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El tormento del Metro

Antonio Méndez | 21 de octubre de 2012 a las 10:35

Imposible recordar cuántos artículos en estos últimos años le habré dedicado al Metro de Málaga. Imposible determinar el agotamiento mental que ha causado una infraestructura que ni siquiera ha llegado a funcionar y que en su origen fue aceptada con entusiasmo por buena parte de la ciudadanía. Es el ejemplo palmario de cómo un conjunto de políticos,  coincidentes durante una década han sido capaces de destrozar una ilusión colectiva. Leire Pajín acertó. Su famoso vaticinio se cumplió, la conjunción planetaria se produjo, pero erró en los actores. Ni Zapatero ni Obama, la Junta y el Ayuntamiento de Málaga.

No me cabe la menor duda de que el alcalde de Málaga tiene el mínimo interés en que se ejecute el tramo del suburbano por el centro de Málaga . Al menos mientras permanezca al frente de la Casona del Parque y les anticipo que no tiene previsión de abandonarla en un puñado de años. Su última ocurrencia, antes de saber que el Gobierno andaluz le iba a facilitar sus deseos, fue que la ejecución de la línea entre Guadalmedina y la Malagueta quedase en suspenso hasta que el Ministerio de Fomento aprobase el proyecto de corredor ferroviario para al costa del sol oriental,  al objeto de saber por dónde haría su entrada el tren en la capital y así facilitarle la conexión con el suburbano. Un fórmula inteligente de detener la obra sine die.

Pero ahora Izquierda Unida ha querido dejar su impronta política y tras diez años de estudios y revueltas, decide echar abajo todo lo actuado para proponer su revolucionaria idea de ejecutar en superficie  los tramos que quedan del transporte. Después de que la ciudadanía ya sepa distinguir hasta los tipos de tuneladoras que existe en el mercado, la solución final al dilema era sencilla: si eres de izquierda por arriba, sí de derecha, por abajo, podíamos haberlo arreglado con un referéndum y hubiéramos sido pioneros en algo.

Valga mi confesión de que creo que el Metro debió diseñarse en superficie para atravesar la Alameda y el Parque. Riesgos los mínimos posibles en ese eje, cuando además existen alternativas viarias. Otra cosa es el problema de los autobuses y sus paradas. Además pienso que, como en su momento se proyecto con un non nato tranvía municipal en la etapa de Pedro Aparicio, también  hubiera sido un gran reclamo turístico que la línea en dirección a El Palo transcurriera sobre tierra y bordeando el litoral. Aunque confieso que esto último es puro romanticismo, que a veces no es mal negocio. Me parece una aberración convertir un paseo marítimo en una autopista como una y otra vez se intuye desde la apuesta municipal.

Pero desquicia que la consejería de Fomento, de nuevo, reabra este debate para terminar por cargarse el proyecto. Con una mínima decencia deberían decir la verdad: no hay un euro. Ni por arriba ni por abajo. Corremos el riesgo de que una infraestructura en la que se han invertido más de 400 millones, y lo que queda, quede condenada al fracaso. ¡Qué tormento con el Metro! Que alguien lo rescate también.

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