El desánimo

Antonio Méndez | 5 de marzo de 2013 a las 19:10

El desánimo se apodera de Andalucía, titulaba este periódico como conclusión a la encuesta que publicamos con motivo del pasado 28-F. No era para menos, la mayoría de los consultados se siente insatisfecho con su vida y teme que aún debamos sufrir los zarpazos de esta crisis económica durante un lustro.

Prácticamente sólo la Policía se salva del descrédito que sufren el resto de las instituciones del país y de la comunidad autónoma, con la Corona a la cabeza. Y sentimos que la corrupción ha terminado por gangrenar a este joven sistema democrático. Menos mal que los españoles hasta el momento sólo canalizan su hastío del sistema en las votaciones de Eurovisión, hasta que le eliminaron el desfogue. A priori parece menos peligroso votar al Chiquilicuatre que al cómico Grillo.

Afortunadamente los humanos disponemos de una gran capacidad para olvidarnos hasta de los episodios más terribles que han jalonado nuestras vidas. Por ejemplo, el terrorismo, que fue hasta hace muy poco una auténtica pesadilla nacional, ha desaparecido con extrema facilidad del catálogo vital de las preocupaciones ciudadanas. Y con rapidez se voltearían estas mismas respuestas de los sondeos si por fin alguna vez se atisba la posibilidad de calma tras esta gigantesca tempestad que nos engulle.

Con motivo de la festividad no me ha gustado la impúdica utilización política de la figura de Manuel José García Caparrós, el joven de 19 años que cayó abatido por un disparo de la Policía en la manifestación del 4 de diciembre de 1977 en Málaga en defensa de la autonomía. 35 años después de aquel suceso, y gracias a la petición de Izquierda Unida, su nombramiento como Hijo Predilecto de Andalucía a título póstumo da la impresión de que salda una deuda.

Pero que los gobernantes de turno agiten ahora tantas décadas después por conveniencia su figura para despertar de un supuesto letargo al pueblo y movilizarlo como si el autogobierno estuviera amenazado, me parece una burda manipulación que esconde una realidad:es cierto que la ciudadanía andaluza lleva mentalmente hibernada años, de otra manera es complejo de explicar a cualquier observador externo cómo aún hoy sigue en el poder el PSOE-A.

El único inmovilismo ante lo que acontece se da en los partidos. A mi juicio son los socialistas los que están perdiendo una gran oportunidad de ensayar la ruptura y explorar si estamos ante un cambio de era que exige propuestas y líderes sin pasado en la Moncloa. El desgaste lo sufren igual o más que un PP, que tiene que estar anclado al Gobierno y pendiente del viento que decida soplar Bárcenas. Pero se sienten demasiado cómodos en este desánimo.

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