‘Por el cambio’

Antonio Méndez | 30 de octubre de 2012 a las 22:07

Treinta años después de aquel gran mitin multitudinario en la Ciudad Universitaria de Madrid, epílogo a una vibrante campaña electoral que condujo hasta La Moncloa a un presidente socialista por primera vez en nuestra joven democracia, el PSOE ha dilapidado todo el caudal de ilusión que transmitía su lema Por el cambio,  en aquella España que quería dejar atrás la Transición.

En estas tres décadas, los socialistas han abandonado el marxismo para abrazar a las clases medias, la única posibilidad  que garantizaba la permanencia en el poder, y tras explorar la socialdemocracia acabaron sucumbiendo a ocurrencias  con supuesto sustrato  ideológico como el llamado republicanismo ciudadano, que escogió como libro de cabecera José Luis Rodríguez Zapatero o a conceptos tan difusos como el federalismo cooperativo , que ahora pretende implementar Griñán, para encontrar una vía intermedia a este inconsciente movimiento centrífugo que lideran los nacionalismos vasco y catalán.

Pero la formación carece de recetas alternativas ante la crisis, el problema del paro, el modelo de administración pública o hasta la  vida en las ciudades, superada por una realidad que la ha dejado anclada en el pasado.

“Quizás, de tanto pretender ser el partido que más se parece a los españoles haya dejado de parecerse a sí mismo”, sentenciaba en estas páginas José Asenjo. “Hay que cambiar el PSOE para que siga siendo el PSOE”, diagnostica su actual secretario general, Alfredo Pérez Rubalcaba, que tras siete meses en el cargo vive permanentemente cuestionado por una organización sonánbula políticamente, a la que él también ha sido incapaz de despertar en este tiempo.

En esta tesitura, unos dirigentes abogan como salida por encontrar de la nada a un nuevo líder al que confiar el rumbo de estas siglas, un poción mágica para subirse a la ola de la crisis a la espera que siga derrotando gobiernos, ahora al de la derecha. Otros defienden una refundación del partido, que a su vez sería muy inoportuna porque traslada la sensación de que los socialistas siguen ensimismados en su ombligo en vez de acudir al auxilio de sus antiguos y ahora desesperados votantes. Un callejón sin salida.

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