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Sucedió ayer

Antonio Méndez | 19 de noviembre de 2012 a las 11:18

La misma imagen que insistentemente repetían los telediarios aquel 14 de noviembre de 1989 se acaba de repetir. La rotonda de El Cortes Inglés, hoy de Manuel Alcántara, convertida en un gran lago. 23 años después una tromba de agua, unos 112 litros recogidos durante la mañana, han bastado para poner contra las cuerdas a la capital y exhibir una vez más su fragilidad.

Arroyos desbordados, barrios incomunicados, alcantarillas ejerciendo de surtidores de agua… el listado de incidencias supera las 300. Si echáramos mano de la hemeroteca, comprobaríamos que muchas de las zonas que en aquel diluvio postrero de finales de la década de los 80 fueron presa de las lluvias sufrieron casi con la misma crudeza estas últimas inclemencias.

En todos los puntos cardinales. De Carretera de Cádiz a El Palo. Los temporales sirven para mostrar que en cuestión de infraestructuras las llamadas barriadas ricas no están mejor fortificadas para combatirlos que las más desfavorecidas. La permisividad para construir en selectos suelos de alto riesgo, suele pasar factura en este tipo de fenómenos meteorológicos. Y, por supuesto, los polígonos o núcleos marginales crónicos como Los Asperones son una pesadilla. Como este tipo de episodios se repiten cada cuarto de siglo o más, olvidaremos con rapidez lo acaecido y casi nos quedaremos con las anécdotas de las piraguas  navegando por el paseo marítimo y Carretería.

Afortunadamente no se han registrado daños personales, como en aquella ocasión. La delegada de Educación puede respirar porque no ha sido necesario que volviera a crear el caos con una orden difusa de evacuación de los colegios. Las lluvias de 1989 terminaron por darle la puntilla a un parque de viviendas muy antiguo, sobre todo en el centro histórico, que cada año nos proporcionaba desagradables sorpresas al venirse abajo.

El Guadalhorce, protagonista de las dos riadas que ha sufrido la provincia este mes, logró encauzarse con éxito en su tramo final. Málaga no ha quedado aislada, aunque los desprendimientos de tierra en la ronda este casi consiguen el objetivo. Y habrá que preguntarse por qué colectores y tuberías, renovados hace dos décadas (se invirtieron en la labor unos 8.000 millones de pesetas entonces)  tras la declaración de zona catastrófica, no cumplen bien su función cuando se necesita. Por no hablar de la limpieza de cauces y arroyos. Todos los otoños oímos la misma cantinela que ya se repite, el Ayuntamiento que asegura que ha cumplido su labor y el reproche a la Junta por su pasividad. Como la marmota o el cuento del pastor y el lobo, pero esta vez la lluvia ha esquilmado a todo el rebaño.

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