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‘Aphia minucia’

Antonio Méndez | 15 de enero de 2013 a las 12:38

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Decía en abril del año pasado el entonces fiscal jefe de Málaga, Antonio Morales, que no entendía cómo el abogado Fernando del Valle se jactaba de una sentencia que le había condenado a seis años de cárcel y una multa de 2,5 millones por, entre otros delitos, blanquear dinero de un traficante de droga. Se supone que el titular del bufete DVA se sentía feliz al ver la sustancial rebaja del tribunal después de que la Fiscalía le solicitara 17 años de prisión y 33 millones.

El letrado chileno afincado en Marbella tiene motivos para no perder la sonrisa porque ahora el Supremo rebaja en casi un año la condena y sólo debe hacer frente a una multa de poco más de 1,2 millones de euros. La alta instancia judicial no ve probado que Del Valle conociera el origen ilícito del dinero de uno de sus clientes y que se empleó en inversiones inmobiliarias. Además el fallo rebaja las penas a cuatro de los cinco condenados. Así culmina la operación Ballena Blanca, la mayor actuación contra el blanqueo de capitales en su momento en Europa, según la Policía. Medio centenar de arrestados, decenas de sociedades intervenidas y un volumen económico de 250 millones de euros, se dijo.

Ya la sentencia vino a dar la razón al abogado Horacio Oliva que en un momento de la vista oral se refirió a la operación como “chanquete”. Desde luego la aphia minuta, como se conoce a esta especie única en su género y propia también de Málaga, tras su paso por las redes del Supremo queda relegada si cabe a un aphia minucia.

No sé si algunos investigadores deberían ver menos CSI. Y si instructores y fiscales se dejan presionar demasiado por los grandilocuentes informes policiales, que parten en general de un puñado de indicios y pruebas preliminares que esperan convertir en concluyentes en el posterior proceso de instrucción. Y luego ni es fácil ni hay medios. La patata caliente le queda a los juzgadores y las leves sentencias que imponen, si es que las hay, sólo trasladan a la sociedad una sensación generalizada de que los llamados delitos económicos se perpetran con impunidad. Y me temo que hay muchos peces en el acuario judicial que acabarán por escaparse al mar.

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