Se busca líder

Antonio Méndez | 5 de octubre de 2011 a las 20:32

Dejé hace unos meses una pregunta en el aire a mi mini universo tuitero. ¿En qué líder mundial podemos confiar? La mera formula de esta cuestión lleva la respuesta negativa implícita. Acudió al poco en mi socorro una persona a la que tengo consideración: “Obama, Sarkozy, Merkel, Zapatero..”, citó para saciar mis dudas. A este último supongo que lo mencionó dada su condición de militante socialista. No sé si con el tiempo transcurrido mantiene esa opinión o ha eliminado a algunos de los personajes de esta lista.

He escuchado al ministro de Trabajo analizar en una entrevista la receta que hay que aplicar en España para crear empleo, después de los desastrosos datos del paro de este pasado mes de septiembre. “Hay que recapitalizar los bancos”, exponía con rotundidad como primera medida para poner en marcha esa noria de la recuperación del mercado laboral. Lo malo es que el 2o de octubre de 2010 pronosticó que este año se crearía empleo y, ojalá me equivoque, pero me temo que tampoco tendrá futuro como adivino.

Creo que jamás me he quejado de pagar impuestos, ni en público ni en mi propia casa. Aplico la teoría de que cuanto más dinero me descuentan del sueldo significa que mejor me ha ido el año anterior. Así que soy de la opinión de que en realidad debo preocuparme cuando suceda lo contrario. Y no me tengo a mí mismo por un idiota por expresar públicamente esta convicción. Después de 25 años dado de alta en la Seguridad Social, he tenido hasta ahora la fortuna de no saber cómo se rellena un formulario para pedir trabajo y mis visitas a los centros del SAS han sido menos que esporádicas, si la razón se debía a problemas con mi salud. Toco madera.

Tengo la firme convicción de que la obligación de todo ciudadano es contribuir con nuestro esfuerzo a construir un país más solidario y más justo, que brinde a  los que lo merecen suficientes  oportunidades mejorar en la vida, que ayude a los más desfavorecidos sin abandonarlos a su suerte. Lo pienso también de forma egoísta. No sé, como supongo que le sucede a usted, cuál será mi futuro. Y, lo que más me preocupa, también desconozco lo que precisarán mis hijos mañana y si podré dárselo.

Así que, insisto, pese a que opino que el sistema debe mejorar mucho, ni un pero a que con mis impuestos se financien los subsidios de desempleo, la sanidad pública, las becas para estudiar, las ayudas para la dependencia, las carreteras u otros servicios esenciales para la comunidad en la que vivo y que quiero proteger en la medida de mis posibilidades.

 Pero claro, todo mi discurso se quiebra si mis impuestos corren en auxilio de los más necesitados y resulta que estos son los bancos. Ya le he dado tiempo a pensar. Dígame un líder en el que realmente a día de hoy se pueda confiar o quizá ha llegado el momento de confiar más en nosotros mismos.

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