Mancomunados o enchufados

Antonio Méndez | 3 de julio de 2012 a las 19:08

Me cuentan que la Junta da saltos de alegría por si el PP ejecuta su plan y finalmente elimina las mancomunidades de municipios para transferirlas a la Diputación. La de la Costa del Sol occidental, en la que participan once ayuntamientos del litoral, cuando se constituyó en marzo de 1972, en un acto al que asistió el entonces Príncipe de España, Don Juan Carlos, recibió la potestad sobre el agua, el negocio más rentable de todos. Si ahora se cambia de modelo de gestión, el Gobierno andaluz podría reclamar la recuperación de esa competencia que le corresponde por el Estatuto.

La mancomunidad , además del citado líquido elemento, se encarga del saneamiento y del tratamiento de los residuos sólidos. Un acuerdo entre los socios que, por ejemplo, permite que las basuras acaben en Casares, lejos de la primera línea de costa. Es decir, que esa institución es el modelo que habría que ampliar e implantar por efectivo: cuestión de economía de escala, más servicios para todos menos coste individual.

Igual lo que puede ser obsoleto es la propia Diputación a la que ahora el PP quiere dotar de más poder, porque las controla y le sirven, como antes sucedía con el PSOE, para sus intereses partidistas.

Cuestión distinta es el uso que las formaciones políticas hacen de este tipo de organismos. El PP, que controla esta mancomunidad desde hace un año, ha colocado a 28 personas de su confianza, dos menos que el bipartido anterior de PSOE e IU. Gran mérito en el recorte. Los funcionarios de la institución suman 30. Calculen como está el reparto. Si alguna vez me entero qué se cuece en ese capítulo de personal en la empresa de aguas, Acosol, con 450 trabajadores en nómina, una entidad con capital público pero que funciona como sociedad anónima, prometo que se lo cuento.

Los elegidos por el dedo, entre ellos un puñado de familiares directos de concejales de Ayuntamientos adscritos al ente, cuestan casi un millón de euros al año. Y algunos puestos que ocupan están duplicados: el funcionario trabaja y el enchufado figura, pero sólo obedece a quien realmente le paga, su partido. O, lo que es peor, se arrincona al funcionario se exhibe al nuevo fichaje con lo cual se mantiene en algunos cargos la dualidad de funciones.

El problema de estos organismos no es que haya que mancomunar servicios, que sí que es rentable, ni tampoco necesitan la tutela de instituciones más politizadas sin cabe, como son las diputaciones. El asunto es que mancomunar, que significa unirse o asociarse, no es enchufar, aunque algunos piensen que son sinónimos.

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