La Aduana: de Museo del Prado a caseta de feria

Antonio Méndez | 19 de agosto de 2012 a las 13:16

Mi capacidad de asombro con las cosas que suceden en Málaga carece de límites. Confieso que fui totalmente escéptico con la promesa que el PP formuló la pasada campaña electoral que convertía el Palacio de la Aduana en una franquicia del Museo del Prado si Javier Arenas ganaba las elecciones autonómicas. Pero si alguna vez alguien me asegura que los muros del histórico inmueble del siglo XIX iban a albergar una caseta de la Feria de Agosto de Málaga para que un puñado de privilegiados tomen copas, coman e incluso fumen y bailen a sus anchas con música en vivo, dudo de su cordura.

Y así sucedió al menos el jueves 16 de agosto, cuando un fotógrafo de este periódico pudo franquear el acceso al edificio, custodiado por un par de vigilantes que solo permitían el paso a las personas que figuraban en un listado. Era “la puesta de bandera” (la celebración del final de las obras), me dijo uno de los guardias cuando le pregunté por el motivo de la fiesta y me insistió en que todos los gastos corrían a cargo de las empresas constructoras. Pero el contenido de las invitaciones enviadas hace semanas por un responsable de la empresa Sacyr a personas ajenas a los trabajos desmienten esa versión. El Palacio se presentó a la clientela como caseta de feria.

Aún no me cabe en la cabeza cómo a alguien se le ocurre montar un sarao de esa envergadura. Con decibelios al por mayor, actuaciones en directo y paredes adornadas con farolillos. El trato que se espera a un edificio público protegido, un símbolo de una de las pocas reivindicaciones que Málaga ha alcanzado gracias a la movilización de su sociedad civil. Y, lo peor, varias fuentes aseguran que para nada fue la primera vez que las empresas utilizaron el inmueble para organizar  fastos. Sólo que la casualidad provocó que el pasado jueves pasáramos por la puerta de La Aduana.

De momento, la reacción oficial ha sido el silencio y tratar de restar yerro al asunto. Ejemplo, el del concejal de Cultura, Damián Caneda, que explica que si el evento fue light tampoco es para tanto. También el alcalde se ha apuntado a la misma teoría. Aunque doy fe de que algunas autoridades se enteraron de la peripecia el jueves, poco antes de la corrida de toros,y mostraron caras de alucinadas, incluido un secretario de Estado del Gobierno de Rajoy presente en el coso.

Sobre el light de Caneda doy fe que aquello retumbaba por música flamenca, no por havy metal. Así que el concejal que entiende así la cultura pueda darse por tranquilo. También el regidor, que ha realizado bromas como que si se podía entrar a la fiesta sin casco es porque las obras deben están acabadas.Y que conste que lo dijo antes de subirse a la noria gigante para ponerle la guinda al espectáculo que ha dado el Ayuntamiento de Málaga estas semanas con esa atracción.  Me da la impresión, y no les señalo a ellos,  que alguno que otro sabe más que calla y calla porque lo sabe en primera persona.

Así es la política, hace unos meses pensando en el Prado de Málaga y ahora risas porque el edificio sirva para un buen jolgorio. El Palacio de la Aduana es el futuro Museo de Málaga. Se han invertido 35 millones. Nos han faltado al respeto y no sólo la constructora. Una vergüenza más.

  • josfer

    Esto puede parecerle un Watergate a algún Woodward y/o Bernstein de turno, cuando en realidad, eso me parece, es una tormenta (¿perfecta?)en un vaso de agua.

  • Realidad y no

    La fiesta en un recinto casi sagrado como lo es el edificio emblemático de la Aduana es de todo menos light. Sí lo es, sin embargo, el comportamiento aniñado, extrañamente infantil de los políticos en uso del PP que de un tiempo a esta parte son de un sonrojo tirando al púrpura de los fenicios, qué no te menees. Hoy, huido el alcalde al placentero caribe senatorial, sus validos valen menos que las niñeras de Fernando VII, que jamás pudieron con sus aniñados modos y maneras. Estamos en manos de párvulos. Y esta patente de corso de la que disfrutan los políticos del PP malagueños creyéndose los reyes del mambo tras la cascada de votos en las dos últimas consultas, nos está costando, no ya polvo, sudor y lágrimas, nos está descendiendo a los infiernos. Jamás tuvo esta gran provincia tamaño desajuste, tamaño desatino, tamaña entrega a los sevillanos Zoido de Montellano y Sanz de Tomares, tamaña dejadez, tamaña irresponsabilidad. Tamaños políticos. Es la necedad por la necedad hasta hacernos a todos mentecatos. Y cuando el pupilo Caneda tilda de Light esta deshonrosa fiesta, el alcalde de la cosa malagueña vuelve a restar perjuicios para no enfrentarse una vez más a las cosas. Demasiado tiempo huyendo, honorable, demasiado tiempo. Javier Fernández