Lecciones de 2012

Antonio Méndez | 11 de diciembre de 2012 a las 14:45

Creo que en estos momentos el fin del mundo en España sólo podría llegar si desapareciesen de inmediato los abuelos. Y me parece que de eso no hablan las siete profecías mayas que culminan en el 21 de diciembre de 2012 (otros autores lo aplazan al 22 pero ese día se juega la lotería).

Los abuelos fueron unos de los grandes propulsores de la incorporación de la mujer al mercado laboral durante los últimos tres lustros. La posibilidad de cuidar gratuitamente a los nietos pequeños para permitir que entrara íntegro un segundo sueldo en la casa de sus hijos, facilitó ese importante avance social en muchos casos. Ahora, por culpa de la crisis, se han convertido en el último refugio, pero para el núcleo familiar al completo. Sus pensiones mantienen a flote la economía domestica.

Los hijos han retornado a los hogares de sus padres, el auténtico valor refugio, tras perder los pisos por la imposibilidad de afrontar las deudas hipotecarias contraídas en la etapa del falso esplendor. Los mayores son ahora mismo el último fortín para impedir un estallido que desde hace meses se pronostica pero que afortunadamente contiene esta parte de la sociedad cada vez más mancomunada.

Porque, a mi juicio, la gran lección que hemos aprendido en este año que agota sus fechas es que todos nos necesitamos. La gran campaña de recogida de alimentos celebrada en Málaga es sólo la punta del iceberg, el marketing necesario para arropar un esfuerzo solidario como contrapunto a la adversidad. Insisto en ese término y no en otros porque significa perseguir una sociedad más justa y por ello respalda al que se halla en dificultades sabedor de que nadie está exento de sufrirlas en el futuro.

Es la respuesta articulada cuando la administración pública se ve ampliamente sobrepasada por la realidad. El último gran servicio de nuestros actuales pensionistas.

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