos amenazar con llamar a una patrulla porque entendían que les amparaba la ordenanza si sorprendían a una pareja besándose dentro de un coche frente a su casa. Y no están los tiempos como para desaprovechar un beso.

Y luego, como hay que contentar a todos, asistimos al esperpento de concejales que rastrean lugares para que las prostitutas pueden proseguir con el viejo oficio. Un solar público, comunicado, iluminado y alejado, para que nadie se escandalice. Me preocupan más las colillas, pero como no tienen sexo.

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